Gracias a la grab colaboracion de OBELISCO
EDICIONES OBELISCO

Ediciones Obelisco nació en Barcelona en el año 1981 y comenzó su andadura publicando únicamente libros de astrología, alquimia, esoterismo y tradición, intentando cubrir un vacío imperdonable en la bibliografía española de la época.

Siempre hemos intentado compaginar la calidad con la visión comercial. Nuestro criterio de selección es simple: elegimos las obras que nos gustan, que nos parecen interesantes y que creemos que pueden tener un público. En estos más de 30 años de labor ininterrumpida Obelisco se ha convertido en sinónimo de compromiso, seriedad, prestigio y precio justo y durante este tiempo las temáticas se han ampliado a la autoayuda, la psicología junguiana, las artes marciales, la magia, el naturismo, las terapias alternativas, los libros religiosos dentro del cristianismo y el judaísmo así como una selecta colección de libros infantiles ilustrados.

Gracias a la labor de Ediciones Obelisco, numerosos autores inéditos han publicado su primer libro con nosotros y algunos de ellos, como el caso de Grian, traducido a 7 idiomas, o Raimon Samsó, han sido catapultados a la fama. Algunos autores extranjeros de gran venta fueron traducidos y editados por primera vez en nuestro idioma por nuestra editorial y temáticas más minoritarias como los pleyadianos, los sorprendentes mensajes de Kryon, la limpieza hepática o el Ho'oponopono se conocen en castellano gracias a Obelisco.

Con capacidad para imprimir nuestros libros tanto en España como en el extranjero, disponemos además de una amplia distribución en España y Latinoamérica. Diversos acuerdos con editores amigos han facilitado nuestra presencia en Miami, México o Buenos Aires y con clientes en prácticamente todos los países de habla hispana.

Obelisco lo integran un consolidado grupo de profesionales con amplia experiencia y mucha vocación entre los que cabe destacar a Juli Peradejordi, el editor; Anna Mañas, responsable del departamento editorial y de derechos de autor; María Benavides responsable del departamento de producción o Mari Carmen Mediavilla como directora comercial pero sin olvidar al resto de miembros del equipo que ayudan, apoyan y facilitan su labor. Todos nosotros hacemos lo que amamos y amamos lo que hacemos, lo que se traduce en compromiso y excelencia o, al menos, aspiración a la excelencia. Intentamos que nuestros libros apunten al corazón y cada uno de ellos es como un hijo pero también como un mensaje en una botella que deseamos llegue a buen puerto, al lector que lo estaba esperando.

Mudras de la India presenta 250 fotografías de las mudras de las manos con detalladas descripciones de la técnica,
aplicación y beneficios espirituales y para la salud. Cada mudra se presenta con su nombre en sánscrito, su transcripción
y su traducción en español. Los beneficios de las mudras de las manos están indexados en un formato
de fácil utilización que abarca los principales intereses para la salud, así como de las aplicaciones espirituales y
psico-energéticas. El libro incluye una rica mirada a la herencia cultural de las mudras de la India y de los efectos
transformadores de estos poderosos gestos de las manos.

Cain carroll enseña yoga, qigong, meditación y autocuración en todo el mundo. Ha entrenado ampliamente bajo la guía de maestros taoístas, budistas y de yoga en la india

