Doctor José Cabrera (Médico y psiquiatra forense) “Este es el caso de mi implicación con Atlantis, el compromiso de estar junto a personas que lo que tienen les ha costado mucho esfuerzo. Son este tipo de Editoriales las que te compensan”.

Carlos Cué (Periodista en Radio Inter) “Tuve el acierto y la fortuna de dirigirme a Ediciones Atlantis, donde desde el primer segundo me vi rodeado de auténticos profesionales que sabían muy bien cómo hacer su trabajo”.

José Vaccaro Ruiz (Abogado y arquitecto) “No puedo olvidarme tampoco de la promoción internacional que Ediciones Atlantis desarrolla en beneficio de sus autores. En mi caso ha significado la traducción y publicación de “La Vía Láctea” y “La Granja” en Bulgaria”.

Javier Espinosa (Escritor) “Ediciones Atlantis me trató como si fuese el único escritor en el mundo. Me hizo y me hace sentir especial. Y esa es la forma de hacerte crecer día a día. Me sentí arropado. Me sentí apoyado”.

Si quieres conocer otras opiniones sobre nosotros puedes entrar en la web que crearon de forma independiente algunos de nuestros autores publicados: http://www.escritoresatlantis.com/opiniones-de-ediciones-atlantis/

Narragoniem

Narragoniem es una narración novelada que tiene su origen en las últimas preocupaciones de Chema: el mundo de la discapacidad intelectual. Hace cinco años, junto a la federación Plena inclusión Comunidad Valenciana encabezó con Juan Carlos Morcillo, psicólogo y técnico de esta federación, un proyecto singular llamado “Escuela de Pensamiento Libre” en el cual se escuchan las voces filosóficas de las personas con discapacidad.

En este contexto, Chema, comenzó a investigar en la historia de la discapacidad remontándose a los archivos de inicios del siglo XIX en los cuales aparecen historias de idiotas encerrados en manicomios a los cuales se les arrebata la dignidad humana. Estas inquietudes le llevaron a concebir un relato en el cual los protagonistas son las voces de locos e idiotas que, desde la sinrazón, le hablan a un hombre de bien, a un político poderoso, a un ser al que todos admiran pero que, en su fuero interno, es un monstruo. El protagonista de la novela es un abogado del régimen franquista que tiene el poder de dar y de quitar la vida, de torturar y de humillar. Este político comete un acto ignominioso y, amante del arte como es, descubre que los únicos que pueden escuchar su confesión, son los idiotas, los orates, los tullidos, los locos que habitan dentro de los cuadros. Mientras observa esos cuadros de los museos más importantes del mundo, escucha las voces de los que la historia ha calificado como monstruosidades de la naturaleza y, en un juego dialógico de reflexiones, poco a poco, no sabemos quién es el monstruo y quién no lo es.
El sueño de la razón, de nuevo, vuelve a engendrar monstruos.

Con esos mimbres, el autor elabora un relato donde se mezcla el arte, el pensamiento, la política y la discapacidad reflexionando en ella sobre el poder, la locura o las relaciones entre razón y sinrazón.

La obra será presentada por el escritor y editor Emilio Pascual y el periodista José Antonio Martínez que, en el año 1976, saltó a las primeras planas de los periódicos porque, desde las cloacas del Estado, algún ser sin escrúpulos como el protagonista de la novela, ordenó su detención y tortura.

Nos gustaría que todas aquellas personas que tengan relación con el mundo de la discapacidad no se pierdan esta presentación porque es de las pocas obras literarias donde los protagonistas son los olvidados de la historia y de las historias.
Es un honor para nuestro Movimiento Asociativo poder contar con colaboradores como Chema que, en este caso desde la literatura, quieran visibilizar esas historias.

Como todavía no sabemos que sea eso de «narragoniem», el autor nos explica que al final de la presentación todos seremos un poco más narragonianos y trataremos de buscar ese lugar aunque tengamos que inventarlo.

 

 

Prólogo

Un abogado gris, normal y corriente, asciende a casi ministro de la Dictadura de Franco y consigue esconder sus presuntos crímenes, cometidos al amparo y con los medios de las cloacas del Estado.

La originalidad, surrealista y excéntrica, de este relato de José María Sánchez Alcón reside en que el protagonista, un letrado asesino, dialoga sobre el bien y el mal, sobre la racionalidad y la locura, con locos, necios, tarados, enanos, putas, tullidos y bobos que aparecen en los cuadros celebres de Velázquez, Goya, Gutiérrez Solana, Sorolla, de Kooning, El Bosco, etc.

