La editorial

Elba nace con el propósito de reunir una colección de libros de los que dejan huella. Libros de los que te dejan pensando por las ideas, los paisajes poéticos o la visión de mundos particulares que evocan.
La búsqueda de títulos abarca un campo muy amplio, que va desde un viaje narrado a una poética, y en el que caben también los libros de memorias, las cartas o una biografía. Los límites del campo están en que no son libros de actualidad o coyunturales. Ni siguen la moda ni pasan de moda.

Con todo, y ahí está la gracia de la selección, buscamos que los textos tengan algo afín con el lector de hoy. Que el mundo que describen, ya sea geográfico o conceptual, cree correspondencias con el nuestro.

Elba arranca con una única colección y otra de textos más breves a la que hemos llamado El Taller de Elba. Los libros del Taller se distinguen fundamentalmente por dos cosas: su brevedad y que son escritos de artistas o sobre artistas.

En su mayoría son textos que no llenarían un libro de dimensiones convencionales, de una longitud más cercana al artículo largo o la conferencia. Son todos textos inéditos en español, algunos procedentes de colecciones similares en Francia, Italia o Inglaterra, otros pensados y escritos para Elba, de autor extranjero o español.

En ambas colecciones queremos distinguirnos tanto por la calidad literaria como por la cuidada edición de nuestros libros. La excelencia en las traducciones, el rigor en la edición y la estética en la presentación son fundamentales para nuestro sello, en el que forma y contenido forman el todo que nos define.

Nuestros libros se dirigen a un público con sensibilidad literaria y curiosidad por la cultura, pero no aspiramos a ser una editorial de libros difíciles o sectarios.

Elba es una isla en el centro del Mediterráneo. Nos gustaría ser una isla en medio del mar de libros, en el que hay otras islas pequeñas, cultivadas, con habitantes maravillosos.


La añeja Europa vive tiempos convulsos, de sequía económica y tempestades políticas, que proyectan un futuro incierto. Cuando todavía no ha habido tiempo para construir una comunidad europea sólida, resurgen, con más o menos virulencia, los viejos patriotismos: Europa parece asomarse nuevamente a sus viejos demonios, y lo mismo ocurre en España. También nosotros tendimos a pensar en las naciones como realidades «eternas», además de como uno de los aspectos más permanentes de nuestra biografía, y seguramente por eso las defendemos como si fueran fundamentales para nuestra identidad individual.
Pero ¿qué es en realidad una patria? ¿Existe un ADN común que viaja por un país desde su nacimiento hasta su muerte? ¿Es posible, en suma, ir más allá de los tópicos que constituyen la inmensa fábula de un país para fotografiar su alma? Gabriel Magalhães, uno de los observadores más libres y originales de la Península, nos ofrece en este ensayo respuestas a estas preguntas, así como algunas claves para entender el entramado de nuestra vida colectiva y en qué podría consistir la convivencia entre los españoles en el siglo XXI. Una reflexión tan lúcida, perspicaz y crítica, como afectuosa.

Los españoles. agradecer al Autor:Gabriel Magalhaes, por la colaboracion y complicidad para con Nosotros (Gracias)

Gabriel Magalhães




Gabriel Magalhães (Luanda, Angola, 1965) es portugués de nacionalidad, aunque su vida está marcada por un movimiento pendular entre España y Portugal. Su infancia transcurrió en el País Vasco, posteriormente regresó a su país, donde cursó Estudios Portugueses y Españoles en la Universidad de Lisboa, y más tarde se doctoró en Salamanca con una tesis sobre el Romanticismo en la Península. En la actualidad es profesor de la Universidad de Beira Interior, en Covilhã, y autor de varios ensayos, entre ellos Los secretos de Portugal: peninsularidad e iberismo, escrito en castellano (RBA, 2012), Como Sobreviver a Portugal (2014), Espelho Meu (2013, traducido al catalán) y O mapa do Tesouro (2015), y de cuatro novelas, la más destacada de ellas Não Tenhas Medo do Escuro (Premio Revelación de la Asociación Portuguesa de Escritores). Desde el año 2009, es colaborador habitual en el diario La Vanguardia