La historia y la herencia de los mudras

Las manos son una fuente de gran poder. Con tal destreza profunda, sensibilidad y utilidad, las manos pueden ser una de las características más definitorias de la especie humana. Tocar la guitarra, acariciar a un bebé, tejer un suéter, construir una casa, blandir una espada, pintar figuras intrincadas: a través del uso de nuestras manos creamos y da­mos forma al mundo en que vivimos. Las manos pueden curar, las manos pueden dañar. Un roce puede transmitir una amplia gama de pensamientos, sentimientos o intenciones. Las manos cuentan la his­toria de nuestro estado de ánimo o de nuestras emociones. Cuando estamos enojados cerramos los puños, cuando estamos ansiosos tene­mos los dedos inquietos. Incluso las plantas y los animales responden a los matices sutiles de nuestro tacto.
Con las manos jugando un papel central en nuestra experiencia de seres humanos, no es ninguna sorpresa que muchas de las grandes tradiciones espirituales y artísticas del mundo hayan considerado las manos como sagradas. Con cinco dedos, veintisiete huesos y quince articulaciones –más numerosas articulaciones carpianas que permiten el movimiento de la muñeca–, la mano humana es una obra maestra de la naturaleza. Tal vez, ésta sea la razón de que muchas culturas a lo largo de la historia hayan visto la mano humana como un microcosmos perfecto del universo. Por ejemplo, los reyes chamanes (wu) de la antigua china veían todas las cosas del mundo animado como ema­naciones de la relación cambiante entre cinco principios fundamenta­les (comúnmente conocidos como los cinco elementos): agua, made­ra, fuego, tierra y metal. Veían la mano humana como uno de los ejemplos más conmovedores de estos cinco principios, con cada uno de los dedos representando uno de los cinco elementos (tierra/pulgar, metal/índice,

 

Revital carroll

 

Originaria de israel, revital carroll se ha dedicado al estudio de las artes espirituales de la india desde la infancia. El estudio y la práctica intensivos del yoga y de la meditación en el himalaya la llevaron a descubrir su pasión por la danza de la india, prólogo del dr. David frawley

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

agua/meñique, madera/anular, y fuego/medio). Estas re­laciones, y el carácter de cada dedo sobre la base de la teoría de los cinco elementos, se tejen en la filosofía y en la práctica de todas las artes tradicionales chinas: la caligrafía, la medicina tradicional china, la astrología, las artes marciales, el cha dao (la cultura del té), en la música clásica, en la danza y en el teatro.
En muchas de estas artes, algunas posiciones y gestos específicos de la mano se utilizan en relación con el efecto preciso deseado por el practicante. Por ejemplo, un chamán chino podría instruir a un pa­ciente que sufre de ansiedad poniendo sus pulgares en sus palmas y manteniéndolos ahí firmemente. Dado que el pulgar se refiere a la tierra, el cierre de los otros dedos alrededor de él crea un sello energé­tico, un mudra, que proporciona una sensación de seguridad y estabi­lidad, reduciendo así la ansiedad. En la caligrafía china, el pincel se sujeta firmemente con los dedos pulgar, índice, medio y anular, mien­tras que el dedo meñique está un poco escondido y no se utiliza. Esto es así en un esfuerzo por conservar la energía de los riñones (agua), dándole al calígrafo cierta vitalidad que se puede ver en el qi de sus pinceladas.
Una tradición similar surgió en la antigua india, donde los sabios védicos y los yoguis tántricos desarrollaron una cosmología muy mati­zada con los pancha maha bhuta («cinco grandes elementos») como el fundamento básico. Los pancha maha bhuta del sistema cosmológi­co de la india es similar, pero no idéntico, a la teoría de los cinco elementos utilizada a lo largo de asia oriental.

Pancha maha shuta

Elemento (español)      elemento (sánscrito)

