Ediciones Pàmies

El herrero de Galilea (Ediciones Pàmies, traducción de Pedro Santamaría), de Nicholas Guild. Guild, autor de títulos muy celebrados como El macedonio o El asirio, regresa veinte años después con esta historia donde novela, desde los ojos de un herrero, la vida y muerte de un tal Yoshua de Nazaret, el Jesús del cristianismo, desde un punto de vista más humano e intentado recomponer el complot político que acabó con su vida…

Yoshua, un carpintero de la aldea de Nazaret, siente la llamada de Dios y predica la inminente llegada del Juicio Final. Esta la historia de su vida y de su terrible final a través de los ojos de su primo, y amigo más cercano, Noah el herrero: hombre recto y prudente que conoce bien un mundo en el que la traición y el asesinato son habituales en la lucha por el poder. No obstante, el herrero está dispuesto a poner en peligro su vida para salvar la de Yoshua. El herrero de Galilea es el producto de veinte años de investigación y de un profundo conocimiento del mundo antiguo; una fascinante novela que especula sobre lo que pudo ser el complot político para acabar con la vida de Jesús y los esfuerzos de un hombre por salvarle. El Yoshua de esta novela, el Jesús de la fe cristiana, es un hombre como cualquier otro, un héroe muy humano cuya derrota a manos de sus enemigos le confiere una trágica dimensión de grandeza.

Nicholas Guild (San Mateo, California, 1944) es un novelista estadounidense, principalmente conocido por sus novelas históricas.
En 1972 se graduó en Lengua y Filosofía por la Universidad de Berkeley de California. Fue profesor adjunto de Inglés en la Universidad de Clemson durante dos años y a partir de 1975 profesor de Inglés en la Universidad Estatal de Ohio. Actualmente reside en Greenwich, Connecticut.
Ha escrito durante casi cuarenta años, no sólo novelas, sino también críticas literarias para varios periódicos, revistas literarias y revistas populares como Harper.
En 1978 publicó su primera novela: The lost and found man. Le siguieron, entre otras, El tatuaje de Linz (1985), El asirio (1987)y El macedonio (1993).
Sus libros se han traducidos a numerosos idiomas y varios de ellos han sido best-sellers internacionales. Aunque en los más reconocidos narra historias de Medio Oriente o de la Grecia Clásica, también ha escrito novelas de suspense y, más recientemente, una historia de fantasmas.

PRÓLOGO :Los jinetes aparecieron de repente. Eran ocho y vestían la armadura de los soldados del tetrarca. Tenían el sol a la espalda y estaban alineados a lo largo del risco que se asomaba al cauce del río, dando a entender que tanto huir como resistir era imposible. Acababa de amanecer y hacía frío. El único sonido era el susurro del Jordán recorriendo su lecho pedregoso.

 

 

—Deben de haber estado cabalgando toda la noche —dijo el Bautista. Sabía, por supuesto, que habían ido a prenderle. No sintió miedo, algo que le sorprendió y le colmó de dicha. El final siempre era peor en las ensoñaciones que cuando se materializaba. —Podemos huir atravesando el río. No tiene más que unos pies de profundidad, y al otro lado está Judea. El Bautista negó con la cabeza e intentó no sonreír. Solo Yoshua podía imaginar que tenían alguna posibilidad. —Un caballo puede moverse por el agua a más velocidad que un hombre. Nos arrollarían antes de medio camino. Además, aunque llegásemos a la otra orilla, ¿por qué iban a mostrar reparo por matarnos en Judea? Miró en derredor a los otros discípulos y vio el miedo en sus rostros.

 

Estaban apiñados bajo una acacia, y parecía que estuvieran intentando desaparecer en la sombra. Eran diez en total, y eran su único legado. Tan solo Yoshua permanecía junto a él. Tan solo Yoshua daba la sensación de temerle a algo más allá de su propia vida. Quizá su legado se hubiera reducido a una sola persona. —No creo que tengan pensado arrestarnos a todos —siguió diciendo el Bautista. Daba la impresión de que estuviera pensando en la situación a modo de abstracción táctica—. No han traído suficientes hombres. Aun así, parece que estén esperando a que echemos a correr para divertirse un poco. Será mejor que vaya a su encuentro. —No puedes dejarte prender así como así —murmuró Yoshua, tenso; su mano aferró la muñeca del Bautista—. Juan, el tetrarca,

 

hará que te maten. —El Bautista se limitó a encogerse de hombros—. No puedes dejar que lo haga. El Bautista se liberó de Yoshua con delicadeza. —Ya hemos hablado de eso —repuso sonriendo y con el semblante sereno—. Sabíamos que ocurriría. Mi vida carece de importancia. Solo el ministerio importa, y si vosotros morís conmigo, ese ministerio habrá acabado. Ahora, confía en Dios, al igual que yo, y deja que me enfrente al destino que me tiene reservado. Esa fue la última vez que sus seguidores le vieron, caminando lentamente hacia el risco donde esperaban los soldados.

