¡También ocurre aquí! Se suele decir que nunca pasa nada y que esas cosas solamente ocurren en Estados Unidos, en el cine y en las series de televisión, pero no es verdad. conozca testimonios y manifestaciones que nacen de policías locales, autonómicos, nacionales, guardias civiles e incluso de agentes privados. Todos fueron brutalmente agredidos. Muchos resultaron heridos de gravedad, otros presentaron lesiones de menor entidad y algunos incluso regresaron ilesos a sus casas. En unos casos los ataques fueron ejecutados por indeseables seres inhumanos y, en otros, lamentablemente, por enfermos mentales. Algunos de los que han confiado a los autores tan íntimas y vitales experiencias consiguieron abatir a sus agresores, acabando en ocasiones con sus vidas o hiriéndolos para neutralizar el riesgo. Porque sepa una cosa: no es lo mismo verse en la línea de tiro de la galería, que en la línea de fuego de la realidad de la calle.

EN LA LINEA DE FUEGO

Hablo de quienes unas veces más formados, otras veces menos formados y en ocasiones nada formados, han de enfrentarse a gentuza que por afición tiene causar el mal.

Si la presentación pública de “En la línea de fuego: la realidad de los enfrentamientos” (Tecnos) fue en la Escuela Nacional de Policía de Ávila el mismo día y a la misma hora a la que en Málaga estaban asesinando de una puñalada a un policía nacional, vaya fatídica y caprichosa casualidad, esta 4ª EDICIÓN ha querido el destino que viera la luz durante la semana siguiente al ‘visto para sentencia’ del juicio policial más mediatizado de los últimos tiempos, el del agente Juan Cadenas, el policía gaditano al que a base de cristalazos le vaciaron un ojo. Pero tranquilos, amigos lectores, que todavía hay quienes abanderan el ‘aquí no pasa nada’, aunque entre los sangrientos sucesos de Málaga y Cádiz se hayan producido numerosísimos apuñalamientos y tiroteos ‘made in Spain’, con funcionarios derramados en el asfalto y hasta dentro de sus propios coches-patrulla.

Pues de eso va “En la línea de fuego”, de hechos reales ocurridos en España entre buenos y malos. De tiros y navajazos. De muerte y sangre. De la vida misma, contada por sus protagonistas, por los policías supervivientes. El libro aborda, entre otros muchos asuntos, todos los mitos y las leyendas urbanas con las que son mal alimentados nuestros funcionarios encargados de hacer cumplir la ley. Y claro, obviamente, cada capítulo de la obra desmitifica con razonamientos lógicos, científicos y legales cada una de las mil mentiras empotradas en las psiques de los policías que han sido engañados por sus jefes, instructores o compañeros, si bien todos descargan sus culpas en los jueces, sobre todo a la hora de analizar el áspero, manido y, a la vez, desconocido asunto jurídico de la legítima defensa (desconocido en el seno de la comunidad policial, claro.

Entren en estas páginas y salten de párrafo en párrafo para conocer testimonios y manifestaciones que nacen de policías locales, autonómicos, nacionales, guardias civiles e incluso de agentes privados. Todos fueron brutalmente agredidos. Muchos resultaron heridos de gravedad, otros presentaron lesiones de menor entidad y algunos incluso regresaron ilesos a sus casas. En unos casos los ataques fueron ejecutados por indeseables seres inhumanos y, en otros, lamentablemente, por enfermos mentales. Algunos de los que han confiado a los autores tan íntimas y vitales experiencias consiguieron abatir a sus agresores, acabando en ocasiones con sus vidas o hiriéndolos para neutralizar el riesgo. Porque sepa una cosa: no es lo mismo verse en la línea de tiro de la galería, que en la línea de fuego de la realidad de la calle.

 

 

EN LA LINEA DE FUEGO: ENTREVISTA A DOS GRANDES ESCRITORES,ERNESTO PÊREZ VERA YFERNANDO PÊREZ PACHO

¿A quién de los dos autores se le ocurrió antes la idea de escribir este libro? 