Fuego      agni

Aire      vayu

Éter/espacio      akasha

Tierra      prithivi

Agua      apas

Los rishis (videntes) de la india descubrieron una conexión directa entre los pancha maha bhuta y los cinco dedos de la mano humana. Hicieron hincapié en que la relación de los pancha maha bhuta en el cuerpo debe permanecer equilibrada y en armonía con el resto del mun­do natural. Ellos enseñan que cualquier desorden en el cuerpo o en la mente indica un exceso o deficiencia en uno o más de los elementos. A través de siglos de investigación y de experimentación de técnicas utili­zadas para influir en los bhutas –así como de intercambios con otras influyentes tradiciones de asia–, desarrollaron un elaborado sistema lla­mado yoga tattva mudra vijnan.1 esta rama única de la sabiduría védica describe claramente la relación entre los cinco dedos y los cinco elemen‑
tos, y establece un sistema elaborado de mudras cuya influencia se ve en muchas de las disciplinas clásicas de la india: danza, teatro, arquitectura, pintura, medicina (ayurveda), artes marciales y yoga. Dado que todas las artes clásicas de la india fueron evolucionando en el contexto de la espiritualidad védica y tántrica, la cosmología de los pancha maha bhu­ta y la presencia de los mudras son casi omnipresentes.
La palabra sánscrita mudra significa «actitud», «gesto», o «sello». El uso más común de la palabra describe los muchos gestos de la mano utilizados en el yoga, el ritual espiritual y la danza de la india. Estos gestos de la mano (hasta mudras) son el foco principal de este libro. Sin embargo, es importante entender que mudra tiene muchos otros significados utilizados en numerosos contextos diferentes. Por ejemplo, el kularnava tantra2 dice que la raíz de la palabra mudra es mud («deleitarse en») y dru («dar» o «sacar adelante»). Esto apunta a un estado de éxtasis de nodualidad, o unión con la deidad, como definición última de mudra. En el siva sutras, uno de los textos más importantes de kashmir shaivism, mudra se menciona en dos con­textos: como mudra-virya y como mudra-krama. Mudra-virya se re­fiere al poder subyacente que revela la base de nuestra experiencia como turya («conciencia pura»).3 mudra krama es una frase densa­mente cargada que connota el estado en el que la mente se alterna entre la conciencia interna del «yo» y la conciencia externa del «mun­do» y, por lo tanto, no puede encontrar una verdadera distinción entre los dos. Debido a este poder llamado samavesha («coexisten­cia»), la conciencia del practicante está perfectamente fusionada con las cosas tal como son. En este contexto, mudra es el sentido de ha­berse unido a algo más grande, mientras se sabe que al mismo tiempo que tal unión es primordial.
La palabra mudra también se refiere a los grandes pendientes usados por los kanphata yogis4 en la india, un orden de sadhus (ascetas religio­sos) que siguen las enseñanzas de gorakhnat (un famoso nath yogui y autor prolífico que vivió en el décimo o undécimo siglo). En el tantris­mo hindú, mudra también se utiliza para designar los granos secos uti­lizados en el ritual tántrico, y como una referencia sutil al cónyuge fe­menino, shakti o dakini, a una yoguini tántrica. La secta kagyu del budismo vajrayana utiliza el sufijo maha («grande») en conjunto con el término mudra para describir la práctica de la meditación por excelen­cia del linaje llamado mahamudra («el gran sello»). En este contexto, la palabra mudra se refiere al método específico de meditación y su fruición. Mahamudra describe la práctica de mirar directamente a la naturaleza fundamental de la mente. También denota la iluminación más elevada, en la que la mente y el vacío son sinónimos.5