Noah, herrero y habitante de Séforis, la antigua capital de Galilea, estaba en la fragua cuando Hiram, su aprendiz de mayor edad, fue a decirle que tenía visita. —Dice que es tu primo. Está esperando fuera. El herrero dejó su martillo y se secó la cara con la mano derecha. No vestía más que un taparrabos y sandalias, ya que en la fragua la ropa tenía la mala costumbre de prenderse. Los músculos de los brazos y el poderoso torso le brillaban por el sudor. La noticia no pareció agradarle. Aparte de su hermana, que vivía con él, Noah no tenía parientes en la ciudad. Sí tenía un primo lejano en Jerusalén, pero, por lo demás, todos los que podían decir que compartían sangre con él vivían en un poblado a una hora de camino hacia el sur. Así que la visita de un familiar siempre suponía alguna mala noticia. Se quedó mirando a la barra de metal que sostenía con unas pinzas y la hundió en el carbón incandescente. Tendría que esperar. Se inclinó y hundió las manos en un caldero de agua que tenía al efecto, recogió el suficiente líquido como para enjuagarse la cara y frotarse un poco el pecho. —Vayamos a ver —dijo. Hiram le siguió hasta la puerta del taller, que permanecía abierta. Fuera había un hombre en cuclillas. Estaba cubierto de polvo y parecía totalmente agotado. Con aparente esfuerzo alzó la mirada y le sonrió a Noah débilmente. Noah le reconoció al instante. —Ve a cubrir el fuego —le dijo Noah al aprendiz sin apartar la mirada de su visita—. Cuando acabes, estaremos en la sala de aseo. Esperó a que Hiram se hubiera marchado y luego alargó la mano para ayudar a su primo a ponerse en pie. A Noah le dolió verle en ese estado. —Han arrestado al Bautista —dijo Yoshua en cuanto se incorporó—. Vinieron los soldados y se entregó. Ni siquiera intentó huir. Noah tan solo pudo negar con la cabeza. Juan no era más que un distante personaje, alguien del que había oído hablar, eso era todo. Fue el hecho de saber que Yoshua había escapado por poco lo que le produjo temor. —¿Te buscan? —No lo sé. —Yoshua levantó las manos en ademán de indefensión. —Ven conmigo. Noah rodeó con el brazo la cintura de su primo, en parte con afecto, pues habían sido amigos íntimos desde la niñez, en parte para asegurarse de que Yoshua no se derrumbara. El contraste entre ambos no podía ser más acusado: Yoshua era alto y delgado, y Noah un bloque sólido de músculo que apenas le llegaba a su primo al hombro. Noah le llevó a una pequeña estancia que tenía bancos adosados a tres de sus cuatro paredes de piedra y que disponía de una tina de agua fría en el centro del suelo. Era el lugar donde él y sus aprendices se aseaban ,

