La historia de unos años cruciales, los que van de 1939 a 1943, en que Franco pudo haber embarcado a España en la segunda guerra mundial –de hecho, como nos muestra Viñas, quiso hacerlo- recibe nueva luz en este libro, donde, gracias a la aportación de nueva documentación recientemente desclasificada, seguimos la compleja actividad política diseñada por Gran Bretaña para evitar la entrada de España en la guerra, incluyendo la «compra de voluntades» militares por unas sumas considerables, efectuada con la colaboración del banquero Juan March. En el libro, sin embargo, hay mucho más que esto: hay una magistral descripción del mundo de conspiradores y espías que rodeaba al gobierno, y hay, sobre todo, un esfuerzo por explicar qué hay detrás de los hechos, desmitificando tópicos como los de la entrevista entre Franco y Hitler en Hendaya, para ofrecernos una nueva y más satisfactoria interpretación de la política española en estos años.

Sobornos-De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco

Ángel Viñas vive en Bruselas después de su jubilación. Catedrático emérito de la Complutense. De familia muy modesta, tuvo una educación estrictamente laica en las escuelas del barrio de Atocha (Madrid). Se apañó para estudiar en Alemania y Escocia a base de becas extranjeras y de esfuerzos propios (chico de recados en París y Stuttgart, docker en Hamburgo, profesor de castellano en el extranjero y de alemán y francés en Madrid, traductor). Sus intereses abarcan desde Germánicas y las viejas economías de dirección central a la política económica, exterior, de defensa y seguridad, las relaciones internacionales y la historia (de Alemania, Estados Unidos, España) que es su auténtica pasión. Premio extraordinario en la licenciatura y doctorado de Ciencias Económicas. Técnico comercial del Estado, con el número uno de su promoción. Exfuncionario del FMI y exdirector de Relaciones Exteriores en la Comisión Europea. Exembajador de la UE ante Naciones Unidas. Exdirector general de Universidades. Exasesor de Fernando Morán y Francisco Fernández Ordóñez. Ha sido catedrático numerario de Economía en Valencia, Alcalá, UNED y Complutense. Cinco años de docencia en la Facultad de Historia de esta última. Casado. Sus dos hijos estudian en Inglaterra y Escocia

Franco en la fase de «neutralidad elástica»

El más significativo de los numerosos timbres de gloria que corresponde a Franco es muy claro. Según sus panegiristas, después de alcanzar la victoria en la cruzada contra el comunismo —y la «escoria de la nación», como afirmó ante las sumisas Cortes del Reino—, estriba nada menos que en haber mantenido a España fuera de la segunda guerra mundial. El Caudillo aparece como el superhombre que, con prudencia y habilidad rayanas en el genio, jugó con Hitler como el ratón juega con el gato. Así ganó tiempo hasta que el Tercer Reich dejó de constituir una amenaza para España. Ni que decir tiene que estos «logros» del Caudillo aparecieron casi con letras mayúsculas en la entrada que sobre Franco aportó el profesor Luis Suárez Fernández al Diccionario bibliográfico español.1 Las ha reiterado, sin pruebas, en un libro aparecido en 2015 con motivo del XL aniversario del 20N.2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  1. Tal entrada, al parecer ya en vías de rectificación en el momento de escribir estas líneas, mereció elogios de un historiador tan distinguido como Richard Herr: «Overall I find the biography objective, but not unfavorable, if somewhat weak on details and dates». Herr no menciona en absoluto la polémica que suscitó entre historiadores y se refiere, exclusivamente, a la que aventaron los periodistas. 2. Este libro tiene mucho de copy and paste de dos de sus obras anteriores (en el caso que nos ocupa ahora, de la de 1977). En este contexto afirma: «en sus notas Franco explica que cada vez confiaba menos en Hitler, pero sería muy peligroso desobedecerle» [sic]. (Suárez, 2015, p. 155). Esta frase no la he encontrado en el libro anterior ni he identificado tampoco las notas. Si alude a las publicadas por la FNFF, estas se detienen prácticamente al final de la guerra civil, con dos meras alusiones al pacto Antikomintern y a una entrevista deseada por Göring al término de la contienda. Si son nuevas, sorprende —por decirlo con cierto tacto— que no haya indicado la fuente. Como veremos más adelante, el profesor Suárez no es un autor demasiado fiable.

