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A las 14.18 del 31 de mayo de 1916, en aguas del mar del Norte, el crucero inglés Galatea izó la señal de banderas «enemigo a la vista». Diez minutos después empezó la batalla naval más grande de la historia, la última en que la aviación no tuvo ningún papel. Frente a las costas de la península de Jutlandia, 16 acorazados y 5 cruceros de batalla alemanes con sus 80 buques de escolta se enfrentaron a 151 unidades inglesas, con 28 acorazados y 9 cruceros. El resultado de la batalla, que se prolongó hasta la mañana siguiente, fue incierto. Los ingleses, aunque sufrieron pérdidas más graves (murieron trágicamente 6.094, entre oficiales y marinería y perdieron varios de sus buques más prestigiosos, como el Queen Mary y el Invincible), siguieron dominando los mares, y los alemanes (con 2.551 bajas) no intentaron más salidas con su flota durante el resto de la guerra. Sergio Valzania cuenta por primera vez de manera detallada y sugerente un momento crucial de la historia naval militar. Sigue los movimientos del Lützow, el Iron Duke, el Lion y el Friedrich der Grosse, nos desvela las estrategias de los almirantes (como el agresivo Reinhard Scheer y el quizá demasiado prudente John Jellicoe), las historias personales de muchos de los hombres que combatieron en esa legendaria batalla y revela los motivos políticos que estaban detrás de una de las batallas más importantes de la Gran Guerra. Pero el autor, además de narrar hora a hora el trágico enfrentamiento de la Grand Fleet con la Hochseeflotte, reconstruye también los acontecimientos que, tras el armisticio de 1918, condujeron al internamiento de toda la flota alemana en Scapa Flow, a su autohundimiento en junio de 1919 por orden del contralmirante Ludwig von Reuter y, en las décadas siguientes, a la larga y difícil recuperación de los pecios con técnicas tan complicadas como espectaculares. Una batalla legendaria y épica, que además nos ayuda a entender muchas claves de la primera guerra mundial.

JUTLANDIA 31 de mayo de 1916 la batalla naval mas grande de la historia

Ha insegnato scienza della comunicazione alla facoltà di lettere dell'Università di Genova ed è stato vicedirettore di Radio Rai, una struttura della RAI che si occupa di radio. Direttore di Agonistika News negli anni Ottanta è considerato uno dei maggiori esperti italiani di giochi. Per la televisione ha curato La tV delle Ragazze e le serie del Circo di Raitre. Per la radio ha realizzato fra l'altro Vivo Radio2 con Fiorello e Baldini, Alle 8 della Sera, i Cammini della radio derso Santiago di Compostela e sulla via Francigena.

Valzania è anche scrittore di libri di storia con una predilezione per le biografie. Da Napoleone (Rai Eri, 2001), frutto di una lunga serie di trasmissioni sul grande Corso trasmesse da Radio 2, ad Artisti da combattimento (Mondadori, 1996) e Brodo nero, Sparta pacifica il suo esercito le sue guerre (Juvence). Tra le opere più recenti ricordiamo: Jutland, dedicata alla grande battaglia navale del primo conflitto mondiale; Austerlitz, la più bella delle vittorie di Napoleone, entrambi editi nel 2006; Wallenstein (2007) appassionata biografia del tragico generale boemo, grande protagonista della guerra dei 30 anni; Dal Profondo (2010) riflessioni sulla fede; e U-Boot (2011) storie di uomini e di sommergibili nella Seconda guerra mondiale.

Dall'estate del 1999 al 2009 è stato direttore di Rai Radio 2 e dal 2002 al 2009 ha diretto anche Rai Radio 3. Dal 2011 è vicedirettore della struttura Radio Rai. Dal 1º giugno 2015 è in pensione, dopo aver lasciato ogni incarico in Rai.

