La cultura necesaria

Desde 1976 Crítica mantiene su vocación de construir una cultura libre poniendo al alcance del gran público obras de historia, filosofía, arqueología, política, antropología, economía y divulgación científica. Con más de dos mil títulos publicados, recibió en 2007 el Premio Nacional a la Mejor Editorial Cultural, que concede el Ministerio de Cultura.

La historia de la formación del capitalismo moderno a través de la historia del algodón.
Nos educaron en una visión de la historia que presentaba el auge de la civilización industrial como una de las cimas del progreso humano; el algodón, la industria más importante del mundo hasta 1900, tenía un papel dominante en esta epopeya del capitalismo. Sven Beckert, profesor de historia de la Universidad de Harvard, nos muestra ahora la cara oculta de este proceso y denuncia cómo este auge se asentó en una explotación inhumana de los esclavos en las plantaciones, lo que impulsó la expansión del dominio imperial del mundo, y de los trabajadores en las fábricas. Beckert, nos dice Thomas Bender, ha culminado una obra extraordinaria, investigando en los archivos de todos los continentes para construir un relato que nos llega con una prosa fascinante y unos argumentos claros y convincentes. Daniel Walker Howe, profesor emérito de la universidades de Oxford y de California, afirma: «Este libro debería ser apasionadamente leído, no solo por los especialistas y los estudiantes, sino por el público lector inteligente».Gobernaban fábricas tan estrepitosas como sucias en las que trabajaban miles de obreros (…) compraban la materia prima en las plantaciones de esclavos de América (…) vivían en ciudades ennegrecidas por el hollín del carbón que alimentaba las máquina de vapor (…) ciudades en las que se respiraba una atmósfera hedionda, saturada de olor a sudor, orina y heces (….) eran empresarios que regían un imperio”. El imperio de la industria del algodón en la Europa del siglo XIX.

MEJOR LIBRO 2015-2016 Y SIGUE UNA GRAN OBRA

Sven Beckert es profesor de Historia de América en la Universidad de Harvard. Doctorado en la Universidad de Columbia, es autor de una vasta producción en historia política, social y económica del capitalismo. Ha recibido numerosas distinciones y premios, entre los que figuran los de la Harvard Business School, el Dorothy and Lewis B. Cullman Center for Scholars and Writers de la Biblioteca Pública de Nueva York y el Charles Warren Center for Studies in American History. Trabajó también en el American Council of Learned Societies y en la John Simon Guggenheim Memorial Foundation.

Nos formaron en una visión de la historia que presentaba el apogeo de la civilización industrial como entre las cumbres del progreso humano; el algodón, la industria más esencial del planeta hasta mil novecientos, tenía un papel dominante en esta epopeya del capitalismo. Sven Beckert, maestro de historia de la Universidad de Harvard, nos enseña ahora la faz esconde de este proceso y demanda cómo este apogeo se asentó en una explotación inhumana de los esclavos en las plantaciones, lo que impulsó la expansión del dominio imperial del planeta, y de los trabajadores en las fábricas. Beckert, nos afirma Thomas Bender, ha acabado una obra excepcional, estudiando en los ficheros de todos y cada uno de los continentes para edificar un relato que nos llega con una prosa alucinante y unos razonamientos claros y contundentes. Daniel Walker Howe, maestro emérito de la universidades de Oxford y de California, afirma: «Este libro debería ser vehementemente leído, no solo por los especialistas y los estudiantes, sino más bien por el público lector inteligente».

 

Este vasto y rico estudio histórico se publicó en diciembre del 2014 y fue uno de los libros más discutidos del año pasado (fue finalista para el Pulitzer). La editorial española Crítica lanzó recientemente su versión traducida.

 

El algodón estaba allí, en el centro de procesos de expropiación, esclavitud y explotación inhumana, pero también en el desarrollo tecnológico que permitió la Revolución Industrial y la creación de una economía global. Por correo electrónico, conversamos con el autor acerca de su trabajo.

 

En la segunda mitad del siglo XIX las potencias europeas se lanzaron a la ocupación de otros continentes en busca de materias primas para sus industrias y mercados donde pudieran colocar sus productos sin trabas aduaneras. El arroz, el trigo, los minerales del Congo, Indochina e Insulandia, impulsaron a los gobiernos europeos a la conquista de colonias y a la formación de una red de comunicaciones para poder explotarlas. Así se formaron los imperios coloniales. Este periodo tiene su fase clásica entre 1870 y 1914, y se denominó era del imperialismo. Treinta millones de europeos habían emigrado. Pero los auténticos beneficiados fueron los accionistas de los grandes negocios, organizados en Cámaras de Comercio e Industria. Se llega a afirmar que las colonias británicas, por ejemplo, eran “un gigantesco servicio de beneficencia para las clases altas”. En 1914, el imperialismo absorbía el 90% de África, el 99% de Oceanía y el 56% de Asia. El 60% de las tierras emergidas y el 65% de la población mundial dependen de Europa.

