Cuando en el verano de 2003 desvelamos en la Feria del Libro de Madrid nuestro proyecto editorial -de la mano de Javier Reverte, Fernando Savater y Soledad Puértolas-, se nos podría haber calificado de ingenuos o de atrevidos.
Hoy, años después, estrenamos esta nueva página web con un catálogo de casi doscientos títulos y que conforma uno de los sellos de mayor prestigio del panorama editorial en español. A veces los sueños se cumplen, no cabe duda

Cuando en julio de 1921 llegan a Madrid las primeras noticias de los sucesos de Annual, el diputado y periodista Eduardo Ortega y Gasset viaja rápidamente a Melilla para cubrir la guerra. Allí conoce al soldado madrileño Bernabé Nieto, que ha sobrevivido a la masacre (en la que morirían más de diez mil españoles) y relata al reportero su horrible experiencia, lo que se refleja en la primera mitad de esta obra. En la segunda el autor, político, pero también auténtico corresponsal de guerra, nos narra las operaciones para recuperar el territorio perdido en unas crónicas en las que aparecen personajes como Franco, Sanjurjo, Abd-el-Krim, Millán Astray, Indalecio Prieto, Cabanilles. Esta obra del mayor de los Ortega se encontraba inédita desde su publicación en 1922.

El libro sobre el Desastre de Annual que deberían leer los líderes mundiales

Mi padre, en los largos años del segundo exilio (1939-1965) recordaba con nostalgia su Annual crónicas como Corresponsal de Guerra de La Libertad. Nos contaba recuerdos de aquel horrible verano de 1921 en el que el ejército español sufrió el mayor descalabro de su historia a manos de Abd-el-Krim, un moro temi- ble que logró aglutinar los odios de las kabilas contra España. «Cuánto me gus- taría —nos decía— conseguir un ejemplar de ese libro y releer mis visiones y expe- riencias en aquel Rif turbulento en el que nuestros nobles soldados sufrían espan- tosos sufrimientos. La administración española, corrupta y desvergonzada, no pro- veía al ejército de los materiales que exigía la guerra, permitiendo que unos rifeños valerosos, sin organización militar, derrotaran a tropas regulares que se suponían superiores.»

 

 

 Annual es una historia-requisitoria en la que, con pasión, se señalan las inmoralidades de los burócratas que pagaban con sangre los mozos españoles. Las crónicas que venían de Marruecos eran rigurosamente censuradas para ocultar a la opinión pública, la dolorosa realidad. En Annual mi padre reunió sus crónicas sin las mutilaciones del censor. En su primer exilio, después del golpe inducido del jerezano Primo de Rivera, escribió, desde París, esta irónica cuarteta:  Mi querido Coronel Lejos de su lápiz rojo Escribiré aquí a mi antojo Bajo la gran Torre Eiffel  En la segunda parte de Annual se hace un certero diagnóstico de los ester- tores de la Restauración. La monarquía borbónica estaba podrida y sólo un sacu- dón salvaría a España de convertirse en el cadáver de un "elefante muerto". Desde Francia, con la colaboración de Don Miguel de Unamuno, también emigrado en ese país, después de su pasantía canaria, publicó Hojas Libres, que se introducían clandestinamente en España, a través de las veredas contrabandistas de los Países , Vascos. Vino luego el Pacto de San Sebastián, suscrito por mi padre, la II Repú- blica, la Guerra Civil y los años miserables de una dictadura curera, cruel y agar- banzada. Unamuno, antes de morir en su Salamanca de piedras doradas, recor- dando a su homónimo, calificó al régimen de "dictablanda", al compararlo con lo que veía. Ahora, gracias a Eduardo Riestra, editor de Ediciones el Viento, he podido leer Annual con un retraso de 88 años y dialogar con mi padre. A él, padre nuestro, un abrazo de hijos, nietos y bisnietos, sembrados en tierras americanas. España se acerca hoy a los ideales e ilusiones por los que tanto luchaste.  Juan M. Ortega Caracas, 25 de septiembre de 2008 

 

Juan M. Ortega Caracas, 25 de septiembre de 2008

 

 

