En la Barcelona de finales de los años 50, Daniel Sempere ya no es aquel niño que descubrió un libro que habría de cambiarle la vida entre los pasadizos del Cementerio de los Libros Olvidados. El misterio de la muerte de su madre Isabella ha abierto un abismo en su alma del que su esposa Bea y su fiel amigo Fermín intentan salvarle.

Justo cuando Daniel cree que está a un paso de resolver el enigma, una conjura mucho más profunda y oscura de lo que nunca podría haber imaginado despliega su red desde las entrañas del Régimen. Es entonces cuando aparece Alicia Gris, un alma nacida de las sombras de la guerra, para conducirlos al corazón de las tinieblas y desvelar la historia secreta de la familia… aunque a un terrible precio.

El Laberinto de los Espíritus es un relato electrizante de pasiones, intrigas y aventuras. A través de sus páginas llegaremos al gran final de la saga iniciada con La Sombra del Viento, que alcanza aquí toda su intensidad y calado, a la vez que dibuja un gran homenaje al mundo de los libros, al arte de narrar historias y al vínculo mágico entre la literatura y la vida.

EL LABERINTO DE LOS ESPÍRITUS,




Carlos Ruiz Zafón

Barcelona, 1964

Narrativa contemporánea


Carlos Ruiz Zafón es uno de los autores más reconocidos de la literatura internacional de nuestros días y el escritor español más leído en todo el mundo después de Cervantes. Sus obras han sido traducidas a más de cincuenta idiomas. En 1993 se da a conocer con El Príncipe de la Niebla, que forma, con El Palacio de la Medianoche y Las Luces de Septiembre, la Trilogía de la Niebla. En 1998 llega Marina. En 2001 publica La Sombra del Viento, la primera novela de la saga de El Cementerio de los Libros Olvidados, que incluye El Juego del Ángel, El Prisionero del Cielo y El Laberinto de los Espíritus, un universo literario que se ha convertido en uno de los grandes fenómenos de las letras contemporáneas en los cinco continentes.

EL LIBRO DE DANIEL
Aquella noche soñé que regresaba al Cementerio de los Libros Olvidados. Volvía a tener diez años y despertaba en mi antiguo dormitorio para sentir que la memoria del rostro de mi madre me había abandonado. Y del modo en que se saben las cosas en los sueños, sabía que la culpa era mía y solo mía porque no merecía recordarlo y porque no había sido capaz de hacerle justicia. Al poco entraba mi padre, alertado por mis gritos de angustia.

 

 

 

Mi padre, que en mi sueño todavía era joven y aún guardaba todas las respuestas del mundo, me abrazaba para consolarme. Luego, cuando las primeras luces pintaban una Barcelona de vapor, salíamos a la calle. Mi padre, por algún motivo que yo no acertaba a comprender, solo me acompañaba hasta el portal. Allí me soltaba la mano y me daba a entender que aquel era un viaje que debía hacer yo solo. Echaba a caminar, pero recuerdo que me pesaban la ropa, los zapatos y hasta la piel. Cada paso que daba requería más esfuerzo que el anterior. Al llegar a las Ramblas advertía que la ciudad había quedado suspendida en un instante infinito. Las gentes habían detenido el paso y aparecían congeladas como figuras en una vieja fotografía. Una paloma que alzaba el vuelo dibujaba apenas el esbozo borroso de un batir de alas. Briznas de polen flotaban inmóviles en el aire como luz en polvo. El agua de la fuente de Canaletas brillaba en el vacío y parecía un collar de lágrimas de cristal. Lentamente, como si intentara caminar bajo el agua, conseguía adentrarme en el conjuro de aquella Barcelona detenida en el tiempo hasta llegar al umbral del Cementerio de los Libros Olvidados. Una vez allí me detenía, exhausto. No acertaba a comprender qué era aquella carga invisible que arrastraba con¬ migo y que casi no me permitía moverme. Asía el aldabón y llamaba a la puerta, pero nadie acudía a abrirme. Golpeaba una y otra vez el gran portón de madera con los puños. Sin embargo, el guardián ignoraba mi súplica. Exánime, caía por fin de rodillas. Solo entonces, al contemplar el embrujo que había arrastrado a mi paso, me asaltaba la terrible certeza de que la ciudad y mi destino quedarían por siempre congelados en aquel sortilegio y que nunca podría recordar el rostro de mi madre. Era entonces, al abandonar toda esperanza, cuando lo descubría.

