En este tiempo de convulsiones políticas, la noción de «posverdad» ha cobrado tal relevancia que recientemente fue nombrada Palabra del Año por el Oxford Dictionary, pues ha jugado un papel determinante en todas las catástrofes que se han producido por la vía de las urnas: las mentiras llanas, la manipulación de los hechos, las falsedades y los insultos se han convertido en elementos decisivos para el encumbramiento de alternativas políticas que amenazan libertades básicas, que persiguen a minorías y que en general ofrecen un futuro donde el miedo y el odio forman parte del acontecer cotidiano. En este contexto, en Sexto Piso creemos que los libros se vuelven más importantes que nunca: como un pequeño acto a contracorriente, como objetos que al ser leídos y pasados de unas manos a otras tienden a generar una comunidad invisible, compuesta por personas vinculadas por su creencia en la palabra, en las ideas, y en la expresión escrita como medio para rescatar todo lo que tengamos de valioso para poder hacer posible la vida en sociedad.

Once años después de haber comenzado nuestra aventura en España, queremos daros las gracias particularmente a vosotros, nuestros lectores, que sois la razón principal de que podamos continuar publicando libros en los que creemos profundamente; pues, más allá de las razones específicas que nos conducen a decidir en cada caso que se trata de un texto que merece intentar ser compartido con mucha más gente, el elemento común a todo nuestro catálogo es la convicción de estar editando libros valiosos en sí mismos. En esta época de temor e incertidumbre, resulta reconfortante saber que un acto como la lectura sigue siendo relevante, y nos conmueve que nos permitáis ser uno de los vehículos para que las obras de magníficos autores y autoras continúen entablando diálogos que nos permitan recordar que un mundo diferente siempre será posible.

Con treinta años de retraso y con traducción de Daniel Ramos Sánchez, Sexto Piso ha publicado Apegos feroces, de Vivian Gornick, todo un clásico del memorialismo norteamericano. Nacida en 1935 en el Bronx, en un hogar pobre y obrero, hija de judíos socialistas, Gornick, tras licenciarse en Artes en la Universidad de Nueva York, destacó como periodista y escritora feminista en las páginas del Village Voice durante la década de los años 70 del pasado siglo.


Apegos feroces - Vivian Gornick


Vivian Gornick (1935) nació y creció en el Bronx neoyorquino. Hija de un familia de emigrantes ucranianos de origen judío, se graduó en Arte en el City College de Nueva York. Ha escrito artículos en varios medios de prestigio, como The New York Times, The Nation o The Atlantic Monthly, y hasta un total de once libros, ensayos, novelas y memorias.

Ha sido profesora de escritura creativa en las Universidades de Boston, Harvard e Iowa, y miembro destacado de varios grupos feministas.

Apegos feroces, de Vivian Gornick. No es casual que sea una memoir que también retrata un mundo convulso y femenino, ni que también esté escrito magistralmente (el único otro título disponible de la autora es precisamente Escribir narrativa personal). La crónica autobiográfica se podría haber titulado Paseos con mi madre (por el Bronx).Este libro debe convertirse en bandera en el mundo entero, como es bandera en mi mente, una detrás

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 Bronx era en los años 40

La relación con mi madre no es buena y, a medida que nuestras vidas se van acumulando, a menudo tengo la sensación de que empeora. Estamos atrapadas en un estrecho canal de familiaridad, intenso y vinculante: durante años surge por temporadas un agotamiento, una especie de debilitamiento, entre nosotras. Después, la ira brota de nuevo, ardiente y clara, erótica en su habilidad para llamar la atención. Últimamente estamos a malas. La manera que tiene mi madre de «lidiar» con los malos momentos es echarme en cara a gritos y en

público la verdad. Cada vez que me ve, dice: «Me odias. Sé que me odias». Voy a hacerle una visita y a cualquiera que esté presente –un vecino, un amigo, mi hermano, uno de mis sobrinos– le dice: «Me odia. No sé qué tiene contra mí, pero me odia». Del mismo modo, es perfectamente capaz de parar por la calle a un completo desconocido cuando salimos a pasear y soltarle: «Ésta es mi hija. Me odia». Y a continuación se dirige a mí e implora: «¿Pero qué te he hecho yo para que me odies tanto?». Nunca le respondo. Sé que arde de rabia y me alegra verla así. ¿Y por qué no? Yo también ardo de rabia.

 

 

 

 

 

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Pero paseamos por las calles de Nueva York juntas continuamente. Ahora ambas vivimos en el Lower Manhattan, nuestros apartamentos están a kilómetro y medio de distancia y, cuando nos visitamos, lo hacemos a pie. Mi madre es una campesina urbana y yo soy la hija de mi madre. La ciudad es nuestro elemento natural. Las dos tenemos aventuras a diario con conductores de autobús, mendigas que arrastran carritos, acomodadores y locos callejeros. Pasear saca lo mejor de nosotras. Yo ahora tengo cuarenta y cinco años y mi madre, setenta y siete. Está fuerte y sana. Recorre la isla conmigo sin dificultad. Durante estos paseos no nos queremos, sino que a menudo rabiamos una contra la otra, pero de todas formas paseamos.

Nuestros mejores momentos juntas son cuando hablamos del pasado. Yo le digo: «Mamá, ¿te acuerdas de la señora Kornfeld? Cuéntame esa historia otra vez», y ella se recrea contándomela de nuevo. (Lo único que odia es el presente; en cuanto el presente se hace pasado, comienza a amarlo inmediatamente). Cada vez que cuenta la historia, es la misma y también es completamente distinta, porque cada vez que la oigo soy más mayor y se me ocurren preguntas que no le hice la última vez.

En algunas partes Gornick nos habla de su niñez en el Bronx, en donde nos comenta como se acercó a problemas morales que afectarían el resto de su vida, nos introduce a una relación en donde se ama la vida doméstica, se ama la vida familiar pese a su profunda complejidad.

 

El padre que muere, el hermano que se va de casa, la búsqueda de amor y cariño por parte de la protagonista, algunas con éxito, algunas tortuosas como cuando tiene una relación con un hombre casado, sin embargo, ella lidia con esas situaciones como si no fueran reales, pareciera ser que la única situación que no pudo modificar es la de convivir con su madre.

 

Así tanto al inicio como al final tenemos dos mujeres que viven solas, sin familia, que se ayudan a poder lidiar con lo que han perdido, la madre que creo que busca ayudarla a liberarse, la hija que no puede separarse de la madre, sin duda la obra que hoy presenta Sexto Piso de Gornick será una que quedará ocupando un interesante lugar en la memoria del lector.

 

Agradecemos a Sexto Piso la posibilidad de invitar a la lectura de esta obra.