  2. Podría argumentarse que el esfuerzo invertido en esta obra con el fin de situar en sus exactos términos el presunto mérito de Franco no se justifica desde un punto de vista crítico. Al menos si se hace dejando de lado el hecho de que el período comprendido entre 1940 y 1943, en el que me concentro, fue el trienio en que continuaron arrojando sus amargos frutos las políticas de liquidación, represión y humillación de los vencidos. Pero no me olvido de ello. La publicación de algunos trabajos de Francisco Moreno Gómez y Juan José del Águila, con su apabullante acumulación de datos primarios, inhibe la repetición. Espero, además, que sirvan como contrapunto a las curiosas tesis de algunos historiadores extranjeros. De esos que extienden poco menos que un certificado de si no buena conducta, sí al menos de conducta «con arreglo a ley» a muchos de quienes accionaron los mecanismos sobre los cuales se apoyó la sangrienta victoria en la larga posguerra. Ante la hipertrofia constante del «inmenso» logro de Franco, la evitación de millares, si no de centenares de millares, de potenciales víctimas que indudablemente se habrían producido de haber seguido España al Eje, el exministro de la Gobernación y de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer, también quiso garantizarse una parcelita en la que pudiese disfrutar del sol de la gloria. Serrano lo hizo tanto en sucesivas versiones de sus, en general, no fia bles memorias como en sus conversaciones con, por ejemplo, Heleno Saña e Ignacio Merino. En puntos claves, mintió como un bellaco. Fallecido el dictador, el exministro aportó nuevos datos y subrayó que Franco y él creyeron, sí, en la posibilidad de una victoria alemana (ahora, según afirma nuestro hagiógrafo favorito, tal no fue el caso) pero que... Sin nada de modesto escudero, a él fue a quien le tocó desempeñar con todo vigor el papel de defensor del recio parapeto español y, además, en la primera línea de fuego. En Berlín y en Bertechsgaden, «representante desvalido de un país agradecido e inerme», «frente a frente», enarboló «personalmente» la bandera. Y también salvó a la PATRIA. La realidad fue más compleja. Franco nunca tuvo demasiado interés en cometer suicidio o en fenecer con la dictadura que estaba montando. Desde el posicionamiento previo en que ya manifestó sus querencias

 

El banquero, Juan March

 

En términos económicos, el general Franco entró a la Guerra Civil sin una peseta -la República le había retirado el sueldo por ser un general rebelde- y en 1940 tenía en su haber 34 millones de pesetas de fortuna personal (unos 388 millones de euros de hoy día según el método de conversión José Ángel Sánchez Asiaín.

 

 

 

El banquero, Juan March insistió en que no se pagara hasta que se constatara fehacientemente que España no entraba en guerra. Es decir, los pagos se hicieron esencialmente en el año 1944. La operación rodó entre junio de 1940 y junio de 1943, pero los pagos se hicieron en el 44", explica Viñas.

Ahora bien, algunos generales, no todos, recibieron anticipos en pesetas, aunque normalmente los pagos se hacían en divisas y estaban situados en cuentas en el extranjero, en Nueva York, Lisboa y Suiza en una operación bastante compleja desde el punto de vista financiero".

El historiador sitúa la cantidad gastada por los británicos en comprar la influencia de los altos mandos franquistas en unos 6,5 millones de libras de la época.

"Esto hoy nos parece una cantidad minúscula, pero era inmensa entonces. En términos actuales, y es muy difícil determinar su contravalor, podríamos estar hablando de entre 150 millones y 1.000 millones de euros (entre US$167 y US$1.117 millones)", apunta.

"Franco quería entrar en guerra"

 

 

 

 

Modesta Critica de -valenti fainê

 

Angel Viñas una vez más,  nos va desvelando los entresijos y las maldades, que Franco izo en todas las regiones de España.

 

Queda clarísimo que dejo a la familia una fortuna,  robada, saqueada, digalo como quiera,

Atado y bien atado. Francisco Franco no sólo intentó asegurar un modelo político en España posterior a la dictadura, sino que buscó además garantizar un futuro para sus descendientes. Hoy, cuando se cumplen 32 años de su muerte, a la hora de hacer balance, la situación es muy distinta en un caso y en otro.

 

Franco no consiguió su primer objetivo y la democracia está ya totalmente consolidada en nuestro país, pero sí que ha garantizado una herencia multimillonaria para su familia.

 

Aunque lejos del poder y la relevancia pública que tuvo a la sombra del Caudillo, la familia Franco Martínez-Bordiú controla un extenso conglomerado de empresas y propiedades inmobiliarias, que incluye fincas solariegas, pisos en las mejoras zonas de Madrid y la costa, locales, aparcamientos e incluso palacetes, como la Casa Cornide, en La Coruña, o el Pazo Meirás, en la misma provincia, y objeto actualmente de polémica ante la reclamación del edificio por parte de la Xunta de Galicia como Bien de Interés 

 

 

 

 

Y queda claro que murió, pero está presente, y representado por un partido que la mayoría de todos sus corruptos asaltadores del partido del PP  la están arrasándola  y arrastrando hacia el precipicio de un golpe de nuevo militar para salvar sus culos,  y como no poner de nuevo la mordaza tanto a la inteligencia como a las personas que siguen luchando para ser libres de verdad.