Los mudras de la tradición del yoga

En la tradición del hatha yoga, los mudras se consideran herramientas valiosas en el camino del despertar. Hay cinco clases de mudras que se enseñan en la tradición del yoga: hasta («mano»), mana («cabeza»), kaya («postural»), bandha («bloqueo») y adhara («base» o «perineal»). Aunque estos cinco son diferentes, comparten el propósito común de servir como «sellos» o «bloqueos» utilizados para afectar el flujo de energía en los órganos y en ciertos canales del cuerpo en particular. El gheranda samhita (un texto del siglo xvii del hatha yoga) describe veinticinco de estos tipos de mudras.6cada una de las cinco clases de mudras contiene numerosas técnicas que se utilizan para diferentes propósitos. Muchos de los mudras posturales y de bloqueo constituyen la base para las prácticas internas del hatha yoga que, contrariamente a la aplicación popular del yoga como una gimnasia de moda, se diri­gen principalmente a influir en el sistema nervioso autónomo, y tie­nen muy poco que ver con el sistema músculo-esquelético.
Hasta mudra es el nombre dado a los muchos gestos de la mano, como surabhi mudra (véase la pág. 255), que se utiliza en el hatha yoga para regular el flujo del prana («fuerza vital») y para preparar la mente para la meditación. El soma shambhu paddhati (siglo x, apro­ximadamente) describe treinta y siete mudras de la mano, siendo los más comunes abhaya mudra, anjali mudra, chin mudra, dhyana mudra, y jnana mudra. Mana mudra trabaja con las «siete aperturas» de la cabeza (los dos ojos, las dos orejas, las dos fosas nasales y la boca). En prácticas como el shanmukha mudra (véase la pág. 234), los diver­sos mana mudras se utilizan principalmente como técnicas de pratya­hara («interiorización de los sentidos») para dirigir la conciencia siste­máticamente hacia el interior, hacia el objeto de meditación. Kaya mudras como vipareetakarni son posturas corporales (asanas) combi­nadas con técnicas de respiración y visualizaciones específicas. Son los mudras más utilizados para abrir los chakras («centros de energía») y para despertar la kundalini («el poder de la serpiente»). Bandha mu­dras tales como el maha vedha mudra emplean bandhas («bloqueos interiores») junto con asanas («posturas») y kumbhaka («retención de la respiración»). Éstos se utilizan para fines similares a los kaya mu­dras, y con frecuencia se encuentran secuenciados juntos en series de práctica tradicionales. Adhara mudra y ashvini mudra utilizan diversos métodos de contraer la musculatura del ano, de los órganos sexua­les y del perineo para estimular el sistema endocrino y fortalecer la energía vital del cuerpo, y a menudo se encuentran secuenciados jun­tos en series de práctica tradicionales.
De acuerdo con la doctrina del yoga tattva mudra vijnan, todas las enfermedades del cuerpo y los trastornos de la mente son el resultado del desequilibrio de los cinco elementos y de la interrupción del flujo natural del prana. A través de siglos de uso y refinamiento, las técnicas de las cinco clases de mudras han demostrado ser un sistema muy efi­caz de autosanación y de cultivo espiritual. El siguiente pasaje transmi­te la importancia suprema de los mudras en la tradición del yoga:
así, la diosa que duerme en la entrada de la puerta de brahma debe ser constantemente excitada con todo el esfuerzo mediante la rea­lización de mudras a fondo. Maha mudra, maha bandha, maha ved-ha, khechari, uddiyana, mula bandha, jalandhara bandha, viparita karani mudra, vajroli y shakti chalana, en verdad, éstos son los diez mudras que destruyen la vejez y la muerte. Adinath7 dijo que son los dadores de los ocho poderes. Son considerados en alta estima por todos los siddhas [adeptos] y son difíciles de alcanzar incluso para los dioses. Deben mantenerse en secreto como piedras pre­ciosas, y no hablar de ellos con nadie... (hatha yoga pradipika, ca­pítulo 3, versículos 5-9).8
de las cinco clases de mudras, los hasta mudras son los más nume­rosos y ampliamente utilizados en toda la india. En comparación con las otras cuatro clases de mudras, muchas de las cuales requieren instruc­ción directa de un maestro más competente, la mayoría de los mudras de la mano son fáciles de aprender y seguros a la hora de prac ticar­los por cuenta propia. Siguiendo el sentido común, guiándose por la intuición y con algo de prácti­ca diligente, los mudras pueden servir como cuidado de la salud libre de efectos colaterales, como primeros auxilios en caso de en­fermedad aguda, como trata­miento natural de enfermedades crónicas o lesiones, y como un método tipo «hágalo usted mismo» de desarrollo del potencial psicoenergético latente. Por ejemplo, el mritsamjivani mudra (véase la pág. 177) se utiliza tradicionalmente en caso de infarto agudo de miocardio, y se llama cariñosamente «mudra para salvar vidas».

mudras-dedos

 

 

 

 

 

 

 

El apana mudra (véase la pág. 60) se utiliza para faci­litar el nacimiento del bebé cuando una mujer está en el trabajo de parto, y también se puede utilizar a diario para tratar el estreñimiento crónico. Para los estudiantes y los profesores de yoga, el uso de mudras de la mano tales como prana mudra (véase la pág. 205) durante la prác­tica de las asanas puede mejorar enormemente los efectos energéticos de las posturas, así como los beneficios mentales, emocionales y espiritua­les de la práctica.
Los mudras de la mano pueden clasificarse en cuatro grupos básicos:

1. Los mantenidos por deidades o usados en las representaciones ico­nográficas de dioses, semidioses, demonios, o héroes de historias épicas tales como el mahabharata.