ÁLVARO VAN DEN BRULE como vien narra el confidencial a traves del gran professional

Hijo del político y director de "El Imparcial", José Ortega y Munilla, y hermano mayor del conocido filósofo, nace Eduardo en 1882 en Madrid. Estudia derecho en la Universidad Central y pronto se dedica al periodismo y a la política. En verano de 1921 viaja a Melilla para cubrir periodísticamente los estragos del desastre, que recopilaría en "Annual" (1922). Su oposición a Primo de Rivera lo lleva al exilio en Francia, donde publica La verdad sobre la dictadura (1925) y edita con Unamuno el panfleto "Hojas Libres" (1928). Regresa a España tras la caída del general, pero es encarcelado por los sucesos de Jaca (1930). Cuando se proclama la república es nombrado gobernador civil de Madrid. En 1936, con el triunfo del Frente Popular, acepta el cargo de Fiscal General de la Republica, pero dimite un año después, trasladándose a París primero, luego a Cuba y finalmente a Venezuela, donde fallecería en 1964.

 

 

 

La democracia es el sistema político en el que el ciudadano no tiene porque tener miedo de sus gobernantes.

Zenek

Los héroes griegos de la Iliada, en su interpretación del valor de la muerte, se sacrificaban en aras de lo que su nombre conllevaría de mensaje ante la historia, y como enseñanza de una memoria que pudiera derivar en símbolo de conducta ejemplar. Por eso nunca morirán en el imaginario público.

Para situarnos, hacia 1906, en la conferencia de Algeciras se consagran las ambiciones francesas sobre el mosaico de tribus y Harkas que actualmente configuran el territorio marroquí y será esta potencia la que pasa a ocupar el espacio de esta convulsa e incipiente nación que aspiraba a ser autónoma de las fauces del lobo occidental, y dar un paso mas allá desde su estatus como sultanato vigente hacia la configuración de un estado moderno; verdad esta a medias, pues había una seria oposición por parte de una gran parte de los autóctonos en su resistencia a ser colonizados. Era el único lugar de África junto con Abisinia que carecía de un dominio efectivo por parte de las potencias coloniales tradicionales, básicamente, porque no tenía nada que ofrecer a la voracidad europea de la época.

A España le correspondió la zona norte o protectorado, y a Francia las extensas zonas de agro situadas en el sur, mas tranquilas y menos levantiscas .La adjudicación del área mediterránea para control de España, solo supuso quebraderos de cabeza y pesadillas sin cuento para nuestro país. Y no solamente eso, sino que mientras Europa salía gradualmente de la debacle de la Gran Guerra y crecía económicamente e industrialmente, nosotros, siempre aficionados a la matemática asimétrica, invertíamos nuestros escasos recursos en una guerra estéril y sin futuro. Para mear y no echar gota. Siempre a contrapie…

 

 

Una vergüenza histórica

La historia del levantamiento de las kabilas rifeñas pasará a los anales militares españoles, no solamente como una vergüenza sin precedentes para nuestro ejército y nuestra nación, sino como un alarde de improvisación e incompetencia supina por parte del generalato y de los poderes de la época. La logística era penosa, la calidad del mando rayaba con la obscenidad, salvo de capitán para abajo y algunas honrosas excepciones por arriba. El armamento era una suma de segunda mano al por mayor, comprada a los arsenales en paro a la conclusión de la Gran Guerra. Y nuestra presencia allá, una ruina sin paliativos. En definitiva, un esperpento. Cuando a los generales Silvestre y Navarro se les ilumina la bombilla, ya es tarde. Una mayúscula ofensiva de chilabas color tierra, camuflaje ideal para la ocre tierra rifeña, aquello mas parecía un hormiguero humano de cabreo creciente que un desprendimiento de tierra de los habituales en la zona y, además, se acercaba inexorable arrollando todo en su camino.

Varios factores dieron lugar a la masacre de once mil hijos de España

No hubo una mínima empatía durante aquellos trágicos días hacia los sitiados por hambre y sed. La toma de decisiones serias al más alto nivel,brillaba por su ausencia. Los aislados campamentos y destacamentos que estaban mas profundamente incrustados en el Rif fueron literalmente volatilizados por aquellas hordas de los más descalzos del Islam.

