Los olvidados de los olvidados es una breve historia del anarquismo español, con textos de Carlos Taibo e ilustraciones de Jacobo Pérez-Enciso. Aunque el libro tiene una franca vocación pedagógica y divulgadora, incorpora una consideración crítica de debates relevantes. Es el caso de los que se interesan por las explicaciones que dan cuenta del peso del anarquismo en España, por la naturaleza de fondo de este último, por su dimensión de articulación de una sociedad alternativa, por las discusiones que se hicieron valer, durante la guerra civil, al calor de la participación en las instituciones o, en suma, por la propia actualidad del pensamiento y de las prácticas libertarias.

LOS OLVIDADOS DE LOS OLVIDADOS UN GRAN LIBROS DE DOS GRANDES AUTORES

 

Los olvidados de los olvidados es una breve historia del anarquismo español, con textos de Carlos Taibo e ilustraciones de Jacobo Pérez-Enciso. Aunque el libro tiene una franca vocación pedagógica y divulgadora, incorpora una consideración crítica de debates relevantes. Es el caso de los que se interesan por las explicaciones que dan cuenta del peso del anarquismo en España, por la naturaleza de fondo de este último, por su dimensión de articulación de una sociedad alternativa, por las discusiones que se hicieron valer, durante la guerra civil, al calor de la participación en las instituciones o, en suma, por la propia actualidad del pensamiento y de las prácticas libertarias.

 

 

 

 

 

Dones Lliures va ser una organització l'activitat es va desplegar des de la primavera de 1936 fins al final de la guerra civil. Va arribar a comptar amb 150 agrupacions i unes 20.000 afiliades, entre les quals va destacar la feina de militants com Amparo Poch, Mercedes Comaposada o Lucía Sánchez Saornil. Cal entendre que va ser un moviment precursor del que avui es descriu com anarcofeminisme.

 

 

 

'Els oblidats dels oblidats', el nou llibre de Carlos Taibo.

 

Convé recordar que al món llibertari, i en la dècada de 1930, el comú era que el feminisme s'identifiqués amb un discurs i una pràctica burgesos, estretament relacionats amb el sufragisme i amb la defensa de determinades reformes legals que poc interessaven, per lògica , a les dones anarquistes. És cert que aquestes van defensar -no podia ser d'una altra manera- la igualtat entre dones i homes en matèria de drets laborals i socials, i que sobre això van denunciar els salaris, més baixos, percebuts per les dones, van rebutjar la doble explotació patida per aquestes i van subratllar els efectes negatius de la menor presència femenina en el sistema educatiu. Però van anar més enllà, de la mà de la contestació del que suposaven la societat patriarcal i l'autoritarisme masculí.

 

En aquest sentit van decidir enfrontar-se a tres esclavituds, com eren les sorgides de la ignorància, de la condició de les dones com a tals i de la seva explotació com a treballadores. Encara que en ocasions van defensar la família, en altres es van inclinar per rebutjar el que aquesta implicava, de tal manera que si unes vegades van postular la parella monogàmica, en altres es van inclinar per recolzar l'amor lliure i igual. Moltes de les percepcions de les integrants de Dones Lliures es van manifestar a través d'una aposta en què sovint es van donar cita l'educació col·lectiva dels fills, la socialització de les tasques domèstiques, els anomenats "alliberadors de prostitució", el desplegament de ambiciosos programes d'obertura d'escoles bressol o, en suma, l'atenció als refugiats.

 

 

 

Carlos Taibo

 

 

                                        

 

Profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid. Entre sus obras se cuentan Repensar la anarquía (Los Libros de la Catarata, 2013), ¿Tomar el poder o construir la sociedad desde abajo? (Los Libros de la Catarata, 2015), Anarquismo y revolución en Rusia (1917-1921) (Los Libros de la Catarata, 2017) y Libertari@s. Antología de anarquistas y afines para uso de las generaciones venideras, y de las que no lo son tanto (Los Libros de la Catarata, 2017).

