Agradecer de antemano a todo el personal de la Editorial ATLANTIS y en especial a BEATRIZ nuestro agradecimiento por como es el trato, muchas Editoriales tendrían que aprender que para triunfar hay que sembrar

Tiene usted en sus manos una novela histórica de aventuras que traspasan las lindes de lo legendario sin abandonar el espacio de lo históricamente verosímil. Su narración, provista de numerosos personajes y repleta de emocionantes tramas cruzadas y subtramas paralelas, relata principalmente la historia de un gran asalto organizado al Templo de Hércules en Gádir (el Melqart fenicio), el más rico y famoso santuario fenicio de la antigüedad, emplazado en el mítico entorno de las islas Gadeira, actuales Cádiz, Chiclana y San Fernando, en la costa Atlántica al suroeste de la península ibérica.
Himilcón, un fenicio de origen cartaginés, tras verse obligado a renunciar a su libertad por unas insoportables deudas con el Estado, se encuentra al servicio de un gran comerciante en Gádir. Ignorante de su verdadera identidad como descendiente de una casta maldita de poderosos e influyentes gobernantes cartagineses, casa con una gadirita y es padre de tres hijos.
Un exhaustivo trabajo de documentación
Pueden considerarse los espacios la primera de sus ‘fuentes’, ya que “he paseado por toda la costa gaditana, por sus playas, alamedas y baluartes defensivos”. No obstante, “quería prescindir al máximo de la fantasía del escritor”, por lo que ha bebido directamente de muchas de las revisiones efectuadas desde la arqueología moderna. Para ello buceó en los fondos de la Facultad de Filosofía y Letras de Cádiz, la Biblioteca Provincial y en estudios de investigación recientes como los de José María Blázquez (Fenicios y cartagineses en el Mediterráneo), María Eugenia Aubet (Tiro y las colonias fenicias de Occidente) o Encarnación Ruiz Guillén (Arquitectura y urbanismo en los asentamientos fenicios de España y el extremo Occidente). Son casi una veintena los libros que ha leído al completo más otros tantos consultando capítulos de interés y artículos de publicaciones académicas a las que ha tenido acceso.
Reconoce que uno de los factores que le llevaron a decantarse por este período histórico es lo poco explotado que está desde el el punto de vista literario en relación a otros como el mundo romano. Durante el proceso de documentación “leí siete y ocho novelas que lo tocaban, pero solo tangencialmente”, indica. “Casi todas tiran de Roma o Cartago”. Antonio se ha centrado en el siglo IV por constituir una etapa intermedia entre los orígenes legendarios de Gadir -“no quería un cuento de hadas”- y episodios históricos sobradamente conocidos como las Guerras Púnicas.
Todo ello da lugar a una experiencia donde los lectores encontrarán Historia, pero también relaciones humanas como el amor, el sexo, la amistad o las rivalidades -incluso en los personajes de apariencia más rígida-. No olvida el componente espiritual a través de religiones arcaicas y sus ritos, o la reivindicación, mediante la literatura, de esta cultura que controló el Mediterráneo y ahora se enorgullece de homenajear
Columnas de Hércules. Frontera occidental del mundo conocido. Mediados del siglo IV a.C. Una misteriosa embarcación persa procedente de la conquistada Sidón, arriba al templo fenicio de Melqart en Gádir. Al frente de la misma se encuentra el comandante Mirza, quien para ganarse la confianza de los sacerdotes del Templo, les trae una de las doce míticas llaves que, perdidas y en paradero desconocido por el mundo, abrirían supuestamente cada uno de los doce cofres del más arcano y misterioso tesoro del antiquísimo santuario, que se remontaría a la época primigenia de Tartessos y a una hipotética Atlántida perdida. Pero lo que en realidad trae consigo es una conspiración en ciernes para derruir la gloria del Templo, apoderándose de todas sus riquezas y fundar con ellas las primeras colonias en Occidente sometidas al poder persa. Con este fin y en connivencia con algunos notables de Cartago, capital del Mediterráneo, no dudará en sobornar a los guardias y servidores del Templo. Pero, más allá del atentado a las riquezas del santuario, ¿conseguirán estos hombres de Oriente su propósito de robar los secretos que guarda y custodia el más famoso Templo de Occidente? Es ésta una novela histórica de aventuras que trascienden las lindes de lo documentado, sin abandonar el espacio de lo históricamente verosímil, y en la que no faltan los componentes clásicos de las relaciones humanas. Su narración, provista de numerosos personajes y repleta de emocionantes tramas cruzadas y subtramas paralelas, relata principalmente la historia de un gran asalto organizado al Templo de Hércules en Gádir, (Melqart para los fenicios y Heraclés para los griegos) el más rico y famoso santuario fenicio de la antigüedad, emplazado en el mítico entorno de las islas Gadeira, actual bahía de Cádiz. CARACTERÍSTICAS: -Novela de ambientación histórica muy cuidada en las atmósferas y en los diálogos. -Muy bien documentada. -Buen manejo de la tensión. -Personajes dotados de identidad y bien caracterizados desde el principio. -Buen encaje de los diálogos con los personajes. -Narrada en un registro formal pero respetando la adecuación del tono a las distintas situaciones. -Suficientes dosis de agilidad narrativa facilitan el avance por las tramas propuestas. -Interesante recreación de los escenarios.

