Además de su labor editorial, Desperta Ferro Ediciones ha establecido relaciones con instituciones universitarias y medios de comunicación a fin de fomentar el conocimiento de la Historia. En ese sentido van aportaciones como las prácticas impartidas en el Master Interuniversitario en Historia y Ciencias de la Antigüedad (UAM/UCM), las conferencias dadas en el marco de congresos históricos o nuestra colaboración con otros medios de comunicación como programas radiofónicos.

El estudio de la Historia militar resulta imprescindible para conocer el impacto de la guerra en las sociedades y sus trágicas consecuencias para la población civil. Por ello, para aportar nuestro granito de arena a fin de intentar paliar la situación de los más desfavorecidos por los conflictos bélicos de todo el mundo, desde octubre de 2015 Desperta Ferro Ediciones colabora con ACNUR, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, en su programa de Pymes en Primera Línea. Una labor de compromiso social que hemos prolongado participando en la iniciativa #GivingTuesday de 2016, aportando un porcentaje directo de las ventas de nuestra tienda web a la Federación Española de Bancos de Alimentos en su Gran Recogida de Alimentos 2016, y colaborando con Save the children en la ayuda a las víctimas del terremoto de México de 2017.

Por último, Desperta Ferro Ediciones demuestra su compromiso con la sostenibilidad mediante el empleo en sus publicaciones de papel con la certificación PEFC para mitigar, en la medida de nuestras posibilidades, el impacto medioambiental que tiene la industria editorial.

La batalla por Leningrado. 900 días asediados por la Wehrmacht

David M. Glantz es un historiador y militar norteamericano nacido en 1942 en Port Chester (Nueva York). En 1963, tras cursar estudios en el Instituto Militar de Virginia y en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill ingresó en el Ejército de EEUU sirviendo en el cuerpo de artillería en la “plantación” de Long Binh, Vietnam. Estudió para convertirse en Soviet foreign area specialist y sirvió en el USAREUR (United States Army Europe) en la sección de inteligencia. Fue Director of Soviet Army Operations en Fort Leawenworth y en 1993 se retiró del Ejército y fundó The Journal of Slavic Military Studies, publicación de la que es actualmente editor jefe.

Su interés por su objeto de estudio comenzó precisamente siendo Director de Investigación para esta publicación en 1979 y desde su primer proyecto sobre la campaña de Lorena del Tercer Ejército del general Patton, pasando por investigaciones sobre Manchuria y operaciones aerotransportadas soviéticas, David M. Glantz se ha convertido en el mayor experto occidental en la operativa del Ejército Rojo durante la Gran Guerra Patriótica.

Es conocido por sus numerosos libros del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. En sus propias palabras reconoce haber tenido como principal influencia a su profesor John Erickson, antiguo director de la Escuela de Estudios Eslavos de la Universidad de Edimburgo y especialista, a su vez, en estudios militares soviéticos. Entre sus obras destacan La batalla de Kursk, la Tetralogía sobre Stalingrado (cuyo primer volumen, A las puertas de Stalingrado, verá la luz en diciembre de 2017), o Choque de Titanes. Según David M. Glantz, esta última obra fue un intento por reproducir la obra de otro de sus grandes inspiradores, Malcolm Macintosh, esta vez junto a Jonathan House, profesor de historia militar.

Sus estudios han desmitificado la imagen de incompetencia del Ejército Soviético durante la Operación Barbarroja, siendo el hilo conductor de todas sus obras cómo este ejército se transformó desde aquella fuerza descrita como torpe por fuentes alemanas hasta el fino instrumento de combate de Manchuria. Actualmente, David M. Glantz es miembro de la Academia de Ciencias Naturales de la Federación Rusa y sus prolíficas obras han comenzado a ser traducidas al español.

