Gracias a la Editorial Algaida por el ejemplar.


La novela El fuego de San Telmo (Algaida Editores, Sevilla,
2009, 3ª edición) mereció el V premio de Novela
Ciudad de Salamanca, correspondiente al año 2000.

El fuego de san telmo

Autor: José Baena. o Editorial: Espasa-Calpe. Nº de páginas: 400. Precio: 20.90 euros. Reconocimiento: La obra ha sido distinguida con el premio Extraordinario de Novela IV Centenario del Quijote-Diputación de Ciudad Real. Se presenta hoy en Madrid y ya está a la venta.

LA OBRA: Recreación de la vida de T. E. (Lawrence de Arabia) en forma de memorias noveladas que repasan su infancia y adolescencia (sus complejos por creerse hijo ilegítimo, sus ambiciones, su descubrimiento de la homosexualidad) y muestran también a un Lawrence adulto, vanidoso e intrigante, dotado para la impostura y la conspiración, capaz de apropiarse de méritos ajenos y tergiversarlo todo para conseguir una gloria de la que luego renegará.

EL AUTOR: José Baena (Málaga, 1946) es historiador. Su vida profesional está vinculada a la docencia en la Universidad de Málaga. Articulista y ensayista en diversas publicaciones, ha firmado varios libros de poemas. Con su primera novela, 'El fuego de San Telmo', obtuvo el V Premio de Novela Ciudad de Salamanca en el año 2000

