Quítame los tacones y volveré a ser princesa
«Conoces a una persona, te ríes con ella, la quieres y un día, todo se acaba. No es que
fuera tremendista es que la sola idea de pasar de ser la primera, la confidente, la amiga,
la preferida, a colocarme en una segunda posición, no era asumible. Además, todos
sabemos que las segundonas enseguida se hacen prescindibles, más para un hombre que
cuando encuentra a su pareja, la hace su compañera en todo. Una segundona nunca será
su amante y ya conocéis el dicho «dos que duermen en el mismo colchón, se vuelven de
la misma condición». Jamás una mujer permitiría que otra compartiera secretos
desconocidos para ella. Estaba claro que yo pronto pasaría a la historia y que mi futuro
era cruel y desgarrador...»
Belén es una chica más en Madrid. Aparentemente su vida no es muy distinta a la de los
demás, aunque en su entorno destaca por muchas razones, pero ella ni las sabe, ni se las
creería nunca. Y no está sola. Tiene a su madre, que la adora, a sus amigas, Cecilia, Marta
y Alicia, las tres mejores que existen en el mundo y, por supuesto, a Diego, su amigo, su
hermano, su todo, con quien comparte desde la Universidad los desayunos de los viernes.
Pero, ¿es posible quererlo todo y no querer nada...? Parece ser que sí. La vida le guarda
una sorpresa que le hará cuestionarse todos sus valores.

Quítame los tacones y volveré a ser princesa

Periodista de vocación y de profesión, ha trabajado en varios medios en los que ha desarrollado múltiples trabajos, desde redacción a documentación,
pasando por producción. Con veinticinco años y durante más de diez, ha sido directora de comunicación de una reconocida institución jurídica,
tiempo que compaginó con su pasión por la escritura colaborando semanalmente con su columna Injusta y desmedida en el periódico La Gaceta y la
revista Época, bajo el sobrenombre Rana Bolena. Su primera novela Quítame los tacones y volveré a ser princesa nació de las sensaciones de una
escritora casi inédita que ha procurado no identificarnos con el personaje, sino la reconciliación con las inseguridades que todos tenemos en nuestras
vidas y que nos pueden hacer caer, o envalentonarnos para sobreponernos forzosamente a lo que nos duele.