Ernesto: La idea de escribir algo juntos la propuso Fernando, coincidiendo con un curso que él impartía en Jerez de la Frontera, en mi provincia. Se trasladó para impartir un curso a los mandos del aeropuerto de la citada ciudad. Ese día nos conocimos en persona, después de haber hablado por teléfono numerosas veces, amén de habernos intercambiado muchos correos electrónicos. Conocí a Fernando a través de su blog de psicología policial. Al principio no sabíamos si surgiría una colección de artículos, un dossier o qué, pero finalmente nació este libro.

Fernando: Al contactar ambos a través de nuestros respectivos blogs, la idea inicial era poder escribir algunos artículos para ayudar a policías que estuvieran pasando por un momento especialmente delicado en sus vidas como consecuencia de su carrera profesional. Teniendo en cuenta el buen número de casos de policías que se habían visto involucrados en un enfrentamiento armado, la idea de escribir un libro vino por sí sola.

En primer lugar, se supone que este es un trabajo intensivo de entrevistas, visitas, viajes. ¿Cómo se clasifica esto? ¿Los casos son escogidos al azar?

Ernesto: Yo, por ser policía (en activo en aquel momento), tenía facilidad para acercarme a los funcionarios con experiencia real en esto de sobrevivir a tiro limpio. No es que existan miles de agentes con esta desagradable experiencia en su haber, pero desde luego hay bastantes. Como quiera que yo había pasado por ello, me resultaba sencillo comprender a otros con las mismas vivencias. Tiré de una enorme lista de contactos de todos los cuerpos, de todo el país, quienes amablemente me fueron allanando el camino para llegar hasta los futuros protagonistas del libro. Al principio pensamos en hacer solamente 15 capítulos, o sea, versar sobre 15 casos reales de supervivientes a balazos. Pero nos juntamos con más del doble. Al tener algunos sucesos mucho paralelismo los unos con los otros, nos quedamos con los más atractivos, con los que ofrecían la moraleja más suculenta. 

Detectamos incluso falsedad en las manifestaciones de varios policías que se habían ofrecido como protagonistas. Gente que decía haber superado acontecimientos a vida o muerte, tiros de por medio. Me viene a la mente aquel que dijo haber recibido 2 balas en el pecho, que detuvo su chaleco de protección balística, no acreditando los hechos ni con la más mínima e insignificante diligencia policial o judicial. A este pájaro le pillé numerosos cuentos chinos (hubieron más como él). Menudo fantasma. Fíjate que llegó a decir que el suceso solo era conocido por él, pues ocultó el tiroteo a sus jefes y compañeros. El embuste chorreaba hasta la ofensa. Todos los candidatos fueron entrevistados profundamente, casi todos ellos más de una vez; pero además, a todos les fueron requeridos informes periciales oficiales, atestados y otras diligencias profesionales.  

Fernando: Poco más puedo añadir a lo que ya ha comentado Ernesto. La selección fue complicada porque queríamos extraer conclusiones de cada caso, conclusiones que no se solaparan unas con otras. Partíamos de la base de proporcionar un enfoque policial y psicológico de cada una de las experiencias de enfrentamiento armado narradas. Si nos repetíamos en las conclusiones, cada capítulo podría haberse convertido en un "más de lo mismo". Para realizar la selección, cada historia tenía que sugerirnos rápidamente algo que mereciera la pena contarse, tanto desde el aspecto humano como desde el profesional. Así trabajamos durante todo el proceso de construcción del libro.

A veis encuestado a 29 agentes de las fuerzas de seguridad del Estado y solo a un escolta privado. ¿Es porque quizás encuentras más problemas con los escoltas, al ser menos conocidos los personajes que precisamente escoltan, o por otras razones, ya que hay de todo en este tipo de gallinero?

Ernesto: Te aclaro esto, Valenti. En total fueron 30 policías entrevistados, contándome a mí como protagonista de un capítulo. Dicho esto, no solo narramos y diseccionamos casos de agentes de las fuerzas del Estado, sino que también lo hacemos sobre funcionarios de las fuerzas autonómicas y locales. Fuerzas del Estado únicamente hay 2, la Guardia Civil y la Policía Nacional. Al hablar de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, como mencionas en la pregunta, solo te puedes referir a 2 cuerpos. Todas son fuerzas o cuerpos de seguridad, mas solo hay 2 del Estado (insisto). Este tecnicismo ha de tenerse siempre en cuenta, pues es así por ley orgánica, si bien jueces, fiscales y periodistas, y hasta policías, obvian a veces este detalle, que por semántico que sea… es muy importante.