La novela El fuego de San Telmo (Algaida Editores, Sevilla, 2009, 3ª edición) mereció el V premio de Novela Ciudad de Salamanca, correspondiente al año 2000. Se trata, pues, de un libro que desde hace más de una década viene gozando del favor de los lectores, por lo que podemos encuadrarlo entre los de amplia trayectoria, es decir, que no estamos ante una obra efímera de esas que, por unas u otras razones, desaparece de las librerías sin dejar rastro apenas publicada. Sin duda alguna, estamos ante una novela de gran envergadura, tanto por su estructura narrativa como por la coexistencia de temáticas yuxtapuestas que se desenvuelven en un libro dentro de otro desarrollados en paralelo, imbricándose y complementándose recíprocamente. Todo el magma descriptivo se extiende y se intensifica cada vez más hasta convertirse en una sorprendente inmersión en el universo de los símbolos intuitivos y, por ello, en una aventura iniciá- tica. El primer libro es la historia de una apasionante investigación. El hallazgo, en junio de 1995, de los restos de Pedro de Mena —escultor español del siglo xvii— en la iglesia del Santo Cristo de la Salud de Málaga, coincide con el descubrimiento de un breve texto, escrito 14 en forma de soneto acróstico, que revela la posible existencia de un Manuscrito perdido hace siglos y atribuido, nada menos que a Santiago, el hermano de Jesús. Se refiere al Tercer Apocalipsis de Santiago, libro considerado apócrifo por la Iglesia y celosamente guardado en Jerusalén por el círculo interior de la Orden del Temple. La investigación viene dada mediante un procedimiento metódico y riguroso, acorde con la profundidad del pensamiento humano, para abocar a conclusiones prácticas relevantes. Los sólidos puntos de apoyo radican en un presupuesto conocimiento científico, mientras que la intuición procura conocimientos simbólicos de extensión e integración indefinidas. A la investigación, iniciada para encontrar la historia y conocer el contenido del documento —cuya concreción se sostiene en un andamiaje lógico o matemático— se interpone una fatalidad dramática que viene acentuada por la muerte de tres personajes de la novela. La evolución temporal se hará por medio de una serie de aconteceres que se suman unos a otros. A complicar el hilo argumental contribuye la aparición de una «silsila» o cadena iniciática vinculada al sufismo, en la que la tradición hermética, la gnosis y hasta el milenarismo desempeñan papeles esenciales. La trama secreta incumbe no sólo a algunas poderosas instituciones vinculadas a la Iglesia —Orden de Malta, franciscanos y jesuitas— sino que también influencia las obras «proféticas» de Juan de Jerusalén, Ulrico de Maguncia y Nostradamus, implicando además a Giordano Bruno y al misterioso autor de las denominadas «profecías de San Malaquías». 15 Las revelaciones, elaboradas para influir interesadamente en realidades poco espirituales, presentan cierta analogía con los más recientes y célebres «Protocolos de los Sabios de Sión», aunque lo cierto es que no siempre la explicación de los signos enigmáticos necesita un proceso especulativo, entendiéndose que la imaginación literaria no descubre problemas ocultos, o por así decirlo, encubiertos, sino que los plantea o los inventa. El autor se guía por un esquema casi invariable: el significado de los «sellos», a tenor del anuncio del Evangelio, los deberes de los sacerdotes, la observancia de la ley de Moisés, la importancia del culto y los preceptos de los profetas menores del Antiguo Testamento. Las profecías inequívocamente anunciaban guerras, hambres, destrucciones y son metáforas del abismo, elementos estos sobre los que se apoya el escritor para transmitirnos la visión de una humanidad en permanente conflicto. El segundo libro aparece entremezclado con el primero, donde las tramas «históricas», referidas al Manuscrito se insertan en el mundo actual y en los graves acontecimientos que acucian a la humanidad, fundamentalmente el terrorismo de matriz islamista. Para desarrollar todo esto, José Baena construye unos personajes absolutamente verosímiles y en el universo narrado introduce muchas de las cuestiones que dominan el panorama de la realidad actual, desde el conflicto palestino-israelí, hasta los brutales atentados que casi a diario sacuden el mundo, empezando por el ataque a las Torres Gemelas de New York, perpetrado a los pocos meses de que la novela apareciera en los escaparates de las librerías españolas. 16 El autor localiza su aguda percepción exterior en el capítulo VI, sugestivamente titulado, «Lecciones de abismo», en el que premonitoriamente dice: «Pensemos en una agudización planetaria de la violencia terrorista con la aplicación de medios de destrucción masivos […]». No se trata de un simple presagio si se considera más adelante, en el capítulo IX, «La conspiración de nadie», el siguiente comentario: «Resulta paradójico que a finales del actual milenio estamos regresando al mismo espíritu de combate irreductible que provocó en sus albores el gran enfrentamiento entre Oriente y Occidente y que encontró su brutal concreción en las Cruzadas». Un periodista, un cura y un profesor de historia de la Universidad de Málaga, llamado Arturo Bernal, que es el protagonista y narrador del relato, forman el triángulo inicial de la novela; esta figura geométrica se irá abriendo y el lector asistirá asombrado al desvelamiento de unas claves que son arcanas: numerología, simbología, esoterismo, gnosis... La historia oculta se