"Todo es fragancia y humo", dijo el poeta y con ese simple verso de
José Mª Alvarez logramos sintetizar el sentido de este poemario.
Porque aquí, donde el horizonte hilvana su tristeza sobre nuestras
islas, eternamente aisladas, estamos condenados a arrastrar con los
límites del océano y a soportar el siroco africano.


No fue fácil
sacar el primer pie
fuera del tiesto,
balbucear
trémulo
los pasos iniciales
del entonces recién nacido.

Nadie recibió consejos
sobre cómo mejor parirse.

Imaginé el camino
como un pasillo interminable
de baldosas blancas,
un territorio en fuga
imposible de habitar.

Jamás pensé
que serían mis huellas
las que me habrían de poblar
por dentro.

POESÍA
Aunque no me gusta hacer lecturas sesudas de mis propios textos, algún día espero escribir un pequeño artículo que trate, aun de forma ligera, sobre el proceso creativo del poemario. De hecho, a muchos de los lectores -amigos todos- que se enfrentaron al manuscrito cuando estaba en pañales, les sorprendió el borrador porque, antes que nada, rompía con mi manera de escribir poesía hasta entonces. Efectivamente, El nombre de los hombres es un poemario orgánico, que se puede leer como una historia, si se quiere de un tirón, y que nace de un proceso reflexivo que, por un lado, deviene de lecturas dispares, se diría que antagónicas, a propósito de la condición humana, y, por otro, de una interpelación al yo que toma como coartada elementos ficcionales, y autoficcionales, a través de los cuales pretendía hacer valer una sentimentalidad ética, no atenazada por debates de actualidad ni posturas críticas, y autocríticas, que no hubiera incorporado previamente.
iii

Di palabras que no te rodeen

di palabras a las que no rodees

exentas

sin ti

sin ellas

apátridas

de toda voz

no palabras

no tú diciéndolas

extraño rinoceronte

del aire quieto

mientras alguien

a punto de decir

desnombra.



POESÍA