Desperta Ferro Ediciones es una editorial independiente fundada en 2010 por tres historiadores que, sin financiación externa, subvenciones ni apoyo institucional, decidieron hacer de su vocación su modo de vida y apostar por un producto cultural de calidad y en papel, inaugurando en plena crisis una atrevida iniciativa empresarial. A día de hoy, Desperta Ferro Ediciones cuenta con cuatro cabeceras bimestrales –Desperta Ferro Antigua y Medieval, Desperta Ferro Historia Moderna, Desperta Ferro Contemporánea y Arqueología e Historia– con una tirada que oscila entre los 10 000 y los 14 000 ejemplares, y lo que en su día se fraguó como un original modelo de autoempleo ha evolucionado hasta conformar una plantilla de 14 profesionales a jornada completa y decenas de colaboradores externos.



En este lustro de andadura, Desperta Ferro Ediciones ya es un referente en la alta divulgación en Historia, merced a la combinación de números monográficos con textos escritos ex profeso por especialistas, generalmente académicos, y un aparato gráfico innovador y sobresaliente. Esto ha convertido a nuestras revistas en una rara avis, objeto de coleccionismo y consulta en un mundo, el de las publicaciones periódicas, marcado por la inmediatez y el rápido desecho. La doble vertiente de Desperta Ferro, de divulgación y académica, plasmada en su éxito comercial y en su presencia en los anaqueles de bibliotecas universitarias, viene ahora a prolongarse con su flamante línea de libros

La Guerra Civil rusa, hito fundacional de la Unión Soviética, es quizás el episodio que más haya condicionado la historia del siglo XX. A pesar de ello, Blancos contra rojos es el primer libro dedicado a esta sangrienta contienda fratricida en el centenario de la Revolución.

6-9-2017 – La editorial Desperta Ferro Ediciones publica Blancos contra rojos. La Guerra Civil rusa, de Evan Mawdsley, profesor de H.ª Internacional en la Universidad de Glasgow y especialista en el origen de la Unión Soviética.
La Revolución de octubre de 1917 estremeció al mundo y fue el desencadenante directo de la no menos sobrecogedora Guerra Civil rusa, que enfrentó al nuevo poder soviético y las fuerzas antibolcheviques, a la revolución y la contrarrevolución, a rojos contra blancos. La Guerra Civil rusa provocó cerca de diez millones de muertos y devastó el Imperio de los zares para dar lugar, con el definitivo triunfo de los bolcheviques, a la Unión Soviética, un nuevo poder que marcaría la historia contemporánea.
El relato ameno y magníficamente detallado de Evan Mawdsley ofrece una síntesis completa de este vasto y complejo fenómeno, haciendo hincapié en el aspecto menos conocido por el gran público: las operaciones militares desarrolladas en el corazón y en la periferia del Imperio ruso, sin por ello obviar la lucha por el poder, las maniobras políticas y las implicaciones internacionales del conflicto.
Como resultado de un conocimiento profundo de la historiografía sobre la Revolución y la Guerra Civil rusa, Mawdsley proporciona un análisis equilibrado, que mantiene plena actualidad a la luz de las nuevas fuentes que siguen proporcionando los archivos de la Federación Rusa. Para ello hace un recorrido cronológico y geográfico por los diferentes y distantes teatros de operaciones en los que el poder soviético tuvo que combatir a sus enemigos. Sus conclusiones ofrecen, no solo un análisis de las causas de la victoria bolchevique y del fracaso del movimiento blanco, sino que plantean las relaciones entre la tradición autocrática rusa, el proceso revolucionario y la guerra civil para comprender el advenimiento del estalinismo y la posterior evolución de la Unión Soviética.

