Editar en tiempos azarosos es en sí mismo un azar. Pero también, y eso es lo más satisfactorio, es un doble reto: para el editor, que se propone, con todas las cautelas, ser un modesto Virgilio –uno más– de ese infierno en que ha devenido la modernidad, y para el lector, al que se invita a ejercer su derecho a construirse un juicio crítico de la realidad.

Ediciones del Subsuelo nace con vocación literaria en dos de sus vertientes, el ensayo y la narrativa; en ambos, la palabra –tan maltratada en los últimos tiempos– adquiere su máxima dimensión como definidora de contenidos y como portavoz de ese confuso, contradictorio trasfondo de la voluntad de ser por y para el mundo; uno y otra contarán con obras cuidadosamente seleccionadas entre aquellas cuya independencia de criterio, audacia creativa y conexión con la realidad mejor respondan a nuestro propósito.

Ediciones del Subsuelo comienza un viaje que esperamos sea largo y venturoso. A él invitamos a los lectores; juntos nos gustaría recorrer esos paisajes luminosos, amargos a veces, siempre admirables, de la capacidad humana para transfigurar lo que le rodea

'Dostoievski'
André Gide

EDICIONES DEL SUBSUELO

André Gide, uno de los primeros autores franceses que valoró la obra de Dostoievski, desempeñó un papel crucial para darlo a conocer a los lectores. Escritas a principios del siglo XX, estas impresiones sobre la obra de Dostoeivski conservan toda su vigencia y muestran las primeras reacciones que provocaron sus novelas.

Veinte años después de que De Vogüé, escandalizado por el genio de Dostoievski, presentara la literatura rusa al público francés, Gide descubrió al novelista ruso a través de su Correspondencia.

El estreno teatral de Los hermanos Karamázov, en la adaptación de Jacques Copeau y Jean Croué, permitió a Gide conocer a sus «colosales personajes». Posteriormente, Gide pronunció una serie de conferencias en el teatro Vieux-Colombier en las que profundizaría algo más en otras obras de Dostoievski como Los demonios, El adolescente, El idiota o Memorias del subsuelo.

Este Dostoievski visto por André Gide sigue siendo una de las mejores introducciones a una obra que enfrenta constantemente al ser humano consigo mismo.

André Gide, uno de los primeros autores franceses que valoró la obra de Dostoievski, desempeñó un papel crucial para darlo a conocer a los lectores. Escritas a principios del siglo XX, estas impresiones sobre la obra de Dostoievski conservan toda su vigencia y muestran las primeras reacciones que provocaron sus novelas.
Veinte años después de que De Vogüé, escandalizado por el genio de Dostoievski, presentara la literatura rusa al público francés, Gide descubrió al novelista ruso a través de su Correspondencia.
El estreno teatral de Los hermanos Karamázov, en la adaptación de Jacques Copeau y Jean Croué, permitió a Gide conocer a sus "colosales personajes". Posteriormente, Gide pronunció una serie de conferencias en el teatro Vieux-Colombier en las que profundizaría algo más en otras obras de Dostoievski, como Los demonios, El adolescente, El idiota o Memorias del subsuelo.

André Gide, uno de los primeros autores franceses

André Gide (1869-1951) va ser un escriptor francès guardonat amb el Premi Nobel de Literatura el 1947. Entre les seves obres destaquen El inmoralista, Els falsificadors, i estreta és la porta.

Biografia
André Paul Guillaume Gide (22 novembre 1869-19 febrer 1951) va ser un escriptor francès i guanyador del premi Nobel de literatura el 1947. La carrera de Gide va variar des dels seus inicis en el moviment simbolista, amb l'adveniment de anticolonialisme entre els dos Mundial guerres.

Conegut per la seva ficció, així com les seves obres autobiogràfiques, Gide exposa a la vista del públic el conflicte i la reconciliació final entre els dos costats de la seva personalitat, dividits entre si per una educació beata i un moralisme estret socials. l'obra de Gide pot ser vist com una investigació de la llibertat i l'autonomia de cara a les restriccions moralistes i puritans, i gravita al voltant del seu esforç continu per aconseguir l'honestedat intel·lectual. Els seus textos d'autoexploració reflecteixen la seva recerca de com ser plenament un mateix, fins i tot fins al punt de ser amo d'un de naturalesa sexual, sense que al mateix temps trair els valors

La enorme mole de Tolstói domina aún el horizonte; sin embargo -así como en un paraje montañoso, más allá de la cima más cercana, puede verse, a medida que uno se aleja, una cima todavía más alta que la primera escondía- algunos espíritus precursores tal vez ya perciben cómo tras el gigantesco Tolstói aparece y crece la figura de Dostoievski. Él es la cima aún medio escondida, el misterioso nudo de la cadena; algunos de los ríos más caudalosos tienen en él su nacimiento, allí donde hoy Europa puede satisfacer sus nuevas ansias. Es él, no Tolstói, a quien hay que citar junto a Ibsen y Nietzsche; tan grande como ellos y tal vez el más importante de los tres.

