Lectio Ediciones nace en 2006, en el conjunto de Imatge-9, SL, empresa con experiencia en el sector editorial, y que actualmente publica unos treinta libros en lengua castellana al año.

El sello cuenta con varias colecciones de distintas temáticas como Traza, sobre excursionismo y montañismo; Con sabor a Mediterráneo y El Puchero, de cocina; Ciudades para niños y Mi pequeño animalario, de libros infantiles, Entre paréntesis, de libros eróticos; y Cuadrilátero que trata temas varios de actualidad y prácticos, entre otras.

En este libro se abordan 100 citas conocidas de la ciencia, para analizarlas, ponerlas en contexto y hacerlas comprensibles al público lector. «Pecunia non olet», «Si Dios me hubiera pedido consejo cuando llevó a cabo la Creación, le hubiera sugerido un modelo más sencillo de universo», «Tengo miedo. La cabeza se me va», «Si las mujeres fuesen educadas como los hombres, y se emplease tanto tiempo y medios en instruirlas, podrían igualarlos», «Ex ungue leonis», «Por favor, profesor Huxley: ¿desciende usted del mono por parte de abuela o de abuelo?», «El ser humano no volará jamás, porque volar les ha sido reservado a los ángeles», «¿Qué hay al norte del polo norte?», «Albert Einstein vivió aquí». Estas son, tan solo, un pequeño porcentaje del conjunto de citas que encontraréis en el libro, las cuales os resultarán más o menos familiares. Pero, en el fondo, ¿qué sabemos de ellas? Son preguntas en busca de respuestas, textos en contextos.

Vaya por delante que no es este un libro de ciencia, sino de curiosidad. Algo que salta a la vista, nada más echarle un simple y rápido vistazo. Pero bueno, yo le prevengo. No. No van por ahí los tiros divulgadores. Para mí que este citario tiene la exactitud científica mínima, como para ponerle un «progresa adecuadamente» y va que arde. Lo que está bien, porque poco más pretendo en esa dirección. Mis intereses miran en otra. Una menos pretensiosa pero más pretendida. De ahí que este volumen haya terminado siendo una especie de colcha de petachos científicos surtidos, contrastantes y, ojalá, curiosos para usted. Pinceladas de color que pretenden aguijonear su interés y que este le lleve —así lo espero, lector— a buscar lecturas más recomendables. Y hablando de lecturas y lectores, a pocos de ustedes escapa el hecho de que libros como el que tiene en sus manos no son de quienes los firman. Entiéndanme. Sí, los habremos escritos. Pero poco más. Muy poco más. No lo son porque de su contenido, las citas, siempre encontraremos a alguien que las refirió antes. Incluso puede que este sea su propio autor o un testigo presencial del sucedido. No le digo más. Unas citas de cuyas lecturas traslucimos que los científicos, por muy geniales que hayan resultado ser, en el fondo no son tan diferentes de nosotros como personas. Y estará conmigo que el saber que son «humanos», a pesar de su grandeza, nos reconforta. Al fin y al cabo, dejando a un lado las diferencias diferenciadoras, nos iguala una semejanza: el hecho de pertenecer a la misma especie animal. Lo que resulta tranquilizador. De las propias citas en sí, poco que decir salvo que no son más que eso. Frases de las que casi poco importa que sean auténticas o atribuidas, con tal que nos bien revelen al personaje. Porque, de ser así, bien pudiera ser entonces que una cita valiera más que mil documentos. Citas que por cierto están realizadas para que sean unidades de lecturas completas en sí mismas, pero permeables entre sí. De modo que podrá encontrar nexos entre unas y otras. Una nueva forma de leerlas. En lo que respecta a la elección del centón, es más que evidente que no están todas las que son. De modo que el libro no es solo inexacto sino, esencialmente, incompleto. Por último, le decía más arriba que el libro no es mío. Bien, no lo es totalmente, pero los errores que en él aparezcan sí. De ahí que aproveche esta nota para dejarle correo electrónico, carlosroque@ono.com, y blog, Enroquedeciencia.es, por si tiene a bien ponerse en contacto conmigo y dármelos a conocer. Gratitud por ello. En cualquier caso, espero que disfrute con su lectura al menos tanto como yo al escribirlo. Me viene a la memoria la quevedesca cita referida a los prólogos, la de «Dios te libre, lector, de prólogos largos y…». Por lo que le dejo.