Queimada Ediciones nace en el año 78 del siglo pasado, al calor de las inquietudes que bullían en aquella transición mal calificada de modélica, que dio paso a lo que los dueños del espectáculo llamaron Democracia, un premio, en todo caso menor, para tapar lo que habría sido la reparación histórica debida: la Restauración Republicana.

Después de tantos años, escuchamos por las calles eso de “oé, oé, oé, lo llaman Democracia y no lo es…” y comprobamos que las cosas no han cambiado, y pensamos que la cultura debe volver a tener el papel que tuvo entonces en las transformaciones que siguen pendientes, lógicamente, al calor y con el enfoque de las inquietudes de hoy.
Esta vez quisiéramos quedarnos hasta el final de la eterna reivindicación, que no es otro que la UTOPÍA. Después ya será muy aburrido y seguro que estaremos muy mayores.


¿Quienes somos?


Queimada es un proyecto Editorial que concibe la Cultura como una herramienta ideológica y de lucha por aquello que consideramos básico en cualquier sociedad humana: el máximo respeto por los valores ciudadanos tradicionales y los que recogen las diferentes Declaraciones de Derechos Humanos. Por esa razón creemos que es muy peligroso dejarla solo en manos de las grandes empresas, los medios de comunicación y los individuos con mayor poder adquisitivo.


¿Porqué estamos aquí?


La Cultura influye en el pensamiento social y es un elemento fundamental en la transmisión de valores, en definitiva, en la manera de entender el mundo por la mayoría de los individuos. En estos tiempos, en esta Europa heredera de la Ilustración, pero también, no lo olvidemos, de un Capitalismo que toleró cuando no apoyó descaradamente el ascenso del fascismo o un Clero siempre al lado de los poderosos, nos asfixia culturalmente lo que se ha dado en llamar el “Pensamiento Único”, esa amalgama de recetas neoliberales que algunos aprovechan para proponer poco menos que la vuelta a las condiciones sociales de la primera Revolución Industrial.

Pero todo esto no es solo una lista de propuestas más o menos ocultas en un programa electoral. Para que los políticos al uso se atrevan a llevar adelante estos planteamientos es necesaria una labor de adoctrinamiento sobre la opinión pública basada en el miedo a perder el estatus y en convencer a la población de la inexistencia de alternativas. A esto contribuyen con gran entusiasmo los medios de comunicación, especialmente las televisiones, pero también una prensa totalmente en manos de los poderes financieros y unos intelectuales más preocupados de mantener a buen recaudo sus ingresos que de denunciar, como es su obligación, este estado de cosas. Nuestra batalla se da en esas trincheras. Y lo cierto es que esta lucha difícilmente se puede entender como apolítica.


¿Qué ofrecemos?


Nuestro objetivo desde Queimada es apoyar a quienes quieren escapar de esa asfixia cultural y son capaces de explicarnos a todos los demás que sí hay alternativas y que está en nuestras manos asumirlas. Y para ello, queremos también escapar de la esclavitud de la distribución convencional ofreciendo precios asequibles a la mayoría, formatos digitales aún más económicos y una distribución de los ingresos de la venta más favorables para quien, de verdad, los merece: los propios autores. El acceso a nuestras obras será a través de nuestra propia web, de librerías que compartan este planteamiento y que destacaremos también en nuestra web y de asociaciones, grupos de lectura u otros medios siempre que estén de acuerdo con esta filosofía.

La Librería de El Sueño Igualitario

Cazarabet conversa con... Joaquín de Pastors Díaz, de Queimada Ediciones.

Presentación del libro "Anarquistas Vengadores"

Anarquistas vengadores


Fernando Barbero Carrasco

Libro publicado: ANARQUISTAS VENGADORES



Fernando nació en el barrio de Vallecas, en Madrid. Su madre (Julia) le parió en casa de su abuela (Julia). Era el año 1949 y esas cosas eran normales entonces. Mientras tanto, una fuerte tormenta rompía cristales y tejas. Más tarde, a los 13 años de edad, fue expulsado de un colegio religioso en Atocha, al que iba en trolebús, haciendo sus primeros viajes solo. Así finalizó su relación con el mundo académico.


Después comenzó a trabajar como aprendiz en un taller mecánico de camiones; como conductor de vehículos de gran tonelaje recorriendo toda España y más tarde ingresó en CASBEGA, S.A. (COCA-COLA), donde, junto a otro compañero, organizó la sección sindical de CNT. De entonces data su carnet confederal: 12 de abril de 1977. Luego, con compañeros que eran amigos, instauró en Alcalá de Henares el Sindicato de Oficios Varios de CNT y el Ateneo Libertario.