2. Los que se utilizan en los ritos y rituales y en el culto tántrico, tales como japa («repetición de oraciones»), avahana («invocaciones»), kamya-karma («ritos de la abundancia»), naivedya («ofrendas de co­mida») y snana («baño»).

Máticos se ven en las tradiciones de la danza y del teatro de la india, nepal, sri lanka y bali. En las imágenes iconográficas de jesu­cristo dando la bendición, se ve a menudo con la mano derecha en un gesto específi­co, no diferente al prana mudra (véase la pág. 205) del yoga o al ardha pataka mudra (véase la pág. 65) de la danza, en el que el pulgar, el índice y el dedo medio se extien­den hacia arriba, y el anular y el meñique se doblan hacia la palma. La virgen maría es frecuentemente representada con las manos a los lados, con las palmas mirando hacia delante y ligeramente hacia arriba en una posición receptiva. Este ges­to evoca un sentimiento similar de devoción y entrega como el varada mudra (véase la pág. 278), visto comúnmente en las representaciones de buda del sudeste asiático.
En todo oriente medio y el norte de áfrica, el hamsa se utiliza como amuleto y como signo universal de protección. La palabra ára­be hamsa literalmente significa «cinco». El emblema se relaciona con los cinco sentidos, las cinco oraciones diarias, y alude a la idea de «cinco dedos en el ojo del mal», una refe­rencia cultural al poder percibido generado a partir de posturas específicas.
El emblema de hamsa de una mano de­recha al revés es fuente de un profundo sim­bolismo para numerosos grupos religiosos. Se llama la «mano de miriam» para los ju­díos, la «mano de fátima» para los musul­manes, y la «mano de maría» para los cris­tianos. Llevada en el cuerpo como una joya, o colocada en una puerta o en una ventana sirve al propósito de disipar el miedo, conceder buena suerte y repeler las energías negativas, como el abhaya mudra i (véase la pág. 49) en las tradiciones hindú y budista.

Los mudras en la danza clásica india

En la danza clásica india hay un énfasis significativo en la realiza­ción consciente de gestos con las manos. Las manos siempre se mueven de una manera inten­cionada y en un mudra defini­do. El motivo de tal característi­ca única en una forma de danza radica en el contexto cultural en el que surgió. La danza de la in­dia se desarrolló al lado de la filo sofía espiritual-religiosa del subcontinente, valorando la po­tencialidad de nuestras manos para generar y dirigir la energía. El papel destacado que juegan los gestos de la mano en el arte de la danza se vincula profundamente a las otras ramas del arte y de la ciencia de la india.

Los mudras se utilizan en la danza clásica india para la narración de historias y expresan las sutilezas de las emociones y de las relaciones humanas. Como ocurre en la tradición del yoga, son también utiliza­dos siguiendo el punto de vista del tantra, a efectos de transformación y evolución para estimular el flujo de shakti («fuerza primaria») en los órganos, las glándulas y los canales nerviosos del cuerpo. Una com­prensión clara de cómo se utilizan los gestos de la mano en la danza india no sería posible sin una familiaridad básica con el origen y el al­cance de la práctica de la danza clásica india en su conjunto. La danza

Ha sido un componente importante de la sociedad india durante miles de años, y se asocia a una forma de expresión y celebración de todos los momentos importantes de la vida humana: el nacimiento, la muer­te, el cortejo, el matrimonio, la victoria, la derrota, y así sucesivamen­te. Se utiliza como una forma de práctica espiritual y devocional, un medio para la comunicación y para la comunión con la divinidad, y como un canal para llevar adelante las enseñanzas espirituales y religio­sas de una era. Mientras que los pies forman una base estable y estable­cen el ritmo de la danza, las manos –que están en el extremo de los canales creativos (nadis) de los brazos– son la parte del cuerpo más poderosa para transmitir las expresiones de la tradición de la danza y del drama.