Los defensores dependían de ellos mismos y eran pocas las cartas que les quedaban por jugar. La incompetencia del alto mando, más centrado en llevar las botas relucientes que en proporcionar un calzado adecuado a la tropa, que cuando no iba descalza lo hacia en alpargatas; la corrupción rampante en la intendencia de la época, la ligereza en la planificación de los operativos, que se asemejaba a una puesta en escena de soldaditos de plomo en medio de un idilico mapa de situacion; una confusa mezcla de oficiales valientes obligados a codearse con otros dados a poner tierra de por medio en los momentos determinantes, y una serie de trágicas y disparatadas decisiones, sumadas a una incompetencia supina en la cúpula de mando, dieron lugar a la masacre de once mil hijos de España en uno de los episodios militares más vergonzosos de nuestra nación.

Reivindicar a las victimas de aquella aniquilación que prefirieron afrontar las responsabilidades inherentes a su uniforme y juramento a sabiendas de la oscura puerta que se abría inapelable para ellos, es el deber de la memoria que sólo busca aclarar lo que ocurrió en aquel luctuoso suceso ante las generaciones posteriores, gracias al sacrificio de quienes permitieron que a través de su renuncia, otros pudieran vivir.

El genio de Abd El-Krim

Para el ABC, todo se reducía a unas escaramuzas sin consecuencias mientras que para La Vanguardia la salvaguarda de los hijos de Cataluña era prioritaria, alentando amotinamientos para evitar aquella incesante sangría que devoraba en el protectorado español a millares de jóvenes en un secarral baldío que era mas un callejón sin salida que una opción de futuro.

Si Abd El-Krim te daba la mano podías dar por perdido el brazo

Pero el Alto Estado Mayor, si sabía y era plenamente consciente de la escabechina que los cabileños del Rif y su líder estaban ocasionando a los bisoños soldados españoles. Se recibía información contrastada de la precariedad de las posiciones y blocaos que uno a uno iban cayendo sin remisión ante los ataques de los bien entrenados integrantes de las Harkas y la excelente y meticulosa planificación e impecable ejecución que demostraba su líder incuestionable, Abd el Krim. Lo mas destacable de aquellos dias en lo que a socorro se refiere a los sitiados, eran las barras de hielo que desde el aire se arrojaban sobre las posiciones de los condenados por la incompetencia de sus superiores.

Abd el-Krim no era un mentecato, ni mucho menos un soldado a infravalorar. Educado en Salamanca, licenciado en derecho y periodismo, hablaba perfectamente cuatro idiomas y era un genio militar, como lo demostraría a lo largo de la campaña del Rif y posterior advenimiento de la república del mismo nombre, aunque de efímera duración. Lo que no tenia sin duda era un concepto de lo que significaba la palabra honor. Si te daba la mano podías dar por perdido el brazo, y eso con suerte.

Sin munición, sin vituallas, sin acceso posible a fuente alguna de agua, con los aljibes vacíos, con espeluznantes cuadros de deshidratación, sólo la extrema camaradería de los que sabían que indefectiblemente iban a morir, dignificaron con un honor fuera de toda duda, aquel Apocalipsis desatado.

El sol que a diario hacia su habitual recorrido de 180º sobre las posiciones españolas repartía generosamente un infierno sin paliativos entre los sitiados por aquella turbamulta que acechaba a los desesperados que se acercaban a los cauces mas próximos a sus posiciones para aliviar aquella tortura.

Después de 48 horas de asaltos ininterrumpidos de los rifeños, sólo veinte hombres quedaban con vida

Francisco Asensi se despedía de su mujer e hijos en la estación de tren de Melilla. Una intuición trágica le asaltó. Un rumor sordo, como de una ola gigantesca, crecía imponente en el horizonte. Cerca de veinte mil kabileños iban arrasando a sangre y fuego desde Iberguiben y Annual hacia Melilla, sin concesiones. La crueldad de las ejecuciones de los soldados españoles que se rendían exhaustos ante aquella barbarie desenfrenada, era incalificable. Sólo se pueden encontrar adjetivos apropiados en un diccionario temático del horror.

