Salvador Puig Antich,cas obert

Jordi Panyella a Singular TV
per Mar Sabé 31 de Gener 2014 a les 13.52 h


El periodista Jordi Panyella explica en una entrevista a Singular TV que "el cas Puig Antich condensa la brutalitat del règim franquista", i en detalla l’entrallat així com els motius que l’han portat a publicar el seu nou llibre 'Salvador Puig Antich, Cas Obert' (Angle Editorial).

El periodista insisteix que "és més greu que la justícia en democràcia no hagi volgut revistar mai el cas, que no pas els fets que fan portar a la dissortada execució de Salvador Puig Antich" el 2 de març del 1974. El militant del grup MIL condemnat per la mort d’un policia de la qual s'ha pogut demostrar que no n'era culpable.

Hi ha hagut dos intents de revisió del cas durant els 40 anys que fa d’aquesta execució, però en els dos casos no s’ha admès a tràmit. Panyella considera que això és degut a que els jutges espanyols que han pres aquesta decisió tenen “forts lligams amb el passat franquista” i “fan política, no justícia”.

Panyella és un periodista que treballa al diari El Punt-Avui. 'Fèlix Millet, el gran impostor', va ser el seu primer llibre a partir d'una investigació periodística i el que acaba de treure al mercat és el segon. De moment, no s'ha plantejat escriure'n cap més, "però d'idees sempre en corren pel cap", confessa

 

 

 

Salvador Puig Antich, cas obert", de Jordi Panyella, mostra noves irregularitats del cas Puig Antich
Santiago Vidal, miembro de Jueces por la Democracia, es magistrado de la Audiencia de Barcelona y uno de los 33 jueces catalanes que han firmado el manifiesto donde, entre otras cosas, afirman que dentro del marco constitucional hay vías legales para celebrar la consulta soberanista del 9 de noviembre. Sobre el caso de Puig Antich mantiene unas opiniones rotundas que no dejan lugar a dudas sobre lo que piensa:

 

 

 

 




“Éste es uno de los casos más oscuros de la historia judicial de nuestro país. Hay un capítulo en el libro que lo resume todo: ¿Las togas son de color negro o de color caqui? Precisamente en aquel juicio, como desgraciadamente en muchos de aquella época, los miembros de los tribunales no iban vestidos de negro, iban vestidos de militar. La gente no sabe que muchos de esos militares ni tan siquiera eran jueces, hacían de jueces. Y claro está, durante todo el periodo que estuvieron en ejercicio, nunca entendieron que su responsabilidad no era atender las órdenes de sus superiores militares, sino el de hacer justicia. Seguramente eran muy obedientes y disciplinados, como es propio de la carrera militar, pero, difícilmente, ninguno de aquellos juicios y sentencias pasarían hoy la criba del Tribunal Internacional de Justicia o del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos. En aquellos juicios sumarísimos se analizaban conductas por delitos muy graves, de acuerdo con la legislación redactada por aquellos que se habían sublevado contra la legalidad vigente, es decir, contra la República. Era una legislación específica, ad hoc, y las penas que se pedían iban desde penas de muerte, cadena perpetua hasta muchos años de reclusión. A pesar de esta gravedad, es curioso saber que el promedio de las sentencias de aquellos tribunales no ocupaba más de 4 páginas. Hoy, cualquier sentencia de cualquier juicio menor, lo mínimo que ocupa son 15 folios. Las leyes internacionales y el propio mandato constitucional, nos dice que los jueces, a la hora de interpretar la ley, no podemos ser arbitrarios, y por lo tanto debemos motivar y explicar claramente el porqué del fallo que hemos emitido. En aquella época, las causas probatorias, los hechos, los argumentos jurídicos…, se ventilaban en medio folio para cada uno de los apartados”.
Para Santiago Vidal el proceso a Puig Antich fue un juicio ilegal, donde se cometió una injusticia irreversible, ya que nunca se podrá devolver la vida a Salvador. Se eliminaron pruebas y los jueces y fiscales permitieron que la policía franquista elaborara un relato de los hechos que no coincide con lo que realmente sucedió. Pero nos sigue contando el magistrado:




