Foro por la Memoria

Pio Moa historiador novelista analista Político, colaborador en numerosísimos medios de prensa nos traslada a uno de los Libros mas vendidos sobrepasando las 300.000 mil unidades LOS MITOS DE LA GUERRA CIVIL, ESTA SERIA LA TRILOGIA ES DECIR DE MOMENTO EL ULTIMO LIBRO DEDICADO SOBRE LA REPUBLICA Y LA GUERRA CIVIL SUS ORIGENES LOS DE LA GUERRA CIVIL Y SU DERRUMBE DE LA REPUBLICA Y LA GUERRA.

Pío Moa perteneció a ese minúsculo, disgregado, fanático y omnipresente ejército de profetas que cuales Testigos de Jehová del Evangelio Marxiano, anunciaban por doquier el inminente derrumbe del mundo capitalista y el subsiguiente advenimiento del Paraíso Comunista tras el Apocalipsis de la Revolución Proletaria; formó parte de esa casta de revolucionarios que poblaron con sus esponjosas barbas el bullicioso panorama hispano de las izquierdas antifranquistas de los años setenta, de la cual alguno de sus miembros más avispados (creemos adivinar a Pío Moa entre ellos) de golpe y porrazo, sin apenas transición, se acomodó, eso sí, con el mismo grado de fanatismo, en la confortable poltrona que los hijos e hijas de la derechona de toda la vida, de esa derecha neofranquista heredera de los generales, obispos y banqueros que sostuvieron al 'Vigía de Occidente', les tenía reservada. Comparte el señor Moa trayectoria aproximada por tanto con los inefables, entre otros, M! ikel Azurmendi y Jon Juaristi, por citar sólo a sus dos representantes más célebres en el mundo presuntamente intelectual de este presunto país. Son de esa raza de revoltosos celtíberos que han surcado un duro camino en el desierto ideológico que les condujo de paladines de las razones bolcheviques a palaciegos de la Corte del PP. Modestos aprendices de los viajes de Malaparte (aunque éste al menos experimentó un atisbo de lucidez en su destino final), se esfuerzan ahora en erigir un edificio ideológico con un aparente toque de modernidad (y su correspondiente dosis de champú anticaspa) que sirva firmemente por una lado de justificación ideológica de las políticas reaccionarias del PP y por otro de justificación de los cargos públicos o prebendas mediáticas que han recibido de ese mismo partido y/o adláteres. Pío Moa con este libro se apunta un tanto y uno pequeño.

'Los mitos de la guerra civil' se divide grosso modo en dos partes fundamentales. Del contenido de la primera de ellas nos advierte una breve introducción titulada 'Los personajes de la República en la marcha hacia la guerra'. En ésta se habla de figuras de sobra conocidas como Alcalá- Zamora, Azaña, Largo Caballero, Calvo Sotelo o Francisco Franco, entre otros. En la parte segunda nos introduce directamente en lo que él considera los mitos de la guerra. Aborda en ella diecisiete episodios de lo más diverso, ordenados, en lo que se puede, cronológicamente, comenzando con '¿Salvó a la República el armamento de las masas?' y terminando con 'El enigma de Franco', pasando, entre otros por referencias míticas o hechos destacados del conflicto como el asedio al Alcázar de Toledo, las matanzas de Badajoz, 'el oro de Moscú' o el bombardeo de Guernica.
La obra podría encuadrarse en el difuso y anticuado género del Agit-prop (agitación y propaganda), tan de uso corriente en la época de la que trata. Con una verborrea desenvuelta y ágil de tintes periodísticos (y con el escaso rigor que caracteriza a los 'tribuletes' de hoy en día ), al lector le asalta la impresión de que el autor tiene como meta el superar de manera osada toda, o casi toda, la producción historiográfica publicada en España, Francia y Reino Unido sobre la República y la Guerra Civil en los últimos treinta años. Bajo el atractivo y supuesto afán de desenmascarar los pretendidos mitos (para Moa sinónimo de inexactitud o falsedad) de nuestra guerra el autor establece, entre otras, las siguientes tesis (a veces de manera soterrada): la guerra civil comienza en octubre de 1934, fecha de la rebelión de la izquierda española contra la CEDA; el golpe de estado de julio de 1936, por tanto, no es más que el reinicio de una guerra ya en curso. Desde al meno!s febrero de 1936 se venía produciendo (o preparando, no queda bien claro) una revolución bolchevique impulsada fundamentalmente por la facción del PSOE liderada por Largo Caballero que pretendía instaurar un régimen de terror similar al que imperaba en la URSS bajo la dictadura de Stalin. El alzamiento en julio de 1936 de parte del ejército no sería más que una reacción lógica para impedir el proceso bolchevizador, el cual, por otro lado, se perfecciona en lo que el autor denomina 'revolución del 19 de julio', en la que al parecer se habría hundido por completo la República. Ésta ya no existe a partir de esta fecha debido al alzamiento proletario que supone el armamento de las masas obreras y a que el gobierno de esa pretendida República (inexistente por otro lado, según olvida convenientemente Moa) incumple posteriormente sus propias leyes anulando por tanto la poca legitimidad democrática del bando que él identifica como 'populista'. La Iglesia y la ! masa católica apoya el alzamiento obligada primero por el acoso continuo de la República desde su mismo nacimiento y posteriormente por las masacres que sufre a manos de los revolucionarios.

