La extraordinaria historia real de cómo un niño judío de seis años, raptado por el Vaticano en 1858, precipitó el derrumbe del poder temporal del Papa en Italia.

El libro que fascinó a Steven Spielberg.

El secuestro de Edgardo Mortara

David L. Kertzer nació en Nueva York, USA en 1948


David I. Kertzer nació en 1948 en Nueva York. Ganador de la Guggenheim Fellowship en 1986, ha sido dos veces galardonado (1985 y 1990) con el Premio Marraro de la Society for Italian Historical Studies al mejor trabajo sobre historia de Italia. En 2014 logró el Premio Pulitzer con su obra The Pope and Mussolini. En la actualidad ocupa la cátedra de ciencias sociales en la Paul Dupee Jr. University y la de antropología e historia en la Brown University. Reside con su familia en Providence (Nueva Inglaterra).

Bolonia: medianoche, junio de 1858. Un golpe resuena en la puerta del comerciante judío Momolo Mortara. Dos oficiales de la Inquisición buscan dentro a su hijo Edgardo, de seis años de edad, para llevarlo a Roma en un carruaje. Cuando el niño es arrancado de los brazos de su padre, la madre, desesperada, pierde el conocimiento. La razón del secuestro se descubrirá más tarde: el niño había sido secretamente bautizado por una criada de la familia, angustiada ante la idea de verle morir en un trance de enfermedad. De acuerdo con la ley papal y la teología eclesiástica, el niño es católico, y puede ser apartado de su familia e ingresado en un monasterio, donde su conversión al catolicismo será completada.
Con esta terrible escena, que marcaría a esa familia para siempre, el premiado historiador David I. Kertzer comienza su fascinante investigación sobre el dramático secuestro de Edgardo Mortara,.La historia real de cómo el rapto de un niño provocó el colapso del Vaticano como poder secular durante siglos. El caso de Edgardo conmocionó el mundo, y el destino de ese niño llegó a convertirse en el símbolo de la cruzada emprendida para poner fin al poder temporal de la Iglesia católica. Este libro evoca la angustia de una familia de modestos comerciantes, el pulso de la vida diaria en un gueto judío, y explora también, a través de las campañas revolucionarias de Mazzini y Garibaldi y personajes como Napoleón III o Pío IX, el surgimiento de Italia como un moderno estado nacional, laico y acorde con los tiempos. Conmovedora y divulgativa, El Secuestro de Edgardo Mortara se lee al mismo tiempo como un thriller histórico y como un riguroso análisis de cómo una singular tragedia humana cambió el curso de la Historia.

'El secuestro de Edgardo Mortara', próxima película de Steven Spielberg

 

El director de cine Steven Spielberg. KEVIN LYNCH.

 

 

CASO FAMILIA MORTARA

 

 

La Inquisición envió a la policía a casa de los Mortara con orden de sacar al niño de la custodia paterna. El imaginable estupor de los padres fue seguido por una escena de tragedia, con la madre arrojada sobre la cama en que estaba el niño, cubriéndolo con su cuerpo. Los agentes de la autoridad se ablandaron y permitieron que Edgardo pasara en casa esa última noche de su vida como judío, pero al día siguiente se lo llevaron.

 

 

 

Los Mortara removieron Roma con Santiago, nunca mejor aplicado el dicho, pues llegaron a ser recibidos en audiencia por Pío IX –que lo más que concedió fue el derecho de visita de los padres, pero siempre vigilados– mientras que las repercusiones del “secuestro del niño judío” se extendían por todo el mundo.

 

 

 

El caso Mortara se convirtió en un paradigma de intolerancia religiosa, en un momento en que en Europa se enfrentaban los movimientos liberales y democráticos con las fuerzas del absolutismo y la reacción, que tenían en la Iglesia de Roma un firme sostén. Inglaterra y Holanda, incluso Francia, que había repuesto a Pío IX en el poder, o el Reino de las Dos Sicilias, donde se había refugiado en su exilio, intentaron gestiones diplomáticas con el Papa para que deshiciera el entuerto, sin éxito. Tampoco lograron nada los banqueros Rothschild, aunque eran prestamistas del Papa.

