Ojerosa y pintada pertenece al tríptico de novelas que plasmaron el descubrimiento de México como una inmensa metrópoli. Y como sus otras dos hermanas de hallazgo, La región más transparente, de Carlos Fuentes, y Palinuro de México, de Fernando del Paso, no pudo ser concebida sino como un relato polifónico. Es más, es la más coral de las tres, dado que su trama es la jornada completa de un taxi y su chofer, quienes ni muestran su identidad para que sea la propia urbe —a través de los incontables pasajeros con sus afanes— quién se constituya en protagonista y, a la vez, en relato y retrato de sí misma.

Por esa circunstancia también podríamos adscribir a Ojerosa y pintada a lo que se llamó «novela testimonial» e incluso «neorrealista» y cuyo singular exponente, en España, sería El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio. Pero Ojerosa y pintada cuenta, además, con el don de la circularidad, como si las veinticuatro horas en que transcurre no fueran más que uno de los giros del incesante y abigarrado bucle que es la vida en el Distrito Federal

Las 24 horas de México en taxi,Ojerosa y pintada

Nació en Guadalajara, Jalisco, el 4 de mayo de 1904, y murió en la Ciudad de México, el 17 de enero de 1980. Licenciado en Derecho por la Escuela de Jurisprudencia de Guadalajara y maestro por la UNAM, comenzó su vida profesional enseñando lengua y literatura en las escuelas de Nayarit, para proseguir con una larga carrera en la administración pública. Así, alcanzó el cargo de Jefe del Departamento de Bibliotecas y Archivos Económicos de la Secretaría de Hacienda, en 1943, y diez años después, el de Gobernador del Estado de Jalisco, donde se empleó con tesón en la expansión de la educación pública. Esta pródiga tarea le valió que fuera nombrado consejero de la Presidencia y, más tarde, Jefe de la delegación ante la XI Asamblea General de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura y, finalmente, Secretario de Educación Pública. También fue miembro de la Academia Mexicana y su director desde 1973 —año en el que recibió el Premio Nacional de Letras— hasta su muerte.



Su obra literaria comprende ensayo y narrativa. En este último terreno sobresalen sus novelas, que comenzó a publicar en 1943, con Pasión y convalecencia, aunque será su segunda novela, Al filo del agua (1945), la que lo consagró como un narrador imprescindible, hecho que acreditaron sus siguientes grandes relatos: La creación (1959), La tierra pródiga (1960), Ojerosa y pintada (1960), Las tierras flacas (1963), Perseverancia final (1967), Las vueltas del tiempo (1973), La ladera dorada (1978) y la biografía novelada Santa Anna: espectro de una sociedad (1981), publicada póstumamente

« La vida en la ciudad de México » es el subtitulo de esta novela que trata del tema muy importante en la obra de Yañez “el pais y la gente”. Efectivamente, como a traves de un kalidoscopio, vemos los mas diversos aspectos de la vida en la ciudad. Es en esta novela que se admira mas la capacidad de sintesis del autor, que en rapidas pinceladas nos da idea del caracter, oficios, aspiraciones, grandezas y miserias de los habitantes de la gran urbe. El realismo y la veracidad con que esta escrita nos sumerge en el ambiente citadino.

La novela esta dividida en tres partes que simbolizan las etapas de la vida del hombre : « Cuesta arriba », « Parte-aguas » y « Cuesta abajo ». En un lapso de veinticuatro horas, Yañez nos conduce desde el nacimiento hasta la muerte, pasando por todas las edades, por todas las posibilidades que ofrece la vida. De manera simbolica, la novela empieza con el nacimiento de un bebe y se cierra con la muerte de un revolucionario. Por eso y con el hecho de que dure 24 horas la historia, se puede decir que esta novela es circular. Sin embargo, cabe notar una cierta unidad en el tiempo y en el lugar. Nada mas los personajes cambian y se suceden.

« A la vista de la pareja disminuyo la velocidad ». Asi empieza la novela. Entonces, desde la primera frase, que indica un inicio in medias res, estamos en el taxi. El automovil es para el autor un magnifico observatorio desde el cual nos introduce en las mas diversas circunstancias del destino humano. Pasan ante nuestros ojos ricos y pobres, luchadores y aventureros, jovenes y viejos, quienes se han enseñoreado de la ciudad y tienen en ella profundo arraigo y aquellos que recien llegan en pos de su conquista ; unos la domeñeran, otros se perderan en sus laberintos. Efectivamente, a lo largo de la paginas el autor nos ofrece varios retratos : del nino muy pobre que ni puede pagar el taxista al grupo de artistas intelectuales.

Yanez utiliza en gran mayoria el discurso directo para dejar expresarse los personajes. Entonces, se nota en cada manera de hablar una clase social diferente. Para dar este efecto Yanez utiliza el idioma propio a cada clase social. Su manera de escribir quiere acercarse de la realidad social. Se puede notar que Yanez busco un estilo muy refinado y al utilisar muchos dialogos en Ojerosa y pintada alcanzo a una economia de la narracion.

La profunda desigualdad social se pone de manifiesto en este desfile, en el que vemos pasar a los que poseen todo y a los desheredados que carecen de lo mas indispensable. La obra esta llena de pasajes emotivos, enternecedores o fuertemente dramaticos, asi como de otros alegres, ligeros como corresponde a la descripcion de seres tan heterogéneos como son los que pululan por la gran ciudad. Esta lectura nos deja un sabor amargo como la realidad que nos ofrece.

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Sin lugar a dudas, se trata de una obra de denuncia social en la que se incorporan las corrientes vanguardistas de la  literatura contemporánea. El resultado es una novela espléndida, original y de gran dinamismo.

En conclusión, Agustín Yáñez es una de las grandes luminarias de la Literatura Mexicana y también Universal. El hecho de que se le haya vetado y relegado en el olvido, no resta un ápice a su calidad literaria y a su extraordinario  manejo del lenguaje