Desafortunadamente y por razones estrictamente personales, abandonó el sindicato de sus amores, aunque jamás ha dejado de considerarse anarcosindicalista, libertario, ácrata, anarquista o como se llame esta pasión ideológica, y así lo ha proclamado cuando ha tenido ocasión. Mucho más tarde, colaboró en la constitución de la Sección Sindical de CGT, también en CASBEGA.


Para entrenerse y no caer en el devastador aburrimiento, ha practicado varios deportes, entre los que destacan el triatlón, el montañismo y la carrera a pie (en estos dos últimos todavía participa).

Cuando se casó por primera vez, eligió para vivir la ciudad de Alcalá de Henares y posteriormente se medio afincó en Robleluengo, barrio de Campillo de Ranas, en plena Sierra Norte de Guadala- jara. En esta localidad y durante cuatro años fue concejal de Cultura y Deporte.


Ha colaborado o colabora en las revistas Cartographica, Argentinos.es, Corricolari, El Viajero de El País…, etc; las emisoras Radio Actividad, Ser Henares Y Onda Cero Alcalá y Televisión Guadalajara. Ha publicado una novela: El Sueño de Homero; un libro de viajes por El Himalaya: Diario de un caminante boquiabierto; un libro de relatos: El vértigo de su mirada y un ensayo histórico: Anarquistas vengadores.


Organiza el Medio Maratón de Montaña del Ocejón; El Festival de Música Ranas Folk y el Certamen de Cine de Viajes del Ocejón en la Sierra Norte de Guadalajara y el Maratón a las Nubes en la Región argentina de la Puna en la provincia de Salta.


En el plano meramente aficionado es músico y autor de varios temas, y siempre que puede toca y canta en cualquier parte: en los campamentos de refugiados saharauis; en Salta (Argentina); en Chaouen (Marruecos); o en Munro (Buenos Aires)…, no le importa el lugar ni la circunstancia.

Está casado con Pilar y tiene tres hijas: Yasmina, del primer matrimonio y Andrea y Paula.


Se declara básicamente rebelde y aspira a seguir viviendo sin abandonar la lucha, y a encontrar la paz y la rabia suficientes para continuar escribiendo.

Atentados reivindicativos en el mundo del siglo XIX y principios del XX

Fernando Barbero Carrasco

Sobre las muertes de los personajes y las historias de sus ejecutores anarquistas hay mucha información aquí y allá, fragmentada y a veces contradictoria. El autor ha buscado en las fuentes: libros, publicaciones, archivos, bibliotecas y redes sociales. Ha seguido el rastro de las peripecias vitales de quienes murieron y de los que les mataron y ha intentado determinar el porqué y el cómo de los atentados. Este libro está lleno de datos sorprendentes y ha sido confeccionado aproximándose a la realidad del momento histórico y social sin apartarse de la obligada ecuanimidad y el deseado equilibrio. Mas el fiel de la balanza se inclina relato tras relato a favor de los supuestos verdugos. Hombres que dieron su vida, en consecuencia con sus ideas, para reparar injusticias que para ellos se les mostraban insoportables.

 

Fernando Barbero Carrasco se declara aprendiz de todo. Ha colaborado o colabora, escribiendo o hablando en: Radio Actividad, Ser Henares y Onda cero Alcalá. Televisión Guadalajara. Revistas: Cartographica, Corricolari, El Viajero de El País, Trail. Ha publicado una novela: El Sueño de Homero, un libro de viajes: Diario de un Caminante Boquiabierto y un libro de relatos: El Vértigo de su Mirada.

 

Fernando Barbero Carrasco se declara aprendiz de todo. Ha colaborado o colabora, escribiendo o hablando en: Radio Actividad, Ser Henares y Onda cero Alcalá. Televisión Guadalajara. Revistas: Cartographica, Corricolari, El Viajero de El País, Trail. Ha publicado una novela: El Sueño de Homero, un libro de viajes: Diario de un Caminante Boquiabierto y un libro de relatos: El Vértigo de su Mirada.

La historia de cómo llegamos a publicar este libro viene de la mano de la música, tan importante en la vida de la persona protagonista de este libro, Pedro Cepeda y de toda su familia. Cuando leímos el manuscrito, tal cual, era una recopilación de notas personales sin organizar de muy difícil publicación. Pero el entusiasmo de Ana Cepeda hizo posible dar forma, estilo y coherencia, además de completar muchas lagunas del texto, a aquellas primeras notas que llegaron a nosotros y que, desde el primer momento, captaron nuestra atención y nos animaron a intentar su publicación en forma de libro.

