El genio de Alberto Giacometti es de sobras conocido por cualquiera interesado en el arte del siglo XX.

Los hermanos Giacometti 46 rue Hippolyte-Maindron

James Lord (Englewood, Nueva Jersey, 1922– París, 2009) llegó a París por primera vez en 1944 con un permiso de tres días del servicio de inteligencia militar. Rápidamente localizó la pequeña rue des Grands-Augustins en la que vivía Picasso, y se presentó en el taller de quien ya entonces era uno de los más importantes artistas vivos. Lord cultivó la relación con Picasso, y ello le permitió acceder a los círculos artísticos de Montparnasse, donde conoció a Gertrude Stein, Dora Maar, Alberto Giacometti, André Gide y Jean Cocteau, entre otros muchos. A su regreso a París después de la guerra, se convirtió en el observador y cronista de la élite parisina, dejando escritas inolvidables —y no siempre halagadoras— semblanzas de muchos de sus amigos artistas y aristócratas.

El genio de Alberto Giacometti es de sobras conocido por cualquiera interesado en el arte del siglo xx. No así la figura de Diego, que ha permanecido siempre a la sombra de su brillante hermano. James Lord, testigo privilegiado de los círculos artísticos de París, conoció a ambos y tuvo ocasión de observarlos en su hábitat natural: el taller que compartían en la rue Hippolyte-Maindron y los bistrots de Montparnasse. Imatge relacionada

 

El retrato que dibuja Lord de los dos hermanos, construido mediante los diálogos con uno y otro, con Annette, la mujer de Alberto, con las personas de su círculo más íntimo y sobre todo gracias a la mirada afectuosa y perspicaz del propio Lord, resulta a la vez inquietante y conmovedor. Desde su llegada a París en el año 1925, Diego
se convirtió en colaborador indispensable del ya famoso Alberto, pues era él el experto en las técnicas del yeso y la forja: no había escultura que no pasara por sus manos y, de hecho, algunas de las que se pagaron como Giacomettis eran obra suya.

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«Mi suerte fue tener a Alberto», le confesó un afl igido Diego al autor poco después de su muerte. Por su parte, Alberto no perdía ocasión de mostrar la creación más reciente de su hermano a los visitantes del estudio y de subrayar su excepcional talento. Lord no tardó en reparar en cómo las esculturas de uno eran en buena medida deudoras de la destreza manual del otro, una de las manifestaciones de la devoción y la interdependencia que existía entre los miembros del triunvirato que conformaban ese «mundo aparte»: Alberto, Annette y Diego. La mirada de Alberto tenía el don de transformar en únicas a las personas a las que quería, Diego entre ellas; pero es igualmente cierto que sólo después de la muerte del primero el segundo pudo realizarse como nunca en vida de su hermano.

La colaboración artística entre los dos hermanos fue sumamente estrecha. Compartían un taller en el 46 de la calle Hippolyte-Maindron en París, que conservaron hasta el fin de su vida, donde ejecutaban los encargos de una clientela acomodada. A partir de 1939 empezó a crear sus propias esculturas, sin por eso dejar de realizar los moldes para las delicadas esculturas de su hermano e incluso servirle de modelo. A partir de 1966, fecha en la que falleció Alberto, se dedicó plenamente a sus obras y se estima que creó entre cuatro y cinco mil objetos y esculturas. Su último y más importante encargo fue el diseño del interior del Museo Picasso de París, que se inauguró en septiembre de 1985.

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Diego no pudo verlo completamente terminado ya que murió el 15 de julio de 1985. o hemos sido capaces de encontrar una sola foto de Alberto con gatos, pero sí varias de su hermano Diego. Y para terminar citaremos unas palabras del autor francés Jean Genet acerca del gato que diseñó Alberto: “Había olvidado al admirable gato de yeso, de la nariz al final de cola casi horizontal y capaz de colarse por el agujero de un ratón. Su rígida horizontalidad restituye a la perfección la forma del gato, incluso cuando se hace una bola para dormir”.