La batalla por Leningrado. 900 días asediados por la Wehrmacht

Durante la Segunda Guerra Mundial, Leningrado, la ciudad de los zares, cuna de la Revolución rusa, tiene el dudoso honor de haber sufrido el que sin duda fue el asedio más importante de la historia de la humanidad, sobre todo si sumamos el número de civiles que había en la urbe cuando se cerró el cerco –2.280.000, a los que hay que añadir decenas de miles de soldados y marinos empeñados en la defensa del frente–; los escasísimos límites a los que llegaron a caer las raciones alimenticias –500 gramos de pan al día para obreros y combatientes y la mitad para las personas dependientes–; las atroces condiciones climatológicas, que llegaron a alcanzar los -40ºC; y la épica de las intensas acciones que permitieron que la ciudad subsistiera y que, como nos cuenta David M. Glantz en La batalla por Leningrado. 900 días sitiados por la Wehrmacht, fuera liberada.

Una de ellas, la «carretera de la vida», es sin duda la más conocida. Una vía enterrada entre paredes de nieve acumulada, tendida sobre el hielo crujiente del lago de Ládoga, recorrida por miles de camiones en un vaivén sin fin –siempre sometidos a los ataques de la artillería y de la aviación germana, o al peligro de hundimiento que suponía un brusco deshielo– y vigilada por decenas de puestos de carretera, ocupados por hombres que, a la intemperie, guiaron a los suministradores hacia el destino correcto.

Todo ello forma parte del milagro de Leningrado y nos hace olvidar otra lucha aún más dura, la que desde Nóvgorod al Báltico sostuvieron los soldados de ambos bandos, entre los que se encontraron los españoles de la 250.ª División de infantería (la División Azul), combates en los que se centra La batalla por Leningrado. 900 días sitiados por la Wehrmacht, que si bien no pretende negar el sufrimiento de quienes se hallaron en el interior del cerco, nos describe con el minucioso detalle característico de David M. Glantz los intensos combates de quienes pugnaron por mantenerlo cerrado y de quienes consiguieron abrirlo.

La batalla por Leningrado

La batalla por Leningrado. 900 días asediados por la Wehrmacht - Desperta Ferro Ediciones

Durante la Segunda Guerra Mundial, Leningrado, la ciudad de los zares, cuna de la Revolución rusa, tiene el dudoso honor de haber sufrido el que sin duda fue el asedio más importante de la historia de la humanidad, sobre todo si sumamos el número de civiles que había en la urbe cuando se cerró el cerco –2.280.000, a los que hay que añadir decenas de miles de soldados y marinos empeñados en la defensa del frente–; los escasísimos límites a los que llegaron a caer las raciones alimenticias –500 gramos de pan al día para obreros y combatientes y la mitad para las personas dependientes–; las atroces condiciones climatológicas, que llegaron a alcanzar los -40ºC; y la épica de las intensas acciones que permitieron que la ciudad subsistiera y que, como nos cuenta David M. Glantz en La batalla por Leningrado. 900 días sitiados por la Wehrmacht, fuera liberada.

Una de ellas, la «carretera de la vida», es sin duda la más conocida. Una vía enterrada entre paredes de nieve acumulada, tendida sobre el hielo crujiente del lago de Ládoga, recorrida por miles de camiones en un vaivén sin fin –siempre sometidos a los ataques de la artillería y de la aviación germana, o al peligro de hundimiento que suponía un brusco deshielo– y vigilada por decenas de puestos de carretera, ocupados por hombres que, a la intemperie, guiaron a los suministradores hacia el destino correcto.

Todo ello forma parte del milagro de Leningrado y nos hace olvidar otra lucha aún más dura, la que desde Nóvgorod al Báltico sostuvieron los soldados de ambos bandos, entre los que se encontraron los españoles de la 250.ª División de infantería (la División Azul), combates en los que se centra La batalla por Leningrado. 900 días sitiados por la Wehrmacht, que si bien no pretende negar el sufrimiento de quienes se hallaron en el interior del cerco, nos describe con el minucioso detalle característico de David M. Glantz los intensos combates de quienes pugnaron por mantenerlo cerrado y de quienes consiguieron abrirlo.