Enterado este capitán de la muerte del General Silvestre y del desastre de Annual a través de los famélicos y desencajados soldados que habían conseguido huir de aquella carnicería, envía sus últimos mensajes por radio y vía óptica dando un último parte desde el Zoco el Telatza. Después de 48 horas de asaltos ininterrumpidos de los rifeños, sólo veinte hombres con la bayoneta calada de los doscientos que inicialmente albergaría la posición, quedaban con vida. Hoy, a través del informe Picasso, se sabe a ciencia cierta que nadie se rindió. Asombra y sobrecoge que nada se pudiera hacer por aquellos hombres. Quiso el caprichoso destino que a pesar de cumplir todos los requisitos reglamentarios, este capitán no recibiera merecidos honores por una forma de entrega más allá de lo razonable. Pagó con su vida los errores de otros.

Los responsables de una vergüenza inconfesable

La caída de la posición de Annual y más tarde la de Monte Arruit junto con otra veintena de posiciones menores nos trae a la memoria la entrega del regimiento de caballería Alcántara al mando de su comandante Primo de Rivera (hermano del futuro golpista y dictador), que con unas pérdidas al límite de la aniquilación, pudo contener los ataques de los rifeños, dando así tiempo a que la retirada no se convirtiera en una carnicería en toda regla. Cabe destacar asimismo el comportamiento de los regulares, que en un repliegue escalonada de impecable ejecución consiguieron detener aquella marea humana de las kabilas en su persecución del pésimamente entrenado y peor abastecido ejercito español, que no tenia equipamiento de nivel como para garantizar un aspecto al menos parecido al de una gran potencia. Al parecer, el sol de Cuba afectó a más de una generación.

El comandante Benitez y los suyos agotarían toda la munición existente y se defenderían en los últimos instantes en un épico cuerpo a cuerpo

Todos los pueblos entre Annual y la costa fueron saqueados e incendiados por la turba, y sus habitantes, los que tuvieron suerte, pasados a cuchillo. Informes de la Cruz Roja, de los que consiguieron sobrevivir a aquella pesadilla y de los Hermanos de La Salle, que con generosa dedicación y entrega enterraron cientos de cadáveres, hablan de salvajes torturas a quienes presentaron bandera blanca, fusilamientos en masa tras rendiciones pactadas, oficiales quemados vivos y algunos casos de canibalismo profusamente documentados.

Después de la terrible enseñanza, poco o nada se corrigió como Dios manda. El general al que se le adjudico la investigación de los acontecimientos, Picasso, era un honesto militar que solo quería descubrir la verdad. Pero eran muchos los responsables afectados por aquella vergüenza inconfesable.

Entre otras perlas, el informe prácticamente en un solo párrafo hace un análisis de profundo calado emocional y describe las infames condiciones de la tropadurante el asalto a la posición de Igueriben en los primeros días de la insurrección. Cuando ya se contaban por cuatro los días en que la sitiada guarnición aguantaba el asalto permanente y sin remisión de aquellos exaltados; las existencias de colonia, tinta e incluso orines habían sufrido una seria merma. El comandante Benitez y los suyos agotarían toda la munición existente y se defenderían en los últimos instantes en un épico cuerpo a cuerpo. Los requerimientos de provisiones y amunicionamiento, además de agua y refuerzos tan profusa e insistentemente demandados, no llegarían nunca .

Unos acabaron de esclavos, otros negociarían su rescate, otros fueron moneda de cambio en los abigarrados mercados de ganado locales

El general Silvestre, que estaba a escasa distancia en el enorme campamento de Annual, no hizo nada por socorrer a los arrojados defensores de la posición, y no solo eso, sino que unas horas mas tarde cuando ya él mismo estaba siendo sitiado, es incapaz de articular una retirada digna de tal nombre. Parece que el uniformado intentó quitarse de en medio consiguiendo finalmente dar con la tecla.