Rusia 1917: blancos, rojos, revolución y guerra

Evan Mawdsley

Evan Mawdsley es un historiador estadounidense nacido en 1945. Es profesor titular en el Departamento de Historia Moderna de la Universidad de Glasgow, donde imparte Historia Internacional. Actualmente trabaja codo a codo con Stephen White como co-autor sobre las élites soviéticas en The Soviet Elite from Lenin to Gobachev, un proyecto prosopográfico que incluye biografías computarizadas y entrevistas con ex miembros del Comité Central del PCUS. Entre los años 1957 y 1963 estudió en Baldwin High School situado en Nueva York y, posteriormente entre 1963 y 1967 obtuvo en el Haverford College una licenciatura en Liberal Arts and Science. Por último, cursó también en la School of Slavonic and East European Studies (SSEES) de la Universidad de Londres estudios de Rusia, el Báltico y Europa Central, Oriental y Sudoriental.

Evan Mawdsley es profesor honorario de investigación en el departamento de Humanidades y sus investigaciones giran en torno a la élite política e historia de Rusia en el período soviético temprano, tema sobre el que ha escrito numerosos artículos y libros. Sus publicaciones se caracterizan por ser accesibles, bien organizadas y eruditas. Además se basan en bibliografía actualizada, contienen excelentes mapas de campañas y peculiares fotografías. Con ellas ha conseguido colocarse como uno de los autores con una interpretación más original de la Rusia Contemporánea, especialmente, con respecto a su parte militar.

Entre los artículos de Evan Mawdsley destacan “Britain’s Pearl Harbor” publicado en 2011 en la revista BBC History o los publicados en la revista War in History como “Hitler and Stalin in perspective: secret speeches on the eye of Barbarrossa” o “A war to be won: fighting the Second World War”. Otras de sus publicaciones se han dado en revistas como Journal of Strategic Studies o International History Review. Entre sus libros se encuentran The Russian Revolution and the Baltic Fleet (1978), Thunder in the East: The Nazi-Soviet War (Oxford University Press, 2005/2015), December 1941 (Yale University Press, 2011), The Russian Civil War [Blancos contra Rojos] o World War II: A New History (Cambridge University Press, 2009). Además, ha sido editor general de History of the Second World War de Cambridge (2015). Actualmente Evan Mawdsley vive en Glasgow y se dedica a la escritura independiente y la edición profesional.

 

La Revolución de octubre de 1917 en Rusia fue un acontecimiento que sobrecogió al mundo y fue el desencadenante directo de la no menos sobrecogedora Guerra Civil rusa que enfrentó al nuevo poder soviético y las fuerzas antibolcheviques, a la revolución y la contrarrevolución, a rojos contra blancos. La Guerra Civil rusa provocó cerca de siete millones de muertos y devastó el Imperio de los zares para dar lugar, con el definitivo triunfo de los bolcheviques, a la Unión Soviética, un nuevo poder que marcaría la historia contemporánea.Elrelato ameno y magníficamente detallado del profesor Evan Mawdsley ofrece una síntesis completa de este vasto y complejo fenómeno, haciendo hincapié en el aspecto menos conocido por el gran público, particularmente español: las operaciones militares desarrolladas en el corazón y en la periferia del Imperio ruso, sin por ello obviar la lucha por el poder, las maniobras políticas y las implicaciones internacionales del conflicto.
Como resultado de un conocimiento profundo de la historiografía sobre la Revolución y la Guerra Civil rusa, Mawdsley proporciona un análisis equilibrado, que mantiene plena actualidad a la luz de las nuevas fuentes que siguen proporcionando los archivos de la Federación Rusa. 

 

 

 

 

Para ello hace un recorrido cronológico y geográfico por los diferentes y distantes teatros de operaciones en los que el poder soviético tuvo que combatir a sus enemigos. Sus conclusiones ofrecen, no solo un análisis de las causas de la victoria bolchevique y del fracaso del movimiento blanco, sino que plantean las relaciones entre la tradición autocrática rusa, el proceso revolucionario y la guerra civil para comprender el advenimiento del estalinismo y la posterior evolución de la Unión Soviética.
Cien años después del comienzo de la lucha entre rojos y blancos, podemos disfrutar, por fin en castellano y en una edición ilustrada con fotos en buena medida inéditas, de este libro que acierta a explicar un momento crucial en el devenir del mund

