El chulla Romero y Flores es la penúltima y más compleja de las novelas de Jorge Icaza, publicada cuando ya era el más célebre de los literatos ecuatorianos. El protagonista, Luis Alfonso Romero y Flores, por su condición de cholo (mestizo de india y blanco) y por sus pujos disimuladores de tal condición en conducta y atuendo, recibe el mote: chulla; o sea, algo parecido a lo que entendemos por acá como un fantasma. Servido el personaje, servida la peripecia; que no hace sino enraizar al relato en la más castiza tradición de la novelística hispana: la picaresca. Enfoque y tono que, por encima o por debajo de la trama, no la abandonará nunca hasta convertirla en una comedia desgarrada, además, en un Quito de aguafuerte, donde relumbran los criollos, corruptos por formación y herencia, y se apuran contra su miseria económica y su baldón racial los cholos e indios.

Con lo que, como afirma Miguel Sánchez-Ostiz en su prólogo, Icaza consigue “crucificar la peor herencia española dejada en América: el prurito de la pureza de sangre, del apellidismo, de la alcurnia criolla, de la raza incluso… Asombrosa en este sentido El chulla Romero y Flores porque es una denuncia en toda regla de un mundo que dista mucho de haber desaparecido, digan lo que digan.”

Por todo ello y por su prosa eficacísima y ágil, El chulla Romero y Flores es una de las novelas claves de las letras hispanas en el Siglo XX.

El chulla Romero y Flores

Jorge Icaza
Nació en Quito el 10 de junio de 1906 y allí morirá el 26 de mayo de 1978. Quedó huérfano de padre a los dos años y se educó en la hacienda de su tío en Chimborazo, donde palpó las vejaciones de todo orden que padecía el indio, y que serán, en sus múltiples caras y ámbitos, el constante leit motiv de sus relatos. Regresó a la capital para cursar Medicina, que abandonó para matricularse en el Conservatorio Nacional, de donde salió como actor y director teatral. Así, en 1933, estrenó El dictador, obra que le acarreó la
hostilidad de las autoridades
ecuatorianas. Al año siguiente publicaba Huasipungo, que le granjeó la popularidad en su país y el reconocimiento internacional y que está considerada el paradigma de la novela indigenista. En 1935 editará En las calles, novela por la que le concedieron el Premio Nacional de Literatura. En tanto, abrió una librería y en 1944 fue uno de los fundadores de la Casa de la Cultura Ecuatoriana e incluso agregado cultural en la Argentina hasta 1953. Al final de su vida desempeñó el puesto de embajador en la Unión Soviética, Polonia y la República Democrática Alemana.
Al margen de sus piezas teatrales, serán sus novelas las que le encumbrarán como el escritor ecuatoriano más reconocido, cuya nómina, con los títulos arriba mencionados, la componen Cholos (1937), Media vida deslumbrados (1942), Huairapamuscas (1947), En la casa chola (1959) y la de más notable factura y complejidad, El chulla Romero y Flores (1958). Además de estas novelas, editó seis colecciones de cuentos

Recordemos la trama de la novela de Jorge Icaza: el director de la Oficina de Investigación Económica le encarga al mestizo Luis Alfonso Romero y Flores la fiscalización anual; éste llevaba una vida de calavera, soltero y sin más compromiso que dedicarse a los placeres de la vida. El apego de una mujer y el anuncio de que va a ser padre terminan por transformar al protagonista; consigue primero el puesto codiciado de oficinista y luego se convierte en el juez incorruptible que terminará por denunciar en un informe público, a las más altas esferas. Víctima del deber, será despedido en momentos en que va a nacer el hijo; por falta de dinero falsificará un cheque y será perseguido mientras agoniza Rosario, su querida, custodiada por policías secretos.

La palabra "chulla" presente desde el título es un ecuatorianismo explicado en el vocabulario colocado por Icaza a modo de colofón: "Solo. Impar. Hombre o mujer de clase media que trata de superarse por las apariencias"(1). El traductor francés de la novela, Claude Couffon, eligió como título "L'homme de Quito" considerando que el chulla es una antonomasia del quiteño.