Jacobo Pérez-Enciso

 

Es dibujante, ilustrador, diseñador gráfico, de espacios y escultor. Ha dibujado asiduamente en publicaciones como El País, El País Semanal o Vogue y ha ilustrado varios libros. Además, ha realizado carteles y logotipos, ha diseñado exposiciones y es profesor de diseño gráfico de

varias escuelas

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 Es dibujante, ilustrador, diseñador gráfico, de espacios y escultor. Ha dibujado asiduamente en publicaciones como El País, El País Semanal o Vogue y ha ilustrado varios libros. Además, ha realizado carteles y logotipos, ha diseñado exposiciones y es profesor de diseño gráfico de varias escuelas

 

Federica Montseny. JACOBO PÉREZ-ENCISO

Para que nada faltase, en fin, no fueron infrecuentes, durante la guerra civil, las colectivizaciones en las que pervivieron salarios diferentes para mujeres y hombres. Acaso no habían quedado plenamente superadas opiniones como las que, en el XIX, entendían sin más, en el mundo libertario, que el papel de la mujer debía quedar circunscrito en exclusiva al hogar y que cuando aquélla accedía al mercado de trabajo no estaba haciendo otra cosa que propiciar, al restar empleos a los hombres, la miseria y la degradación de los obreros. Y ello por mucho que fuese innegable que en sus sucesivos congresos la CNT se había pronunciado con claridad por el derecho de las mujeres al trabajo y por la independencia económica de éstas.

Mujeres Libres tuvo motivos sobrados para contestar, por otro lado, una imagen muy extendida en las organizaciones libertarias: la del revolucionario entendido como un varón henchido de atributos masculinos y enfrentado a la condición de debilidad de las mujeres, condenadas a asumir, entonces, una función menor. De hecho, y pese al esfuerzo realizado, esa imagen se mantuvo durante la guerra civil, con las mujeres -por primera vez portadoras de 100 pantalones y con el pelo corto- a la postre obligadas a alejarse de los frentes de combate. Lo anterior no fue óbice para que, en términos generales, las mujeres experimentasen, con todo, una notoria liberación, con una mayor libertad económica, sexual y de movimientos, entre 1936 y 1939.

Así las cosas, y fueren cuales fueren los problemas que se revelaban en las organizaciones anarquistas, es difícil imaginar que Mujeres Libres hubiese podido surgir

 

 

escrito: EXTRAIDO DEL PAIS

Me engañaría si afirmase que entre nosotros se ha celebrado a bombo y platillo el septuagésimo quinto aniversario de la Segunda República. A la certificación de que el recordatorio ha sido, muy al contrario, infelizmente modesto, me permitiré agregar la de que no consta que muchos de quienes han tenido a bien acometer la honrosísima tarea de rescatar lo que aquellos años fueron hayan incluido en sus consideraciones a los libertarios de entonces. Cierto es que anarquistas y anarcosindicalistas, los olvidados de los olvidados, mantuvieron una relación comúnmente tensa con las instituciones republicanas.

No es mi deseo idealizar lo que nuestros anarquistas fueron en aquellos años convulsos. En sus organizaciones -no conviene confundir a la CNT con un movimiento libertario mucho más amplio- se reveló a menudo una notable distancia entre un puñado de dirigentes y una base más bien dócil y pasiva, se hicieron valer agudas divisiones y eventuales ínfulas autoritarias, se manifestó por doquier un insurreccionalismo poco meditado y ganó peso con frecuencia indeseada una mitología revolucionaria sin mayor sustento. Pero éste es el momento de subrayar que, aun con esas y otras rémoras, nuestros libertarios exhibieron virtudes nada desdeñables, tanto más si se contemplan desde la atalaya de hoy.

Con medios irrisorios, mostraron una admirable capacidad de movilización y, aun con las carencias que queramos, dieron rienda suelta a una vigorosa apuesta por la democracia de base, plasmada, por ejemplo, en hondas disputas internas que protagonizaron grupos de afinidad y sindicatos. Aprestaron, en fin, organizaciones de masas sin contar apenas para ello con liberados y sin disfrutar de los recursos dispensados por el Estado, conforme a un modelo del que bueno sería tomasen nota muchas de las hiperburocratizadas instancias de nuestros días.

Anarquistas y anarcosindicalistas acometieron, por otra parte, un formidable esfuerzo alfabetizador y culturizador, plasmado en un sinfín de revistas, libros y enciclopedias, de ateneos libertarios y de escuelas.

En un magma que a duras penas casaba con las pulsiones primitivistas y retardatarias que tantos gustan de identificar, y aun a merced de la dominante vocación obrerista, abrieron debates cuya actualidad, tres cuartos de siglo después, no ha mermado. Llevados del designio de crear un mundo nuevo sin aguardar a la toma del palacio de invierno, y desdeñosos del poder y sus oropeles, no dudaron en hacer frente a las gentes de orden -entre ellas, por cierto, muchos republicanos- y sus privilegios, lo que acarreó comúnmente una durísima represión. Ésta se convirtió a la postre en una escuela impagable que dio sus frutos, en julio de 1936, en la forma de una respuesta contundente ante el alzamiento militar y, después, se diga lo que se diga, en la de un compromiso consistente con la tarea de ganar la guerra, desplegado al tiempo que un experimento revolucionario, el de las colectivizaciones, revelaba una inequívoca conciencia sobre la distancia entre la socialización de la propiedad y su mera estatalización. Anarquistas y anarcosindicalistas padecieron también, en suma, la represión franquista de la posguerra.

