Miguel de Cervantes, a su vuelta del cautiverio de Argel, se gana la vida como funcionario en el laberinto de la corte. Entre sus tareas contrastadas fi guran la de ser discreto correo real en Orán, comisario de abastos, cobrador de impuestos, «juez ejecutor de su Majestad» y, a ratos, escritor en busca de nuevos retos. La leyenda dice que fue en la cárcel, que lo acogió en su laberinto varias veces, donde mayor sosiego encontró para sus aficiones literarias. En estos veinticinco años también tuvo tiempo de tener amores con Ana Franca, reconocer a su hija natural Isabel de Saavedra y casarse en Esquivias con Catalina de Salazar.
De 1580 a 1604 Cervantes publica algunos poemas, la novela pastoril de La Galatea y estrena más de veinte o treinta comedias, recibidas con «general y gustoso aplauso». Madrid, Toledo y Andalucía serán sus laberintos de azar hasta llegar a Valladolid.
¿Siguió Cervantes a sus hermanas a Valladolid, detrás de los contratos cortesanos de costura, con lo que ellas sobrevivían? ¿O lo hizo pensando en los nuevos “negocios” que siempre se producen en la Corte, donde el préstamo y las deudas eran algo habitual, cotidiano? ¿Acaso las rentas de la familia de su mujer Catalina no le permitirían llevar una vida sosegada al final de sus años, después de tantos sueños rotos, de tantas promesas incumplidas en Esquivias?
José Manuel Lucía Megías, cervantista de primera línea. Comisario de más de una decena de exposiciones de tema cervantino. Catedrático de Filología Románica Universidad Complutense de Madrid. Presidente de honor de la Asociación de Cervantistas. Asesor científico de la Comisión Nacional Cervantes 2016.
Comisario de la exposición nacional “Miguel de Cervantes. De la vida al mito” con la que se conmemora oficialmente el cuarto centenario de la muerte de Cervantes en la Biblioteca Nacional de España. Titular de la Cátedra Cervantes de la Universidad Nacional del Centro (Argentina). Bachiller de honor de Argamasilla de Alba. Vicepresidente de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval.

José Manuel Lucía Megías, cervantista de primera línea. Comisario de más de una decena de exposiciones de tema cervantino. Catedrático de Filología Románica Universidad Complutense de Madrid. Presidente de honor de la Asociación de Cervantistas. Asesor científico de la Comisión Nacional Cervantes 2016.
Comisario de la exposición nacional “Miguel de Cervantes. De la vida al mito” con la que se conmemora oficialmente el cuarto centenario de la muerte de Cervantes en la Biblioteca Nacional de España. Titular de la Cátedra Cervantes de la Universidad Nacional del Centro (Argentina). Bachiller de honor de Argamasilla de Alba. Vicepresidente de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval.

 

Vuelve José Manuel Lucía Megías vuelve para contarnos más detalles de la interesante vida de Miguel de Cervantes. Después de su anterior obra sobre la juventud del escritor, acaba de aparecer una nueva obra que nos habla de su madurez, y que abarca los años desde 1580 a 1604. El libro está dividido en tres grandes capítulos: En el laberinto de la Corte, En el laberinto de las Letras y En el laberinto de las cuentas reales, a los que hay que añadir un breve epílogo sobre su estancia en Valladolid, en el traslado de la Corte a esa ciudad. A ello hay que sumar una extensa bibliografía seleccionada y dos índices, onomástico y toponímico. Una interesante obra que complementa su primer libro y de absoluto interés para amantes de la obra del genial escritor.

Miguel de Cervantes, a su vuelta del cautiverio de Argel, se gana la vida como funcionario en el laberinto de la corte. Entre sus tareas contrastadas figuran la de ser discreto correo real en Orán, comisario de abastos, cobrador de impuestos, «juez ejecutor de su Majestad» y, a ratos, escritor en busca de nuevos retos. La leyenda dice que fue en la cárcel, que lo acogió en su laberinto varias veces, donde mayor sosiego encontró para sus aficiones literarias. En estos veinticinco años también tuvo tiempo de tener amores con Ana Franca, reconocer a su hija natural Isabel de Saavedra y casarse en Esquivias con Catalina de Salazar.
De 1580 a 1604 Cervantes publica algunos poemas, la novela pastoril de La Galatea y estrena más de veinte o treinta comedias, recibidas con «general y gustoso aplauso». Madrid, Toledo y Andalucía serán sus laberintos de azar hasta llegar a Valladolid.
¿Siguió Cervantes a sus hermanas a Valladolid, detrás de los contratos cortesanos de costura, con lo que ellas sobrevivían? ¿O lo hizo pensando en los nuevos “negocios” que siempre se producen en la Corte, donde el préstamo y las deudas eran algo habitual, cotidiano? ¿Acaso las rentas de la familia de su mujer Catalina no le permitirían llevar una vida sosegada al final de sus años, después de tantos sueños rotos, de tantas promesas incumplidas en Esquivias

 

 

 

 

 

 