Poco después de las 14 horas del 31 de mayo de 1916 el vicealmirante David Beatty ordena a las unidades de su escuadrón un cambio de rumbo, en cumplimiento de las órdenes cursadas por el almirantazgo británico la noche anterior, antes de zarpar de la base de Rosyth, en Escocia, próxima a Edimburgo.A su mando tiene seis cruceros de batalla y cuatro acorazados veloces que, con su pantalla de cruceros ligeros y destructores, forman el flanco sur del despliegue de la flota de batalla inglesa. La Grand Fleet (Gran Flota) al completo está en el mar con la esperanza de interceptar y aniquilar a uno de los adversarios más peligrosos que ha tenido en toda su historia. Los servicios secretos británicos aseguran que la Hochseeflotte, la flota de alta mar alemana al completo, ha zarpado de la base de Wilhelmshaven y ahora se encuentra en alguna parte del mar del Norte.

 

 

A finales del siglo XIX el emperador alemán Guillermo II decidió cambiar el rumbo de la estrategia política alemana que había reinado durante los años del canciller Bismarck, pasando de la llamada Realpolitik a la Weltpolitik. Esta última política pretendía la búsqueda de un espacio para Alemania entre las principales potencias del mundo, acorde a sus capacidades económicas e industriales. Para ello era necesario conseguir un imperio colonial que pudiera rivalizar con Francia y sobre todo con el Imperio Británico. Para mantener ese imperio colonial era necesario la creación de una gran flota que pudiera rivalizar con la británica.

 

  Gran Bretaña ostentaba la hegemonía de los mares desde que el almirante Nelson venció a la escuadra franco-española en la batalla de Trafalgar en 1805. En 1914 los barcos de guerra de la Royal Navy superaban en número a los alemanes, pero muchos de ellos eran buques obsoletos y carecían de las mejoras en armamento y blindaje del momento, mientras que la Marina Imperial alemana contaba con buques más nuevos y mejor armados.

 

Parte de la Flota de Alta Mar en el puerto de Kiel.

 

  Cuando la guerra estalló en 1914 tanto los gobiernos como la opinión publica creían que pronto se libraría el gran combate naval entre ambas flotas. Pero esto no ocurrió. El 29 de julio de 1914, antes del estallido de la guerra, Winston Churchill, primer lord del almirantazgo, ordenó a la flora británica dirigirse a su base en Scapa Flow, en las Islas Orcadas, al noreste de Escocia, posición desde la que dominaban todo el mar del Norte, entre Gran Bretaña y Noruega. La flota alemana por su parte se quedó en sus puertos, bloqueada, temerosos de que una salida a mar abierto pudiera suponer su final frente a la flota británica. Antes de arriesgar su flota en un combate directo, harían uso de los últimos avances disponibles, por lo que desplegaron minas marinas y su flota de submarinos, declarando la guerra submarina irrestricta en las aguas que rodeaban Gran Bretaña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 La Gran Flota británica estaba formada por un total de 151 buques: 24 acorazados, 9 cruceros de guerra, 4 acorazados rápidos, 8 cruceros, 23 cruceros de bolsillo, 81 destructores, un minador y un portahidroaviones. Por su parte la Flota de Alta Mar alemana estaba compuesta por 99 buques: 22 acorazados, 5 cruceros de combate, 9 cruceros de bolsillo y 63 destructores. Los británicos tenían una clara superioridad numérica, mientras que los alemanes contaban con barcos más modernos.

 

  Al anochecer del 30 de mayo Beatty recibía la orden de Jellicoe de zarpar desde su base en Rosyth con su escuadra, junto con la 5ª escuadra del contraalmirante Evan-Thomas, con 4 de los mejores acorazados británicos, el Barham, el Malaya, el Valiant y el Warspite. Una hora después la 2º Escuadra, al mando del vicealmirante sir Thomas Jerram, con 8 acorazados, zarpaba de su base en Cromarty para unirse a la batalla.

 

  A la mañana siguiente, mientras las flotas británicas se dirigían a interceptar a la flota enemiga, la escuadra de cruceros de Hipper navegaba rumbo hacia el norte, paralelamente a la costa danesa, con Scheer y sus acorazados a unas 20 millas por detrás. Por su parte, Scheer esperaba enfrentarse únicamente contra los cruceros de Beatty, mientras que Jellicoe consideraba que los acorazados de ambas flotas se encontraban muy por detrás de los cruceros, por lo que no intervendrían en la batalla. Ambos se equivocaban.

