Partiendo de su conocimiento y su trato, desde la infancia, del personaje real, Juan Vicente Gómez —en la narración: Aparicio Peláez—, y de su corte en Maracay, Úslar Pietri nos relata en Oficio de difuntos una biografía «novelada» de aquel patriarca, que gobernó durante veinticinco años largos Venezuela tan a su antojo, que marcaría indeleblemente su porvenir.

Pero Oficio de difuntos es mucho más que una biografía novelada de Gómez, pues Úslar Pietri esboza el retrato certero de toda la casta de estos patriarcas —desde Porfirio Díaz en México, o Estrada Cabrera en Guatemala, o Tacho Somoza en Nicaragua…—, que trazaron el desdichado futuro de casi toda Hispanoamérica. Pues Oficio de difuntos es, sobre todo, el relato minucioso de su forma silenciosa de ascender al poder como caudillos pacificadores del país, hasta convertirse, por el mero ejercicio del mismo y la obsequiosa abyección de cuántos le rodeaban, en sátrapas omnímodos a los que nada ni nadie osaba oponerse.

la insólita vida de un sátrapa de las Américas novelada magistralmente de nuevo en nuestras librerías.

Nació en Caracas, en 1906, donde morirá en 2001. Como descendiente de un edecán de Simón Bolívar y de dos presidentes de Venezuela —baste añadir que su abuelo materno, el general Juan Pietri, fue presidente del consejo de Gobierno— se crio en un ambiente de honda impronta política, que se verá plasmada en la multitud de cargos que ocupó: tres veces ministro —de Educación, de Hacienda y de Interior—, secretario de la Presidencia de la República, diputado y senador, y hasta candidato a la Presidencia de la República, en 1963.

Sin embargo, no es menor su importancia literaria, su otra vocación que se remonta a 1928, cuando en enero apareció el único número de la revista Válvula, donde publicó el editorial «Somos» y el artículo «Forma y Vanguardia», considerados como las directrices del movimiento vanguardista venezolano. Esta vocación se verá fortalecida al año siguiente con su marcha a París, para ocupar el puesto de agregado civil en la Embajada. Durante su lustro parisino (1929-1934) no solo trabará su duradera amistad con Miguel Ángel Asturias y Alejo Carpentier, sino que frecuentará a Paul Valéry, a Robert Desnos, a André Breton, a Ramón Gómez de la Serna… Lo que determinará su creación literaria y la convertirá en una de las más relevantes del continente americano. Cabe solo añadir que fue el formulador del término «realismo mágico», en su ensayo Letras y hombres en Venezuela (1948).

Su obra literaria aborda todos los géneros, en especial el ensayo periodístico, donde es copiosa, pero a la que hay que adjuntar siete novelas; la primera y más conocida es Las lanzas coloradas (1931), pero no conviene olvidar las siguientes: El camino de el Dorado (1947), Un retrato en la geografía (1962), Estación de máscaras (1964), Oficio de difuntos (1976), La isla de Róbinson (1981) o La visita en el tiempo (1990), más sus nueve recopilaciones de cuentos. Entre los múltiples reconocimientos que recibió, destaca el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, que se le concedió en 1990.

Partiendo de su conocimiento y su trato, desde la infancia, del personaje real, Juan Vicente Gómez —en la narración: Aparicio Peláez—, y de su corte en Maracay, Úslar Pietri nos relata en Oficio de difuntos una biografía «novelada» de aquel patriarca, que gobernó durante veinticinco años largos Venezuela tan a su antojo, que marcaría indeleblemente su porvenir.

 

Pero Oficio de difuntos es mucho más que una biografía novelada de Gómez, pues Úslar Pietri esboza el retrato certero de toda la casta de estos patriarcas —desde Porfirio Díaz en México, o Estrada Cabrera en Guatemala, o Tacho Somoza en Nicaragua…—, que trazaron el desdichado futuro de casi toda Hispanoamérica. Pues Oficio de difuntos es, sobre todo, el relato minucioso de su forma silenciosa de ascender al poder como caudillos pacificadores del país, hasta convertirse, por el mero ejercicio del mismo y la obsequiosa abyección de cuántos le rodeaban, en sátrapas omnímodos a los que nada ni nadie osaba oponerse.

 

Novela, pues, imprescindible para entender aquel continente.


Centrada en la figura de Juan Vicente Gómez, el sátrapa que gobernó Venezuela durante casi treinta años, entre 1908 y 1935, Oficio de difuntos es una sátira política, una meditación sobre el poder y la ambición y sobre el papel del intelectual.

La distancia irónica con que la escribió Úslar Pietri le evitó caer en la simplificación y en la caricatura para abordar la psicología del dictador y los mecanismos del poder a través de un personaje fundamental, el padre Solana, que puso su talento envilecido y temeroso al servicio del caudillo.

Es él quien abre y cierra la novela, el hilo conductor de un relato construido a partir del momento de la muerte del dictador -que aparece en la novela como el general Aparicio Peláez-, cuando Solana se ve obligado a redactar la oración fúnebre que tendrá que pronunciar en el oficio de difuntos ante el cuerpo muerto del general:

En la noche lo llamaron desde Tacarigua para darle la noticia. Demasiado breve, demasiado simple para comprenderla en toda su significación. “El general acaba de morir”. Fue una noche de callado pavor, de andar por la casa sin rumbo, de hablar solo, de rezar rosarios sin término, de despertar al fámulo para que lo acompañara, de pensar en los más diversos y disparatados medios de desaparecer y de huir. Disfrazarse, esconderse, refugiarse en una embajada, salir al extranjero. Temprano, en la mañana, después de aquella larga noche, vino la otra llamada. De parte del general encargado del poder ejecutivo, le participaban que había sido designado para decir la oración fúnebre en la misa de difuntos de cuerpo presente que se iba a celebrar al día siguiente, allá en Tacarigua, antes del entierro.

Y a partir de ahí se suceden los recuerdos, se superponen el presente y el pasado para reconstruir el proceso por el que llega al poder el dictador y las circunstancias que formaron su personalidad.

Ante el poder absoluto que representa el general Peláez, dos personajes, el padre Solana y el general rebelde Damián Dugarte, reaccionan de dos maneras distintas: con sumisión o con rebeldía y articulan la reflexión sobre la realidad política y social de la dictadura y sobre los mecanismos del poder.