Por el camino hacia Melilla caen mas de 2.500 hombres en lo que se ha dado en llamar la “gran cacería” después de Annual. Para cuando los supervivientes consiguieron refugiarse en el único lugar que ofrecían ciertas garantías, Monte Arruit, estaban ya de vuelta sitiados. Era entonces el general Navarro quien comandaba la posición, y ya habían pasado diez días y la tropa había sufrido los estragos más indecibles. Para ese momento, previa solicitud al general Damaso Berenguer, Navarro tomaría la decisión de rendirse. Fue en vano. No lo contaron mas que sesenta supervivientes de entre tres mil masacrados. Unos acabaron de esclavos, otros negociarían su rescate, otros fueron moneda de cambio en los abigarrados mercados de ganado locales.

 

El Informe Picasso se encontraría con todo tipo de obstáculos. Entre otros, que había que proteger la imagen del monarca, ya deteriorada y en entredicho por algunas ligeras palabras que se parecían mas a ordenes o injerencias en el asunto militar, las cuales podrían estar en la raíz de la derrota de Silvestre en sus pretensiones por alcanzar la bahía de Alhucemas a toda costa, sin que este tomara las mas mínimas precauciones para defender y reforzar la retaguardia.

Cuando el informe compilado mordía con ferocidad los talones de los intocables de arriba, el escándalo ya estaba servido y era clamorosa la demanda de justicia. Entonces Primo de Rivera, ”casualmente”, daría su golpe de estado, que a la postre desencadenaría males mayores y tribulaciones sin cuento al pueblo español. Los responsables, para variar, se fueron de rositas y jamás serian juzgados. Es de esperar que los mas de diez mil muertos no se los encuentren en el mas allá.

Nada nuevo bajo el sol.

Que fue, ya se ha dicho, un desastre. ¿Razones? Tras otra grave derrota anterior en Marruecos, la del Barranco del Lobo en 1909, que estuvo en los orígenes de la Semana Trágica, se cambió la forma de actuar, explica el historiador. Se echa mano más del soldado indígena, dejando a los españoles en posiciones de retaguardia. Por eso no se les instruía mucho.

 

 

"El armamento, además, no era ni siquiera el empleado poco antes en la Gran Guerra; era peor, no había, por ejemplo, carros de combate, que ya se habían usado en la guerra del 14, las ametralladoras funcionaban mal por el polvo y el calor. Eran soldados de reemplazo y poco preparados. Los del regimiento Alcántara eran del reemplazo de mayo, o sea, recién llegados. Los suboficiales también eran de reemplazo. No era un ejército profesionalizado como lo entendemos hoy, y la Legión empezaba a surgir", relata Luis Miguel Francisco.

Fueron aquellos soldados mal pagados, mal entrenados, mal armados, y mal alimentados los que lucharon y sufrieron en Annual. Y como lo de llamarles soldados casi les viene grande por todo lo dicho, Francisco prefiere hablar a menudo de hombres, más que de soldados. "Los soldados de verdad eran los indígenas". Pese a todo, los reclutas españoles se portaron bien.

Otra circunstancia que coadyuvó al desastre fue el terreno. "Aquello es una montaña; es un terreno imposible, lleno de cortados. El frente era muy amplio, de 60 kms; y las comunicaciones entre las posiciones, difíciles, estaban casi aislados". Terreno, además, dudosamente amigo. Las 'harkas' amigas sólo lo eran presuntamente; y estaban armadas. "Eso creaba problemas cuando desertaban".

Y el agua. O su falta. "Las posiciones se establecían más por motivos políticos que militares, en sitios pensados para evitar la sangre, alejados de los poblados", sigue explicando Luis Miguel Francisco. "Pero por eso mismo en ellos escaseaba o faltaba el agua. No solía haber posiciones que contaran con agua, lo que obligaba a hacer las aguadas, salidas para conseguirla, que eran una fuente de riesgo".

Soldados poco profesionales, 'harkas' dudosamente amigas, terreno directamente adverso... ¿Faltaba algo más? Sí: un jefe dubitativo. El general Silvestre, Manuel Fernández Silvestre, "dudaba mucho, es alguien muy complejo, pero, desde luego, es el modelo de la contraorden".