Sus primeros años de formación tienen como escenario su ciudad natal y diversas poblaciones españolas (Madrid, Valladolid, quizás Córdoba o Sevilla...) a las que su padre, Rodrigo de Cervantes, se vería obligado a trasladarse a causa de su profesión de cirujano. En 1566, lo encontramos ya instalado con su familia en la capital de España, donde asiste a las clases del gramático y humanista Juan López de Hoyos. Con poco más de 20 años, parte hacia Italia como miembro del séquito del cardenal Acquaviva, quizás huyendo de los requerimientos de la justicia tras un desafortunado duelo1 . Allí toma contacto con el arte renacentista italiano. En 1570, se alista en el ejército y un año más tarde participará en la famosa batalla de Lepanto, de donde volverá maltrecho a causa de la malaria y las heridas sufridas en el pecho y en la mano izquierda, que le quedará inútil para el resto de sus días. Tras su recuperación, participa en otras campañas contra los turcos en Grecia y Túnez. En 1575 inicia, junto a su hermano, su regreso a España, pero la mala suerte quiso que su galera, la Sol, fuese apresada por piratas berberiscos, de modo que Cervantes sufrirá cinco años de cautiverio en las prisiones de Argel. Tras un cuantioso rescate, pagado por su familia, regresa a Madrid en 1580. Imposibilitada ya su carrera militar, Cervantes sueña con conseguir, gracias a la mediación de algunos amigos bien relacionados en la corte de Felipe II, algún puesto en el Estado o en la administración de los territorios americanos. Sin embargo, sus esperanzas se van desvaneciendo y se irá abriendo camino el hombre de letras. Cervantes publica en 1585 La Galatea y estrena con escaso éxito algunos de sus proyectos teatrales. Casado con Catalina de Salazar, 19 años más joven que él, y agobiado por su escasez monetaria, Cervantes parte hacia Sevilla, donde consigue ser nombrado comisario real de abastos, con el difícil encargo de recaudar víveres e impuestos para el abastecimiento de la Armada Invencible. Pero los problemas de Cervantes continúan: a la excomunión promulgada por el clero andaluz debido a la forma de requisar grano en sus campos, hay que sumar los dos encarcelamientos del escritor (1592 y 1597) por una serie de irregularidades contables. Al salir de prisión, abandona Sevilla y deja su puesto de trabajo. Residirá alternativamente en Toledo, Madrid y Valladolid, donde en 1604 pone punto y final a la primera parte de El Quijote. A partir de su publicación en 1605, Cervantes inicia un decenio de producción febril 1 Se conserva un acta judicial de esa época en la que se condena a un tal Miguel de Cervantes (quizás el autor) “a que con vergüenza pública le fuese cortada la mano derecha y en destierro [...] por tiempo de diez años”. Resulta un tanto irónica la trayectoria vital posterior del autor. 2 que le llevará a crear la mayor parte de sus obras (Los trabajos de Persiles y Sigismunda; Novelas ejemplares; Comedias y entremeses; Segunda parte de El Quijote), así como a disfrutar de un cierto reconocimiento literario. No exento, sin embargo, de estrecheces económicas, a las que quizá la posteridad deba dar las gracias por servir como acicate para el genial escritor. Cervantes muere el 23 de abril de 1616 en Madrid y fue enterrado en un convento de monjas trinitarias. El propio Miguel de Cervantes nos legó, en el prólogo de las Novelas ejemplares, un curioso autorretrato: Este que véis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, [...] La obra de Cervantes abarca el cultivo de los tres principales géneros: poesía, teatro y narrativa. En este último es con el que obtiene mayor éxito, y al que dedicaremos una atención más detenida a lo largo de la unidad. 2. LA POESÍA DE MIGUEL DE CERVANTES La labor poética de Cervantes ha quedado un tanto oscurecida por su fortuna como novelista y como creador de entremeses. Sus versos nunca han merecido la misma valoración que el resto de sus manifestaciones literarias, actitud que quizás el mismo autor comparte, si atendemos a lo que con modestia escribe en el Viaje del Parnaso: “Yo, que siempre trabajo y me desvelo / por parecer que tengo de poeta / la gracia que no quiso darme el cielo”. Sin embargo, Cervantes fue un más que notable poeta, cuya obra ha aparecido a través de publicaciones dispersas o intercaladas en sus obras teatrales y narrativas. Su volumen poético más relevante está formado por el Viaje del Parnaso (1614), imaginaria estancia del poeta en el reino de las musas, que es aprovechada para hacer crítica y criba del panorama literario de su época. Gran parte de su potencial satírico y de la expectación creada en el momento se pierden hoy en día al apropiarse el olvido de muchos de los nombres que por la obra desfilan. El estilo poético de Cervantes se mueve dentro de los modos marcados por el petrarquismo italianizante y tampoco le son ajenas las formas populares. Uno de los poemas que quizás mejor ha soportado el paso de los años sea el soneto satírico dedicado a la tumba de Felipe II, que a continuación transcribimos a modo de muestra: Retrato imaginario de Cervantes 3 AL TÚMULO2 DEL REY QUE SE HIZO EN SEVILLA3 - ¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza y que diera un doblón por describilla!, porque ¿a quién no suspende y maravilla esta máquina insigne, esta riqueza? ¡Por Jesucristo vivo, cada pieza vale más que un millón, y que es mancilla que esto no dure un siglo, oh gran Sevilla, Roma triunfante en ánimo y nobleza! ¡Apostaré que la ánima del muerto, por gozar este sitio, hoy ha dejado el cielo, de que goza eternamente!- Esto oyó un valentón y dijo: -¡Es cierto lo que dice voacé4 , seor soldado, y quien dijere lo contrario miente! Y luego, incontinente5 , caló el chapeo6 , requirió la espada, miró al soslayo7 , fuese, y no hubo nada. 3. EL TEATRO DE MIGUEL DE CERVANTES Cervantes ilustra perfectamente el cambio que se produce a fines de siglo en la comedia española. Sus cinco años de cautiverio en Argel le impiden conocer los hallazgos de Lope de Vega y así escribe: