La huella de una carta
Rosario Raro

LA HUELLA DE UNA CARTA

femenino, Narrativa contemporánea
Rosario Raro (Castellón, 1971) es doctora en Filología. Estudió Técnicas de Escritura Creativa en la Universidad Mayor de San Marcos y la Pontificia Universidad Católica de Perú, país donde vivió durante una década. Cursó un Posgrado en Comunicación Empresarial en la Universitat Jaume I y otro de Pedagogía en la Universidad de Valencia después de licenciarse allí.

En 2009 fue una de las dos únicas españolas finalistas del concurso de escritura literaria Virtuality Caza de Letras de la UNAM de México y Alfaguara. Ha impartido numerosas conferencias y dirige desde su fundación el Aula de Escritura Creativa de la Universitat Jaume I de Castellón. Es autora, entre otras obras, de Carretera de la Boca do Inferno, Surmenage, Perder el juicio, Los años debidos, Finlandia, La llave de Medusa, Desarmadas e invencibles y El alma de las máquinas. Su obra ha sido traducida al catalán, al japonés y al francés y reconocida con numerosos premios literarios, tanto nacionales como internacionales.

 

 

La apacible vida de Nuria con su marido, un comercial al que no ve lo que quisiera, se altera cuando ella lee en la prensa un enigmático anuncio que le despierta su sueño de dedicarse a la escritura. Sin saber a ciencia cierta de qué se trata, acepta convertirse en la escritora anónima de las respuestas a las cartas que el consultorio radiofónico de Elena Francis recibe. Su labor parece sencilla: encargarse de responder las cartas que no da tiempo a radiar. Pero todo cambia cuando una oyente desesperada le habla de unos niños nacidos con terribles malformaciones. Nuria decide investigar su origen y destapa una trama internacional de corrupción que pondrá en jaque su vida y cambiará su destino para siempre. 

 

LA GRAN DENUNCIA,Qué sabemos de la talidomida

Tras el éxito de Volver a Canfranc, Rosario Raro regresa con una novela impactante que cautivará a sus lectores.

 

 

 

Una denuncia impactante que hizo mucho dañe al mundo en España se tardó muchísimo es poder denunciar, lo que a un hoy no se ha denunciado del todo pues los investigadores del tema los callan sin saber por qué, Es un fármaco sedante e hipnótico que se introdujo en el mercado mundial en 1957 (en España llegaría más tarde) para tratar la ansiedad, el insomnio y las náuseas y vómitos en mujeres embarazadas. El laboratorio fabricante, Chemie Grünenthal, lo comercializaba ya en 48 países de Europa y África, así como en Japón, Australia y Candá apenas dos años más tarde. En EEUU, sin embargo, la supervisora de la agencia del medicamento (FDA), la doctora Frances Oldham

 

Otro gran sueño hecho realidad. La Huella de una carta

 

Barcelona, 1962. Nuria es una joven casada con Máximo, un agente comercial italiano de promete­dora carrera. Tienen dos hijos de corta edad y una vida apacible, pero ella sueña con poder desarrollar una actividad que le devuelva la parcela de autono­mía que tenía antes de contraer matrimonio.

 

 

 

Un día, a través de un anuncio en el periódico en­cuentra una oferta de trabajo que le resulta muy interesante: responder a las cartas que se dirigen al famoso consultorio radiofónico de Elena Francis, patrocinado por el laboratorio cosmético del mismo nombre.

 

Consigue el puesto, y así conoce a los señores Fru­ment, dueños de ese instituto de belleza; al padre Vilesermes, quien revisa (censura) las respuestas; a Liliana, la secretaria de este laboratorio; y a Boro, el ingeniero químico que se encarga allí del control de calidad y que se siente inmediata e irremisiblemente atraído por ella.

 

Las consultas que predominan son las que plantean problemas sentimentales y las que piden consejos de belleza, así como otras que buscan recabar in­formaciones varias. Pero todo cambia cuando Nuria recibe una carta muy distinta que le causa un fuerte

 

impacto. La remitente es la amante de un hombre muy poderoso y en ella le habla de los continuos nacimientos de bebés desmembrados. Nuria queda tan impresionada que decide hacer por su cuenta averiguaciones al margen del consultorio. El asunto resulta tan complicado y siniestro que pronto tiene que pedir ayuda a Boro, quien se presta enseguida a apoyarla.

