LA CIUDAD DE LOS DEMONIOS..Premiado por la Fundación para la Protección Social de la OMC Ricardo Seixas recibe en Oporto una misteriosa carta en la que el doctor Bohígas lo cita en Barcelona, donde aún no ha sido sofocada la epidemia de posesos y proliferan los disturbios sociales. Cuando acude a saludar a mossén Cinto Verdaguer, el célebre escritor y sacerdote, a la iglesia de Belén de la [...]

Por Montserrat Rico Góngora

Ricardo Seixas recibe en Oporto una misteriosa carta en la que el doctor Bohígas lo cita en Barcelona, donde aún no ha sido sofocada la epidemia de posesos y proliferan los disturbios. Cuando acude a salu¬dar a mossén Cinto Verdaguer, el célebre escritor y sacerdote, a la iglesia de Belén de la Rambla —sin sospechar que a esas horas ya agoniza en Vila Joana—, la sacristía acaba de ser asaltada. Convertido en blanco de las sospechas policiales, Seixas habrá de improvisar su propia justicia al socaire de los acontecimientos y reencontrará de manera inesperada el amor perdido y algo de lo que, sin saberlo, dejó en la ciudad.
En la segunda mitad del siglo XIX, el progreso científico y tecnológico, herencia del racionalismo ilus¬trado, fue incapaz de desprenderse del lastre de la superchería. Al poeta y clérigo Jacinto Verdaguer se le tildó de loco, pero en su locura fluía la lucidez con la que supo depurar como nadie la lengua materna hasta convertirla en el idioma que elevó a las más altas cimas. El insigne autor, inmortalizado en el re¬cuerdo de muchos apenas en un billete azul de quinientas pesetas, creyó ser víctima de una persecución diabólica. Al margen de cualquier juicio acerca de su salud mental, parece indudable por los testimonios del tercer marqués de Comillas que algún fenómeno extraordinario y sobrenatural tuvo lugar en la cá¬mara que, en el palacio de la Puertaferrisa, su tío le había asignado.
Videntes y espiritistas rodearon al poeta, exorcista y limosnero —la caridad era el único paliativo a la falta de derechos sociales—, en la misma época que recrea con notable rigor histórico La Ciudad de los Demonios. Una memorable novela que nos descubre también la labor del Instituto Microbiológico de Barcelona, el complejo desarrollo de la medicina y los grandes escollos que tuvo que salvar la ciencia en una era en la que el engaño y la superstición campaban por sus respetos.

La Ciudad de los Demonios...II Premio Albert Jovell de Novela

Monserrat Rico Góngora
Nacida en Barcelona en 1964, comienza a colaborar en 1991 en la publicación Alhora, en 1996 en la publicación Historia y Vida y en 2005 en la revista Andalucía en la Historia. Más tarde, lo hará asimismo en Enigmas y Más Allá, entre otras. Como novelista ha publicado títulos como Cartas a Lucrecia (Plaza & Janés, 2000), Bajo un cielo púrpura (Edaf, 2004), La abadía profanada (Planeta, 2007) y Pasajeros de la Niebla (Ediciones B, 2009), con gran éxito y traducciones a numerosos idiomas. Ha frecuentado también el género infantil con La Hormiga Anibal (Toromítico, 2012). En 1998 puso voz a poemas de Lorca en los actos conmemorativos celebrados en Cataluña con ocasión del Centenario de su nacimiento. En 2010 asesora y colabora en uno de los documentales producidos por la BBC de Londres y National Geographic The Holy Grail, que da a conocer -gracias a las investigaciones de la autora- los episodios más insólitos protagonizados por los nazis en busca del Santo Grial.

En la Barcelona de finales del XIX, el insigne poeta y clérigo Jacinto Verdaguer se consagra al exorcismo, rodeado de una corte de videntes y espiritistas

 

Almuzara presenta La ciudad de los demonios de Montserrat Rico

 

La ciudad de los demonios de Montserrat Rico Góngora - Premio de Novela Albert Jovell 2016- recupera la olvidada figura del escritor catalán Jacinto Verdaguer, controvertido sacerdote, quien se consagró al exorcismo rodeado de una corte de videntes y espiritistas.

 

Creyó ser víctima de una persecución diabólica, y parece indudable, por los testimonios del tercer marqués de Comillas, que algún fenómeno extraordinario y sobrenatural tuvo lugar.

 

Adalid de la literatura en lengua catalana e inmortalizado en el antiguo billete de quinientas pesetas, la historia comienza cuando Ricardo Seixas recibe en Oporto una misteriosa carta en la que el doctor Bohígas lo cita en Barcelona, donde aún no ha sido sofocada la epidemia de posesos y proliferan los disturbios sociales.

 

Cuando acude a saludar a la iglesia de Belén de la Rambla —sin sospechar que a esas horas ya agoniza en Vila Joana—, la sacristía acaba de ser asaltada.