Su título no engaña a nadie pues “Narragoniem” es, según he comprobado en Google, “el país de los locos”. El alto funcionario va hurgando en las historias truculentas de todos ellos pero se resiste a confesarles sus propias matanzas.

Después del “Elogio de la locura” de Erasmo de Rotterdam y de “la razón de la sinrazón” de Cervantes, los ilustrados enfrentaron la razón a la locura. Un avance notable si lo comparamos con la simpleza dogmática del bien frente al mal de los eclesiásticos medievales. Con el adelanto de la ciencia, llegamos a confundir buenos y malos con sanos y enfermos. Galdós, utiliza a Maxi, su loco en “Fortunata y Jacinta”, para recomendarnos no ser muy tajantes, a la hora de separar lo sano de lo enfermo, si queremos entender algo de la naturaleza humana.

Así llegamos, con el desarrollo de esta novela, casi negra, nada menos que al meollo de la obra, polémica y devastadora, “Eichmann en Jerusalem. Un informe sobre la banalidad del mal”, de Hannah Arendt. Para la filósofa judía alemana, el criminal nazi no era “un monstruo” ni “un pozo de maldad” sino un burócrata, una persona normal, que cumplía órdenes con celo y eficiencia. No había en él un sentimiento de “bien” o “mal” en sus actos. Salvando las distancia, así retrata Sánchez Alcón, más o menos, al protagonista de su relato.

El título completo de “Narragoniem” incluye, menos mal, “El sueño de la razón…” de Goya. Con ello, el autor nos da una pista sobre los monstruos que la razón nos crea a poco que nos descuidemos.  Sánchez Alcón se adentra, con cierta erudición histórica y literaria, y algún alarde filosófico, en “lo monstruoso racional”.

Se agradece el mimo con que trata nuestra lengua, lo que hace más atractiva la lectura. Ese cuidado exquisito se aprecia en la forma de contarnos los diálogos absurdos de este miembro distinguido del engranaje de las fuerzas de Seguridad de Estado con toda una galería de “monstruos” sacados de lienzos célebres que pertenecen la Historia del Arte.

Para Sánchez Alcón, el verdadero “monstruo” es el personaje principal. Para la España oficial aparece como un modelo de perfección, un triunfador. Sin embargo, ante sus interlocutores, salidos de los pinceles más famosos, se muestra como un ser sin escrúpulos, surgido de la clase dirigente del Estado franquista, capaz de cometer un crimen abominable.

Su obra comienza, naturalmente, con el descubrimiento, clásico en la historia de la novela, de una caja de documentos inéditos, espeluznantes, que el casi ministro de Franco entrega a un sargento de Inteligencia y éste a su sobrino. El relato es un juego ingenioso, entre divertido e inquietante, con las piezas de ese “ponzoñoso legado”.

La investigación y la documentación cuidadosas de Sánchez Alcón nos acercan, con interés creciente, a las distintas épocas de los inocentes, los bobos que se masturban en las “risas pascualis”, las antimisas de los bufones, los enajenados que matan por nada y que sueñan con viajar a Narragoniem.

El secretario de Estado de la Dictadura no se atreve a confesar sus atrocidades a sus tarados interlocutores, encerrados en los museos. La intriga del crimen o crímenes a distancia del protagonista añade un toque policíaco, de novela negra, que aumenta la curiosidad del lector por llegar hasta el final del relato.

Los locos hablan, a veces, como cuerdos: “Los finos y bien pensantes mortales han sido la peor de las calañas bajo el disfraz de la aparente normalidad” o “En la cohorte de subordinados están todos los males”. El arte del disimulo (la “taqiyya”, práctica recomendada por los ulemas a los musulmanes en tierras cristianas) toma aquí la forma de “hacerse el tonto”. Los necios tratan de sobrevivir en un mundo en el que “la bondad y la maldad son caras de la misma moneda”, según le dice Jovellanos, en un diálogo que roza el surrealismo, al tonto de Abundio.

El protagonista de la historia, un triunfador del Régimen, un sicópata narcisista con piel de cordero, apenas tiene una posibilidad de redención a través de un resquicio minúsculo pero esperanzador: el amor imposible de una joven virgen de su pueblo.

“¿Cuándo se empieza a dar uno cuenta de que es un miserable?”, se pregunta el presunto asesino. Para este letrado cínico, “mitad monstruo, mitad humano”, que asciende a las más altas cotas del Poder, “el mal y el bien siguen siendo inventos de esa humanidad debilitada por los afectos”. Desaprovecha el cable de salvación que, como doña Inés a don Juan, le echa el amor sin mácula de la joven Mercedes. El poder le corrompe. A través de varios simulacros, el autor nos acerca al poder real, al de verdad, o sea, al poder arbitrario que no conoce límites.