 

Batalla de Jutlandia. Foto de Grandiose.

 

  A las 14:20 del 31 de mayo, uno de los cruceros de Beatty, el Galatea, que avanzaba por delante de la escuadra sirviendo como explorador, informó al vicealmirante de había avistado un buque. Se trataba de un mercante danés al que decidieron acercarse para inspeccionarlo, pero al mismo tiempo un crucero ligero alemán, el Elbing, se disponía hacer lo mismo. Fue el primer contacto entre ambas flotas. Ambos buques iniciaron un bombardeo mutuo sin grandes consecuencias. Pocos minutos después el Galatea informó a Beatty de la presencia a lo lejos de una enorme columna de humo. Se trataba de la escuadra de Hipper, de 5 cruceros.

 

  El tiempo se encontraba despejado y la mar totalmente en calma. Beatty, con superioridad numérica, ordenó cambiar el rumbo en dirección sur sudoeste, directo hacia Hipper. La orden se dio mediante banderas desde su buque insignia, el Lion. Las señales no fueron advertidas hasta varios minutos después por el contraalmirante Evan-Thomas. Este retraso dejo a la escuadra a unas 10 millas por detrás de Beatty.

 

Los acorazados Warspite y Malaya.

 

  A las 15:20 Hipper, desde su buque insignia, el Lutzow, avistó a los cruceros británicos y se preparó para llevar a cabo el plan de Scheer, ordenando rápidamente invertir su rumbo y dirigirse hacia el sur, para unirse a los acorazados de Scheer. Durante unos minutos ambas flotillas navegaron paralelas, a una distancia de unas 10 millas. A las 15:48, el buque insignia de Hipper abrió fuego, comenzando la lucha entre ambas flotas. Los alemanes mostraron una gran destreza y puntería, haciendo blanco sobre el Lion; pero la verdadera desgracia se cernió sobre los británicos a las 16:05,  cuando el crucero Indefatigable, que ocupaba la última posición en la línea británica, recibió dos impactos del Von der Tann que afectaron a la santabárbara, la cual explotó y partió el buque en dos. De sus 900 tripulantes, solo dos consiguieron salvarse. A las 16:20 el crucero Queen Mary recibía un fuerte impacto y se iba a pique. La superioridad inicial de Beatty se había acabado, pero por suerte los buques de Evan-Thomas habían llegado a la batalla.

 

  Pero esta situación pronto se acabó. A las 16:40 Beatty avistó a lo lejos a la flota de Scheer, ahora el cazador se convertía en la presa, por lo que cambió rápidamente su rumbo hacia el norte para encontrarse con Jellicoe, pero una vez más las señales no fueron captadas por Evan-Thomas, que siguió con su rumbo hacia el sur. Pocos minutos después sus acorazados rápidos se vieron bajo un intenso fuego de los acorzados de Scheer. Rápidamente Evan-Thomas ordenó formar en línea de batalla, y sus cañones de 381 mm respondieron al fuego atacando a los buques de Hipper, dejando tocados el Lützow, el Moltke y el Von der Tann.

 

Hundimiento del HMS Indefatigable.

 

  A las 17:40 tanto Scheer como Beatty vieron la aparición de una gran nube de humo hacia el norte, que anunciaba la llegada de Jellicoe y de la Gran Flota británica. La información que hasta ese momento había recibido el almirante británico eran muy contradictorias y poco claras, su llegada a la zona no ese hizo en el punto fijado anteriormente con Beatty, de hecho, al llegar la flota alemana no se encontraba frente a ellos, sino en su lado de estribor. Su flota, que contaba con 24 acorazados, navegaba en una formación en 6 columnas, que ocupaban un frente de unas 4 millas. Tras cruzarse con Beatty y solicitar información sobre el enemigo, ordenó a las 18:25 que su columna de babor se desplegara, mientras que la columna de estribor viraba hacia la izquierda y comenzaba a abrir fuego. Esta acción de manual, conocida como “cruzar la T”, tenía como objetivo navegar a través de la línea de cabeza alemana y hacer uso de su superioridad numérica para aplastar al enemigo.