 

De lo sublime a lo ri­dícu­lo solo hay un paso”. Lo que Napoleón había armado sobre su campaña de Moscú podría aplicarse igualmente a Antón Denikin, uno de los principales líderes del movimiento blanco durante la guerra civil rusa. En octubre de 1919, sus ejércitos avanzaban a pasos agigantados —parecía que de forma imparable— hacia la capital roja. Hacia finales de mes, se le puso a prueba con ataques desde ambos flancos. Entonces, entre mediados de noviembre y principios de enero, en siete semanas, los blancos se derrumbaron. Se retiraron de forma desordenada 725 kilómetros, sin detenerse hasta que hubieron cruzado el río Don. A principios de abril de 1920, las bases de operaciones cosacas se habían perdido para siempre, las Fuerzas Armadas del sur de Rusia habían sido liquidadas y el propio Denikin fue depuesto y exiliado.

 

Los mismos motivos que alejaron a Denikin de Moscú en otoño —la inferioridad numérica, la mala organización, la falta de atractivo para las masas— explican su incapacidad para mantenerse firme a finales de 1919. En ese momento, se empezó a pagar el precio del autoabastecimiento; Wrangel informó de que el Ejército Voluntario se había retirado “a través de regiones en las que la población llegó a odiarlos”. No había reservas organizadas ni planes alternativos asegurados.

 

Las vías del ferrocarril estaban cortadas. En diciembre, Denikin tenía 42.700 hombres enfermos o heridos —que deben compararse con una fuerza de combate que, en su momento álgido, llegó a 100.000 soldados—. “Posiblemente, ningún Ejército”, informó la misión británica, “se ha encontrado tan mermado desde un punto de vista sanitario”.

 

desde 1903 y sirvió en las guerras de 1904 y 1914, en las que obtuvo condecoraciones al valor y ascendió al rango de subteniente (vajmistr). Desde la primavera de 1918, dirigió fuerzas en el sureste —primero un destacamento, después una brigada, una división, un cuerpo y finalmente el Konármiya—. El Ejército de Caballería estaba estrechamente vinculado con Stalin y sus líderes —en su mayoría de origen humilde— florecerían mientras otros sucumbían: el mariscal Budionni fue enterrado con honores en la Plaza Roja en 1970 (a pesar de sus terribles derrotas en 1941); el mariscal Timoshenko (comandante de la 6ª División) dirigió al Ejército Rojo en los primeros momentos de la II Guerra Mundial, y el mariscal Zhúkov, el mejor soldado de Stalin, inició su carrera en el Konármiya como un joven comandante de escuadrón. El comandante en jefe Kámenev describió la feliz situación: “La principal baza del enemigo, por voluntad del destino, pasó a nuestras manos”. Se benefició de la lentitud de Denikin en comprender el potencial de la caballería empleada en masa. Solo tras el éxito de Budionni, el estupefacto Denikin trató de reunir en el noreste de Járkov un gran contingente de caballería —los cuerpos IV del Don y el II y III del Kubán–. El conflicto con la Rada del Kubán afectó a la moral de las unidades procedentes de aquella región y los cosacos del Don se enfurecieron cuando su idolatrado general Mamontov fue reemplazado por el general Ulagai, que dirigió las unidades del Kubán de Wrangel. En cualquier caso, la fuerza de caballería de Ulagai fue arrollada por el avance rojo antes de que pudiera siquiera organizarse por completo. A finales de diciembre, Ulagai informó de lo peor: “En términos generales, carecemos de caballería”.

 

 

 

La disolución de la caballería blanca se combinó con la desintegración del alto mando de los blancos. A principios de diciembre, Denikin trasladó a Wrangel del Ejército del Cáucaso al Ejército Voluntario, para reemplazar a un acabado Mai-Mayevski. Sin embargo, Wrangel, el valiente líder de la caballería, el conquistador del norte del Cáucaso y de Tsaritsyn, fracasó. Recibió un Ejército en completa retirada, discutió con los comandantes de los voluntarios y, para colmo, contrajo el tifus. Es cierto que evitó los intentos de Budionni de aislarle del Ejército del Don, pero el 3 de junio él mismo fue sustituido.