Pedro Cepeda Sánchez fue uno de los niños españoles evacuados a la Unión Soviética durante la guerra civil. Su estancia en aquel país se prolongó hasta 1966, e incluyó ocho años de internamiento en el Gulag, que fueron motivados por el deseo que siempre lo dominó de regresar a su patria. De su insólita peripecia vital dejó a su muerte unas memorias deslavazadas que fueron retrabajadas y completadas por su hija, Ana Cepeda Étkina, para dar forma a Harina de otro costal . El libro acaba de aparecer en el catálogo de Queimada y viene introducido por una nota de los editores y un prólogo de Dolores Cabra, Secretaria general del Archivo Guerra y Exilio.

A comienzos de 1937, Pedro Cepeda, de 14 años, y su hermano Rafael, de 12, residentes en Málaga, son enviados por su madre a Valencia para defenderlos del inminente ataque franquista. En la capital iban a vivir con su prima, pero la realidad fue que esta no contaba con el permiso de su marido para atenderlos y los chicos acabaron en un orfanato; en marzo fueron evacuados a la Unión Soviética. Al llegar a Yalta, su primer destino fue el campamento de pioneros de Artek, donde permanecieron hasta agosto. En una conversación allí con Dolores Ibárruri, esta le pregunta a Pedro quién es su padre y si pertenecía al partido, y cuando él contesta que era obrero pintor y estaba afiliado a la CNT, ya que en Málaga no había otro sindicato de la construcción, ella le responde: “Ah, entonces ¡tú eres harina de otro costal!” Esta frase se le quedaría grabada, y al final se convirtió en el título del volumen que recoge sus memorias. Harina de otro costal fue sin duda nuestro protagonista en la URSS, pagando caro por ello.

extracto del periodico digital opinion de malaga

Trabajos forzados

El libro nos sorprende también con digresiones sobre la historia de Rusia o aspectos poco divulgados de la biografía de Stalin, como sus crisis cardiacas o sus relaciones con su hija Svetlana. Las reflexiones de Pedro Cepeda acerca del carácter de los rusos denotan una gran penetración. Así, en Karagandá sostiene en una tertulia con otros presos que la extraña docilidad y sumisión al poder que observa es debida a la falta de intimidad de una vida caracterizada por viviendas compartidas, hacinamiento y colas para todo. Piensa que en estas condiciones es mucho más difícil desarrollar un pensamiento independiente. El malagueño emerge del libro como un personaje complejo y fascinante: cantante de talento, eterno seductor, amigo fiel de sus amigos. Es notable también su incapacidad de renunciar a exponer una opinión o una crítica que le brota impulsiva en el pecho, con lo que no es descabellado afirmar que su estancia en la URSS estaba predestinada a ser lo que fue. Harina de otro costal recupera su vida extraordinaria y nos ofrece un vivo retrato de la sociedad soviética en la retaguardia de la Gran Guerra Patria y en la postguerra hasta después de la desaparición de Stalin. 

 

El malagueño que soñó con huir de los soviets en un baúl

 

Pedro Cepeda Sánchez, enviado de niño a Rusia para escapar de la guerra, estuvo a punto de burlar a las autoridades de la URSS en el interior del equipaje de un diplomático argentino

 

Lucas Martín 03.11.2013 | 05:00

 

 

Resumen

 

 

 Para el PCE, aquellos niños eran el tesoro de futuros dirigentes del partido, aquellos que habrían de gobernar España luego del triunfo. Sí, Pedro demostraría ser harina de otro costal: “Tozudo como una mula y tenaz rozando el cansancio, [...] carácter fuerte como el hierro, rozando la impertinencia, pues no se callaba”. Así lo describe su hija, Ana Cepeda. Nunca se tragó las consignas, la fe religiosa en Stalin, ni todas las monsergas que escucharía un día sí y otro también. Decía peligrosamente lo que pensaba y se reía de tanta solemnidad. 

Desde Artek, los niños del grupo de los Cepeda fueron distribuidos entre las dieciséis casas destinadas a su formación. Pedro fue a Moscú y su hermano a Leningrado. Apenas se volverían a ver y Rafael moriría en la cárcel, por delitos comunes.

Pero aquellos primeros tiempos fueron coser y cantar, o mejor aún, comer y cantar. Visitaban fábricas, escuchaban discursos en honor al glorioso pueblo español “tumba del fascismo”, daban “vivas” al camarada Stalin y al partido, y sobre todo comían a cuerpo de rey. Además quería ser cantante y condiciones no le faltaban. Aunque la Pasionaria le dijo que el Partido no necesitaba tenores, se escapaba hasta el Bolshoi, para escuchar cómo ensayaban.