 

 

 

Europa se dividió en dos, con la prensa progresista denunciando el secuestro y la conservadora defendiendo el derecho y la obligación de la Iglesia de actuar como lo había hecho. En España, donde era muy vivo el debate sobre si la Constitución debía incluir la libertad de religión o no, y donde el sector ultramontano católico animaba la rebelión carlista, el caso Mortara era una constante referencia en los periódicos.

 

 

 

Los desesperados esfuerzos de los padres no les sirvieron de nada, se quedaron sin su hijo, internado en la Casa de los Catecúmenos de Roma, una institución creada en el siglo XVI para albergar a judíos y musulmanes que quisieran ser bautizados. Pero el caso Mortara se volvió contra el Papa. Pío IX se había convertido en un importante obstáculo para la unidad italiana, y el conde Cavour, primer ministro del Piamonte y timonel del proceso unificador, atizó el fuego del escándalo contra el Papa-rey.

 

 

 

Algunos historiadores creen que el caso Mortara influyó en la decisión de Napoleón III de retirar en 1869 al ejército francés que sostenía la soberanía papal en los Estados de la Iglesia. Aunque esa decisión política tuviera causas más complejas, incluida la inminente guerra franco-prusiana, es cierto que al emperador de los franceses le irritó que Pío IX prestara oídos sordos a sus gestiones para devolver al niño judío.

 

 

 

Sin las bayonetas francesas el trono de San Pedro no podía mantenerse en pie. En septiembre de 1870 las fuerzas italianas invadieron los Estados Pontificios y el día 20 asaltaron y tomaron Roma. Pío IX –y tras él sus sucesores- se convirtió en el prisionero del Vaticano.

 

 

 

Vocación católica.

 

 

 

¿Qué había sido mientras tanto del niño judío? Educado muy católicamente en la Casa de los Catecúmenos, Edgardo Mortara había mostrado desde la adolescencia vocación religiosa y, según el periódico oficial romano Civiltà Cattolica, rechazó regresar con sus padres a menos que estos se convirtieran al catolicismo. Algunos sostienen incluso que llegó a vivir un mes con su familia, pero que quiso regresar a Roma, e ingresó como novicio en el convento agustino de San Pietro in Vincoli. Al llegar a los 19 años en 1870, poco antes del asalto italiano, pronunció sus votos religiosos. El caso es que entre los soldados italianos que tomaron Roma y acabaron con el poder del Papa-rey iba Ricardo Mortara, el hermano mayor de Edgardo, que tenía en aquella campaña contra el Papa una motivación particular: liberar al niño judío. Sin embargo cuando se presentó en el convento fue recibido por su hermano con un ¡vade retro! por llevar el “uniforme asesino” del ejército que había derrocado al Papa.

 

 

 

Pío IX excomulgó a la dinastía Saboya y Edgardo Mortara, que decía que el Papa era su auténtico padre, veía a los italianos como sus temibles enemigos. Puesto que el Reino de Italia había tomado el poder, no le quedaba más camino que el exilio, en lo que influyó también el temor a ser reclutado para el ejército italiano, ya que estaba en edad militar.

 

 

 

Logró atravesar las líneas italianas y huyó a Austria, donde cinco años después sería ordenado sacerdote. El padre Mortara viajó por Europa y se convirtió en un notable políglota, capaz de predicar en seis lenguas. Regresó a Italia y volvió a ver a su familia –hay fotos de estos encuentros- intentando convertirlos al catolicismo, lo que no logró. Como dato curioso, vino a España para estudiar la lengua vasca y se instaló en Oñate, Guipúzcoa. Unamuno cita que le escuchó predicar en euskera en Guernica. Moriría también en el extranjero, en Bélgica, en 1940, casi con 90 años dedicados al servicio de la Iglesia.

 


 

Opinión de : valenti fainê

Creo personalmente que lo dice toda la sinopsis del libro,La extraordinaria historia real de cómo un niño judío de seis años, raptado por el Vaticano en 1858, precipitó el derrumbe del poder temporal del Papa en Italia. El libro que fascinó a Steven Spielberg si este se quedó fascinado y se propuso crear la historia en el Cine, quiero decir con ello que ya no cabe más explicaciones este libro tendrían que tenerlo todos y cuando digo todos digo la mayoría de lectores a los que tantas alegrías nos está dando