Antonio López Llausàs, editor catalán, funda desde su exilio en Argentina Editora y Distribuidora Hispanoamericana S.A, en diciembre de 1946, tras haber participado anteriormente en la creación y dirección de Editorial Sudamericana en Buenos Aires.

EDHASA, el acrónimo con que todo el mundo nos conoce, cumple 70 años en este 2016, y en toda nuestra historia nos hemos caracterizado por la calidad de nuestras ediciones, la mayoría en tapa dura, y el esmero y cuidado de nuestras traducciones y textos.

Curiosamente, el mismo año 1946 en que nacía EDHASA en Barcelona, Amparo López Solar, hija de impresores (Tipográficas y Artes Gráficas Soler) fundaba otra editorial en Madrid: Castalia. Con la colaboración de don Antonio Rodríguez Moñino, profesor de la Universidad de Berkeley, concibió la que sería la colección más laureada por la filología española hasta hoy: Clásicos Castalia. El catálogo de Castalia Ediciones (www.castalia.es), punto de encuentro imprescindible para profesores, estudiantes ylectores, forma parte indeleble del catálogo de EDHASA desde 2008.

En todo este tiempo, EDHASA se ha convertido en un referente del mundo editorial, por dos razones fundamentales: por sus más de 15 premios Nobel publicados a lo largo de la historia, y sus colecciones de gran prestigio y trayectoria, como Narrativas Históricas, Edhasa Literaria o Ensayos y Biografías, junto con otras más novedosas como Elipse, Tusitala o Marlow; y también porque ha sido, y sigue siendo, un puente entre ambos lados del Atlántico, un puente entre España y Latinoamérica gracias a su sede en Buenos Aires, donde todo comenzó…

Guillem de Tous, joven catalán de buena familia, decide embarcarse en la Compañía Catalana como ayudante de campo de Ramon Muntaner. En su viaje conocerá a Roger de Flor, y también a Bernat de Rocafort, al emperador Andrónic e incluso a la emperatriz Irene, y será el cronista de la aventura almogávar por el Mediterráneo... En el año 1303 una fuerza de cinco mil mercenarios almogávares desembarcó en Constantinopla para ponerse al servicio del Imperio bizantino. Durante ocho años combatieron y derrotaron una y otra vez a los ejércitos de los grandes imperios y repúblicas habidas en Anatolia, Tracia, Macedonia y Tesalia.
Feroces y rápidos, armados con equipo ligero, combatían a pie en orden abierto, con extrema crueldad, y entraban en combate bajo la bandera con cuatro barras de Aragón y el grito de combate "Desperta Ferro". En campo abierto nunca fueron vencidos.
Considerados meros mercenariosávidos, de matar, violar y saquear, y tras el asesinato de Roger de Flor, arrasaron Grecia. Fue la famosa venganza catalana. Pero todos sus enemigos comprendieron demasiado tarde que su objetivo real no era el pillaje, sino conseguir un estado propio. Y lo consiguieron: su nombre fue Ducado de Atenas, y en la ciudad ondeó la bandera catalana... Fue, y aún es, Neopatria.
Entremezclando realidad y ficción con gran maestría, Ildefonso Arenas nos transporta al siglo XIV, al interior de una columna almogávar para, con ritmo ágil y prosa brillante, narrarnos lo que fue, sin duda, una de las grandes aventuras de la historia, unos hechos políticos y militares tan extraordinarios como inverosímiles.

La venganza catalana

Ildefonso Arenas Romero

Español de nacimiento, es consultor. Ha trabajado para diversas compañías multinacionales de la industria informática y ha residido en varios países. Aparte de un cierto número de textos profesionales, había publicado dos obras de ficción, ambas bajo pseudónimo, hasta que escribió "Álava en Waterloo" (Edhasa, 2012), su tercera obra extensa, se inspiró en un año especial en la vida de una figura histórica, el teniente general Miguel-Ricardo de Álava Esquivel. Sus dos últimas obras, también dentro del género de la narrativa histórica, son "La duquesa de Sagan" (Edhasa, 2014) y "La venganza catalana" (Edhasa, 2015). En un cambio de género, entre lo literario y humorístico, acaba de publicar en Edhasa "El hijo de puta sentimental" consagrándose como uno de los grandes narradores de nuestro país. Y sigue escribiendo...