Gabriel Magalhães (Luanda, Angola, 1965) es portugués de nacionalidad,
a añeja Europa vive tiempos convulsos, de sequía económica y tempestades políticas, que proyectan un futuro incierto. Cuando todavía no ha habido tiempo para construir una comunidad europea sólida, resurgen, con más o menos virulencia, los viejos patriotismos: Europa parece asomarse nuevamente a sus viejos demonios, y lo mismo ocurre en España. También nosotros tendimos a pensar en las naciones como realidades «eternas», además de como uno de los aspectos más permanentes de nuestra biografía, y seguramente por eso las defendemos como si fueran fundamentales para nuestra identidad individual.
Pero ¿qué es en realidad una patria? ¿Existe un ADN común que viaja por un país desde su nacimiento hasta su muerte? ¿Es posible, en suma, ir más allá de los tópicos que constituyen la inmensa fábula de un país para fotografiar su alma? Gabriel Magalhães, uno de los observadores más libres y originales de la Península, nos ofrece en este ensayo respuestas a estas preguntas, así como algunas claves para entender el entramado de nuestra vida colectiva y en qué podría consistir la convivencia entre los españoles en el siglo XXI. Una reflexión tan lúcida, perspicaz y crítica, como afectuosa.

1º   Usted escribe que desde Lisboa a España se llega por el Tajo supongo que desde el punto de vista de las distancias entre países.

Es verdad que los ríos son unos preciosos eslabones entre Portugal y España, incluso cuando a veces trazan la frontera. Pero hay muchas formas de ir de un país a otro. Incluso el contrabando fue, en el pasado, un río de contactos. Y, por supuesto, tenemos la autopista turística, que tanto ha acercado a los dos países a lo largo de las últimas décadas, y, también, los puentes culturales: la literatura de España, por ejemplo, encanta a muchos portugueses y viceversa. A todo esto, habría que sumar una muy interesante tapicería de contactos económicos, sobre todo a partir de 1986, la fecha en que los dos países ingresan en la UE.

 

 

 

 2º También ha comentado que el libro Los españoles parte de un libro sobre los alemanes escrito por un norteamericano: cuénteme esto.

Sí, efectivamente. Este proyecto lo ideó la editora Clara Pastor, que aprecia mucho un libro de Gordon A. Craig, una obra titulada “The Germans”. Ésa sería un poco la inspiración, pero lo que al final escribí es muy distinto, en su estructura y en su contenido, de lo que hizo este norteamericano. Mi ensayo es más leve, más intuitivo, más lírico.

3º También opina  en el periódico La Vanguardia, donde escribe en las páginas de opinión, que hacer un Autorretrato sin mentir es imposible. ¿Cuál es el significado?

Es muy difícil ser lúcido cuando uno quiere verse a sí mismo. En los espejos tenemos tendencia a sentirnos más grandes o más pequeños de lo que realmente somos. Todos los espejos son un poco espejos de feria: se infiltra en nuestra mirada una deformación psicológica inevitable.  Y esto ocurre quizá porque lo más importante de nosotros no se contempla en esos reflejos físicos. Para que uno sepa verdaderamente quién es tiene que olvidarse de todo lo que querría ser y eso no resulta nada fácil. Por otra parte, la verdadera lucidez implica la vivencia de una aventura espiritual: ese espejo sí que nos permite conocer lo más secreto y auténtico de nosotros mismos.

 

4º   Hábleme un poco del libro, cual es en realidad según usted el mensaje.

Yo desearía que los españoles del presente entendieran que su país puede tener un futuro brillante si finalmente se alcanzara lo que ha sido el sueño de muchos españoles del pasado: crear una realidad nacional que todos puedan compartir y que todos sientan como propia. Cuando digo “todos” me refiero no a una realidad numérica total, sino más bien a una gran mayoría. Un país de todos y para todos. Claro que se han dado grandes pasos desde 1975. Pero, como le comentaba, aún falta recorrer bastante camino. Y, para los pesimistas, para los que piensan que España está condenada a sus defectos, a sus atavismos, les diría que los países tienen capacidad de cambiar, no están parados en el tiempo, y a veces sufren profundas metamorfosis. En este momento de crisis, tan peligroso, en realidad podemos otear en el horizonte lo que sería la mejor España de siempre.

5º   Cuando habla de la España comenta que es como un Diccionario que no lo hemos terminado de leer.

Porque se trata de un universo riquísimo, de un laberinto, como dice el Profesor David Jou. Y siempre hay algún pasillo que no hemos caminado, algún vericueto interesante que se nos ha escapado. Bajo la palabra España se esconden una infinidad de Españas que uno no termina de conocer nunca. Y, personalmente, me alegro de que esto sea así.

