Drácena pretende difundir textos editados y extraviados en el tiempo y, por supuesto, tantos cuantos inéditos nos gusten, con una única condición: que hayan sido concebidos en lengua española.

Hay otras editoriales que se ocupan de traducir; nosotros sólo de autores en castellano, preferentemente del siglo XX hasta nuestros días. No importa de dónde sean y cómo vengan, ni ellos, ni sus textos; lo que importa es su uso acendrado y particular de la lengua para recrear el mundo. A eso, a su literatura, nos atendremos siempre para editar un texto.

Y como dijo el indio que «el mundo es ancho y ajeno» y sus extremos son infinitos y recónditos, hemos dispuesto los medios, en papel y en e-book, para alcanzar velozmente a todos; tanto en esta ribera como en la otra del Atlántico e, incluso, más allá.

Para parar las aguas del olvido no son sólo las memorias de infancia y juventud de Paco Ignacio Taibo I, sino también las de sus amigos Ángel González, Manuel Lombardero o Carlos Bousoño; personajes claves en nuestra historia literaria reciente. Aunque la vívida estampa que plasma de aquel Oviedo de la postguerra y de las cartillas de racionamiento, de los desfiles imperiales y de los himnos altisonantes, convierten en Para parar las aguas del olvido en las memorias de toda una generación: la de los “niños de la guerra”, con su anhelos y sus carencias, sus aspiraciones y sus decepciones.
Y, sin embargo, como señala con acierto Luis García Montero en su prólogo, “Para parar las aguas del olvido lejos está en su relato del patetismo; es más, se sirve de la imaginación y de la ironía para dejarnos un retrato todavía más conmovedor y palpable de aquellos días herrumbrosos y destartalados cuando “media España ocupaba España entera”.
Páginas imprescindibles para acercarse y sentir un tiempo crucial, aunque todavía nos pese, de nuestra historia.

Paco Ignacio Taibo I

 

 

Nació en Gijón, el 19 de junio de 1924, y murió en la Ciudad de México, el 13 de noviembre de 2008. Con apenas diez años vivió su primer exilio en Bélgica, cuando su padre, dirigente de la UGT, huyó tras el fracaso de la Revolución de Asturias. Con el triunfo electoral del

Frente Popular, en febrero de 1936, regresó a España, lo que propició que viviese la Guerra Civil y la represión posterior, que relata en Para parar las aguas del

olvido. Por la influencia de su tío materno, Ignacio Lavilla, se convirtió en periodista. En España lo ejerció en El Comercio de Gijón y en El Correo Español de Bilbao, donde encaró desde el reportaje social hasta el periodismo deportivo, pero en 1959 se exilió a México. Allí, y también desde el periodismo, se convirtió en una figura en el ámbito cultural, frecuentando, entre otros, a Luis Buñuel y a Luis Alcoriza. Al punto que en 1965 fue nombrado director del

Instituto Cultural Hispano de México, y desde 1980 se responsabilizó de la programación matutina del Canal 18. También, en 1981, fundó y dirigió la sección cultural de El Universal. Por todas estas tareas y algunas otras en el ámbito de la información, en 2008, recibió el Premio Nacional de Periodismo de México.

Su obra literaria superó el periodismo con novelas como Juan N.M. (1956), Fuga, hierro y fuego (1979) o Pálidas banderas (1989), o con ensayos sobre el cine como María Félix, La Doña (1985), El Indio Fernández (1986) o Historia popular del cine (1996), e incluso con piezas teatrales como El juglar y la cama (1966) o Los cazadores (1967), y hasta con unas sui generis memorias, Para parar las aguas del olvido (1982).