después de una jornada de humo y calor. Cuando llegó Hiram, Noah ya había desnudado a Yoshua y le estaba lavando. Parecía demasiado débil como para hacerlo él solo. Envió a Hiram al otro lado del callejón, a su casa, a que trajera comida y algo de vino. —¿Cuánto tiempo llevas por ahí? —preguntó. —Dos semanas. O más. He perdido la cuenta de los días. —¿Cómo has vivido? La pregunta era razonable, ya que, como discípulo del Bautista, Yoshua no habría dispuesto de dinero. —Las gentes, por el camino, me han alojado y alimentado… a veces. —¿Cuándo has comido por última vez? —Hace tres días. No, dos. Anteayer, una anciana me dio un higo. —Yoshua sonrió. El recuerdo pareció divertirle. Entonces, de repente, la sonrisa desapareció—. Si puedo pasar aquí la noche, ma- ñana volveré a los caminos. —¿A dónde vas? —A un lugar llamado Cafarnaún. Es una aldea de pescadores en el mar de Kinneret. Allí tengo un amigo. —¿Qué harás? —Divulgar el mensaje de Juan. ¿Qué otra cosa voy a hacer? Yoshua se encogió de hombros, aunque había cierto desafío en aquel gesto. Noah comprendió, y alargó la mano para darle una palmada en la rodilla, Bueno, no te vas a ir a Cafarnaún mañana —dijo—. Necesitarás al menos tres o cuatro días para recuperar fuerzas. Dentro de cuatro días será el sabbat y puedes volver a Nazaret conmigo para ver a tu familia. —No. Prefiero pasar el sabbat aquí, si no es molestia. —Yoshua hizo un débil gesto con la mano derecha, como si estuviera desviando un golpe—. Ya sabes cómo es mi padre. Al menos aquí nadie me dice que soy un necio ni que debería volver a dedicarme a la carpintería. —Eres un necio, y deberías volver a dedicarte a la carpintería. Ambos rieron. Cuando llegó la comida, Yoshua estaba demasiado cansado como para comer, así que Noah le llevó a su casa y preparó una cama para él. En cuanto Yoshua se quedó dormido, lo que sucedió casi al instante, Noah fue a la planta de abajo, a la cocina, y se sirvió un cuenco de vino. Atardecía, y su hermana, Sarah, no tardaría en volver de sus recados. Necesitaba pensar lo que iba a decirle, y, lo más importante, necesitaba pensar qué iba a hacer. Con el Bautista arrestado, la cuestión era si sus discípulos atraerían la atención del tetrarca. Lo más seguro era suponer que el nombre de Yoshua figuraba en la lista. A Noah no le pasó desapercibido que la presencia de Yoshua en Séforis suponía un riesgo también para él. Si Yoshua era un fugitivo y le encontraban en su casa… Tal pensamiento le hizo sentir vergüenza. Yoshua necesitaba tiempo para descansar y recuperarse. Debía asumir ese riesgo. Aunque también era cierto que el peligro era tanto mayor en una ciudad donde el tetrarca concentraba su poder, así que el plan de Yoshua de buscar refugio en algún poblado perdido de pescadores tenía su lógica. Si tenía amigos allí, era probable que estuviera seguro. En el campo los recaudadores y los soldados de Herodes eran considerados una fuerza invasora, y, como tal, eran odiados.

 

Opina un aprendiz de grandes opinadores, valenti fainë y otros

El producto de veinte años de investigación y un profundo conocimiento del mundo antiguo, de Nicholas Guild El herrero es una historia para todo el mundo que se preocupa por los orígenes de la fe y el misterio de la relación de Dios con el hombre. Una gran novela con episodios muy bien relacionados, en la historia de un complot para dar muerte a Jesús, pero a través de los estudiosos han llegado a un consenso sobre estos acontecimientos y su significado, pero los hombres detrás de ellos sólo pueden ser traído a la vida a través de un acto de la imaginación.

 

Jesús havia dit als seus deixebles en nombroses ocasions que anava a morir en mans d'aquells que ho odiaven. De fet, molt abans de la seva última jornada a Jerusalem: "Estant ells a Galilea, Jesús els va dir: El Fill de l'Home serà lliurat en mans d'homes i el mataran, L'hora havia arribat, i una imparable cadena d'esdeveniments havien començat que acabaria amb el seu assassinat. La seva última setmana de ministeri terrenal s'acostava a la seva conclusió. Crist acabava de concloure el seu Sermó de la Muntanya de les Oliveres, el gran sermó profètic que abasta Mateu 24-25. Però els seus pensaments no estaven lluny del tema de la seva mort. Mateu escriu: "Quan va haver acabat Jesús totes aquestes paraules, va dir als seus deixebles: Sabeu que d'aquí a dos dies se celebra la Pasqua, i el Fill de l'home serà entregat perquè el crucifiquin" (Mateu 26: 1-2). Sabia que la seva hora havia arribat. El pla sobirà de Déu per a la redempció dels pecats estava a punt de realitzar-se. I encara que homes inics estaven conspirant en aquell moment l'execució de la seva mort, això no era secret per a la ment del sobirà i omniscient Crist.

 

 

 

¿Qué pasaría si descubrimos que Jesús organizó su propia ejecución? Uno de los hombres más odiados de la historia nos muestra una nueva versión de los últimos días de Cristo. Vea en exclusiva la revelación de uno de los hallazgos más controvertidos del momento.
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. Evangelio según Judas a partir de su descubrimiento, el reciente proceso de autenticación y análisis, y la deducción a la que llegaron luego de una ardua traducción e interpretación del mismo.
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