Guillem de Tous, joven catalán de buena familia, decide embarcarse en la Compañía Catalana como ayudante de campo de Ramon Muntaner. En su viaje conocerá a Roger de Flor, y también a Bernat de Rocafort, al emperador Andrònic e incluso a la emperatriz Irene, y será el cronista de la aventura almogávar por el Mediterráneo… En el año 1303 una fuerza de cinco mil mercenarios almogávares desembarcó en Constantinopla para ponerse al servicio del Imperio bizantino. Durante ocho años combatieron y derrotaron una y otra vez a los ejércitos de los grandes imperios y repúblicas habidas en Anatolia, Tracia, Macedonia y Tesalia. Feroces y rápidos, armados con equipo ligero, combatían a pie en orden abierto, con extrema crueldad, y entraban en combate bajo la bandera con cuatro barras de Aragón y el grito de combate “Desperta Ferro”. En campo abierto nunca fueron vencidos. Considerados meros mercenarios, ávidos, de matar, violar y saquear, y tras el asesinato de Roger de Flor, arrasaron Grecia. Fue la famosa venganza catalana. Pero todos sus enemigos comprendieron demasiado tarde que su objetivo real no era el pillaje, sino conseguir un estado propio. Y lo consiguieron: su nombre fue Ducado de Atenas, y en la ciudad ondeó la bandera catalana… Fue, y aún es, Neopatria 

Un año más tarde, las tropas aragonesas que habían arrumbado al extremo este del mediterráneo se habían convertido en una pesadilla. Siete mil almogávares se enfrentarían a cerca de cuarenta mil turcos en las faldas del Monte Tauro. Tras invocar a Allah vehementemente unos y los otros al grito de “Desperta ferro” la liaron parda. Una vez más, los turcos se dieron a la fuga tras una memorable estampida que dejaría a casi la mitad de los asiáticos preparados para un tránsito irreversible. Esta batalla es una de las más documentadas que existen y aquella triste carnicería no prestigia a la condición humana pero por ser, fue así.

A uno de los caudillos francos le asaltó la amnesia y se le olvidaría liquidar la soldada a estos abnegados combatientes, lo que le costaría una separación fulminante de la cabezaTras esta visita a domicilio, los almogávares retornaron a Constantinopla y después de una copiosa cena regada abundantemente con un morapio retocado con tranquilizantes, la guardia alana del emperador les daría una sorpresa a los postres en forma de visado para la eternidad. Era el 5 de abril de 1305. ¿Qué había ocurrido? Pues muy sencillo. Esta imparable tormenta divina estaba creando alborotos por donde pasaban y empezaban a ser unos invitados molestos. Por esa razón, lo más granado de la jefatura de esta tropa de élite sería pasada a cuchillo sin más

 

 

La venganza de los almogávares consistió en pasar a cuchillo a cualquiera que se cruzara en su camino, siempre al cristianísimo grito de: "Desperta, ferro; matem, matem!". Tal fue su fiereza que dejó huella hasta hoy y una frase: "Venganza catalana te alcance". Los almogávares eran mercenarios que luchaban donde podían. A Bizancio fueron bajo el mando de Roger de Flor y acompañados por Ramon Muntaner como cronistareámbulos por su peculiar anfitrión.. Foto: Almogávares en Mallorca, siglo XIII.

 

La tropa al enterarse de la artera traición bizantina, abandonaría su campamento en Galípoli arrasando todo lo que se ponía por delante sin dejar títere con cabeza, lo que se conoce como la llamada “venganza catalana”. Guiados por los Berengueres, (el de Rocafort y el de Entença) y después de quemar sus naves en el Bósforo para dejar fuera de la ecuación una posible retirada, masacrarían los restos del ejército bizantino logrando encerrar a Andrónico tras las murallas de Constantinopla, de las que no saldría durante una buena temporada. Mientras, el reino se le caía a pedazos.