 

Tras la segunda guerra mundial, surgieron los sentimientos nacionalistas en procura de la independencia y el aspecto del mundo cambió. Hoy en día todavía existen territorios que dependen de otros, pero la forma de dominio más común es el llamado “Neocolonialismo”. Este término indica la dependencia económica de los países pobres hacia las naciones desarrolladas.

 

El mejor libro del 2015
Gracias Editorial Critica

 

EL IMPERIALISMO

HISTORIA IMPERIALISMO

Opinion de como se lucraron las familias de la Alta burgesia catalana y otras

Estractos de varios estudiosos de las web de las biografias y mi cosecha propia

Los Güell provienen de Torredembarra y desde el siglo XVII se dedicaron al comercio con América. Eran indianos. Pau Güell realizó su carrera comercial en Santo Domingo. Su hijo Joan Guell i Ferrer nació en Torredembarra el 3 de Mayo de 1800 y a la edad de 9 años se marchó a las Américas junto con su padre.  Cuando el negocio estaba decayendo Pau envió a su hijo a estudiar  a Cataluña los estudios de piloto de la flota mercante.Mientras Joan estaba estudiando, su padre sufrió varios reverses económicos que lo dejaron en la ruina. El padre de Güell solo heredó el espíritu emprendedor  y comercial.Pau Güell regresó a Cataluña donde murió en el 1830. Joan Güell se estableció en Cuba. Ahorró algo de dinero y fundó con un par de amigos suyos una nueva casa comercial, y poco a poco empezó a hacer dinero gracias a su astucia y habilidad en los negocios. Cuando ya había reunido una fortuna considerable se dedicó a viajar y de regreso a Barcelona fundó con 4 socios más el taller la Barcelonesa para fundir hierros y reparar y construir máquinas para la industria téxtil. También se lanzó a la fabricación de panas con la empresa llamada Vapor Vell de Sants.

Son párrafos del libro de Sven Beckert El imperio del algodón, editado por Crítica, una historia del capitalismo cuando Europa, sobre todo Gran Bretaña, estaba a la cabeza de la incipiente industrialización y Cataluña empezaba su tradición de colonias textiles en los márgenes de los ríos.

Un día, avanzado ya el siglo XX, ese imperio se empezó a tambalear y las fábricas pasaron a ser arqueología industrial y motivo de visitas turísticas. Leyendo el libro uno se pregunta si el bienestar de Europa en el pasado  fue resultado de la explotación de materias primas de países pobres y de trabajo en régimen de esclavitud.

Escribe el autor, en las páginas finales del libro: “Nunca se me borrará de la memoria el rato que permanecí sentado en el patio del bar de la Colonia Vidal, en el valle catalán de Llobregat, imaginado el tipo de existencia que debieron de conocer las varias generaciones  de obreros que tuvieron  que pasar  su vida laboral en esta población creada  por la propia empresa, siempre al servicio de las exigencias de una voraz  fábrica textil”.

Un libro fascinante.

 

Cumpliendo el deseo paterno, Eusebio Güell estudió Derecho y Economía Política en Francia y a su regreso a Cataluña se casó con la hija del primer marqués de Comillas, Isabel López Bru, lo que le permitió acceder al grupo directivo de las empresas de la Corporación Comillas: Banco Hispano Colonial, Compañía General de Tabacos de Filipinas y Compañía Trasatlántica, entre otras. También presidió la aseguradora La Previsión.

A la muerte de su padre en 1872, heredó las dos terceras partes de su fortuna y la dirección de la empresa familiar Pascual, Flaquer y Cía., que cambió su denominación social por la de Parellada Flaquer y Cía. En 1883 compró a Fernando Alsina la patente para fabricar con un nuevo sistema tejidos de pana y trasladó la fábrica textil de la familia, ubicada en Sants, a Santa Coloma de Cervelló (Barcelona), creando a su alrededor un complejo industrial que desde entonces se conoce con el nombre de Colonia Güell. En 1901 fundó la cementera Asland, su mayor legado empresarial, que comenzó a rodar en 1904 en la factoría de Clot del Moro.Su labor como mecenas y protector de artistas arropó la trayectoria de músicos, poetas y arquitectos como Antonio Gaudí, que recibió el encargo de construir, entre otros proyectos, el palacio Güell y el Parque Güell, donde murió el industrial en 1918. Su hijo Juan Antonio Güell López, segundo conde de Güell y marqués de Comillas por herencia de su familia materna, fue alcalde de Barcelona en 1930 y participó en la fundación de la Compañía de las Minas del Riff.