 

Las pesquisas de Nuria y Boro les llevan a sospechar que todas las madres de estos bebés habían tomado unas pastillas para combatir las náuseas en el em­barazo, y que dicho fármaco contenía un principio activo: el telamón.

 

Cuanto más inmersa está Nuria en todas estas cues­tiones, Máximo empieza a desaprobar el absorbente trabajo de su mujer y a desconfiar de ella, hasta el punto de que decide acudir a un detective, Baladre, para que la siga.

 

Nuria y Boro advierten la presencia de este hombre, el investigador privado Guifré Baladre, y además de otro que a la vez vigila a este detective y a ellos. Nu­ria teme por Boro, pero sobre todo por sus hijos. Ella y el ingeniero químico consiguen ponerse en con­tacto con el doctor Kessler, quien también sabe del

 

asunto del telamón en Alemania donde ha advertido los terribles efectos que produce este medicamento y que por este motivo ha recibido amenazas. Lejos de sentirse disuadidos, sin importarles el alto precio que tengan que pagar por ello, deciden aunar fuer­zas para impedir que el consumo del telamón siga haciendo estragos entre la población.

 

Mientras tanto, Máximo se aleja cada vez más de Nuria. Además está implicado en una situación muy comprometida que ella ignora. La ruptura entre ambos será inevitable, pero muy complicada en un tiempo donde no era posible el divorcio.

 

El afán principal de los dueños del laboratorio de belleza, los señores Frument, es la búsqueda del secreto de la eterna juventud, o al menos paliar los efectos del envejecimiento, como toda la industria cosmética. Conocen el caso de Frida Lorensen, una danesa que fue sometida a distintos experimentos en Soletal, un balneario de Polonia, por parte de al­gunos médicos del Reich. Este lugar estaba a unos escasos veinte kilómetros de Auschwitz. Doña Leo­nor

 

 

 

y don Aleix Frument viajan a Buenos Aires para contactar con ella. Mientras tanto, en Barcelona, el detective Guifré Baladre, es víctima de una extraña y macabra agresión por la que Boro es acusado del asesinato.

 

Y a partir de este momento se abren muchas incóg­nitas:

 

¿Conseguirá Boro demostrar su inocencia o morirá en la cárcel? ¿Dónde está entonces Frida Lorensen, la mujer que no envejece, y por qué ha desaparecido de manera tan repentina? ¿Tiene ella algo que ver en ese asesinato? ¿Es cierto que el principio activo tan dañino del telamón fue patentado en 1954, pero descubierto en 1944? ¿Tiene su origen en los labora­torios de Hitler?

 

El destino de Nuria y de los que la ayudaron en sus pesquisas quedará marcado por quienes defienden a toda costa los intereses económicos de un labo­ratorio farmacéutico por encima de cualquier otra consideración sobre la vida humana.

 

 

 

y desconcierta, pero antepone a estos sentimientos la cualidad que le parece más atractiva en una persona: la bondad. Y conforme aumenta su conocimiento de él, descubre una lealtad y una entrega que no encuentra en su marido, demasiado centrado en sí mismo, en sus logros laborales, en su ropa, y en su vida al margen de Nuria y de Marc y Mireia: sus hijos.

 

La herida de dos labios: el dolor y la sorpresa se producirá cuando Nuria se dé de frente con facetas de la vida de su marido que a pesar de su gran imaginación que siempre había aplicado a la escritura, nunca hubiera llegado a intuir. Tal es el tamaño de su traición.

 

Otros personajes también entrecruzan sus vidas: el amor del doctor Varick Kessler hacia su novia sueca Mirja se revela en toda su potencia cuando la encuentra en el fondo de una piscina vacía en Düsseldorf. Liliana, la secre­taria de los señores Frument, los dueños del laboratorio cosmético, también mantiene una relación al margen de las normas sociales.