En un primer momento, mi cultura literaria de hispanista me llevó a identificar en Romero y Flores a un pícaro ecuatoriano, pariente del lazarillo español afanado en medrar y tan despreocupado de la moral como el buscón de Quevedo.

Pero, ahora, prevalece la impresión final de un drama con la muerte de Rosario al dar a luz. ¿Cómo explicar tal inversión? ¿Qué lectura coincide con el propósito del autor? No es fácil saberlo pues casi no se ha publicado información sobre las intenciones del novelista, salvo una conversación de Icaza con Couffon en 1961, que corrobora el dualismo intrínseco de la obra. El escritor declaraba entonces:

El chulla es ese personaje que trata de ser alguien despreciando lo que es, y por eso da con lo grotesco y tropieza con la tragedia. [...] Con ese personaje creo que hallé la fórmula dual que lucha en la conciencia de los hispanoamericanos: la sombra de la madre india — personaje que habla e impulsa — y la sombra del padre español — Majestad y Pobreza, que contrapone, dificulta y, muchas veces, fecunda (2)—.

Efectivamente, el protagonista padece una suerte de esquizofrenia, desgarrado constantemente entre el modelo paterno de dominación y prepotencia, y la herencia materna que es todo terror, subordinación y cariño. Tal dualismo se transparenta en la variación de tonalidad de la novela, entre lo grotesco y la tragedia. Aproximando este artículo a la temática del grupo de investigación de Burdeos sobre el humorismo (3), daré aquí mayor relevancia a la función cómica y analizaré algunos retratos y escenas que distraen al lector de la tensión trágica tan fundamental para entender la obra.

No deja de ser extraño que El chulla Romero y Flores sea una obra muy poco estudiada. Frente a la bibliografía dedicada a Huasipungo, la que se refiere a El chulla Romero y Flores es mínima1 . Sin embargo, hay importantes críticos para quienes El chulla Romero y Flores es la mejor obra de Icaza. Agustín Cueva, por ejemplo, escribe que " El chulla Romero y Flores (1958), última obra publicada hasta ahora por Icaza, es una de sus novelas mejor logradas y, como las anteriores, vale por la acertada creación de ambientes sociales y personajes típicos, antes que por la invención argumental "2 Es probable que esta escasez de estudios sobre El chulla Romero y Flores se deba a la insuficiencia de los instrumentos teóricos que se han usado hasta ahora. El estructuralismo, que ha dominado durante los últimos treinta años los estudios literarios en el Ecuador, parecería no tener que decir mucho sobre una obra que en sus manos correría el riesgo de reducirse a caricatura. Cierto es que determinados análisis estructuralistas abren el camino hacia la ideología de los personajes, pero suelen caer en la confusión entre esta última y la del propio analista. Pienso, por lo tanto, que una obra como El chulla Romero y Flores requiere ser examinada bajo otra luz, y me parece que ella puede ser la que proviene de la teoría de Bajtín. No se trata, entonces, de un intento de " modernizarse a saltos" como escribe Francoise Perus, ni caer en la frivolidad de utilizar un metalenguaje -sin haber estudiado la teoría correspondiente- para "sobrevivir de manera desordenada e improvisada y huyendo de un 'atraso' o un 'provincionalismo' (sic) vergonzantes"3 No. Se trata de estudiar ciertos presupuestos teóricos que permitan introducirse de la manera más pertinente en el conflictivo e intenso mundo social que vive o sobrevive un texto fundamental en la narrativa ecuatoriana. La primera parte de esta tesis está dedicada a la exposición abreviada de aquellas categorías elaboradas por Bajtín que considero útiles para el análisis que me propongo; la segunda contiene el análisis propiamente dicho.

Chulla Romero y Flores

Biografia de Jorge Icaza