“Puig Antich fue asesinado, no es que fuera ejecutado, sino que fue asesinado legalmente. Algún día se podrá hacer algo de justicia, cuando se anule el juicio sumarísimo militar y la sentencia. Las leyes actuales prevén un recurso extraordinario, que se llama recurso de revisión, pero que tiene unas dificultades jurídicas enormes. Dicho recurso se puede basar en dos cosas: en la aparición de pruebas nuevas o en la nulidad radical del proceso, porque el tribunal no era competente para juzgar aquel caso. En el proceso de Salvador se dan las dos circunstancias. Hoy, con pruebas periciales mediante sistemas infográficos, se ha podido diseñar la trayectoria de las balas en tres dimensiones. En la época, nunca se esclareció cuántos disparos se efectuaron. En el juicio, las pruebas de convicción más importantes, los casquillos de las balas del tiroteo y las extraídas de los cuerpos de Anguas y Puig Antich, no fueron presentadas porque “desaparecieron”. La policía de la época, y eso que murió un compañero suyo, y los jueces y fiscales de la época, no hicieron un trabajo riguroso y profesional como cabría esperar. Entonces, ¿Por qué el Tribunal Supremo no admitió el recurso extraordinario de revisión? Recordemos que en el tribunal que sentenció a Puig Antich había dos generales y un coronel. Pues bien, dos de los magistrados que formaban parte de la Sala Quinta del Tribunal Supremo, en el año 2007, cuando se denegó el recurso de revisión, uno era hijo y el otro primo de uno de aquellos militares. En justicia, estos dos magistrados debieron haberse abstenido, pero no lo hicieron. Afortunadamente, de los cinco jueces que dictaron aquella resolución, dos emitieron un voto particular que les sacó los colores a sus compañeros”.

cas obert", de Jordi Panyella, mostra noves irregularitats del cas Puig Antich

Han passat quartanta anys de l'excució de Salvador Puig Antich i la seva mort continua envoltada d'incògnites. El periodista Jordi Panyella revela en el llibre 'Salvador Puig Antich, Cas Obert', nous testimonis que confirmen la desaparició de proves clau de l'últim executat pel règim del general Franco amb garrot vil de tot l'Estat.

Ara fa 40 anys que va ser executat, per garrot vil, Salvador Puig Antich. Les irregularitats del seu procés han portat el periodista Jordi Panyella a investigar-lo. La recerca li ha permès recollir en el llibre: "Salvador Puig Antich, cas obert", testimonis inèdits fins ara que demostrarien que el sumari de Puig Antich va ser un muntatge policial. Un dels testimonis és de qui va llegir el sumari al judici. Ara revela que es van ocultar documents. 

Un altre dels testimonis clau és el de dues infermeres de l'Hospital Clínic que van atendre Puig Antich de les ferides després de la detenció. Una bala li havia travessat la mandíbula i li van cosir la boca. En aquest estat, dos policies el van interrogar.

L'any 2005 ja es va portar una revisió del cas al Tribunal Suprem. La petició, però, va ser desestimada, segons l'autor del llibre, Jordi Panyella.  

 

Altres testimonis asseguren que el cos del policia mort presentava més de tres forats de bala, fet que contradeia l'autòpsia oficial. Tot i aquests elements nous, Panyella dubta que el cas es pugui reobrir a l'Estat espanyol. 

El llibre serà aportat com a prova documental a la causa que instrueix la jutge argentina Maria Servini.

La condemna de mort de Puig Antich l'any 1974 va ser l'última efectuada amb garrot vil a l'Estat.

El llibre, que s'ha presentat aquest dimecres a la presó Model de Barcelona, on Puig Antich va ser executat, també inclou una entrevista amb Carlos Rey, redactor de la condemna a mort de l'anarquista. Rey va ser l'advocat de la líder dels populars catalans, Alícia Sánchez-Camacho, en el cas Método 3. 

