La guerra de los mundos fue la primera novela en la que se narró una invasión marciana al planeta Tierra. Su autor, H. G. Wells, es junto con Julio Verne uno de los padres de la ciencia ficción, y este libro, una de las perlas del género. Publicada por primera vez en 1898, suscitó profundas inquietudes en una sociedad que miraba con fascinación a ese otro mundo, Marte, del que nada se sabía y, por ende, todo podía suponerse. En especial, proyectó los temores apocalípticos de una invasión por parte de seres tecnológicamente más evolucionados: «Era el comienzo de la derrota de la civilización, de la matanza de la humanidad».

La guerra de los mundos ,Ilustraciones de Henrique Alvim Corrêa

 

 Como todo clásico, la cadencia de sus efectos perduró en el tiem­po y, a cuarenta años de su publicación, el actor y director esta­dounidense Orson Welles adaptó la novela y teatralizó, en una emisión radial, el arribo de naves marcianas a la ciudad de Nueva York, produciendo caos, pánico y desconcierto general en la urbe populosa. Era la noche de Halloween y aquella fue su broma y ho­menaje a H. G. Wells, que había escrito: «Muchas verdades se han dicho en broma».

 Esta edición incluye un enlace QR que permite escuchar la graba­ción original de Orson Welles y leer la traducción de dicho guion radiofónico. Asimismo, recupera las ilustraciones del artista brasi­leño Henrique Alvim Corrêa, publicadas únicamente en 1906 por la editorial belga L. Vandamme & Co. en una tirada limitada de tan solo quinientos ejemplares. Iniciadas cuatro años después de la aparición del célebre libro, y trabajadas con lápiz de carbón y tin­ta sobre papel, dieron vida a «esos monstruos que tenían algo de hongo en su aceitosa piel oscura».

 

«Eran cabezas, nada más que

cabezas. Carecían de entrañas.

No comían, ni mucho menos

digerían. En vez de esto, chupaban

la sangre fresca de otras criaturas vivas y se la inyectaban en sus

propias venas».H. G. Wells».

 

«El trabajo pionero del artista brasileño H. Alvim Corrêa

impresionó extremadamente a

 

 

Con la recuperación de esta edición histórica, por vez primera se ofre­ce al lector de habla hispana un trabajo de ilustración que sorprendió gratamente al propio H. G. Wells, y cuyos trazos premodernistas y mi­rada futurista merecieron elogiosas palabras del autor homenajeado,

 

Herbert George Wells

Bromley, 1866 – Londres, 1946

A los ocho años, un accidente que lo obligó a permanecer en repo­so propició el descubrimiento de la lectura y su temprano deseo de escribir. Apasionado por la ciencia, en 1884 obtuvo una beca para estudiar biología en la Normal School of Science de Londres y más tarde se convirtió en uno de los fundadores y el primer pre­sidente de la Royal College of Science Association. Esta influencia del discurso científico se advierte en su legado como novelista y en su convicción de que la especie humana podría ser mejorada gracias a los avances técnicos; pero sus armas fueron otras: la ima­ginación y la escritura. Del encuentro de estos elementos nació uno de los padres de la ciencia ficción. Perlas del género son La máquina del tiempo (1895), El hombre invisible (1897) y La guerra de los mundos (1898). Al envejecer, Wells comenzó a tamizar su fe en la ciencia con una mirada ética que cuestionó las desmesuras del avance y uso de la tecnología: en su novela El mundo liberado (1914), por ejemplo, imaginó la creación y las consecuencias de la bomba atómica. Wells también criticó la hipocresía de la época victoriana, así como el imperialismo británico. En un pasaje sobre el triunfo marciano, escribe: «El imperio del hombre y el terror que inspira eran cosas pasadas para siempre».

 

 

 

Henrique Alvim Corrêa

Río de Janeiro, 1876 – Bruselas, 1910

Pintor, dibujante y grabador brasileño de estilo premodernista. En 1890 fue llevado por su padrastro a Europa. En 1894 comen­zó sus estudios artísticos en París, donde asistió a las clases del pintor Jean Baptiste Édouard Detaille, especializado en pinturas de temática bélica. Al año siguiente expuso por primera vez en el Salón de París, y en 1900 se trasladó a Bruselas, donde instaló su taller. Realizó óleos sobre la guerra franco-prusiana, y acuarelas de impronta erótica, que firmó bajo el seudónimo de Henri Le­mort («El muerto» en francés). Pese a su corta vida —falleció de tuberculosis a los treinta y cuatro años—, sus ilustraciones para , La guerra de los mundos, iniciadas en 1902 y publicadas en 1906, pasarían a la historia como un excelente tributo al género de la ciencia ficción. En 1942, la guerra de este mundo casi acaba con su obra: el navío que transportaba a Brasil los originales de su tra­bajo fue atacado por las tropas alemanas. Pese a ello, prevaleció el arte.