Una crónica personal y periodística que recuerda uno de los momentos más dramáticos de la historia europea reciente, la guerra en Bosnia y el cerco de Sarajevo.

En nuestro imaginario, Sarajevo es un topónimo vinculado con el asedio, la supervivencia,
el horror. En el contexto de la guerra de Bosnia, a principios de los años 90, la ciudad se convirtió
en una red de balas cruzadas y proyectos culturales, de destinos negados y de gestos esperanzadores, de carestía e imaginación. Como Susan Sontag o Juan Goytisolo, Alfonso Armada estuvo allí y nos lo cuenta. Lo hace con una prosa precisa y lírica, que recurre tanto a la bitácora como a la crónica, tanto al apunte personal como al texto de opinión, para transmitir la complejidad del conflicto que decidió la Europa del siglo XXI en un libro lleno de desgarros.
Lo acompañan dos grandes conocedores de la antigua Yugoslavia: con sus fotografías el prestigioso fotorreportero Gervasio Sánchez compañero de viaje del autor, que también fue testigo de la guerra; y con su prólogo, Clara Usón, autora de una novela indispensable sobre el tema, La hija del Este.
En la década de
1890

Sarajevo". Alfonso Armada. Malpaso ediciones.

Nuestro autor del mes es Alfonso Armada. Por mostrarnos Sarajevo con cabeza y corazón y por alzar la voz en contra del periodismo ideológico de hoy. En Sarajevo, el libro que acaba de publicar con Malpaso, Armada recupera material vario y valioso de hace veinte años para que no olvidemos la guerra de Bosnia. Sus crónicas periodísticas escritas para El País se mezclan con notas de su diario escritas para sí (reflexiones íntimas sobre cómo escribir una guerra, la propia profesión o el sentido de lo que haces) dando vida a más de doscientas páginas que ofrecen una mirada rica y emocionante; respaldada con prólogo de Clara Usón e imágenes de Gervasio Sánchez.

 

 

Alfonso Armada (Vigo, 1958) ha trabajado en los periódicos El Faro de Vigo, El País y, actualmente, en ABC, donde es director adjunto. Ha sido corresponsal en la República Democrática del Congo, Ruanda, Liberia, Angola, Mozambique, en Nueva York cuando se produjo el ataque a las Torres Gemelas y en Sarajevo durante la guerra de Bosnia. Ha publicado, entre otros, Cuadernos Africanos (1998-2002), España, de sol a sol (2001),Nueva York, el deseo y la quimera(2007) y El silencio de Dios y otras metáforas.Una correspondencia entre África y Nueva York (2008).

 

 

 

 

 

 

En nuestro imaginario, Sarajevo es un topónimo vinculado con el asedio, la supervivencia, el horror. En el contexto de la guerra de Bosnia, a principios de los años 90, la ciudad se convirtió

en una red de balas cruzadas y proyectos culturales, de destinos negados y de gestos esperanzadores, de carestía e imaginación. Como Susan Sontag o Juan Goytisolo, Alfonso Armada estuvo allí y nos lo cuenta. Lo hace con una prosa precisa y lírica, que recurre tanto a la bitácora como a la crónica, tanto al apunte personal como al texto de opinión, para transmitir la complejidad del conflicto que decidió la Europa del siglo XXI en un libro lleno de desgarros.

Lo acompañan dos grandes conocedores de la antigua Yugoslavia: con sus fotografías el prestigioso fotorreportero Gervasio Sánchez compañero de viaje del autor, que también fue testigo de la guerra; y con su prólogo, Clara Usón, autora de una novela indispensable sobre el tema, La hija del Este.

 

 