 

  Pero los alemanes no se amedrentaron, y sus artilleros siguieron abriendo fuego. El crucero de batalla Invincible recibía varios impactos que lo mandaron a pique con casi toda su tripulación, entre la que estaba el contraalmirante Hood. Scheer ordenó a toda su flota virar hacia el oeste, rumbo que siguió durante 20 minutos, bajo el intenso humo de la batalla. Luego ordenó virar de nuevo hacia el este, orden que colocó a su flota sobre el centro de Jellicoe, desatándose una tormenta de fuego entre casi todos los buques de ambas flotas. Scheer decidió escapar de esta situación, que podía tornarse desastrosa, por lo que ordenó una “media vuelta de combate”: todos sus buques invirtieron el rumbo y dieron media vuelta hacia estribor, con rumbo sudeste hacia sus puertos. La llegada de la oscuridad hizo más fácil la retirada de Scheer. Cuando las primeras luces del alba aparecieron Jellicoe se encontró con el mar desierto.

 

¿Quién fue el vencedor de Jutlandia?

 

  Desde el mismo día después de la batalla hasta hoy, muchas veces se ha formulado esta misma pregunta, ¿Quién venció en Jutlandia? Muchas veces se ha hablado de un empate, aunque esta circunstancia muy rara vez se da en la guerra, pues, aunque las bajas sean similares, la situación táctica puede variar, y siempre uno de los dos contendientes puede sostener mejor y recuperarse más rápidamente de las bajas sufridas que el otro bando. Y este podría ser el caso de Jutlandia.

 

Los daños en el SMS Seydlitz.

 

  Aunque los británicos sufrieron más bajas que los alemanes, 3 cruceros, 3 cruceros acorzados y 8 destructores, por un acorazado, 5 cruceros y 5 destructores de los alemanes, la superioridad numérica con la que contaba la Royal Navy suponía que los británicos podían reponer rápidamente las perdidas. El número de marineros muertos también fue superior en el lado británico, con un total de 6097, entre los que se incluía el contraalmirante Hood, por unas 2500 de los alemanes.

 

  Desde un punto de vista táctico, podría asegurarse que la batalla fue una victoria alemana, pues enfrentándose a una flota muy superior consiguieron infringirle más bajas y retirarse a sus bases con el grueso de la flota intacta. Pero la victoria estrategia fue para los británicos, pues a pesar de las perdidas la flota aún seguía en condiciones de combatir y como dominante del mar.

 

  Pero una cosa esta clara, Jutlandia no fue la batalla que los británicos esperaban, confiados en que esta fuera una nueva Trafalgar. Es más, la superioridad británica de los mares quedó ligeramente en entredicho, como el propio Káiser dijo, “se ha roto el hechizo de Trafalgar”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las órdenes cursadas a Beatty establecen que navegue hacia el este y justo después de las 14 horas, salvo nueva orden, vire hacia el nordeste para reunirse con los 24 acorazados y los 3 cruceros de batalla de su aborrecido superior, el almirante Jellicoe. Una vez reunidos los barcos, deben formar la fuerza exploradora de toda la flota en su derrota hacia las bases alemanas.

 

El motivo de estas complicadas citas en alta mar era que el Reino Unido, con la carrera de armamentos de los años anteriores a la primera guerra mundial, había construido tantos buques de guerra y de tal tamaño que no existía ningún puerto inglés capaz de resguardarlos a todos de los ataques y acechos de los sumergibles alemanes, a excepción de Scapa Flow, en las islas Orcadas. Pero esta base estaba en el norte de Escocia y desde allí no se podía intervenir rápidamente en defensa de las costas meridionales inglesas. Los cruceros alemanes las habían bombardeado varias veces en ataques sin ningún significado bélico, pero con un fortísimo impacto propagandístico. Esta situación había obligado al almirantazgo a repartir sus fuerzas por varios puertos

y conceder gran autonomía al comandante de los cruceros de batalla, David Beatty.

