Carlos I de España y V de Alemania, con diecisiete años de edad, acaba de llegar a los reinos hispanos. Una serie de sorpresas esperan al joven Rey, que bajo los auspicios de su tía, la archiduquesa Margarita de Austria, en el Palacio de Malinas, de Flandes, ha vivido una infancia y adolescencia sin apenas otra preocupación que su formación y una vida relajada. Laurent Vital, su servidor o camarero más adepto, cuenta su trayectoria en forma de crónicas, referidas a aquellos primeros tiempos del monarca en España, donde se va a encontrar con las luchas y enfrentamiento de diversas instituciones, con la envidia y ambición de los nobles, con un imperio que alcanza al Nuevo Mundo, y, sobre todo, por lo que respecta al título de este libreto, se va a enfrentar al “amor”, provocado por su abuelastra, viuda de Fernando el Católico, que se enamora perdidamente de él. Y él de ella.

LOS PRIMER AMOR DEL JOVEN CARLOS V de Editorial CHIADO

José V. Serradilla Muñoz, Licenciado en Filosofía y Letras, Ciencias de la Información y Unión Europea, ha desarrollado la labor de prensa en Roma, Madrid, Ibiza y ahora Extremadura, su tierra natal, donde reside, junto al Monasterio y Palacio Imperial de Yuste.

Aparte de la labor periodística ha publicado más de treinta libros de historia, especialidad en Carlos V y su época, ficción, etnografía e investigación, y continúa escribiendo y colaborando en diversos medios de prensa.

El autor nos presenta en esta nueva entrega dedicada al Emperador Carlos, una faceta interesante de su vida, el primer amor del joven Carlos V y su abuelastra, Germana de Foix, él con 17 años y ella con 29.

En contra de la imagen hierática de Germana, exhibida por los medios, las crónicas dicen de ella que era una mujer “alegre, jovial y lúdica”, amiga de fiestas y de la buena mesa, del “bon vivere”, que incluía las licencias amorosas con relación al joven Carlos V, y que dieron como resultado una hija a la que llamaron Infanta Isabel de Castilla.

El autor nos introduce al mismo tiempo en aquel mundo glamuroso y nos describe los turbulentos amores de aquel primer amor del joven Carlos, avalado por otros volúmenes sobre el personaje, como “La mesa del Emperador”, “La última confesión de Carlos V”, “Las mujeres en la vida de Carlos V”, “Memorias de Bárbara Blomberg, la última amante del Emperador”, “Un juglar en las cortes de María Manuela de Portugal, primera esposa de Felipe II, y de su hijo D. Carlos” y “La Serrana de la Vera y el Emperador Carlos V”.

Al enviudar en 1504 el rey aragonés de la que fuera reina de Castilla Isabel la Católica hubo que buscar una segunda esposa que asegurara la sucesión a la corona para evitar que cayera en manos de Felipe el Hermoso y Juana la Loca. Por el Tratado de Blois con el rey Luis XII se busca a su sobrina Germana para esposa cuando solo contaba 18 años, mientras el viudo Fernando tenía 53. Se casaron por poderes en 1505 y al año llegaron a tener el hijo que deseaban: Juan de Aragón y Foix. Pero el niño murió a los pocos días.

Sabiéndose Fernando "muy mayor" empezó a tomar bebedizos afrodisíacos que le fueron restando la salud sin sumarle nueva descendencia, a pesar de que de joven había sido hábil artillero entre las sábanas de su alcoba. Rondaban en la Corte algunos galanteadores de su joven y guapa esposa Germana; citan los cronistas a un tal Antonio Agustín, al que Fernando celoso mandó encarcelar. Su esperanza de vigilar a Germana estaba en su nieto, el que sería luego emperador Carlos V. Y fue a él al que Fernando le encargó que cuidara de su esposa cuando enviudara; esto le dijo: "Cuida de tu abuela Germana pues, después de Dios, no tiene otro remedio sino vos".

El joven y fogoso Carlos muy a pecho se debió tomar este encargo, pues solo al ver a la que sería su abuelastra Germana, mujer hermosa y aún joven, se enamoró apasionadamente de ella. Contaba la de Foix 29 años y todavía no había ganado los muchos kilos que luego la convertirían en una de las mujeres más obesas del reino. Dicen los cronistas que el enamorado nieto Carlos no sólo la acompañaba y la consolaba calmando su ahogo sino que la agasajaba con frecuentes banquetes y regalos.

Estando en Valladolid mandó incluso construir un puente de madera para pasar sin ser advertido desde el Palacio real a la cercana casona de Germana; fruto del paso frecuente del puente fue una hija a la que pusieron de nombre Isabel y de la que se conoce poco. Pero hubo quien apartó enseguida a Germana de Carlos casándola rápidamente con un marqués de nombre precisamente Fernando. Quedó de nuevo viuda y volvió a casar con otro Fernando de Aragón, duque de Calabria. Y ya van tres.

Murió Germana sin descendencia a los 49 años después de haber sido virreina de Valencia y condesa de Barcelona; su enorme cuerpo fue sepultado en el Monasterio de San Miguel de los Reyes en Valencia. Aunque en su testamento dejó bien claro que su mejor collar de perlas fuera para la "infanta Isabel", sin duda la hija tenida con Carlos V. Descanse en paz esta 'Matafernandos de Foix' que si algo bueno dejó al futuro emperador Carlos fue iniciarlo en el calor de las sábanas y enseñarle las mieles del amor con mujer madurita. Cuando Carlos V vino a Granada recién casado con Isabel de Portugal ya sabía lo que era una mujer. Si abuelo y nieto compartieron las glorias del poder, también compartieron el placer de una misma dama, ancha de caderas, guapa de cara y de nombre Germana.

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