Ser corresponsal de guerra es uno de los oficios más duros que existe. No ya por el hecho de tener que desempeñar tu trabajo escoltado por el sonido infernal que emite la maquinaria militar, sino por tener que hacer un constante ejercicio lúcido de imparcialidad cuando uno ve con sus propios ojos cómo la propia condición humana impera tomando la forma de brazo ejecutor de la muerte. La editorial Malpaso nos presenta la visión de la Guerra de Bosnia a través de los ojos y la pluma de Alfonso Armada, antiguo corresponsal del diario El País en el momento de la contienda, y hasta hace unos meses adjunto al director del periódico ABC. Nacido en Vigo en el año 1958, antes de ser enviado a los Balcanes, ya había sido corresponsal en las guerras civiles acaecidas en Ruanda y la República Democrática del Congo así como en Angola, Liberia y Mozambique. Con semejante currículum, pocos mejores que el periodista gallego para hablar del asedio a la ciudad de Sarajevo, la capital de la República de Bosnia-Herzegovina. De los muchos episodios cruentos que se sucedieron en la península durante la Guerra de los Balcanes, la de Bosnia fue, sin lugar a dudas, el símbolo no ya de un conflicto étnico, político y religioso gestándose desde la muerte de Tito, sino el enésimo fracaso de la comunidad internacional ante casi todos los retos que se les han planteado.
Armada, a través de una prosa sencilla y por momentos poética, recupera las crónicas que en su momento escribió para el diario propiedad del grupo PRISA durante el tiempo que ejerció su labor en la zona, así como sus diarios íntimos. El vigués, a través de poco más de doscientas página, lejos de preguntarse sobre la naturaleza de la guerra, reflexiona sobre la necesidad de la ecuanimidad que ha de tener un periodista cuando es testigo ocular de violaciones masivas de derechos humanos. Para él, escribir, tal y como relata en cada uno de sus diarios, es una forma de acercar el periodismo a todos los activos de la sociedad. A menudo incurre, ciertamente, en un idealismo un tanto romántico; pero cuando tus únicos refugios son tus cuadernos de notas, el miedo o compañeros que quizás no vayas a ver al día siguiente por los avatares que rodean a todo conflicto bélico, uno ha de tener su propia ventana sobre la que prefigurar un mundo donde refugiarse del horror y la barbarie. Así las cosas, Armada, con una brillante exposición de los hechos, nos comenta cómo el corazón, el más visceral de nuestros órganos, es capaz incluso de forjar verjas hermosas en tiempos de decadencia. Admirable ver cómo, dejando de lado esa melancolía y ese pavor que producen tanto la soledad como el desencanto con el mundo exterior e instituciones como la OTAN, la Unión Europea y Naciones Unidas, es capaz de dibujar con sus recuerdos la imagen de una Sarajevo que fue siempre el principal nexo cultural de los Balcanes con Europa y los vestigios del antiguo Imperio astrohúngaro.
Ciertamente, atacar la capital de Bosnia tenía una connotación estratégica importantísima. En el concepto de limpieza étnica que Milosevic y Karadzic querían llevar a cabo, sojuzgar un país que siempre había sido el equivalente de la ciudad de Toledo en los Balcanes, con su confluencia de inmigrantes musulmanes, judíos, así como serbios y croatas, constituía un elemento fundamental para la construcción de esa perversa Gran Serbia que querían llevar a cabo. El periodista vigués reflexiona lúcidamente sobre la inacción de las citadas instituciones, la tibieza mostrada con los máximos dirigentes de Yugoslavia y la República Sprska -¿cómo no recordar a Javier Solana, secretario general de la OTAN, tan diplomático y complaciente con el propio Milosevic? ¿Cómo borrar el oprobio y la ignominia que supuso para la comunidad internacional la escalofriante matanza de Sbrenica, donde ocho mil refugiados bosnio-musulmanes fueron asesinados en una zona que controlaban los cascos azules holandeses y que la propia Naciones Unidas declaró como segura?- y, en resumidas cuentas, el silencio cómplice de todos aquellos destinados para velar por la seguridad de la población civil y que fueron instrumentos en manos de los de siempre.

 

 


Sin embargo, Alfonso Armada es capaz, todavía de hacer retratos absolutamente conmovedores, elogiando y ensalzando la capacidad de lucha y sacrificio de los bosnios y su incesante búsqueda de la dignidad y la normalidad incluso cuando las agresiones sexuales, las restricciones de agua potable y de alimentos eran alarmantes. La crónica en la que habla del Teatro de Guerra de Sarajevo, con esos actores fuertes y persistentes en la labor social y moral que ha de cumplir el arte en defensa de los derechos y las libertades y el compromiso asumido con aquellas personas que, sorteando los francotiradores, buscando puntos en los que resguardarse del estallido de las bombas, de los restos de metralla, aún conservaban el deseo de asistir al teatro -en un gesto que Samuel Beckett habría aprobado con una sonrisa-, directamente desgarran el corazón. Sarajevo fue el puñal de Europa durante los noventa; y el periodista nos lo narra con maestría.
Su visión del periodismo, reluctante con la visión ideológica que sus compañeros de oficio tienen de éste, considera que la misión de alguien que ejerce ha de ser contar los hechos y no caer en el fariseísmo de una prensa que, a día de hoy, contamina ideológicamente más que informar, en muchos casos . Desgraciadamente, son muchos los antiguos periodistas o veteranos ya del gremio -como Reverte o Gregorio Morán– quienes han criticado duramente cómo los medios de comunicación, lo mismo cumplen una función esencial controlando la labor del poder ejecutivo que con su estupidez y sectarismo, desmochan la pluralidad para ejercer de vocingleros de quienes gobiernan o de las empresas. Periodista de raza, dignifica a la perfección la labor que Ernest Hemingway con Adiós a las Armas y Por Quién Doblan las Campanas, Ryszard Kapuściński o Truman Capote hicieron en su momento. Elogiable la capacidad de síntesis, su compromiso con la libertad, y cómo nos enseña que, obviando el miedo, el amor es el motor del corazón, y que el recuerdo de una persona que nos esté velando en la distancia en ese preciso momento en que acometemos empresas de gran magnitud, nos aleja del corazón esa angustia y opresión para sentirnos más vivos. Excelente libro y excelente la editorial, mostrando también su compromiso con la defensa de los derechos humanos, civiles y políticos.