     Hará unos quince años, el señor De Vogüé, que tuvo el noble gesto de brindar a Francia en la bandeja de plata de su elocuencia las llaves maestras de la literatura rusa, se disculpaba, a propósito de Dostoievski, por el incivismo de este autor; y, aun reconociéndole cierto genio, con algunas reticencias dictadas por el buen gusto, abrumado por su inmensidad, se excusaba ante el lector confesándole que «se desesperaba cuando intentaba hacer comprender a nuestro mundo el mundo de Dostoievski». Tras extenderse comentando los primeros libros, que le parecían más susceptibles si no de gustar al menos sí de resultar soportables, se detenía en Crimen y castigo y advertía al lector, obligándolo a creer en su palabra, ya que no había casi ninguna otra obra de este autor traducida, que «con este libro, Dostoievski mostraba finalmente la medida de su talento»; que «daría todavía grandes aletazos, pero trazando círculos en la niebla, en un cielo cada vez más tormentoso; después, tras una benévola presentación del protagonista de El idiota, hablaba de Los demonios como de un «libro confuso, mal construido, a menudo ridículo y atestado de teorías apocalípticas», de Diario de un escritor como de «unos oscuros himnos que escapaban tanto al análisis como a la controversia»; sin citar ni El eterno marido  ni Memorias del subsuelo, escribía: «No he hablado de una novela titulada Crecimiento, muy inferior a sus predecesoras», y todavía más desenvueltamente: «Tampoco me detendré en Los hermanos Karamázov; de todos es sabido que son muy pocos los rusos que han tenido el valor de leer hasta el final esta historia interminable». Finalmente, concluía: «Mi tarea debería limitarse a llamar la atención sobre este escritor, célebre allí, casi un desconocido

Fiódor Dostoievski - Biografía [2004]

André Gide Dostoievski Artículos y charlas Traducción de Laura Claravall Barcelona 2016 ediciones del subsuelo

'Dostoievski'

La enorme mole de Tolstói domina aún el horizonte; sin embargo -así como en un paraje montañoso, más allá de la cima más cercana, puede verse, a medida que uno se aleja, una cima todavía más alta que la primera escondía- algunos espíritus precursores tal vez ya perciben cómo tras el gigantesco Tolstói aparece y crece la figura de Dostoievski. Él es la cima aún medio escondida, el misterioso nudo de la cadena; algunos de los ríos más caudalosos tienen en él su nacimiento, allí donde hoy Europa puede satisfacer sus nuevas ansias. Es él, no Tolstói, a quien hay que citar junto a Ibsen y Nietzsche; tan grande como ellos y tal vez el más importante de los tres.

     Hará unos quince años, el señor De Vogüé, que tuvo el noble gesto de brindar a Francia en la bandeja de plata de su elocuencia las llaves maestras de la literatura rusa, se disculpaba, a propósito de Dostoievski, por el incivismo de este autor; y, aun reconociéndole cierto genio, con algunas reticencias dictadas por el buen gusto, abrumado por su inmensidad, se excusaba ante el lector confesándole que «se desesperaba cuando intentaba hacer comprender a nuestro mundo el mundo de Dostoievski». Tras extenderse comentando los primeros libros, que le parecían más susceptibles si no de gustar al menos sí de resultar soportables, se detenía en Crimen y castigo y advertía al lector, obligándolo a creer en su palabra, ya que no había casi ninguna otra obra de este autor traducida, que «con este libro, Dostoievski mostraba finalmente la medida de su talento»; que «daría todavía grandes aletazos, pero trazando círculos en la niebla, en un cielo cada vez más tormentoso; después, tras una benévola presentación del protagonista de El idiota, hablaba de Los demonios como de un «libro confuso, mal construido, a menudo ridículo y atestado de teorías apocalípticas», de Diario de un escritor como de «unos oscuros himnos que escapaban tanto al análisis como a la controversia»; sin citar ni El eterno marido  ni Memorias del subsuelo, escribía: «No he hablado de una novela titulada Crecimiento, muy inferior a sus predecesoras», y todavía más desenvueltamente: «Tampoco me detendré en Los hermanos Karamázov; de todos es sabido que son muy pocos los rusos que han tenido el valor de leer hasta el final esta historia interminable». Finalmente, concluía: «Mi tarea debería limitarse a llamar la atención sobre este escritor, célebre allí, casi un desconocido aquí, a subrayar en su obra las tres partes (?) que mejor muestran los diversos aspectos de su talento: son Pobres gentes, Memorias de la casa muerta y Crimen y castigo».