Antonio S. Illescas? El Autor nos Cuenta sobre el libro

Antonio S. Illescas Licenciado en Lingüística por la Universidad de Cádiz, única institución superior de educación en Andalucía que oferta esta titulación de implantación relativamente reciente, ha trabajado ejerciendo la docencia de las lenguas extranjeras en el ámbito de la enseñanza privada, además de realizar por cuenta propia algunos trabajos de traducción al inglés de libros no literarios para autores autoeditados.

Desde sus años de adolescencia, se ha considerado un consumado autodidacta en materias como la Historia y las Humanidades y un gran usuario y defensor de la biblioteca pública.

Amante empedernido de la lectura y escritor en ciernes, tras licenciarse decidió formarse en biblioteconomía y opositar para instituciones bibliotecarias, empeño en el que sigue constante tras haber trabajado como becario y como interino en bibliotecas públicas de su entorno local.

Actualmente, se halla inmerso en la labor literaria trabajando a tiempo completo, tras la creación de relatos y poemas no publicados, en la producción de la segunda parte de la novela histórica que ahora edita y publica nuestra editorial.

¿Es usted un Autor polemista, historiador, viajero, curioso, seguidor de Unamuno, ¿cuál es Antonio S. Illescas? 

Como autor de la aventura literaria que he emprendido con “Non Plus Ultra” no pretendo crear polémicas de ninguna especie. Se trata de una novela de ambientación histórica con personajes y tramas ficticios que poco o nada se pueden prestar a polémicas. Personalmente me gusta el debate en todos los campos en los que creo poder asentar una opinión razonada. La polémica, según la entendían los griegos, nace de la confrontación de esas opiniones. En ese sentido, cualquier debate que se precie puede y debe crear cierta polémica. Pero, entre ser polémico o polemista hay una gran diferencia. Yo no me atrevería a calificarme de lo primero, pues en los tiempos que corren resulta un claro sinónimo de algo así como “pendenciero” de la palabra, y de la palabra además expresada pronto, fácil y mal. En todo caso, soy un eventual y apasionado polemista que cree en el debate de verdad sobre una gran variedad de temas. Pero, indiscutiblemente, mi pasión es la Historia y las Humanidades. Historiador es el que escribe o registra la Historia. Novelista el que la recrea. En este sentido yo me sirvo de los primeros para ejercer de lo segundo. Como apasionado de la Historia soy, por supuesto, un curioso insaciable y todo curioso es un poco filósofo y un poco viajero, pero no me considero seguidor de ningún autor. Sin embargo, ya que menciona usted a Unamuno, resulta inevitable concederle un grado de distinción particular, precisamente si hablamos de Historia y Filosofía o de Filosofía de la Historia y de las humanidades en general. No obstante, creo que cada cual debe aprender a abrirse su propio camino en la vida y a contribuir con su bagaje personal.  En eso consiste precisamente el concepto de intrahistoria de la que nos hablaba Unamuno. Pero, repito, no me considero discípulo de nadie ni seguidor de ninguna corriente.  No es rebeldía. Es mero afán de aprender de todo y de todos. Desconfío de los fetiches literarios y me abstengo de pronunciar abusivamente citas de ningún autor concreto. Detesto tanto la egolatría como la idolatría. A excepción de los clásicos, no suelo leer más de dos o tres novelas seguidas de un escritor, para no caer precisamente en eso.