Si no abundan los policías con experiencia real en encuentros a vida o muerte, más complicado es encontrar esto en el sector privado, en el que se encuadran los escoltas privados y los vigilantes de seguridad, estos últimos mal llamados guardas jurados y otras cosas. Así los hechos, tenía la posibilidad de incluir a varios agentes privados, pero sus casos no eran del todo frescos o recientes en el tiempo, quedándome (quedándonos) con el del tiro en la cara que se llevó un escolta en el capítulo 13; un caso, éste, al que le pudimos sacar bastante jugo. 

Fernando: Sólo hay un caso de escolta en el libro, como comenta Ernesto. A mi modo de ver, fue una de las historias que más me impactó. Cuando conoces a este hombre personalmente, te das cuenta de que estás delante de alguien que ve la muerte cada vez que se mira en el espejo.

¿Qué caso os impresionó más, cuál es vuestro capítulo preferido?

Ernesto: Mi caso favorito es, y espero que nadie se ponga celoso, el 21; si bien hay muchos más que le van a la zaga en mi particular e íntimo ranquin de querencia. El protagonista principal de este letal incidente acababa de salir de la academia cuando, ni con un  mes de calle, recibió 2 tiros con una escopeta de caza. En este suceso se dan un sinfín de jugosas circunstancias, tanto vistas desde el plano policial, como desde el formativo, como hasta desde el literario. 

Fernando: No sé si es adecuado el término "favorito", en este caso, pero una narración que me llamó poderosamente la atención tenía como protagonista a un policía que se encontró con un criminal de guerra, buscado internacionalmente, apuntándole directamente a la cara. La descripción que hace este agente de los pensamientos y las emociones que se agolpaban en su cabeza, no son fáciles de olvidar.

A Ernesto Pérez, que fuera policía local en La Línea de la Concepción, teniendo que jubilarse, precisamente, por las secuelas derivadas de un intento de homicidio.

Ernesto: Sobreviví por una buena mezcla de azar y entrenamiento, incluyendo en esto último la mentalización: llevaba años entrenándome para ese día, para el día que tuviera que defenderme a taponazos. Ya había desenfundado mi pistola muchas veces, algunas de las cuales había encañonado a sospechosos e incluso había dirigido disparos al aire, con afán intimidatorio. Creo que desde que era un niño ya me estaba preparando para esto, pues empecé a practicar tiro con armas de fuego a los 14 años. Aunque me inicié en lo deportivo, todo lo que hacía en la galería lo derivaba hacia lo que sabía que algún día podría pasarme cuando fuera policía, porque siempre tuve claro que sería policía. Déjame decirte que aunque el entrenamiento es crucial para salir airoso o lo menos perjudicado posible en un lío de estos, el factor suerte puede ser determinante. Me encanta decir, siempre que encarta, que cuanto más se entrena, más suerte se tiene.

En esto de enfrentarte a los malos no hay muchas alternativas posibles. Aquí no vale el “apunta con calma, no te muevas tanto, apunta bien y dispara con tranquilidad”. En realidad, o te mueves rápido o te puedes despedir de la vida terrenal. 

Ernesto: En un encuentro armado, moverse puede resultar vital. El movimiento es vida, como dice mi amigo Cecilio Andrade, doctor en Historia, legionario, paracaidista y boina verde. Sobre este asunto, además de sobre otros tantos directa e íntimamente relacionados, he escrito cientos de artículos, al igual que el autor antes mentado. Mira, si bien moverte cuando te están atacando se lo pone más difícil al contrario, por pura obviedad también te complica a ti la colocación de tus disparos, porque en la mecánica de un enfrentamiento suele haber muchos y rápidos movimientos, siempre violentísimos. Pero todo esto se puede entrenar en el campo de tiro, acompañando el adiestramiento, siempre, de concienciación y mentalización. Sin lo último, sin concienciación y mentalización, de poco vale lo primero, el entrenamiento delante de la silueta.