Jordi Panyella a Singular TV

Cambiándose los papeles, la abogada Laia Serra habló del caso Puig Antich, y Jordi Panyella del caso de Ester Quintana. Pero el periodista hizo un inciso para explicar la presencia de Tomás Gil y la elección del título de la charla, que para muchos alude a errores ocasionales y no a un sistema de represión y de ocultación de la verdad generalizado: “Son dos casos muy separados en el tiempo y el “cuando la policía se equivoca” tiene algo de provocación para incitar al debate y la reflexión, clave en toda sociedad democrática, sobre qué perfil de policía tenemos y qué evolución ha hecho la policía en estos cuarenta años que tenemos democracia. Tienen razón en decirme que el caso de Puig Antich fue un caso de represión, más que un error, pero el origen es una detención mal hecha, mal preparada. Enviaron pocos agentes, muy jóvenes e inexpertos, no llevaban ni manillas. Si hubieran llevado esposas hubieran inmovilizado al detenido y no se hubiera provocado la pelea y el intercambio de tiros, y no habría muerto nadie. Lo cierto es que luego empezó toda una conspiración policial para esconder lo que realmente pasó y presentar al Salvador como un asesino y terminar como todos sabemos. En una dictadura a la policía le toca ejercer el monopolio de la fuerza y de la verdad; algo perverso, porque hacen y deshacen y sólo pasa lo que dicen ellos con su verdad absoluta. En democracia la policía mantiene el monopolio de la fuerza, pero sólo el de la fuerza, con los límites que les marca la ley. Pero el monopolio de la verdad pasa a ser competencia de todos. El problema es cuando en democracia la policía se pasa en el ejercicio de la violencia; comete errores, pero en vez de subsanarlos, se cubre con mentiras”.

Salvador Puig Antich, cas obert', una investigació periodística de Jordi Panyella

Cambiándose los papeles, la abogada Laia Serra habló del caso Puig Antich, y Jordi Panyella del caso de Ester Quintana. Pero el periodista hizo un inciso para explicar la presencia de Tomás Gil y la elección del título de la charla, que para muchos alude a errores ocasionales y no a un sistema de represión y de ocultación de la verdad generalizado: “Son dos casos muy separados en el tiempo y el “cuando la policía se equivoca” tiene algo de provocación para incitar al debate y la reflexión, clave en toda sociedad democrática, sobre qué perfil de policía tenemos y qué evolución ha hecho la policía en estos cuarenta años que tenemos democracia. Tienen razón en decirme que el caso de Puig Antich fue un caso de represión, más que un error, pero el origen es una detención mal hecha, mal preparada. Enviaron pocos agentes, muy jóvenes e inexpertos, no llevaban ni manillas. Si hubieran llevado esposas hubieran inmovilizado al detenido y no se hubiera provocado la pelea y el intercambio de tiros, y no habría muerto nadie. Lo cierto es que luego empezó toda una conspiración policial para esconder lo que realmente pasó y presentar al Salvador como un asesino y terminar como todos sabemos. En una dictadura a la policía le toca ejercer el monopolio de la fuerza y de la verdad; algo perverso, porque hacen y deshacen y sólo pasa lo que dicen ellos con su verdad absoluta. En democracia la policía mantiene el monopolio de la fuerza, pero sólo el de la fuerza, con los límites que les marca la ley. Pero el monopolio de la verdad pasa a ser competencia de todos. El problema es cuando en democracia la policía se pasa en el ejercicio de la violencia; comete errores, pero en vez de subsanarlos, se cubre con mentiras”.

Dotze hores de vida: L´execucio de Puig Antich I Heinz (2 de 3)

Tomás Gil afirmó que en su caso iba a hablar de cosas emocionales: “Para mí este es un día muy importante. Yo nunca he podido ver la película sobre Salvador Puig Antich, me cuesta verla, pero yo estoy posicionado y lo digo claramente: Puig Antich murió a manos del Estado, que le quitó la vida de una forma indigna y miserable. Yo soy el hijo del comisario que dirigió a los policías que detuvieron a Salvador. Cuando leí el capítulo en que se habla de mi padre en el libro de Jordi, casi me caigo al suelo. Me leí el libro y es un buen libro de investigación. Cuando pasaron los hechos yo estaba haciendo cuarto de bachillerato, y fui consciente de todo y además en el instituto se comentó. Estas cosas las he hablado con pocas personas, porque es mi propio fantasma histórico. Mis amigos de aquellos años, cuando teníamos quince años, en el barrio de Sant Andreu se comentó el caso, muchos eran hijos de personas que tenían otra forma de ver el mundo, pero mi familia era del régimen, falangista, franquista, y así me educaron, no porque yo lo quisiera, porque me tocó así. Pero como decía, con los amigos, alguno que aún conservo, pues sus padres eran del PSUC, y yo me relacionaba con ellos”.