 

¿Cómo emprende el viaje de escribir este novelón?

Esta novela, mi auténtica “opera prima” a pesar de algunos otros relatos no publicados que había escrito con anterioridad, surge de un largo viaje previo, constituido por todos aquellos libros en los que me he ido formando como lector, pero también como novelista. Esto último sin saberlo o ser consciente de ello. Pero en cada una de esas estaciones he ido recogiendo un bagaje fundamental en mi formación como escritor. Por lo tanto, es a través del viaje por la Historia y por la novela histórica en general como llego a preguntarme finalmente por la cultura fenicia en Occidente, esa gran olvidada no tanto por la historiografía como por la literatura de ficción histórica. Y, habiendo nacido y crecido en la ciudad más antigua de Occidente (según documentan las fuentes escritas), tras leer sobre Roma, Grecia, Egipto y otros tantos clásicos de la literatura histórica universal, llegué a preguntarme dónde estaban esas novelas que recreasen el mundo fenicio en Cádiz, sin lugar a dudas uno de los enclaves estratégicos más apreciados a lo largo de los siglos, a caballo entre Europa y África, el Atlántico y el Mediterráneo. Al no encontrarla, descubrí un motivo de más para recoger y describir, en la novela que por entonces estaba proyectando, unos escenarios donde el emporio de Gadir tuviese un protagonismo esencial. Entre ellos estaría el famoso Templo fenicio de Melkart (Heracles para los griegos y Hércules para los romanos), auténtico germen de mi novela y situado también en las inmediaciones de las antiguas islas Gadeira.

            Sin embargo, existe también un motivo “accidental” por el que terminé escribiendo toda una novela relativa al Gádir fenicio del siglo IV a.C., que es la época que escogí para situarla, concretamente a mediados de ese siglo, en un período intermedio entre el espacio mítico ocupado por Tartessos y las leyendas de Hércules, y las crónicas ya documentadas de las guerras púnicas.

           La idea central de la que surgió mi proyecto de novela tenía, por tanto, una relación fundamental con el mítico y legendario Templo de Hércules y los enigmas que lo rodean de misterio. De las fabulosas riquezas que albergaba surgió una empresa narrativa que debía centrarse en la Alejandría fundada por Alejandro el Magno y debía finalizar en el Gádir fenicio, controlado ya por los púnicos de la familia Barca. Sin embargo, dada la fuerte relación que prevía entre ambos escenarios históricos aparentemente inconexos –el de la biblioteca y el templo- pronto comprendí que esos capítulos iniciales debían arrancar en Gádir y crear unos antecedentes para el argumento central.

           Lo que sucedió entonces es que lo que iban a ser tan sólo unos capítulos iniciales, prolegómenos de ese argumento central,  se fue convirtiendo en una trama esencial y alrededor de esa trama se fueron entretejiendo el resto de historias concomitantes con ella, por acción y efecto de la creciente pasión que me iba embargando a medida que iba documentándome sobre el Gádir fenicio de esas fechas e imaginando una gran variedad de estampas y situaciones verosímiles que creaban un conjunto armónico y constitutivo de una novela por derecho propio.

        Como resultado de ello, el argumento central que había ideado inicialmente se fue desplazando hasta prácticamente desaparecer, quedando tan sólo el rastro esencial que unirá esta primera novela con su continuación natural y con su tercera parte, emplazada ya en la Alejandría de los primeros Ptolomeos, formando una trilogía no prevista al principio, pero indispensable para el desarrollo total de la empresa literaria en la que me embarqué hace cuatro años.