A veces el amor te pone en el camino equivocado para que sepas cuánto duele».

A las doce de la mañana del 14 de diciembre, una joven llena de magulladuras se presenta desnuda en las instalaciones del FBI de Nueva York con varias notas amarillentas en la mano. El inspector Bowring, jefe de la Unidad de Criminología, intentará descubrir qué oculta la joven y su conexión con otro caso, el de una mujer que aparece decapitada horas más tarde y cuyo nombre coincide con el que estaba escrito en una de las notas. A medida que avance en la investigación se dará cuenta de que este caso abre antiguas heridas difíciles de cicatrizar.

Después del éxito arrollador de El día que se perdió la cordura, con más de 100.000 ejemplares vendidos y una gran acogida internacional, Javier Castillo regresa con una nueva novela que explora los límites del amor. Adictiva, trepidante y absorbente, El día que se perdió el amor es una inyección de adrenalina, una experiencia única de lectura, un thriller diferente y adictivo que da continuidad al fenómeno editorial del año

EL DIA QUE SE PERDIO EL AMOR: a revalidar el éxito

Biografía de Javier Castillo
Autor y experto en el mundo empresarial, Javier Castillo cursó estudios de Empresariales, completando su formación con un máster de gestión en la ESCP Europe. Hoy en día, Castillo compagina su trabajo como consultor corporativo en una gran empresa con una de sus grandes pasiones: la escritura.

El caso de Castillo es digno de estudio, ya que con su primera novela El día que se perdió la cordura, logró un éxito sin precedentes en la plataforma de libros electrónicos de Amazon, donde se mantuvo un año como uno de los títulos más populares, llegando vender más de 400.000 ebooks.

En 2017, la editorial Suma de Letras se sumó a este fenómeno literario, publicando en papel uno de los éxitos secretos de los últimos años entre los aficionados a las novelas de intriga y suspense.

A veces el amor te pone en el camino equivocado para que sepas cuánto duele el día que se perdió el amorCon varias notas amarillentas en las manos, una joven desnuda y llena de magulladuras entra en las dependencias del FBI de Nueva York. Son las doce del mediodía del 14 de diciembre.

Horas más tarde una mujer es encontrada decapitada y su nombre coincide con el que estaba escrito en una de las notas amarillentas de la joven.

El jefe de la Unidad de Criminología, el inspector Bowring tendrá la misión de averiguar qué oculta la chica joven y la posible vinculación con el caso de la mujer asesinada. No será lo único a lo que tendrá que hacer frente.

Nueva York, 14 de diciembre de 2014

Eran las diez de la mañana del 14 de diciembre. Un pie descalzo pisó el asfalto de Nueva York y una sombra femenina se dibujó frente a él. El otro pie se posó con cuidado, tocando el suelo con sus finos dedos llenos de suciedad. Estaba desnuda, con la piel pálida, las piernas y los pies renegridos y su largo cabello castaño bailando al son de los vehículos. Su cintura se contoneaba suavemente de lado a lado con cada paso que daba; pisaba despacio, como si no quisiera hacer ruido. La chica cruzaba la carretera mientras los vehículos la rozaban, haciendo vibrar su corazón. Se detuvo un segundo en mitad del carril central y observó cómo un autobús pegó un volantazo y la esquivó en el último momento.

Sonrió.

Una mujer que caminaba por la acera con su hijo pequeño le tapó los ojos. Los pitidos de los vehículos que se daban de bruces con ella comenzaron a ser ensordecedores y cada vez había más curiosos que miraban la escena con la boca abierta. Un motorista se tiró a un lado de la carretera para no atropellarla, deslizándose por la calzada y estampando su moto contra un coche que estaba aparcado.

Los coches avanzaban por la avenida como fulminantes apisonadoras, aunque ninguno la rozó. En ese momento el tráfico en la ciudad era rápido, pero llegó al otro lado y, al poner un pie sobre la acera, se le erizó la piel de todo el cuerpo al ver que varios agentes del FBI ya habían salido para taparla y arrestarla. Algunos incluso la apuntaban con la pistola, pensando que quizá fuese armada, pero la chica les sonrió y negó con la cabeza.

—No seréis capaces —dijo.

Uno se abalanzó sobre ella con una camisa verde para cubrir su cuerpo desnudo, pero la chica alzó el brazo derecho mostrando unos papeles en la mano.

—¡Alto! —gritó uno de ellos.

Ella lo miró a los ojos y le sonrió. Un instante después, abrió la mano y los papeles amarillentos comenzaron a planear hacia el suelo, unos más rápido, otros más lento, frenándose con el aire