 

Pero sin duda, el amor más trágico es el de Frida Lorensen hacia el hombre que amó: el oficial del ejército alemán Adler Eigner con el que compartió una felicidad que parecía incombustible en Soletal, el balneario polaco. Ella, la mujer que no envejece, está convencida de que “aunque resulte paradójico, algunas veces responden mejor los muertos que los vivos” (p. 492) y por ese motivo decide ir a buscarlo donde cualquier ser vivo y el amor siempre son eternos

 

 

 

 

 

 

 

las inolvidables tardes de radio.

 

LA MUJER EN LA ESPAÑA DE LOS 60

 

La huella de una carta es un retrato muy preciso de la sociedad española durante los primeros años de la década de los 60 del pasado siglo. Lo que la autora describe como “la dolorosa vida cotidiana de este país”, sobre todo para las mujeres sometidas al doble yugo de la dictadura y de su, muchas veces, insatisfactoria vida personal y familiar.

 

Esa intrahistoria de un país aislado es la que traslucen las cartas que llegan al popular consultorio sentimental de Elena Francis. En ellas se pone de manifiesto cuál era la mentalidad y las costumbres reinantes hace apenas unos cincuenta y cinco años. Las mujeres eran tratadas como menores de edad, sin apenas capacidad de dis­cernimiento, consideradas además de inferiores, solo útiles en la medida en que lograran convertirse en buenas madres y esposas. Desconcertaba el hecho de que algunas de ellas comenzaran a trabajar fuera de casa, pero se asumía bajo el marchamo, también muy de esta época desarrollista de “la mujer moderna” que manejaba electrodomésticos e incluso era capaz de aprender mecanografía y otros idiomas.

 

Ante cualquier desencuentro, aunque este estuviera causado por la infidelidad del cónyuge masculino (la in­fidelidad femenina era consideraba una monstruosidad), siempre tenía que prevalecer el sostenimiento de la sagrada institución del matrimonio.

 

Es magnífica la documentación de la que la autora se ha valido para la redacción de estas cartas que llegaban al laboratorio para que se emitieran en la radio, pero sus temas: la violencia en el hogar, el incesto, el abuso de menores, el aborto y demás temas escabrosos e incómodos impedían que llegaran a las ondas por obra de la censura.

 

Los originales de las cartas de este programa se custodian en el Arxiu del Baix Llobregat, de Sant Feliu después de

 

que apareciera más de un millón de ellas en una masía de Cornellà que había sido propiedad de la familia dueña del instituto de belleza. Los técnicos que dieron con ellas cuentan que había montones de sobres que llegaban del suelo hasta el techo. Se han digitalizado unas diez mil de un fondo total de más de setenta mil. El resto fue imposible de recuperar por el mal estado en que se encontraron. De todas ellas se han borrado los datos perso­nales de los remitentes.

La autora ha tomado de esta correspondencia aquellas consultas que versan sobre dónde ir para recibir infor­mación sobre determinado país, (eran muchos los españoles que emigraban al extranjero), qué estudios realizar para dedicarse al cine, preguntas sobre cómo tener la barba más cerrada, el deseo de otro joven de encontrar un reloj

 

perdido en una verbena y demás cuestiones de parecido cariz. Las cartas que aparecen en la novela, y que suponen auténticas cargas de profundidad contra la, solo en apariencia sólida, línea de flotación de los valores de esa época, proceden de confesiones que le han hecho a la autora diversas fuentes.

 

La siguiente carta muestra la dura vida de las madres solteras, a las que siempre se pretendía esconder en esa época. Se trata de un testimonio lleno de ternura, en el que quien escribe esa carta habla sobre el terrible desti­no al que se vieron abocadas algunas de ellas: la prostitución.

 

Mire, tengo un hijo, soy madre soltera.