Se dice “eres más tonto que Abundio”. No es el caso del Abundio que dialoga con Jovellanos, allá por 1815, sobre al alma partida de los afrancesados: “Ninguno de nosotros es inocente”. Los ilustrados españoles se ven obligados a echar a las tropas invasoras de Napoleón, pese a estar de acuerdo con los ideales de la Revolución Francesa, y abren la puerta al absolutismo del Rey Felón. Paradoja cruel.

Los tontos, necios, bobos y tarados como Calabacillas, Abundio, Lindin, Riviere, madame Sontag, Maitetes o el Pájaro, etc. (hasta 12, como los Apóstoles), encerrados en asilos o manicomios, sueñan con “viajar hacia el ignoto territorio de Narragoniem”, el país de los locos. Al llegar al final de esa obra, verán que Narragoniem “no era una quimera de un grupo de dementes medievales sino un estado del alma”.

No creo en las supersticiones. Traen mala suerte. Tampoco en las casualidades. Sin embargo, en ocasiones, fruto de mi ignorancia o de mi temeridad, me siento gobernado por ellas. Por eso, escribo estas líneas. A principios del siglo pasado, el matemático francés Henri Poincaré se atrevió a decir que “el azar no es más que la medida de la ignorancia del hombre”.

Seguramente por azar, el 2 de marzo pasado, 40 aniversario de mi secuestro, torturas y ejecución simulada, realizados por miembros de la Seguridad del Estado, con armas pagadas con nuestros impuestos, recibí inesperadamente en mi casa, por el antiguo correo postal, el texto de “Narragoniem. El sueño de la razón…” de José María López Alcón a quien no tenía el gusto de conocer personalmente.

El autor me atacó por mi lado más débil: la vanidad. Una oferta diabólica: “Le he elegido a usted como mi primer lector, si lo tiene a bien, porque le considero inspirador de este relato”. ¡Ay, la vanidad!, el flanco favorito del diablo. El halago debilita a cualquiera.

Y aquí estoy, animándole a leer, después de mi, este relato original, inquietante y algo excéntrico que no le decepcionará.

Cuando comencé a leer esta obra, me vino inmediatamente a la mente “No matarían ni una mosca”, de Slavenka Draculic, un minucioso reportaje, bastante perturbador, sobre los juicios de La Haya a los criminales de la guerra de los Balcanes. “Ninguno de nosotros estamos libres de caer en la maldad”, escribió la autora croata, “pues los criminales de guerra no son distintos de nosotros”.

Ese libro fue para mi el verdadero prólogo, terrorífico por cierto, de la obra “Narragoniem” que acababa de recibir por correo postal. La leí, pues, con el recuerdo fresco de los criminales de guerra, gente normal y corriente, de la ex Yugoslavia.

¿Somos piezas de un engranaje perverso bien engrasado? Para los presos del manicomio, que sueñan con viajar en “La nave de los locos”,  de Sebastián Brand (siglo XV), “todos, absolutamente todos, son cómplices”.

Un aliciente adicional para leer con gusto y prologar esta obra fue que, de la mano del bobo de Coria, el relato me trasladó a su pueblo natal, Caminomorisco, en el corazón de las Hurdes, donde pasé mi viaje de novios. Otra casualidad.

A la luz, o quizás a la sombra, de dichos diálogos delirantes, alguno se preguntará, no sin razón: ¿Quién está más loco don Quijote o Sancho? ¿El médico o el enfermo? ¿El paciente del cuadro de El Bosco, a quien le van a extraer la piedra de la locura, o el cirujano que lleva un embudo en la cabeza? ¿No fue, acaso, el propio Alonso Quijano quien, a sabiendas, se hizo el loco?

La obra, que roza el surrealismo, es atractiva por inquietante. Al final, el jerarca de la Dictadura, ensalzado por la sociedad de su tiempo, acaba confesando sus secretos solo a esos seres inferiores, tarados, bobos, locos, deformes, a los que siempre despreció. Pasa a la Historia como un gran hombre.

En cambio, los marginados en asilos y manicomios, humillados, torturados, perseguidos y maltratados por sus conciudadanos, y que han sido retratados como locos, resurgen con otra luz en este relato. El lector puede sentirse tentado a comprender y compadecer la mala suerte de quienes, por azar más que por libre albedrío, soñaron con llegar a Narragoniem. Ya es algo.

