Hay que agradecer a la editorial española ECC Ediciones el trabajo que está realizando con la edición de los Elseworlds, u Otros Mundos en español, ya que nos está trayendo de todo y bastante variado. Empezaron con Batman, pero poco a poco se han ido abriendo a editar también estas historias alternativas de Flash, Wonder Woman, o la Liga de la Justicia de América, como en el caso que hoy nos ocupa. Esto es un dulce caramelo para los coleccionistas y completistas, ya que se pueden conseguir obras inéditas, que por su escaso éxito y/o poca calidad, no nos han llegado a nuestro idioma, o fueron publicados en su momento y la reedición se antoja casi imposible. El ejemplo que hoy nos ocupa, JLA: Acto divino, publicada en 2001 por DC Comics, es exactamente esto, una obra de mala calidad cuyo único interés radica en poseerlo, en tenerlo en la biblioteca porque eres tan fan de DC Comics que quieres tener todo lo posible, hasta lo peor. Porque, perdonad por el mal chascarrillo que voy a hacer, pero si esto es un acto divino, el dios que lo ha hecho es un ser cruel, macabro y sádico, que disfruta haciendo sufrir a los lectores de este noble arte

La historia es la siguiente, mientras Flash, Aquaman, Superman, Supergirl, Wonder Woman, Green Lantern, etcétera están realizando sus labores superheroicos, es decir, salvando a la humanidad y esas cosas mundanas, la tierra es golpeada por un misterioso rayo negro que elimina los superpoderes de nuestros héroes protectores. A algunos se les ve especialmente afectados, como a Flash, Aquaman o a Kyle Rayner. Es entonces cuando, en una reunión de casi todos los superhéroes de la Tierra, se dan cuenta que solo los poderes orgánicos o naturales se han eliminado, es decir, que evidentemente los que cuentan con avances tecnológicos están intactos. Esto provoca que, a priori, personajes como Booster Gold, Blue Beetle, Acero o Batman adquieran más protagonismo, algo que, especialmente en el caso del hombre murciélago, no es tal. Es entonces cuando en esta reunión, Martian Manhunter hace una reflexión que es el resumen de la historia, y es que posiblemente esto les ha ocurrido para ponerles al mortal nivel del resto de seres humanos, a lo que debería ser normal. Esta situación es obviamente aprovechada por algunos villanos para sembrar un caos tan ridículo que es superado hasta por mi bichón maltés, que hace mejores trastadas en casa que la de estos villanos, entre los que está un Joker fugaz e intrascendente en sus apariciones, o un Lex Luthor que no se sabe qué pretende.

En el apartado artístico, tenemos a Dave Ross en el dibujo, a George Freeman en el entintado y a Benedict Dimagmaliw en el color. Ross, que comparte apellido y pero no tanto talento con el genial Alex Ross, es paradójicamente lo mejor de esta obra. O mejor dicho, lo menos malo. A Ross le hemos visto trabajar en Dark Horse en varias obras del Universo Expandido de Star Wars, y sobre todo en Marvel, en todo tipo de colecciones y personajes como Lobezno, El Castigador, Daredevil, etcétera, y destacando especialmente su trabajo en Vengadores Costa Oeste. En esta obra, vemos al Ross aún noventero típico de la época, con féminas imposibles, diseños faciales horribles, y escenas de acción más o menos solventes. Lo dicho, lo menos malo de la obra, pero no nos vamos a engañar tampoco es un punto fuerte, ni un aspecto a alabar ni mucho menos.