 

Entrevista a Alfonso Armada, periodista

El periodista Alfonso Armada publica “Sarajevo”, basada en sus diarios personales sobre la Guerra de Bosnia
Huye tajantemente de ser catalogado como corresponsal de guerra. A pesar de haber sido enviado especial de El País en la Guerra de los Balcanes o en Africa -cubriendo masacres de la talla de la matanza entre hutus y tutsis- Alfonso Armada se considera un cronista, que cuenta cómo viven el conflicto las comunidades fragmentadas en bandos o cómo conviven los individuos con las bombas, los francotiradores y la destrucción. Porque la vida, en una guerra, sigue. Su libro “Sarajevo, diarios de la guerra de Bosnia” -editorial Malpaso- cuenta historias cotidianas.

Armada insiste en que, aunque la guerra de Bosnia estuvo muy bien cubierta por los medios de comunicación, no tuvo ni consecuencias directas ni demasiada influencia, en la política internacional, en los planes de la OTAN o en las estrategias de la ONU. Sin embargo, despertó una consciencia nacionalista en la población autóctona que la llevó al odio más visceral por su vecino. le recuerda mucho, afirma, a lo que ocurrió en la Guerra Civil española, aunque no la vivió, porque los dramas personales adquieren una dimensión excepcional.

Aunque el periodista siempre intenta que la crónica sea valiosa y cuidarla para que se pueda leer en el futuro como una obra literaria, “Sarajevo” no está basada en las crónicas que Armada enviaba al diario, sino en sus propios diarios personales. En esas “crónicas” íntimas y secretas que al final del día se escriben para no olvidar ni un detalle, pero que, inconscientemente, siempre esperan ser leídas.

“Un horizonte de grajos, cuervos, urracas y pájaros sin nombre desmenuza el horizonte con sus picos de hierro colado y sus gargantas afiladas por el frío. Nevó ayer, pero ni los almiares ni la hierba de Kiseljak conservan un rastro indeleble de la nieve. El frío es todavía un asunto tolerable. El boletín de las siete de la mañana en la BBC dice que el mundo, a pesar de todo, sigue su orden inútil. Nos levantamos como para corregir la deriva de los continentes, pero toda la tarea acaba siendo mucho más modesta”. Era lunes 7 de diciembre de 1992 cuando Alfonso Armada escribía este pensamiento en su diario. AL fin y al cabo, al finalizar el día podría estar muerto.

Pero lo curioso es que, según el autor, lo primero que se pierde cuando se viven intensamente conflictos fratricidas como la Guerra de Bosnia es eso mismo, el miedo; para sustituirlo por indignación, rabia o, a veces, desesperación. “¿De qué escribir contra el mal?. ¿Contra el mal de qué escribir?. ¿Con qué escribo el mal?. ¿Con qué clase de hastío escribo la desesperación y con qué clase de tinta la tristeza, el dolor, el cansancio del cansancio y el cansancio de la desesperación y el cansancio de la esperanza?. Otro cañonazo, otro minuto, otros bosnio que desaparece….”, escribía Armada el miércoles 14 de julio de 1993. Y es que, según él, siempre hay culpables. No es cierta esa falacia de que en estos conflictos no hay culpables.

Tras esta entrevista que les ofrecemos en formato de vídeo/TV, le pedí a Alfonso Armada que me dedicara su libro. “con el deseo de que estas memorias de una guerra que me dejó una huella imborrable no te dejen indiferente”, dice en su dedicatoria. No Alfonso. La lectura de tu libro no me ha dejado indiferente.
Escuchen, en esta entrevista, lo que un periodista de oficio piensa sobre el tiempo en qué vivimos.

Informe Semanal - 20 años de la guerra de Bosnia Félix Rodríguez Sanjurjo