Fernando: Aunque moverse es fundamental en este tipo de enfrentamientos, algo que nos encontramos con frecuencia es que los policías entrevistados no se movían mucho, y si lo hacían, ello no mejoraba su efectividad en el enfrentamiento. No en todos los casos, evidentemente. Una de las reacciones más habituales en los policías era la de sorpresa; pensar que eso no les estaba pasando de verdad. Este tipo de pensamientos no incitan precisamente a  la acción, al movimiento.  Coincide, también, que muchos reconocían no haber sido entrenados para la realidad que les tocó superar: o no entrenaban o lo hacía poco y mal, de forma alejada a la verdad de la calle.

¿Qué le dirías a los que quieren comprar vuestro libro? ¿Cómo los convencerías de que esto es real como la vida misma?

Ernesto: En realidad no tenemos que convencer a nadie de que esto es realidad, simplemente es realidad. Es la vida misma, como bien dices en la formulación de la pregunta. Es la radiografía literaria de la supervivencia de un puñado de servidores públicos de las tres pes: placa, porra y pistola. Esto es un ensayo literario que disecciona los peores momentos profesionales y vitales de gente anónima que se juega el pellejo cumpliendo con su deber. Pero también es un análisis técnico-policial y técnico-psicológico. Aquí hay verdad, mucha verdad, la realidad antes referida; pero también hay ciencia humana, médica, empírica y policial. 

Fernando: Tan real y tan desconocido para quienes no somos policías. Tenemos una visión deformada de lo que ocurre en los enfrentamientos armados, y a esto han ayudado mucho las películas americanas. Los enfrentamientos armados suelen durar poco, son difíciles de prever y tienen lugar con el policía y el malo a pocos metros el uno del otro, y con pocas probabilidades de acertar el blanco, escena que tiene poco que ver con lo que vemos en TV.

Curiosamente, muchos policías que no han participado en un enfrentamiento armado también manejan ideas distorsionadas sobre lo que realmente ocurre. Son precisamente estos quienes, tras un enfrentamiento, critican al compañero que sí lo ha sufrido, le dan lecciones sobre lo que habrían hecho ellos en su lugar, etc.  Muy penoso.

Hoy, cuando miras y repasas tu obra (bueno, vuestra obra), ¿qué crees que le falta o qué creéis que es lo más importante en ella?

Ernesto: Pienso que lo más importante que se transmite es la nefasta formación que se imparte a los policías, en lo referente al tiro policial, sin que la infinita mayoría de ellos sea consciente de dicha deficiencia. Pero la experiencia me ha demostrado, además pertinazmente, que pocos quieren ser buenos en esto de tirar y conocer cuando sí y cuando no se puede uno defender a plomazos. La gente adora vivir en la cómoda mentira de que nunca pasada nada, creyendo que si algún día le pasa algo la Divina Providencia lo salvará. Pocos de los anclados en estos pensamientos son honestos y lo reconocen. A nadie le gusta pasar por impreparado, pero muchos buscan a propósito la incompetencia, para alegar ignorancia el día que fallen, en vez de reconocer cobardía o impericia. Mental y profesionalmente, es más rentable pasar a la historia como burro que como gallina. 

Fernando: Bueno, cuando pasa un tiempo y repasas lo escrito, cambiarías algunas cosas, pero creo que, en su esencia, el libro está bien como está. Por lo que a mi compete, quería transmitir la importancia de los factores emocionales y psicológicos implicados en un enfrentamiento armado, algo que se suele obviar y que tiene una importancia fundamental en el antes, en el durante y en el después del encuentro a muerte. En una situación así, tu vida está en peligro, la experiencia más extrema a la que te puedes someter. Resulta inconcebible que en la preparación del policía no se tengan en cuenta estos factores con la extensión y profundidad que merecen. Este libro intenta concienciar también en este aspecto.