Los antiguos textos sobre teatro y danza se refieren a los gestos de la mano como hasta, mientras que el término mudra designa histórica­mente los gestos de la mano conectados a los rituales religiosos. En el pasado reciente, a partir de que la danza clásica india fuera restablecida en la primera mitad del siglo xx, nos encontramos con que el término hasta ya no se usa ampliamente para describir los gestos de las manos en la práctica de los bailarines. En cambio, el término general mudra se utiliza tanto por los bailarines como los practicantes espirituales.

En toda la india han surgido muchas tradiciones de la danza, cada una con sus propios textos regionales. Sin embargo, el pri­mero y más influyente de todos los textos sobre la danza es el natya shastra. En general, se cree que fue escrito entre el 200 a. C. Y el 200 d. C. Por bharata muni, y es considerado el tratado original de música, danza y teatro. De acuerdo con el natya shastra, las cuatro formas de abhinaya («expresión») en la danza y en el teatro de la india se clasifican en:

1. Vachika: verbal (canción).

2. Angika: corporal, principalmente mudras.

3. Aharika: vestuario y maquillaje.

4. Satvika: emociones y sentimientos, expresados principalmente a través de la cara.

Otros textos posteriores siguen de cerca al natya shastra. Entre ellos se encuentra el abhinaya darpana de nandikeshvara, el primer texto práctico dedicado exclusivamente a la danza. Éste es quizá el texto más influyente en el campo de la técnica de la danza, y se ocupa extensa­mente del uso de gestos con las manos para la comunicación y la ex­presión. Así, hemos optado por seguir las variaciones de los mudras que figuran en el abhinaya darpana, mientras utilizamos el natya shastra como un recurso secundario. A través de los siglos, sobre todo desde el siglo xiii en adelante, muchas regiones de la india desarrolla­ron sus propios manuales de danza y de técnica única que varían lige­ramente de las versiones estándar de los mudras. Bajo el espíritu del rigor, hemos incluido algunos de estos mudras de uso común que se encuentran en los textos regionales. Sin embargo, abarcarlos todos se­ría abrumador y podría inducir a confusión, ya que la mayoría son casi idénticos a los de los textos originales con leves variaciones o cambios en sus nombres.

La técnica de la danza clásica de la india se divide generalmente en nritta (técnica de danza pura, que no expresa ningún estado de ánimo en particular ni transmite narrativa alguna), y nritya (danza expresiva, que acompaña el desarrollo de una historia y el significado de la letra de una canción).

La natya es otra categoría mencionada en el natya shastra y en otros tratados, y corresponde al teatro de manera exclusiva. Muchos de los mudras se utilizan tanto en el contexto de nritya («expresión»), como de nritta («danza pura»). Algunos de los mudras de danza son ex­clusivamente de la categoría nri­tta y no tienen ninguna impli­cación particular, aparte de la estética pura. La mayoría de los mudras de la danza son de la clase nritya y tienen numerosas aplicaciones significativas de ex­presión. En el modelo de la dan­za india clásica, las manos son la única parte del cuerpo que tie­nen cualidades tanto nritta como nritya. La cara (cejas, ojos, párpados, nariz, labios, etc.) Se utiliza principalmente para la expresión, mientras que los pies, las piernas, la cintura y el pecho llevan a cabo el movimiento técnico. La técnica de la danza clásica de la india considera las articulaciones como iniciadoras del movimiento y generadoras de la forma.

Por lo tanto, en la danza de la india, en lugar de iniciarse en el mo­vimiento de los músculos de las manos o de los brazos, cada mudra se articula y se inicia a partir de la muñeca. Este cambio de enfoque im­pregna cada mudra con una cierta conectividad que lleva el impacto del gesto profundamente al núcleo del bailarín y al corazón del espec­tador. Cada mudra contiene numerosas

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