Ambos blogueros, Ferrer y Fernández se conocieron hace cinco años en las redes sociales, ya que comparten la nostalgia de esa niñez que recuerdan en sus respectivos blogs (Elkioskodeakela.blogspot.com.es y Thosewerethetimesquetiemposaquellos.blogspot.com.es) y hasta hace poco no se vieron en persona.

Abrir una ventana a los juguetes que colmaban los kioscos de los 60 y 70 es el objetivo del libro "Aquellos maravillosos kioscos", en el que, como han dicho sus autores Miguel Fernández y Juan Pedro Ferrer, invitan al lector a "coquetear con la nostalgia sin quedar atrapado en ella".

Coleccionista impulsivo y funcionario en un ayuntamiento alicantino y dibujante, diseñador y guionista catalán, Juan Pedro Ferrer y Miguel Fernández, respectivamente, son dos blogueros, niños en los 60 y 70, que se conocieron a través de la red en la página "Yo también lo tuve", que supera ya los 37.000 seguidores.

Por las páginas del libro desfilan juguetes como las bolas locas, el yoyó, las ranitas, baratijas de plástico como las pistolitas de agua, las muñecas de Famosa, los Geyperman, la flauta India, las canicas, la cámara de fotos sorpresa, la Anatomía Humana desmontable, el cine Exin, los Juegos Reunidos Geyper o el popular paracaidista y otros objetos identificativos de la época como las pilas Tximist, el pitagol, los chicles Bazoka o los colores Alpino.

"Aquellos maravillosos kioscos" (Edaf) parte de "los borradores de memorias de infancia" que tenía Juan Pedro Ferrer, responsable de la página "El quiosco de Akela", a los que se ha unido el ingenio reflexivo y las ilustraciones de Miguel Fernández.

"Nos dimos cuenta de que fuera en Alicante, en Barcelona, en Madrid o en Bilbao, todos jugábamos a las mismas cosas, veíamos los mismos programas de televisión", ha dicho a Efe Fernández, quien resume el libro como "un relato de las vivencias de unos chavales que crecieron en el extrarradio y cuyo mundo giraba alrededor de un kiosco".

De manera deliberada, añade Fernández, "junto a las ilustraciones vintage del libro aparecen modernos códigos QR, unos enlaces que remiten al lector a anuncios de la época tan populares como el de las muñecas de Famosa, el del Madelman o a un reportaje del No-Do de 1969".

Todos los objetos reproducidos son originales, de los cuales el 90 % pertenecen a la colección de Juan Pedro Ferrer, y la visión social de la época se completa con documentos de los archivos de Almansa, Alicante y Sant Adrià del Besós, entre ellos la única fotografía de época del juego del "churro-media manga-mangotero", o del Domund, que ha cedido algunos de los carteles de sus colectas.

Otra de las rarezas recogidas en el libro es un sobre de "Hazañas bélicas" de Dunkin, de las que, según Ferrer, sólo se conserva uno.

Muchos de esos juguetes, se apresuran a advertir los autores, "hoy estarían directamente prohibidos", como las 'pulgas mágicas', que tenían aspecto de grageas; las bolas, que ya entonces causaron problemas en muñecas, además de moratones; o los "Montaplex", sobres sorpresa con ejércitos de plástico inyectado formados por figuras de 2 centímetros, que hoy los niños podrían tragarse.

El "churro" también estaría hoy prohibido, dice Fernández, pues las lesiones en la espalda lo desaconsejarían.

"La calle era el lugar donde los niños se relacionaban", apostillan los autores, pues era donde jugaban al fútbol, a la guerra, al látigo, a la estatua, al churro, a las carreras con chapas, las chicas a las gomas, "algo que se acabó cuando los descampados de las ciudades acabaron urbanizados".

La utilidad del descampado, añade Fernández, varió con el tiempo: "Pasó de ser el lugar de los juegos, a sitio donde se escondían los cigarrillos y finalmente donde se hacían otras cosas".