Perico aprendió rápido la lengua y otras cosas como trapichear en el mercado negro, robar un beso a su primera novia rusa en el parque Gorki y llevarse la reprimenda de un guardia de la Patrulla de las Juventudes Comunistas: “No somos frailes, pero tampoco amorales”, le advirtieron. “¡Coño, y en que quedó aquello del amor libre!”, habrá pensado Perico.

Aquella vida provisoria, algo parecida a la felicidad, terminó cuando Alemania invadió la Unión Soviética. En noviembre de 1941, con el enemigo a las puertas de Moscú, los jóvenes españoles fueron embarcados en un tren con destino a Barnaúl en Siberia, un viaje lento y terrible de 3.500 kilómetros. 

Un plato de sopa de repollo bien caliente y un pedacito de carne de cabra, eran el lujo de alguna parada, el resto eran mendrugos y arreglarse como se pudiera. Los muchachos salían a los andenes en las paradas para cambiar sus imprescindibles abrigos por algo de comida en improvisados mercados negros. También hubo tiempo para ardores fugaces y precarios con muchachas que Perico no olvidaría.

Ya en el destino, un robo de sábanas terminó en su expulsión de la casa de los jóvenes españoles. Pedro había asumido una culpa colectiva mientras otros hacían su “autocrítica” y hasta pedían castigo para su compañero. 

Desde entonces y hasta el fin de la guerra se las arregló como pudo, mientras repetía para sus adentros : “Y como ‘harina de otro costal que soy, reniego también de ser ‘harina del mismo saco’ que vosotros”.

La paz le trajo sabor a gloria: fue contratado como tenor dramático en la compañía del teatro Stanislavski. Ganaba bien; fueron buenas épocas a pesar de un matrimonio infeliz y su mala relación con los españoles que aún quedaban en Moscú, siempre listos para la conspiración, la denuncia y la alienación: “Cuando estaba rodeado de aquellos inmigrados sentía náuseas y, si se encontraba lejos de ellos, algo le faltaba”, cuenta Ana Cepeda.

En 1947 se derrumbó el castillo de naipes: le diagnosticaron un mal en la garganta y tuvo que dejar de cantar. Tenía apenas 24 años pero su vida había sido larga, sólo quería volver a España y encontrarse con sus padres.

Entonces se consiguió un empleo en la embajada argentina. Allí se encontró con otros españoles: José Antonio Tuñón, Francisco Ramos y Julián Fuster, también segregados por la Pasionaria y su pandilla por la pretensión de abandonar el paraíso. Se hicieron buenos amigos de Pedro Conde, panadero de profesión, “agregado sindical” de la embajada, cargo inútil si los había para un peronista en la URSS de Stalin. 

Entonces idearon el plan maestro: Cepeda y Tuñón saldrían hacia la Argentina en valija diplomática. Durante tres meses se entrenaron en flexibilidad y resistencia, perdieron diez kilos para entrar en los baúles y los adecuaron para poder respirar y sostenerse firmes durante las manipulaciones y movimientos bruscos. 

Por las dudas, Pedro dejó una carta para sus padres que decía: “Si tengo mala suerte no lloradme, sino odiad a todas las clases de dictaduras, culpables únicas de todas las desgracias”.

Obviaré las peripecias del fracaso. 

Lo cierto es que, el 3 de enero de 1948 fueron detenidos. Conde fue expulsado de la URSS y los cuatro españoles al Gulag: trabajos forzados de 25 años para Cepeda y Tuñón y 20 y 10 para Fuster y Ramos. La muerte de Stalin terminó con su calvario a los siete años. Pedro volvió a cantar y a los 36 años encontró su compañera definitiva: Svetlana Étkina, una joven violinista

Sus intentos de salir de la URSS rebotaron contra el bloqueo de los comunistas españoles hasta que pudo llegar hasta el poderoso y ubicuo Anastás Mikoyán. En marzo de 1966, la familia se instaló en una modesta pensión del centro de Madrid; Svetlana consiguió trabajo como violinista en la orquesta de RTVE y Pedro como traductor. Tuvieron dos hijos.

Pedro Cepeda murió el 8 de enero de 1984, con solo 61 años a raíz de las complicaciones de una operación. Había consignado su larga peripecia en una infinidad de apuntes desordenados. Su hija Ana tomó para sí la tarea de recuperar esa memoria: ordenó, investigó, completó. El resultado es un libro de alta calidad titulado, lógicamente, Harina de otro costal (Madrid, Queimada Ediciones, 2014, 398 pp).