Pero al cabo no es todo eso lo importante. Cuando procuramos rescatar la memoria de lo ocurrido, con unos y otros, en el decenio de 1930 inequívocamente lo hacemos para invocar el vigor contemporáneo -la actualidad y la respetabilidad- de muchas de las ideas que entonces se defendieron. Aunque el buen juicio invita a subrayar las notables diferencias que existen entre lo que los libertarios fueron por aquel entonces y lo que hoy son tantas iniciativas que han visto la luz en sociedades muy alejadas en el tiempo y en el espacio, no faltan las líneas de continuidad. Si es verdad que los movimientos libertarios son ahora débiles entre nosotros -y ello pese al rebrote, al que habrá que prestar atención, de un anarcosindicalismo estimulado por el entreguismo y la burocratización de los sindicatos al uso-, no lo es menos que las ideas anarquizantes tienen un ascendiente creciente que en una de las lecturas posibles no es ajeno al hecho de que aquéllas salieron indemnes de la quiebra de unos sistemas, los de tipo soviético, con los que de siempre habían guardado las distancias.

Testimonio de lo anterior lo ha sido la influencia del pensamiento libertario en el discurso y en la conducta de lo que dimos en llamar nuevos movimientos sociales, y entre ellos el pacifismo, el feminismo y el ecologismo. La huella de aquél se aprecia también, con todo, en una plétora de iniciativas que, tras reclamarse de la autogestión, la descentralización y la desjerarquización, repudian una sociedad asentada en la competición descarnada, en agresivas operaciones contra el medio natural y en la absurda identificación entre consumo y bienestar. Pero, más cerca aún en el tiempo, el ascendiente que nos ocupa se palpa en unos movimientos antiglobalización que han crecido en un escenario planetario marcado por la explotación, la represión y las exclusiones. Importa subrayar que la vena libertaria no se deriva en este caso de una lectura ideológica de los clásicos del anarquismo acometida por los activistas, sino, antes bien, de una certificación vivencial de cuáles son los problemas que la jerarquía, los liberados y las separaciones generan en organizaciones que dicen ser emancipadoras.

Al amparo de muchas de las manifestaciones de esos movimientos -que de nuevo, en el Norte como en el Sur, desdeñan todo lo que huela a toma del poder-, han renacido, por añadidura, la dimensión solidaria del apoyo mutuo y la apuesta por el trabajo voluntario, muy lejos de los espasmos individualistas con los que con abusiva frecuencia se ha identificado al anarquismo contemporáneo. El relativo, e inevitable, abandono del obrerismo a ultranza del pasado en modo alguno debe identificarse con un hedonismo claudicante.

Hace unos meses, EL PAÍS reprodujo la necrológica con la que el New York Timesglosó la figura de Paul Avrich, el profesor estadounidense que nos acercó al anarquismo ruso del primer tercio del siglo XX. El autor anónimo de ese breve texto tuvo a bien subrayar que Avrich disentía "de la extendida imagen del anarquista como alguien violento y amoral". No es ésa la imagen que albergamos quienes, y creo somos muchos, nos sentimos orgullosamente obligados a mostrar nuestro respeto y nuestra admiración por los libertarios de antaño. Bien que nos gustaría estar a su altura.

 

Opinion de un aprendiz.valenti fainê

Me hubiese gustado que las respuestas a preguntas mandadas al autor, simplemente fuera el quien me las respondiera de hecho ha sido el único autor, que por trabajo profesional no pudo atendernos, ya que tampoco representamos ser un medio importante, puesto que hemos repasado todos aquellos escritos y contestaciones que ha dado a otros medios.

De todas maneras, nosotros queremos corresponder la valía de este libro que pedimos a la editorial Catarata: Del   mismo se desprende la calidad de un profesor super profesional el libro no deja de ser una joya en la que los mismos grandes escritores deberían tener en sus Bibliotecas.

Es por ello que recomendamos que no pueden fallar el libro como ya explico es una joya de la cultura histórica, próxima de nuevo ojalá no en suceder, demasiado revuelto está el desierto.

A sí que recomiendo no se lo pierdan es ganar tiempo a la exquisita destreza y sabiduría de un gran autor