Estáis en plena campaña.  Convencedme de que todo es realidad como la vida misma  y si habéis corrido mucho riesgo a la hora de poder sacar a la luz la información

Ernesto: Tan realidad es, que sigue pasando lo mismo: pocos terminan defendiéndose a tiros; y muchos se dejan lesionar o se dan la media vuelta, por miedo a la repercusión judicial con la que nos asustan los jefes, los instructores y los compañeros que pían de esto sin saber, cuando ciertamente no es tan probable que ocurra lo que dicen, porque es más fácil hallar policías absueltos que condenados por herir o matar con sus armas. Los instructores de tiro suelen enseñar poco y mal, en lo referente a técnicas de tiro; y nada de nada en lo tocante a la justificación legal de responder con fuego. Hay instructores que no instruyen, sino que destruyen. Muchas galerías de tiro están enmoquetadas de supina ignorancia, me refiero a instalaciones de las fuerzas de seguridad. Reina la mentalidad de que cuanto menos se tire mucho mejor, porque así se reduce la probabilidad matemática de que se produzcan accidentes. Sobre correr riesgos por contar estas cosas, no, no he corrido riesgo alguno, si acaso el de crearme algunos nuevos enemigos dentro del mundillo de los formadores del ramo.

Fernando: Mucha gente nos ha apoyado por decir cosas que muchos no se atreven a decir en voz alta, y es que el entrenamiento del policía para un enfrentamiento armado se encuentra, en gran medida, desfasado. Desfasado por cuestiones técnicas, desfasado por lo que nos dice la fisiología y desfasado por lo que sabemos de los factores psicológicos implicados. A pesar de todo esto, se siguen manteniendo las inercias de entrenamientos obsoletos, con tintes deportivos y, a veces, hasta con toques circenses. El porqué es así, ya es cuestión a responder por quienes mantienen el "más de lo mismo". (Nota: lo de deportivo y circense lo apunta Ernesto).

Qué tipo de lectura es la que más leéis.

Ernesto: Leo relatos basados en hechos reales, novelas históricas y biografías de personas casi siempre relacionadas con el mundo castrense, policial o análogo. Soy una buena cabra, que tira para el monte.

Fernando: Si es como lectura de evasión, desde muy pequeño ya me decanté por la ciencia ficción, y le sigo siendo fiel.  También soy un gran devorador de historia medieval y antigua.

¿Qué es más importante para vosotros, atrapar al lector o hacer un libro que se venda mucho?

Ernesto: Lo que más me importa es que el mensaje llegue al mayor número posible de personas, principalmente a quienes trabajan con un arma de fuego encima. Es de Perogrullo que a más ventas, más personas podrán leer la obra. No soy perfecto, tengo muchos defectos, pero todo el que me conoce sabe que el dinero es lo último que me mueve.

Fernando: Todo va unido. Si vendes libros y ya estás por la cuarta edición, es porque, en cierta medida, has conseguido atrapar al lector. También te puedo decir que no nos retiraremos gracias al libro, je je.

¿Hay buenos escritores o solo atrapa lectores?

Ernesto: Que haya escrito este libro (y otros) no me convierte en escritor, por lo que no sé si puedo responder con solvencia a esta pregunta. Pero tiendo a pensar que un buen escritor debe saber atrapar al lector, si bien un buen escritor debe saber hacer otras muchas cosas más con sus párrafos. 

Fernando: ¿Cuál es la diferencia entre un buen y mal escritor? ¿El número de lectores? No creo que al lector general le preocupe este tema, sino leer un libro que le guste y le enganche. Desde un plano más intelectual, tal vez los baremos sean distintos.

¿Por qué los escritores se sienten siempre atrapados por la fantasía? Esto no lo termino de entender, habiendo millones de historias que contar, todas verdaderas.

Ernesto: Supongo que hay de todo. En realidad lo afirmo: hay de todo. La literatura creativa no suele atraerme, a no ser que sea histórica o cuente con buenas dosis de realismo. Debo ser una rara avis: con el cine me sucede exactamente lo mismo. 

Fernando: Personalmente, me encanta la fantasía. Tal vez la fantasía la puedes manejar, modificar y reinventar mejor que una historia real. Creo que hay gustos para todo. Mi trabajo me acerca mucho a la realidad más cruda cada día. Para leer prefiero otro tipo de realidad.

Próximo libro. ¿Cómo está el trabajo, tenéis la trama clara?