 

Durante todos estos años, para mantenerlo me he visto obligada a tener trato con bastantes hombres. Mire, para que se haga una idea, una víspera del día de Reyes fui al taller de un eba­nista para recoger el mecano que quería regalarle a mi hijo, entonces él solo tenía cinco años. Las piezas eran muy sencillas, se trataba de unas cuantas maderitas de las que sobran de los cortes de la sierra que aquel artesano había pintado y barnizado. El carpintero me preguntó varias veces si necesitaba algo más e insistió en que podía volver otro día a pagarle, que no era necesario que lo hiciera entonces, o que fuera por allí a lo que quisiera

El libro gira en torno a dos hitos históricos: la historia de la talidomida y el consultorio ra­diofónico de Elena Francis (con su hipnótica sinfonía como fondo). Además, como telón de fondo hay una historia de amor prohibida entre Boro Navascués, un ex seminarista in­geniero químico del laboratorio que patrocina este programa y Nuria Somport, casada con el italiano Máximo Zafara y madre de dos hijos.

 

 

 

 

 

 

 

LA HISTORIA DE LA DESENPERACION

Nuria es una mujer independiente, inteligente y autónoma, especialmente si se tiene en cuenta la época en la que le tocó vivir y la limitación que le supone criar sin ninguna ayuda a sus hijos. En el aspecto sentimental, mantiene una lucha interna entre la fidelidad a un marido casi siempre ausente, y el amor auténtico que comienza a sentir hacia Boro. Su respuesta a este sentimiento no solo se debe a su incondicional apoyo. Ambos se implican a fondo en la causa de los niños desmembrados. Nada tienen que ver en esto sus deberes profesionales y muchísimo su valentía.
Muchos de los personajes están inspirados en personas reales, y por ello resultan tan creíbles: los señores Frument, dueños del laboratorio cosmético, con sus ceremoniosos modales y su peculiar manera de llevar el negocio representan los valores de la alta burguesía catalana, hacendosa y efectiva, que sostiene el valor del trabajo como forma de enriquecimiento: «En vez de construir castillos en el aire cada día hay que fabricar ladrillos». (Página 118); el ya citado Boro, que ha resultado vencedor de un pasado que casi lo aniquila durante su niñez; Máximo, el marido frívolo, hedonista y egocéntrico de Nuria; Guifre Baladre, un detective cicatero, como «un habitante de los bajos fondos» (página 95) lo califica Máximo la primera vez que se reúnen. El investigador privado acumulaba en su oficina «información sobre las vidas ajenas y los fracasos propios». (Página 399). El doctor Varick Kessler, insobornable, profesional brillante, radiólogo, investigador de la trama de corrupción que hay detrás de la talidomida y buen amigo; la enigmática Dora, la casera, generosa con Liliana y muy vinculada con el Régimen; Liliana, capaz de jugar un importante papel en la sombra y de apoyar a Nuria en los momentos más bajos, dulce y decidida, admiradora de Doris Day y trabajadora eficaz. En muchos aspectos representa lo que a Nuria le hubiera gustado ser; Ulltrapós, hombre poderoso, Delegado del Gobierno en Cataluña que en esta novela lleva a cabo una acción heroica: denunciar ante sus superiores lo que está sucediendo con el telamón; el padre Vilesermes, tan recio de principios como afectuoso con Boro, amante del deporte y padre de todos los niños que acoge. No oculta que Boro es su preferido; el depravado Harald Silveiner que mata de una forma que le sirve para poner en escena su vanidad, su sentido estético del asesinato; o la misteriosa Frida Lorensen, eternamente joven por efecto de los experimentos nazis a los que fue sometida en Soletal, Polonia. Este personaje está basado en una mujer que actualmente vive en Buenos Aires, la danesa Frieda Sorennsen, quien es, a juzgar por su apariencia, inmune al paso del tiempo.
CURIOSIDADES SOBRE EL CONSULTORIO DE ELENA FRANCIS
• Fue, durante muchos años, uno de los programas más populares de la radio española. Las emisiones comenzaron en los años 40 del siglo pasado, y se prolongaron hasta comienzos de los 80. Primero se emitió en Radio Barcelona por lo que durante el año en el que tiene lugar esta novela este programa solo se podía escuchar en Cataluña, aunque debido a su enorme popularidad llegaban cartas de distintas provincias de España. En 1966 comenzó a emitirse a través de las aproximadamente cincuenta emisoras adscritas a Radio Peninsular, de la red de Radio Nacional.