Entrvista cedida por ATLANTIS..Alfons Cervera reseña Narragoniem en la revista cultural 'La Turia': "¡Hostia! Un libro que te deslumbra

Ediciones Atlantis publica ‘Narragoniem’, una novela urbana escrita por el autor cacereño residente en Valencia, Chema Sánchez Alcón que trata el tema de la discapacidad intelectual, junto al arte, el pensamiento y la política. Un libro que nos hace partícipes de la terrible historia sobre un político franquista contada por “esos personajes de los cuadros”, que “alzaron su voz y el autor los escuchó”.

 

 

¿Cómo surgió la idea para escribir esta novela?

Desde hace unos 10 años soy colaborador de Plena Inclusión Valencia, una federación que defiende a las personas con discapacidad intelectual. Hace siglos estas personas eran denominados con nombres que ya son parte de su estigma: idiotas, imbéciles, subnormales. Empecé a indagar en los archivos de los viejos manicomios y me encontré con historias de seres humanos olvidados y humillados. Después, levanté los ojos y repasé la historia del arte y me encontré que algunos cuadros de famosos pintores también reflejan ese mundo de los ofendidos a los que se le ha aniquilado la dignidad humana. Esos personajes de los cuadros alzaron su voz, el autor los escuchó y me contaron la terrible historia de un político franquista.

 

¿Cómo es la evolución de la trama y los personajes?

En 1972, mi tío carnal, el sargento Olivera, comenzó a trabajar para el SECED (el primer nombre del CNI, Centro Nacional de Inteligencia). Allí, uno de los políticos más influyentes de la época, le dejó sobre su mesa una caja con una inquietante confesión, la confesión de un crimen. Días después el político murió en extrañas circunstancias. Mi tío leyó aquellos legajos y guardó aquella caja en un armario hasta unos días antes de su muerte. Mi profesión es la docencia, doy clases de Historia y la relación con mi tío, el hermano de mi padre, ha sido siempre excepcional pero él nunca me habló de su etapa en el Centro Nacional de Inteligencia. Hasta que, como digo, unos días antes de morir me entregó esa caja y con ella esa historia, la historia del Señor Letrado (he ocultado su nombre en todo momento porque considero que lo importante no es el pecador sino el pecado). Una historia que lleva incorporado un dilema: ¿qué debo hacer?

Hasta aquí la historia sin más. A partir de aquí surge la alucinación, la extravagante y a la vez abominable historia de un hombre solitario que, incapaz de comunicar sus sentimientos, incapaz de revelar sus secretos, comienza a comunicarse con las criaturas más insospechadas, los habitantes tullidos de los cuadros, enanos, bobos, locos, idiotas... La obra en realidad es un diálogo entre el personaje, el Señor Letrado, el monstruo y los bobos que la historia del arte nos ha legado y que cobran vida en la mente del protagonista. Incapaz de soportar la lucidez de su amargura, el Señor Letrado se encierra en su caverna particular, la Cueva, y allí se convierte a su vez en un pintor expresionista obsesionado con la obra de Willem de Kooning, un pintor holandés del siglo XX al que desea emular.

¿Cuál es ese ignominioso secreto que el Letrado no quiere revelarle a los bobos? ¿Qué papel tienen en la obra los “informantes” y un “maestro” de su pueblo natal? ¿Qué papel tiene la adolescencia del hombre y aquel amor primero con una de las criadas de la casa del todopoderoso padre?

Me gustaría que fuera el lector quien indagase en la respuesta a estas preguntas.

 

¿Qué quieres transmitir al lector con ‘Narragoniem?

Narragoniem está escrita, je je,  para inventar una nueva clase cultural: los “narragonianos”. Y para eso hay que saber qué significa “narragoniem” y la respuesta me envía a la siguiente pregunta que este autor también se negará a contestar porque quiero que el lector desee, quiera, aspire a ser eso, un narragoniano, a saber, un habitante de esa utopía inventada hace quinientos años y apenas conocida por la historia literaria.

 

¿De dónde surgió el título?

El título es la traducción al latín de una obra escrita en 1494, Das Narrenschiff, y que por cierto tuvo mucho éxito. Fue traducida a varias lenguas y luego pasó a la historia, fue olvidada, como los protagonistas de esta obra. Esperemos que nuestra obra tenga también éxito en esta reencarnación después de quinientos años.

Pero, insistimos, qué sea “narragoniem” o “narragonia” en castellano debe descubrirlo el lector como parte de la trama.

 

Imagino que será difícil elegir...¿Qué frase de la obra remarcarías?

Elijo una frase que es también una deuda con la historia del arte en la cual me inspiro y que sirve como hilo conductor del sentido de la obra: el sueño de la razón crea monstruos