Ernesto: Tenemos un nuevo proyecto literario en la cabeza. Bueno, ya está muy iniciado, pero por culpa mía está en el congelador. También va de hechos reales policiales. Otra obra de sufrimiento, angustia e incomprensión. 

Fernando: Como comenta Ernesto, algo tenemos entre manos. Lo que te puedo adelantar es que si con el anterior hicimos algunos "amigos", con éste haremos unos pocos más.

Opinion modestisima con dos de los Grandes de hoy... Al loro como decia Laporta

ERNESTO PÊREZ VERA YFERNANDO PÊREZ PACHO

Opinión modestísima ante dos grandes profesionales que decidieron escribir conjuntamente sus vivencias personales. Hay momentos que el destino, no es que juegue contigo si no que son cosas que devén de ocurrirte y así nació una gran amistad, entre estos dos grandes que los son y que el destino quiso que se conocieran uno impartiendo clases y el otro escuchando como alumno, a un que por correo se carteaban asta poder verse sus propias caras.

Animados por los casos que a muchos policías profesionales les ocurre diariamente y como método de ayuda, quisieron compartir ayudando con su experiencia a aquellos que se la juegan cada día, ellos, por qué no decirlo, que con este  trabajo psicológico,sirve de autoayuda, es como no  para poder ayudar a muchos policías, necesitaba de una especie de trabajo que hilvanara diferentes características,

 Para poder explicar en su libro casos y cosas diferentes y así como auto ayudar  a sus compañeros que diariamente se encuentran con tantísimas cosas que el lector no sabe y que hoy saldrá convencido, de lo que empezó como una pequeña broma se está convirtiendo de un famosísimo libro, cerca ya de su quinta edición, y que han escrito con soltura claridad y profesionalidad estos profesionales.

Ni que decir tiene que yo que doblo casi sus edades y que he vivido mucho, a pie de terreno, debe de faltarme mucho por aprender para que estos, que lo serán grandes escritores, pisando calle me hayan hecho pensar que muy poco ice durante 71 años de mi vida Felicidades maestros quisiera seguir vuestros pasos literarios allí donde se muevan, las teclas de vuestro ordenador.

Resumen de lo mejor leído porque su narración es perfecta y los protagonistas son tan modestos y asequibles que quizá por esto el éxito les está invadiendo. Veo esta narrativa, en versión de una serie Televisiva que invadirá sus casas acuérdense de lo que hoy escribí Salud.

 

E.P.D. UN AMIGO.... Víctor S., el agente fallecido durante una persecución en La Línea. (El Confidencial) EN SU HONOR

Civil, pero los sospechosos se dieron a la fuga y por el momento no se ha producido ninguna detención.

Imagen de Víctor S., el agente fallecido durante una persecución en La Línea. (El Confidencial)

Víctor tenía 46 años, estaba casado y era padre de dos hijos. Además de trabajar en la Unidad de Respuesta Inmediata de la Policía Local, un cuerpo que se encarga de perseguir este tipo de delitos, el fallecido estudiaba Derecho en la Universidad de Cádiz. Desde el Ayuntamiento de La Línea se han decretado tres días de luto por su muerte y el partido independiente al que pertenece el alcalde ya ha dado el pésame a los familiares del fallecido.

Según explican fuentes conocedoras del caso a El Confidencial, el suceso se produjo en una zona en la que es habitual la recogida de cajetillas procedentes del Peñón, para lo que se utiliza un antiguo puente de madera en el que esperan las motocicletas. Varias asociaciones vecinales habían pedido a las autoridades de La Línea el cierre de este paso en los últimos meses, y es que persecuciones como la de este miércoles tienden a repetirse una y otra vez en el barrio.

"Nos vamos a reunir y vamos a gritar muy fuerte porque la situación no puede seguir así", indican a El Confidencial desde la Guardia Civil de la comarca del Campo de Gibraltar. El propio alcalde de La Línea, Juan Franco, reconocía en una entrevista concedida a este diario el pasado abril la falta de “medidas represivas contundentes” para poder combatir estos delitos. “En ocasiones no existe una respuesta tan drástica y los detenidos acaban en la calle al día siguiente", explicaba en este sentido.