 

Convertido en blanco de las sospechas policiales, Seixas habrá de improvisar su propia justicia al socaire de los acontecimientos y reencontrará de manera inesperada el amor perdido y algo de lo que, sin saberlo, dejó en la ciudad.

 

En definitiva, La Ciudad de los Demonios es una novela enmarcada en una época en la que el progreso científico y tecnológico fue incapaz de desprenderse del lastre de la superchería, videntes y espiritistas.

 

 

 

 

ENTREVISTA DE VALENTÍ FAINÉ A MONTSERRAT RICO GÓNGORA, AUTORA DE LA CIUDAD DE LOS DEMONIOS, PREMIO ALBERT JOVELL DE NOVELA 2016

 

¿Por qué ha escrito La Ciudad de los Demonios?   

Siempre tuve predilección por el estudio del siglo XIX. Literariamente me parece muy fácil edificar sus escenarios y su imaginario colectivo. Históricamente está a una distancia ideal para enteder la globalidad del siglo sin perder sus detalles. Esa era la época en la que nacieron mis abuelos, cuyos objetos cotidianos aún sobrevivían en los baúles de sus ajuares cuando yo vine al mundo. La figura de Verdaguer siempre me atrajo, pero para escribir una novela has de encotrar el tono, que viene a ser lo mismo que afinar un instrumento antes de un concierto. Un día, de manera inesperada, llegaron a mis manos apenas seis hojas de las memorias de un tío abuelo cuya existencia desconocía. Había nacido en Barcelona hacía 1880, es decir había sido coetáneo y conciudadano de Verdaguer. Eso me permitió oír una voz de aquella época que atravesaba los tiempos para describir sus miserias. Gracias a eso afiné esta rapsodia literaria.


¿En la Barcelona del siglo XIX abundaban los sucesos sobrenaturales?  

A veces pienso que lo más sobrenatural, en el sentido de extraordianrio, era la vida misma. Las epidemias abatían a las personas como moscas, las diferencais sociales eran muy marcadas, las jornadas laborales extenuantes... Mis bisabuelos ninguno se hizo anciano. Calculo que ninguno cumplió el medio siglo de vida. Sólo es uno ejemplo. La muerte señoreaba en las ciudades con la misma predilección por los ancianos que por los jóvenes, con los tintes de una tragedia griega. Sí, vivir era sobrenatural. Luego estaban los otros sucesos, esos que venían a conjurar esas mismas desgracias, muchas de las cuales eran atribuidas a la intercesión del demonio. Así lo barruntó Verdaguer en los días en que él mismo se creyó víctima de una posesión diabólica.  Entonces se le desató la fiebre exorcista que comenzó a practicar en el Palacio Moja, que ya había adquirido el marqués de Comillas, y donde vivía en calidad de capellán y limosnero. La novela no se aparta ni un ápice de la realidad.

Las Ramblas, otras calles con sus nombres auténticos, infinidad de detalles, demuestran que detrás de esta novela hay un gran trabajo de investigación. ¿Sería posible reconocer aún hoy los escenarios que describe la novela?

 

Por supuesto, lo que nos lleva  a pensar que lo más efímero no son los paisajes, sino las personas. El Palacio del marqués de Comillas aún luce espléndido en mitad de la Rambla. Y en la acera opuesta ocurre lo mismo con la Iglesia de Belén, donde volvió a dar misa Verdaguer después de ser rehabilitado eclesiásticamente. También existe la calle Mirallers, donde instaló la Casa de Oración y donde el tiempo parece haberse detenido. En cuanto al resto de escenarios donde se mueven los

protagonistas, en un corto recorrido, podríamos contemplar todavía el viejo Hospital de la Santa Cruz -que se mandó erigir en tiempos del Emperador Carlos V- o la deliciosa placita de San Felipe Neri.

 

Nombra en el libro a muchos personajes olvidados, y sobre todo al poeta Verdaguer ¿Esta novela es su biografía?

 

No para nada. Escribir una biografía son palabras mayores que exigen hacer un estudio del personaje en su globalidad.  Pero sí que he de decir que los datos que arrojan luz a su vida han sido tratados con suma honestidad para no desvirtuar al hombre que fue, ni la labor que realizó en un siglo en que la caridad fue el único paliativo a la falta de derechos sociales.

¿Le gustaría ver La Ciudad de los Demonios llevada al cine o con el premio ya se da por satisfecha?

  Llevar una novela al cine no imprescindible. La lectura  convierte a los personajes en maleables, toman la forma y la imagen que sugiere la inventiva del lector y eso en sí mismo en bueno.  Creo honestamente que mis novelas en general se hubieran adaptado bien al cine -con la salvedad de un título-, pero compartir su tutela con un director de cine me asustaría.  He visto muchas buenas novelas convertidas en malas películas y unas pocas novelas a las que el cine mejoró. Esta novela en particular creo que podría ser un éxito. La imagino con fotogramas envejecidos por el color sepia y como banda sonora la misma música que he oído tocar a mi marido en muchos momentos de su redacción.