 

El grueso, directamente al mando del almirante Jellicoe, estaba en Scapa Flow. Ocho acorazados tenían su base en Invergordon, algo más al sur, y en Rosyth se encontraban los buques más veloces, seis cruceros de batalla y cinco acorazados modernísimos, capaces de navegar a más de 25 nudos. Eran las unidades de Beatty, más adecuadas para perseguir a las alemanas con posibilidad de darles alcance en el caso de que intentasen hacer otro alarde en las costas meridionales de Inglaterra, las de Norfolk.

Ya en una ocasión, el 15 de enero de 1915, los veloces cruceros de batalla ingleses habían interceptado una formación alemana de cuatro unidades que volvía de una misión de bombardeo de las poblaciones costeras de Scarborough y Hartlepool. El combate se entabló en Dogger Bank. Los alemanes habían logrado huir, pero los barcos al mando de Beatty habían hundido el más viejo y lento de sus buques, el crucero acorazado Blücher.

 

Los almirantes ingleses habían tenido fuertes diferencias sobre el modo de repartir las unidades por los puertos. Jellicoe y Beatty se habían disputado las mejores, sobre todo los cinco flamantes acorazados del V escuadrón de batalla, al mando del contralmirante Evan-Thomas. Eran las unidades más modernas y mejor armadas de la flota, las únicas que disponían de gigantescos cañones de 381 mm, y los dos comandantes querían tenerlas directamente a su cargo. Durante un largo periodo Jellicoe se había salido con la suya, pero al final se las quedó Beatty, aunque para salvar la cara del almirante en jefe se creó una situación ambigua mediante un compromiso tortuoso. Formalmente el V escuadrón de batalla tenía su base en Scapa Flow, pero a menudo, por no decir casi siempre, estaba destacado en Rosyth. A cambio Beatty le cedía a Jellicoe los tres cruceros de batalla, bastante anticuados, del III escuadrón, que en teoría deberían sustituir a los acorazados veloces en su función táctica.

 

Era una solución muy confusa que no definía con claridad las líneas de mando e impedía una inserción continua y completa de los mejores buques ingleses en el conjunto de la flota. Y sobre todo dificultaba la coordinación de movimientos y no permitía llevar a cabo con frecuencia ejercicios colectivos.

 

La batalla de Jutlandia 1916

opinion

Es fred i professional a l'hora de descriure els successos bèl·lics. La batalla li sembla l'espant absolut. La bogeria d'una Europa que sent l'impuls necrófilo de llançar-se cap al final, pel mer plaer de fer-ho. La «Càrrega cap a la mort» la despatxa amb unes poques línies com un succés breu, gairebé intranscendent, i evidentment determinat per una avaluació defectuosa de la situació real.

El llibre és clar, contundent, i rotund. Només li mereix certa divagació poètica descriure les esperances i raonaments dels marins en termes de Moby Dick i L'Odissea, però l'acció bèl·lica en si mateixa la sotmet a una anàlisi desapassionat.

Construeix una descripció clara, àgil i gairebé visual. Hi ha pocs mapes, és cert, però són suficients per centrar-se en la qüestió. Incideix molt particularment en les limitacions tecnològiques de les flotes, amb la problemàtica d'unes comunicacions deficients, que impedien un control ferm de concentracions navals tan nombroses. Sobretot en el cas de Jellicoe, busca contínuament reivindicar les seves actuacions. És negatiu amb Beatty, però sense excessos, i de la mateixa manera troba justificables, o almenys comprensibles, les actuacions de Scheer. La seva opinió personal només li concedeix als britànics una superioritat: La de l'espionatge i el nombre. En tots els altres aspectes és la flota del Kaiser la qual destaca. No obstant això no aprofundeix excessivament en la qüestió fonamental del combat, l'oportunitat o justificació dels dos girs de batalla de la flota del Kaiser.

Així doncs, tenim en aquest volum una més que bona descripció de la batalla de Jutlandia. Ben escrit, documentat, seriós i crític, només es pot classificar com un altre llibre necessari en el panorama editorial espanyol.

En resum, un llibre que ens oculta la cara esquiu de la glòria.