 

 

 

 

sábado, 10 de junio de 2017

MIS ÚLTIMOS 10 MUNITOS CON VICTITO (QEPD)

 
Por Ernesto Pérez Vera
 
Era el maldito 7 junio de 2017 cuando Víctor Sánchez, mi eterno 5166, me llamó por teléfono a eso de las siete de la tarde, aunque tal vez fuese una pizca más temprano. Cerré el ordenador: nuestras conversaciones rara vez duraban menos de diez minutos, aunque tuviéramos varias al día. Nunca hablábamos ni de tías, ni de fútbol, ni de cuestiones que no fueran profesionales o familiares. No chismorreábamos, a no ser que en el trasfondo del chismorreo hubiera algún policía corrupto.
 
Me dijo que el jefe le iba a dar gente nueva para su unidad, la URI, la Unidad de Respuesta Inmediata de la Policía Local linense. Quería engordar el equipo, pero no con cualquiera. Quería producir más, o sea, pillar más guarros y quitar más mierda de la calle. Con poca gente, cogía mucho; pero con más gente, cogería mucho más. Quería alcanzar los niveles de eficacia que antaño coronamos juntos, codo con codo, espalda con espalda. No iba a ser fácil, por numerosas razones que hoy no vienen al caso (quizás otro día). Estaba pletórico porque iba a trabajar más. Unos llorando porque los obligan a currar, y otros levantando la mano para que les den más tarea. Siempre hubo policías y tíos que trabajan en la policía. Él, obviamente, era de los primeros, porque de otro modo no hubiéramos llegado nunca a ser lo que fuimos el uno para el otro.
 


También me contó que la noche anterior había pillado a un guarro, de nacionalidad no española, con cuarentaisiete mil euros ocultos en un coche. Un puerco que trató de evadir un dispositivo por él dirigido en el peor barrio de la ciudad (el mismo en el que algunos sobrevivimos a tiro limpio). El dinero, naturalmente y como siempre se hace en estos casos, fue puesto a disposición de la Agencia Tributaria. Al sujeto le constaban antecedentes policiales en el extranjero, por, por ejemplo, traficar con cosas ilegales. Seguimos charlando y me preguntó por el estado de salud de un pariente mío. Y luego, cambiando de tercio, me instó, creo que por tercera vez en dos semanas, a que le organizara una nueva jornada de entrenamiento de tiro con pistola, para que los niños, como yo llamo cariñosamente a los integrantes de la URI, no se oxidaran demasiado.
 
Y de pronto, esto: «Oye, Bello —así me llamaba, pero sin mariconadas—, te voy a dejar, estamos por La Marina y estoy viendo un Zeta de la Nacional identificando a unos guarros. No me gustan, así que nos vamos a poner enfrente, en el otro carril, por si acaso. ¡Ah! Y ver si desayunamos esta semana o la siguiente, que tengo ganas de ir al Rebolo con el ‘Madalena’ y con el ‘Traumatólogo’». Le dije que tuviera cuidado y que, de mi parte, saludara a la ‘Pavona’, también llamado este compañero ‘La caja de pescao’, y al resto de los niños.
 
Este era Víctor Sánchez, en estado puro. Un tío grande que miraba por los ciudadanos, por sus niños y por los niños que visten uniformes de otro color, aun cuando algunos de ellos lo hubieran intentado humillar y pisotear (qué mala es la cochina envidia). Algo nunca logrado, me refiero a lo del ninguneo, porque no hay ni cojones, ni clase, ni nivel profesional para poder hacerlo.

A las ocho y media, sobre noventa minutos más tarde, Víctor nos rompió el alma a un puñado de amigos-hermanos; a gente por la que él hubiera muerto y matado, y al revés también. Ahora, como ya sucediera en el pasado, el pueblo notará su ausencia en la misma medida y proporción que vaya notando el crecimiento de la impunidad criminal. Él, por desgracia, ya no estará para poder recobrar aquel principio de autoridad perdido que, entre unos cuantos, recuperamos y mantuvimos a flote mientras llegaba la que traía los cuchillos prometidos electoralmente, con el fin de pinchar y hacer zozobrar la balsa de la vergüenza, de la dignidad y, por supuesto, del principio de autoridad policial linense