Las condiciones estaban dadas para una terrible derrota, que, cuando se produjo, se resumió en dos palabras: desmoralización y desbandada. "Pasó de todo", matiza Luis Miguel Francisco, "también hubo muestras de heroísmo dentro de la desbandada. El mito es el de la desbandada. Al final, el soldado de verdad era el indígena, y cuando éste duda o se pasa al enemigo, al soldado español le resulta muy difícil aguantar. Es muy fácil desequilibrar a un ejército así. También influyó la desorganización militar, la serie de órdenes y contraórdenes, lo afectada que estaba la tropa tras la caída de Igueriben. Y que una retirada es la maniobra más complicada desde el punto de vista militar".

Bajas sin nombre

Pero si el Desastre mereció ese nombre fue por la cantidad de bajas y por las circunstancias en que se produjo. En cuanto a la cifra de bajas, de varios miles, nunca se podrá saber con precisión, explica Francisco. "El sol africano hacía imposible identificar cadáveres; por eso es imposible dar cifras exactas de muertos y desaparecidos. También porque hubo prisioneros que se integraron con los moros y se quedaron a vivir con ellos, reconstruyendo su vida. Otros desertaron y llegaron hasta su pueblo".

Las circunstancias de crueldad y sadismo empleados por los rifeños están también en el origen de que Annual sea la herida que es. "No me cebo con las crueldades", dice el historiador, "pero tampoco lo oculto. Hay documentos inéditos con expedientes que se abren precisamente por los rumores que corren sobre esas barbaridades cometidas por los moros. Les hacían de todo: rajaban tripas... Dependía del tiempo que tuvieran para hacer barbaridades. Las moras machacaban cabezas que habían sido degolladas, robaban; han aparecido cráneos aplastados".

Y sin embargo, Luis Miguel Francisco dice en su libro que no hubiera deseado estar en otro sitio en el verano del 21. "Es cierto, es una contradicción, es un poco inexplicable, pero es así, me sigo sintiendo militar", dice. Un militar que lleva años investigando la historia de Annual, por la que se sintió atraído desde los primeros 90, cuando ingresó en el ejército. A finales de esa década empezó a investigar. "Encontré mucha documentación y me descubrí una vocación bibliófila que me llevó a recoger todos los testimonios".

En 2005 sacó el primer libro ya citado, más breve y sintético. Luego se le cruzó (es su expresión) el tema de Irak, y publicó, junto conLorenzo Silva, 'Y al final la guerra'. Pero, poseído ya por Annual, siguió investigando. "Hay mucha documentación no ordenada, pero a la que se accede; el ejército es amable y menos hermético de lo que se pueda pensar. El problema de los archivos intermedios es clasificarlos; yo me moví mucho con el de Melilla, del que salen muchos inéditos. En Madrid y en Segovia hay muchos expedientes de juicios contradictorios; en algunos de ellos te encuentras descrita una batalla. Lo de Annual no tiene fin".

"Me sorprendió la Real Biblioteca, en la que hay dos o tres documentos inéditos; para Alfonso XIII, Annual fue traumático", sigue detallando su ardua labor de bendito roedor de biblioteca.

Y pese a la abundancia de documentos, y a la herida que supone en la memoria de los españoles, constata que "Annual se ha estudiado poco, y menos desde el punto de vista del soldado, de sus sensaciones... Un libro tan amplio como éste no existía", dice. "En otros, los episodios colaterales a Annual no se tratan más que de pasada, y hay que tener en cuenta que había más de 130 posiciones. El último libro serio sobre el tema es el de Juan Pando, del 99".

Aunque no ha querido entrar en los aspectos políticos, Luis Miguel Francisco no rechaza una pregunta sobre la supuesta influencia de Annual en el golpe de Estado de Primo de Rivera de dos años después. "Todo suma. El desgobierno en España era máximo, con el protagonismo de los militares en el poder, algo que odio. Annual influyó en todo aunque no fue decisivo en nada. Primo de Rivera perdió allí a un hermano. Que el militar se metiera tanto en política es algo que el ejército arrastra todavía, por eso es tan hermético y tiene tantos complejos. Lo de Primo fue un error. Yo estoy contra el papel político del ejército, contra el error de entender al militar como político".