• El formato era el siguiente: en media hora se leían y contestaban a través de la radio siete cartas que se intercalaban entre obras musicales y publicidad de los cosméticos del laboratorio Francis. Según una información aparecida en 1984 en el diario Ya, en su mejor época el consultorio recibía entre 25.000 y 30.000 mensuales. Aunque existían otros consultorios en revistas femeninas e incluso en la radio, este obtuvo un éxito sin precedentes. La revista Ondas publicó en 1957 un artículo. Este fragmento es por sí mismo suficientemente significativo:
“Del interés y fidelidad de las oyentes se tienen muestras enseguida, pues llegan a recibirse más de quinientas cartas diarias. Los argumentos de esta nutrida correspondencia, escrita mayoritariamente por mujeres solteras, son conocer el carácter de su novio, saber la receta que ha de dominar los nervios del marido, aprender cómo mecer al pequeñuelo; es decir, enterarse de lo que, en realidad, es propio de su condición”.
De esta forma se describía e imponía todo aquello que tenía que ver con la “supuesta” condición femenina.
• Era un Branded content o contenido creado por marcas. Y fue la campaña de publicidad más duradera de este país y la de mayor calado social.
LOS PERSONAJES
Nuria es una mujer independiente, inteligente y autónoma, especialmente si se tiene en cuenta la época en la que le tocó vivir y la limitación que le supone criar sin ninguna ayuda a sus hijos. En el aspecto sentimental, mantiene una lucha interna entre la fidelidad a un marido casi siempre ausente, y el amor auténtico que comienza a sentir hacia Boro. Su respuesta a este sentimiento no solo se debe a su incondicional apoyo. Ambos se implican a fondo en la causa de los niños desmembrados. Nada tienen que ver en esto sus deberes profesionales y muchísimo su valentía.
Muchos de los personajes están inspirados en personas reales, y por ello resultan tan creíbles: los señores Frument, dueños del laboratorio cosmético, con sus ceremoniosos modales y su peculiar manera de llevar el negocio representan los valores de la alta burguesía catalana, hacendosa y efectiva, que sostiene el valor del trabajo como forma de enriquecimiento: «En vez de construir castillos en el aire cada día hay que fabricar ladrillos». (Página 118); el ya citado Boro, que ha resultado vencedor de un pasado que casi lo aniquila durante su niñez; Máximo, el marido frívolo, hedonista y egocéntrico de Nuria; Guifre Baladre, un detective cicatero, como «un habitante de los bajos fondos» (página 95) lo califica Máximo la primera vez que se reúnen. El investigador privado acumulaba en su oficina «información sobre las vidas ajenas y los fracasos propios». (Página 399). El doctor Varick Kessler, insobornable, profesional brillante, radiólogo, investigador de la trama de corrupción que hay detrás de la talidomida y buen amigo; la enigmática Dora, la casera, generosa con Liliana y muy vinculada con el Régimen; Liliana, capaz de jugar un importante papel en la sombra y de apoyar a Nuria en los momentos más bajos, dulce y decidida, admiradora de Doris Day y trabajadora eficaz. En muchos aspectos representa lo que a Nuria le hubiera gustado ser; Ulltrapós, hombre poderoso, Delegado del Gobierno en Cataluña que en esta novela lleva a cabo una acción heroica: denunciar ante sus superiores lo que está sucediendo con el telamón; el padre Vilesermes, tan recio de principios como afectuoso con Boro, amante del deporte y padre de todos los niños que acoge. No oculta que Boro es su preferido; el depravado Harald Silveiner que mata de una forma que le sirve para poner en escena su vanidad, su sentido estético del asesinato; o la misteriosa Frida Lorensen, eternamente joven por efecto de los experimentos nazis a los que fue sometida en Soletal, Polonia. Este personaje está basado en una mujer que actualmente vive en Buenos Aires, la danesa Frieda Sorennsen, quien es, a juzgar por su apariencia, inmune al paso del tiempo.