A ello habría que añadir una previa Restauración pintada por Moa como prácticamente idílica, presentada como una época sin conflictos reseñables, en los que el grado de libertad y crecimiento económico habrían sido constantes y equitativos; una balsa de aceite, en pocas palabras. Por lo tanto, de todo ello debería deducir el lector que la violencia política estallaría sin causa ni justificación alguna primero con el intento de golpe de Estado republicano en diciembre de 1930 y luego con la quema de las iglesias en mayo del 31. Pío Moa no se molesta en contextualizar históricamente ninguno de los dos eventos y da por sentado que la responsabilidad de la violencia recae de forma exclusiva en los partidos republicanos y en las masas incontroladas de obreros

Libro de los mas vendidos casi 400.000 mil


Opinion compartida con muchas persona


El mes important es lltguirlo
"En relatar la detenció de García Lorca, diu vostè que el van capturar en un gasòmetre darrere de la casa de Luis Rosales. Però això no concorda amb el que diu Ian Gibson en la seva documentadíssim llibre Granada en 1936 i l'assassinat de Federico García Lorca, sobre la base del testimoni d'Esperanza Rosales, segons el qual es va acomiadar d'ella i de la seva mare a la planta baixa de la casa ". D'altra banda "un gasòmetre que està darrere d'una casa i no dins d'ella, i d'on es treu a algú, no pot ser sinó un aparell de grans dimensions, o un edifici que el conté". Probablement té tota la raó el meu comunicant. Vaig prendre la cita d'Andrés Trapiello, que també ha examinat acuradament el cas, més que res per l'al·lusió al semblant "lívid" de García Lorca, i per contrastar amb una al·lusió de Reig Tapia a Moscardó i el seu fill en l'episodi del alcàsser de Toledo: jo volia transmetre simplement l'ambient de terror regnant en aquells dies en les dues zones

Pío Moa y su trilologia

LUIS PÍO MOA RODRÍGUEZ

nació en Vigo en 1948. Se ha especializado en temas históricos, preferentemente de la II República, la Guerra Civil y el franquismo. Ha escrito numerosos libros, algunos de gran éxito. El último es una Nueva Historia de España, en la editorial de El Mundo. Tiene su propio blog, escribe en Libertad Digital y en Época. En las postrimerías del franquismo militó en el PCE, en el PCEr y actuó con los GRAPO. Luego cambió. Exuberante en el lenguaje, su prosa se reseca para relatar su participación en el asesinato de un policía en 1975: "Yo llevaba un jersey muy grande y ancho, y, oculto en la manga, un martillo de soldador (...) Cerdán llevaba una pistola pequeña, que casi parecía de juguete (...) se puso frente al policía, y yo del lado donde éste tenía el arma. En caso de que la pistola de Cerdán fallase y él quisiera sacar la suya, pensaba destrozarle la mano de un martillazo".