El pedazo de metal estaba oculto en el bolsillo interior de aquella chaqueta de colegial que llevaba mis iniciales bordadas en azul. Una llave. Me preguntaba cuánto tiempo llevaba allí sin yo saberlo. La llave estaba teñida de herrumbre y era casi tan pesada como mi conciencia. A duras penas lograba alzarla con ambas manos hasta la cerradura. Tenía que empe¬ ñar hasta el último aliento para conseguir hacerla girar. Cuando ya creía que nunca podría hacerlo, el cerrojo cedía y el portón se deslizaba hacia el interior. Una galería curvada se adentraba en el viejo palacio, punteada con un rastro de velas prendidas que dibujaba el camino. Me sumergía en las tinieblas y oía la puerta sellándose a mi espalda. Reconocía entonces aquel corredor flanqueado por frescos de ángeles y criaturas fabulosas que escudriñaban desde la sombra y parecían moverse a mi paso. Recorría el corredor hasta llegar a un arco que se abría a una gran bóveda y me detenía en el umbral. El laberinto se alzaba frente a mí en un espejismo infinito. Una espiral de escalinatas, túneles, puentes y arcos tramados en una ciudad eterna construida con todos los libros del mundo ascendía hasta una inmensa cúpula de cristal. Mi madre esperaba allí, al pie de la estructura. Estaba tendida en un sarcófago abierto con las manos cruzadas sobre el pecho, la piel tan pálida como el vestido blanco que enfundaba su cuerpo. Tenía los labios sellados y los ojos cerrados. Yacía, inerte en el reposo ausente de las almas perdidas. Acercaba mi mano para acariciarle el rostro. Su piel estaba fría como el mármol. Entonces abría los ojos y su mirada embrujada de recuerdos se clavaba en la mía. Cuando desplegaba sus labios oscurecidos y hablaba, el sonido de su voz era tan atronador que me embestía como un tren de carga y me arrancaba del suelo, lanzándome en el aire y dejándome suspendido en una caída sin fin mientras el eco de sus palabras derretía el mundo. Tienes que contar la verdad, Daniel. Desperté de golpe en la penumbra del dormitorio, empapado en sudor frío, para encontrar el cuerpo de Bea tendido a mi lado. Ella me abrazó y acarició mi rostro. —¿Otra vez? —murmuró. Asentí y respiré hondo. —Estabas hablando. En sueños. —¿Qué decía? —No se entendía —mintió Bea. La miré y me sonrió con lo que me pareció lástima, o tal vez solo fuera paciencia. —Duérmete otro rato más. Todavía falta una hora y media para que suene el despertador y hoy es martes. Martes significaba que me tocaba a mí llevar a Julián al colegio. Cerré los ojos y fingí dormirme. Cuando los volví a abrir un par de minutos más tarde encontré el rostro de Bea, observándome. —¿Qué? —pregunté. Se inclinó sobre mí y me besó en los labios suavemente. Sabía a canela. —Yo tampoco tengo sueño —insinuó. Empecé a desnudarla sin prisa. Estaba por arrancar las sᬠbanas y tirarlas al suelo cuando oí pasos ligeros tras la puerta del dormitorio. Bea detuvo el avance de mi mano izquierda entre sus muslos y se incorporó apoyándose sobre los codos.

Opinion de Eva Fainé ahora contaremos en el equipo con sus opiniones

Eva Fainê,

De antemano agradecer al departamento de prensa de Planeta, nos hicieran llegar un ejemplar del tan esperado último libro de la saga de El cementerio de los libros olvidados: El Laberinto de los Espíritus de Carlos Ruiz Zafón. Somos conocedores de la gran demanda que han tenido y por ello, de nuevo les damos las gracias por tenernos en consideración y darnos el placer de seguir dando nuestra opinión desde nuestro humilde rincón a tal obra tan esperada.

 

En dicha tetralogia encontramos unZafón con su estilo, mucho más depurado y preciso en lo tocante a la prosa, en ese aspecto poco se le puede reprochar, le podemos criticar, para ser del todo sinceros, la forma de articular el argumento y desarrollar la trama y a alguna escena que busca meramente el impacto teatral, aunque no sea muy lógica. Para mi gusto buena, bien escrita, a veces excesiva, llena de recursos un poco manidos de folletín clásico, lo reconozco, (identidades ocultas o falsas, parentescos secretos, secuestros, hombres enmascarados, etc.) pero bastante creíbles al estar ambientada en el franquismo, época que ha dejado muchas sombras en Barcelona y de las que Zafón sabe aprovechar para dar a sus fans lo que les gusta de él,una Barcelona alternativa, que no existe, pasada por su visión gótica y fantasmagórica, lugares ocultos, un mundo subterráneo al que solo algunos tienen acceso... Una trama que rinde homenaje a la literatura en papel hace referencias a libros, librerías y clásicos de la literatura, que quiere permanecer como lo que es, un embrujo.

Es decir, Zafón en estado puro, con dosis extra para fans, que pueden pasear por las ciudades (Barcelona y Madrid) y lugares descritos e imaginar que bajo sus pies existe o que pudo ser.  Fans que deseen rematar la serie del Cementerio de Libros Olvidados. Y puestos a que queda cerrada la saga, para seguir cautivando a sus fans, no estaría mal que el autor empezara de nuevo a escribir y a contar las aventuras de Alicia durante los años en los que no se sabe de su vida. Podría ser interesante, dado que el personaje promete.

 

Estaremos a la espera.

 

"El Laberinto de los Espíritus" de Carlos Ruiz Zafón

Vuelve Carlos Ruiz Zafón con el desenlace de la saga de La Sombra del Viento. Recordarás por qué te gusta leer.

Sinopsis de El Laberinto de los Espíritus:
En la Barcelona de finales de los años 50, Daniel Sempere ya no es aquel niño que descubrió un libro que habría de cambiarle la vida entre los pasadizos del Cementerio de los Libros Olvidados. El misterio de la muerte de su madre Isabella ha abierto un abismo en su alma del que su esposa Bea y su fiel amigo Fermín intentan salvarle.

Justo cuando Daniel cree que está a un paso de resolver el enigma, una conjura mucho más profunda y oscura de lo que nunca podría haber imaginado despliega su red desde las entrañas del Régimen. Es entonces cuando aparece Alicia Gris, un alma nacida de las sombras de la guerra, para conducirlos al corazón de las tinieblas y desvelar la historia secreta de la familia… aunque a un terrible precio.

El Laberinto de los Espíritus es un relato electrizante de pasiones, intrigas y aventuras. A través de sus páginas llegaremos al gran final de la saga iniciada con La Sombra del Viento, que alcanza aquí toda su intensidad y calado, a la vez que dibuja un gran homenaje al mundo de los libros, al arte de narrar historias y al vínculo mágico entre la literatura y la vida.

Entrevista a Carlos Ruiz Zafon