Gil explicó que pensaba que Salvador sería indultado, y como su vecino del segundo piso, el hijo de los “comunistas”, le dio la noticia de la ejecución de Puig Antich. A llegar a casa vio a su padre con camisa blanca, con la cara pálida, y por una conversación telefónica que escuchó, supo que su padre había estado presente durante la ejecución: “Esto entró en mi cabeza y te produce ciertas alteraciones que años después sigues pensando sobre aquellas miserias de aquella España de finales de la dictadura. En la facultad de derecho tuve la suerte de tener un profesor, del cual se me había advertido convenientemente, que era Jordi Solé Tura, –que era dirigente del PSUC en aquellos años-, que lo tuve como profesor de derecho político. Se me había pintado como un demonio, era una persona encantadora y educada. Ahí empecé a pensar de dónde venía yo y como era el mundo real, y no el mundo de algunos como yo que habíamos vivido en una especie de burbuja. Entré en la policía del Estado, fui de la segunda promoción democrática del Ministerio del Interior, en el año 1979. Tuve mis primeros tropiezos con aquella estructura policial de los primeros años de la Transición. Éramos policías muy jóvenes, por cierto, también fue la primera promoción en que se incorporaron mujeres. Y los jóvenes nos negamos a levantar, por ejemplo, las mesas donde se recogían firmas contra la entrada en la OTAN. Años más tarde, conocí a un inspector en la comisaría de Sant Andreu, José Luis Fernández Sastre, socialista, incluso antes del cambio democrático, porque había socialistas en la policía, pocos pero los había. Sastre fue expedientado y trasladado a Pamplona por negarse a abrir diligencias a un piquete de huelga de los basureros de Barcelona – en ese destino Sastre mantuvo una huelga de hambre-. Pero volviendo al caso de Puig Antich, no fue un error, se trató de una acción policial falsa cuya finalidad era ocultar la verdad de los hechos. Hoy el caso hubiera tenido las garantías procesales, la criminalística, la balística forense y se hubiera sabido con total certeza de qué arma provenían los impactos del policía que falleció. En aquellos años no se hizo nada de eso, porque no hubo interés de hacer nada, porque la decisión de culpar a Salvador ya estaba tomada desde que se hizo la detención”.

Es en este momento cuando Gil, dirigiéndose a Imma y Montse Puig Antich dijo: “Quiero pedir perdón. En España, las instituciones, hemos sido incapaces de algo tan elemental en la vida, como es lo que se hace en países más democráticos que nosotros, que es pedir perdón por cosas que nunca tenían que haber sucedido. Incluso al Partido Popular, le cuesta condenar el golpe de estado de 1936. Esto es un déficit democrático. Negar la verdad, la manipulación de los hechos y no pedir perdón cuando corresponde, esto es un problema. Quiero pedir perdón por la cuestión personal mía”.

Luego Gil hizo referencia a un artículo que publicó con el título de “¿Quién vigila al vigilante?, sobre el caso de corrupción de la policía de Coslada (Madrid). También hablaba en ese artículo del caso de Lasa y Zabala. Terminó su parlamento sobre el control que tienen que tener las instituciones en los sistemas democráticos. Luego se dirigió a las hermanas de Salvador Puig Antich y tras hablar con ellas, accedió a posar para nuestro fotógrafo Francesc Sans.

ESCRITS TRETS DE REVISTA RAMBLA

ESCRITS TRETS DE REVISTA RAMBLA

Los barrios que componen el distrito de Nou Barris tienen una tradición de luchas vecinales y contra la dictadura, por ello en su nomenclátor podemos encontrar nombres como plaza de Ángel Pestaña (anarcosindicalista), calle de Pablo Iglesias (fundador del PSOE y la UGT), la plaza Karl Marx, o una placa en la plaza Pi i Molist que marca el lugar donde fue abatido el maqui libertario Josep Lluís Facerías o la placa y estatua que homenajea al cantautor chileno Víctor Jara, por citar algunos pocos ejemplos. Salvador Puig Antich también tiene su plaza, y desde hace unos pocos días un mirador, con vistas a la ciudad, en el barrio de Roquetes. Obra del arquitecto Nicolás Aparicio y del artista Gerard Cuartero, el llamado “Balcón de la libertad” fue inaugurado por la alcaldesa Ada Colau. Como decía la abogada Laia Serra es a la sociedad civil la que debe pelear por no dejar caer en el olvido estos casos, porque la verdad, la justicia y la reparación aún no ha llegado a este país, y bien saben de ello las víctimas del franquismo, que han tenido que ir a la Argentina para que se les escuche