6º    La solución al problema español está en el reconocer los otros lenguajes de las diferentes regiones que significan la España entera pero, por otra parte, les quieren someter a su disciplina.

Estoy profundamente convencido de que el aprecio mutuo en el campo idiomático es un buen rumbo de entendimiento, quizá el único que daría resultados duraderos. El desafecto que se ha instalado puede desaparecer con alguna rapidez si los españoles aprendieran a sentir como propias todas las lenguas del país. El catalán, el euskera, el gallego son un patrimonio muy valioso de todos los ciudadanos de España. Ningún castellano deja de sentir orgullo al ver la grandeza de la obra de Gaudí, del escultor Chillida o del Obradoiro en Santiago de Compostela. Pues ese orgullo hay que sentirlo también por las lenguas del país. Por todas ellas. Los idiomas ibéricos son la pluma con que se puede firmar un tratado de paz y convivencia realmente perdurable. Cuando se estudie el catalán en Valladolid, el gallego en Girona, el euskera en Sevilla y el castellano o español se siga hablando en Lugo, Donostia o Barcelona todo se mirará de otra forma. Y esa nueva mirada generará una nueva forma de ser español. A partir de ahí sería mucho más fácil ir encontrando soluciones adecuadas para todos los demás problemas.

 

7º Menciona en el libro por etapas, claro, a deportistas, artistas, al rey, a Leticia, a políticos que se están poniendo de moda: es esto una revolución.

La imagen que España proyecta en el exterior es muy consistente, bastante coherente y homogénea. Y en el álbum de esa imagen podemos encontrar todos esos rostros que usted dice: desde personajes de la familia real hasta Nadal o Penélope Cruz. No obstante, la España concreta, cotidiana no es así. Esos espejismos visuales no son más que la espuma de un océano mucho más profundo.

 

8º   Denoto en usted que la democracia española le falta madurez después de más de treinta años o me equivoco.

Un régimen democrático plenamente equilibrado tarda bastante en construirse. Es como un jardín en el que hay que ir trabajando todos los días. O una casa que todos tenemos que cuidar. Las democracias no son instantáneas. Las más importantes que conocemos –hablo de la forma moderna de la democracia, no de la clásica griega– tardaron bastante tiempo en asentarse. En encontrar sus formas más estables y duraderas. Los países peninsulares, en este terreno, estamos ahora concluyendo la ESO, como mucho el bachillerato, lo que no está nada mal, pero todavía queda bastante camino por recorrer. Y esto hay que verlo como algo normal, que también ha sucedido en otros países. A mediados del siglo XVIII la democracia inglesa era bastante burda si la comparamos con su forma actual: vean, por ejemplo, los cuadros que Hogarth pintó sobre las elecciones británicas.

 

9º Se da cuenta del momento político-corruptivo que vivimos.

Sí, me doy cuenta. Se trata de un espectáculo lamentable, bochornoso. Y eso también constituye una invitación a que, en España, se pacten nuevas reglas con las que la inmensa mayoría se identifique y que, por tener esa base social tan amplia, sean más respetadas que las actuales.

 

10º Finamente, maestro, está satisfecho de su libro o cada día que pasa cambiarias cosas, palabras, momentos o personas.

No me siento maestro de nadie. Sencillamente busco respuestas, en compañía del lector. Cuando el tiempo pasa, todos los libros los escribiríamos de otro modo. También por eso uno redacta nuevos trabajos. Pero creo que éste, tal como está, puede contribuir a que se entienda un poco mejor qué es España y qué se podría hacer para que todos los españoles fueran más felices. Por lo menos, ésta fue la intención de Clara Pastor y la mía al lanzarnos en este proyecto.

OPINION COMPARTIDA CON GRANDES OPINADORES VALENTIFAINÊ

En tot el marc, Magalhães detecta una democràcia amb necessitat d'evolució. "No és una democràcia madura". Quaranta anys de pràctica són pocs, i més quan "la guerra civil s'ha enterrat malament. Encara que el desitjable és que no es desenterri de qualsevol manera, perquè les guerres civils requereixen molta prudència. Exigeixen uns 50 anys de transició. L'efecte d'una guerra civil és el cinisme. La guanya el que és capaç de ser pitjor, de ser pitjor d'una forma més eficaç, el més cruel, i més guerrer. I això s'instal·la gran cinisme en la població, perquè el que mana té les mans plenes de sang. A partir d'aquí, la corrupció és una forma de bondat. L'esperit de la corrupció és d'aquell que 'intenta ajuda