Después de saquear Grecia a conciencia y mermados sensiblemente, sólo respetarían los maravillosos monasterios de Athos en la Calcidica. Además, para más inri pasaron a cuchillo a más de tres mil genoveses que plácidamente se dedicaban al mercadeo. ¿Por qué? Además de ponerse hasta las trancas de aguardiente, la discusión devino en pelea multitudinaria por algo tan banal como que la indumentaria de estos marinos era bastante dispar y alejada del austero modelito almogávar, que obviamente era el patrón de referencia, y algo más masculino al entender de los bizarros y montaraces aragoneses.

 

Durante un siglo la frontera más lejana de Aragón estarían a tres mil kilómetros del Ebro gracias a la asombrosa gesta de unos tercos y desaliñados barbudosReunidos en “conclave” tras el descabezamiento de su dirección, muertos sus líderes formaron un consejo de gobierno, el Consell de Dotze, y se pusieron al servicio de los barones francos que estaban instalados en la región Tracia desde los tiempos de las Cruzadas. El caso es que como mercenarios que eran, el cobro de la soldada era indispensable para carburar una fluida actividad bélica. Por aquel entonces, a uno de los caudillos francos le asaltó la amnesia y se le olvidaría liquidar la soldada a estos abnegados combatientes, lo que le costaría una separación fulminante de la cabeza. A continuación, asesinaron a los barones y se quedaron con sus haciendas, sus castillos y sus mujeres. Ya más calmados y tras un ataque de inspiración, crearian dos ducados nuevos bajo franquicia aragonesa; el de Atenas y el de Neopatria.

 

Para entonces, el territorio de la Tracia lo habían dejado como un erial. Durante un siglo la frontera más lejana de Aragón estarían a tres mil kilómetros del Ebro gracias a la asombrosa gesta de unos tercos y desaliñados barbudos. Todavía hoy persiste el recuerdo de la terrible “venganza catalana” encarnada en la figura del ‘Katalan’, un gigantesco guerrero sediento de sangre que se usa en los países balcánicos para disuadir a los niños de hacer travesuras o de que incordien, algo así como si en los países bajos mentas a las criaturitas al Duque de Alba. Además la palabra ‘Katalan’ en albanés significa “monstruo”. En Bulgaria y Grecia a día de hoy las palabras Katalan e hijo de Katalan tienen unas connotaciones que no es preciso comentar, pero entre las acepciones más suaves, se puede decir que aluden a un "hombre malvado, sin alma”.

 

Es una pena que los libros escolares en lo tocante a esta fascinante disciplina que es la historia tengan la memoria casi siempre adulterada. En vez de actuar como relatos sesgados o como agujeros negros que fagocitan sanas aproximaciones desde las periferias, podrían proponer puntos de vista para elucidar lo que pudo ocurrir y reducir así la horquilla de lo especulativo. No hay nada más rico, ecléctico, dispar y contradictorio que la historia, disciplina fascinante pero muy alejada del terreno de la matemática.

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Opinion-valenti fainê

 

Magnifico libro de una gran Editorial, gracias por su amabilidad

Entremezclando realidad y ficción con gran maestría, Ildefonso Arenas nos transporta al siglo XIV, al interior de una columna almogávar para, con ritmo ágil y prosa brillante, narrarnos lo que fue, sin duda, una de las grandes aventuras de la historia, unos hechos políticos y militares tan extraordinarios como inverosímiles…

Feroces y rápidos, armados con equipo ligero, combatían a pie en orden abierto, con extrema crueldad, y entraban en combate bajo la bandera con cuatro barras de Aragón y el grito de combate “Desperta Ferro”. En campo abierto nunca fueron vencidos.
Considerados meros mercenarios, ávidos, de matar, violar y saquear, y tras el asesinato de Roger de Flor, arrasaron Grecia. Fue la famosa venganza catalana. Pero todos sus enemigos comprendieron demasiado tarde que su objetivo real no era el pillaje, sino conseguir un estado propio. Y lo consiguieron: su nombre fue Ducado de Atenas, y en la ciudad ondeó la bandera catalana… Fue, y aún es, Neopatria.