manifiesta en la superficie de lo que se conoce y este ir y venir es clave en el texto; además, entre elementos tan diversos, se encuentra una nueva y fascinante interpretación de aspectos que se dan por sabidos, tal vez por olvidados. Por eso, en las páginas de El fuego de San Telmo, la reivindicación de la memoria es una cuestión de importancia capital por el hecho de que —según Henri Bergson— «prolonga unos en otros una pluralidad de momentos». Un esclarecimiento complementario acerca de estas páginas intrigantes por las cuales pueden sentir curiosidad los lectores aficionados a la lectura perspicaz, es 17 el aspecto de la referencia a la historia, en cierto modo natural y casi obligada del autor, que además de ser un renombrado novelista, es historiador profesional. Así, la labor de documentación histórica, religiosa, filosófica y mitológica queda en el archivo de los muchos años de lecturas que el autor afrontó para estar en condiciones de construir un entramado de sucesos en el que lo fundamental sigue siendo la evolución vital del personaje principal (Arturo Bernal), como resultado del enfrentamiento con un mundo complejo, a veces hostil, componente esencial para que una novela —como se- ñaló Lukacs— se diferencie de un simple relato más o menos largo. El autor busca, pues, mediante una continua referencia de eventos, el lazo de unión entre el pasado y el presente, vinculados entre sí. Indudablemente esta marcha exige la representación, consciente o inconsciente, de una percepción predeterminada e imprevisible. El autor no cree en la fatalidad de la historia y no pone obstáculos a las circunstancias suficientemente tensas que puedan franquear la inminencia del desafío peligroso entre civilizaciones. Para él no hay por lo tanto ley histórica ineluctable. A pesar de que el soporte histórico que el autor emplea sea abundante y sólido para imbricar las claves de la novela, ésta no puede encuadrarse dentro de lo que se suele llamar «género histórico», sin más, por el simple hecho de que la acción principal de la narración se desarrolla en el período comprendido entre los años 1995 a 1997, época no suficientemente alejada para asegurar semejante carácter a una obra fecunda y llamativa en la que debemos resaltar la fertilidad de su imaginación creativa. 18 Al tener lugar una serie de mutaciones históricas, un evento encuentra su eco en otro correlativo. El tema está, pues, abierto y en este sentido se advierte que El fuego de San Telmo no es una novela fantástica sino que —como el mismo autor prefiere decir— fantásticamente realista. De lo que no cabe duda es de que la narración merece una especial atención, sobre todo cuando la búsqueda del Manuscrito oculto en el subsuelo malagueño y referido a Jesús de Nazaret, desata una pugna entre católicos, judíos y musulmanes, representantes de las tres grandes religiones monoteístas que confieren a Jesús, de una u otra manera, un papel relevante. Tal como ha ocurrido desde tiempo inmemorial, la convivencia y el enfrentamiento entre las tres formas de vida, entre las tres civilizaciones ha mantenido su relativa independencia, a pesar de que la presión religiosa haya sido muy influyente en todos los tiempos y haya condenado con rigor los casos de apostasía y de heterodoxia. La posible aparición del Tercer Apocalipsis y su posesión induce a que cada confesión religiosa quiera utilizarlo según sus fines para conseguir ventajas respecto a las otras. La acción comienza en Málaga y Marbella y seguirá en Israel tras los días del asesinato de Rabin, víctima del fanatismo religioso, prosiguiendo en torno a las intrigas de la Curia Vaticana acerca de la posible sucesión de Juan Pablo II, las apetencias de los jesuitas y las contradicciones de los franciscanos, titulares de la Custodia de Tierra Santa. José Baena, como muchos novelistas de nuestra época, vive unas circunstancias históricas y culturales que facilitan la aparición de un mundo sorprendente, 19 en el que la «historia se acelera». El ritmo de los acontecimientos llega a ser vertiginoso, produciéndose una frenética ebullición de las ideas que irá concretándose paulatinamente en profundos enfrentamientos ideológicos y existenciales. Todo ello contribuye a dar a la narración el aspecto de una crónica periodística de plena actualidad, porque el autor entra de manera decidida en los territorios de las atormentadas vivencias del hombre actual. En cuanto a la configuración funcional del ambiente, el escritor no renuncia en la descripción del viaje iniciático a un expresionismo dramático en la descripción de los oscuros meandros subterráneos, que contrapone a la calurosa claridad de las ciudades (Málaga, Jerusalén, Damasco, Marrakech), que si bien se diferencian entre sí por localización y cultura, tienen en su inserción descriptiva una común e integrante connotación argumentativa, a la par que nos deleita con páginas de tal plasticidad que confieren al relato cualidades verdaderamente pictóricas. Para finalizar, me parece oportuno mencionar que en esta singular aportación a la narrativa, José Baena adopta una estructuración circular con la que pretende trasladar al lector una visión totalizadora de la realidad. Tal vez por eso, lo más notable de este escritor, en permanente renovación, sea su sentido de la «modernidad», lo que, en palabras de Octavio Paz, le lleva a escribir «libros futuros», es decir, anticipados a su propio tiempo. Annunziata O. Campa Universidad de Pisa, agosto de 2011

Fuego de San Telmo en Airbus