Fernández piensa que "la nostalgia ha de ser terapéutica y se debe mirar atrás con una sonrisa, pero no quedar atrapados en ella: No debemos caer en la tristeza ni en la añoranza"

"Aquellos maravillosos kioscos" contempla la vida "como si fuera una galería curva en cuya ventana se pudiera ver el principio", describe el dibujante y diseñador barcelonés.

Y esa mirada al pasado sin rencor es la que explica, según los autores, el éxito que han tenido este tipo de libros, entre ellos el de "Yo también fui a EGB", porque, en definitiva, "la persona que recuerda vive dos veces".

Jose Oliva

 

Rememoramos el pasado con 'Aquellos maravillosos kioscos'

"Nos dimos cuenta de que fuera en Alicante, en Barcelona, en Madrid o en Bilbao, todos jugábamos a las mismas cosas, veíamos los mismos programas de televisión", ha dicho a Efe Fernández, quien resume el libro como "un relato de las vivencias de unos chavales que crecieron en el extrarradio y cuyo mundo giraba alrededor de un kiosco".

De manera deliberada, añade Fernández, "junto a las ilustraciones vintage del libro aparecen modernos códigos QR, unos enlaces que remiten al lector a anuncios de la época tan populares como el de las muñecas de Famosa, el del Madelman o a un reportaje del No-Do de 1969".

Todos los objetos reproducidos son originales, de los cuales el 90 % pertenecen a la colección de Juan Pedro Ferrer, y la visión social de la época se completa con documentos de los archivos de Almansa, Alicante y Sant Adrià del Besós, entre ellos la única fotografía de época del juego del "churro-media manga-mangotero", o del Domund, que ha cedido algunos de los carteles de sus colectas.

Otra de las rarezas recogidas en el libro es un sobre de 'Hazañas bélicas' de Dunkin, de las que, según Ferrer, sólo se conserva uno.

Muchos de esos juguetes, se apresuran a advertir los autores, "hoy estarían directamente prohibidos", como las 'pulgas mágicas', que tenían aspecto de grageas; las bolas, que ya entonces causaron problemas en muñecas, además de moratones; o los 'Montaplex', sobres sorpresa con ejércitos de plástico inyectado formados por figuras de 2 centímetros, que hoy los niños podrían tragarse.

El "churro" también estaría hoy prohibido, dice Fernández, pues las lesiones en la espalda lo desaconsejarían.

"La calle era el lugar donde los niños se relacionaban", apostillan los autores, pues era donde jugaban al fútbol, a la guerra, al látigo, a la estatua, al churro, a las carreras con chapas, las chicas a las gomas, "algo que se acabó cuando los descampados de las ciudades acabaron urbanizados".

La utilidad del descampado, añade Fernández, varió con el tiempo: "Pasó de ser el lugar de los juegos, a sitio donde se escondían los cigarrillos y finalmente donde se hacían otras cosas".

Fernández piensa que "la nostalgia ha de ser terapéutica y se debe mirar atrás con una sonrisa pero no quedar atrapados en ella: No debemos caer en la tristeza ni en la añoranza"

"Aquellos maravillosos kioscos" contempla la vida "como si fuera una galería curva en cuya ventana se pudiera ver el principio", describe el dibujante y diseñador barcelonés.

Y esa mirada al pasado sin rencor es la que explica, según los autores, el éxito que han tenido este tipo de libros, entre ellos el de 'Yo también fui a EGB', porque, en definitiva, "la persona que recuerda vive dos veces".

Opina un aprendiz de grandes opinadores, valenti fainë

Aquellos maravillosos kioscos es un libro «para pasar un rato agradable, sonreír en algunos casos y llevarte a tiempos mejores que son los años de infancia». Sobre esta necesidad de recordar la niñez de generaciones que pasaron del blanco y negro al color, Ferrer considera que si bien «la generación de nuestros padres vivió padecimientos excesivos en la posguerra y estaba más ocupada en otras cosas, en la nuestra surgieron muchas cosas nuevas: la música, los jipis, la llegada del hombre a la Luna... Era un despertar del diseño, una época de colorido y liberación