 

 

 

En todo el frente, las Fuerzas Armadas del sur de Rusia estaban en retirada. Kiev cayó el 16 de diciembre, y Tsaritsyn el 3 de enero. Denikin esperaba mantener la posición con el grueso de sus fuerzas al norte del Don, con la creación de una zona defensiva en torno a Rostov y Novocherkask. Más adelante defendió que las Fuerzas Armadas del sur de Rusia eran superiores en número y en equipamiento a la vanguardia roja, que se encontraba sobreextendida, por tanto, podrían haberla detenido —pero lo que ahora les faltaba a los blancos era espíritu—.

 

 

 

A medida que los restos de los Ejércitos Voluntario y del Don se agrupaban cerca de la desembocadura del Don, el principal deseo de los soldados blancos era atravesar el cuello de botella para que el río quedara entre la caballería roja y ellos. En palabras de uno de los oficiales del Ejército del Don, “la naturaleza favorece a sus propios hijos”; el río se congeló, lo que permitió que los blancos lo cruzasen, y luego comenzó el deshielo justo a tiempo para bloquear a los rojos. Novocherkask y Rostov, en la ribera norte, fueron tomadas por los rojos el 7 de enero. Los blancos se habían salvado del envolvimiento, pero habían perdido todo lo capturado en 1919.

 

Fragmento de ‘Blancos contra rojos: la guerra civil rusa’ (Desperta Ferro), que sale a la venta a mediados de septiembre. Su autor, el historiador estadounidense Evan

 

La celeridad de la retirada también se explica por la intervención de la caballería roja. La movilidad y la potencia de choque de la caballería cosaca habían contribuido a las primeras victorias blancas. Los rojos habían tardado mucho en responder, porque los bolcheviques consideraban a la caballería un arma contrarrevolucionaria y, según sus especialistas, obsoleta. La incursión de Mamontov supuso un sobresalto que les hizo cambiar de actitud. “La mayor desgracia del Ejército Rojo es la escasez de caballería”, anunció Trotski en septiembre de 1919, y le siguió su célebre y extravagante lema: “¡Proletarios, a caballo!”. Se formaron grandes unidades de caballería, aunque no eran obreros montados a caballo (excepto en el caso de los comisarios y los planificadores del partido), sino que la mayoría era cosacos del Don y del Kubán o veteranos del cuerpo de caballería de la Gran Guerra. Se reclutaron nuevas unidades ecuestres en la retaguardia y las existentes se agruparon en una masa de maniobra capaz de alzarse con la victoria.

 

 

 

 

La Revolución de octubre de 1917 en Rusia fue un acontecimiento que sobrecogió al mundo y fue el desencadenante directo de la no menos sobrecogedora Guerra Civil rusa que enfrentó al nuevo poder soviético y las fuerzas anti bolcheviques, a la revolución y la contrarrevolución, a rojos contra blancos.

 La Guerra Civil rusa provocó cerca de siete millones de muertos y devastó el Imperio de los zares para dar lugar, con el definitivo triunfo de los bolcheviques, a la Unión Soviética, un nuevo poder que marcaría la historia contemporánea.

Haciendo hincapié en el aspecto menos conocido por el gran público, particularmente español: las operaciones militares desarrolladas en el corazón y en la periferia del Imperio ruso, sin por ello obviar la lucha por el poder, las maniobras políticas y las implicaciones internacionales del conflicto. Como resultado de un conocimiento profundo de la historiografía sobre la Revolución y la Guerra Civil rusa, Mawdsley proporciona un análisis equilibrado, que mantiene plena actualidad a la luz de las nuevas fuentes que siguen proporcionando los archivos de la Federación Rusa