Agradecimiento a la Editorial “Desperta Ferro” y sobre todo al Mis felicitacions a tudo el equipo de Desperta Ferro.

En Francia creen que los regimientos españoles son un fermento de rebeldes y un gran gasto, pero todo gobernante necesita una fuerza…». Así justificaba el ministro Azanza la creación de un ejército para José I, sin duda, el más desconocido de todos cuantos participaron no solo en nuestra Guerra de la Independencia, sino en el conjunto de las Guerras Napoleónicas. El Ejército español de José Napoleón (1808-1813) es el primer estudio riguroso sobre el mismo, fruto de más de 25 años de investigación y estudio en archivos y colecciones de dentro y fuera de nuestro país que han permitido a su autor, Luis Sorando Muzás, reconstruir los historiales, uniformes y banderas de sus olvidadas unidades, así como las biografías de muchos de sus hombres, víctimas de la desconfianza por parte de sus aliados franceses al tiempo que odiados y despreciados por sus compatriotas españoles, que les tildaban de jurados y renegados.

Y así, pese a las continuas deserciones y reorganizaciones, y no siempre con el beneplácito del emperador, el pequeño Ejército español de José Napoleón fue tomando forma, constituido por numerosas unidades: Guardia Real, infantería española, regimientos extranjeros, cazadores, lanceros y húsares de caballería, gendarmería, guías, miñones, cazadores de montaña, milicias urbanas, etc. cuya organización, composición y uniformes serán estudiados en los distintos capítulos de esta obra, ampliamente ilustrada con fotografías de piezas inéditas y decenas de ilustraciones a color a cargo de prestigiosos artistas de talla internacional, como Dionisio Cueto, José G. Morán, Massimo Fiorentino, Patrie Courcelle o Augusto Ferrer-Dalmau.

Porque más allá del Dos de Mayo, de los sitios de Zaragoza o de la Constitución de Cádiz, hitos de la identidad nacional española, para muchos compatriotas la Guerra de la Independencia fue también una cruenta guerra civil. Esta es la historia de los españoles que lucharon por el rey José Napoleón, y perdieron la Guerra de la Independencia, pagando un alto precio por la derrota.

El Ejército español de José Napoleón (1808-1813)

Luis Sorando Muzás (Zaragoza, 1961), apasionado desde su infancia por los uniformes y las banderas, es presidente de la Asociación Napoleónica Española, asesor vexilológico del Museo del Ejército, profesor en los cursos de Vexilología del IHCM, miembro del Consejo Asesor de Heráldica y Simbología de la Diputación General de Aragón, socio fundador de la Asociación los Sitios, presidente del grupo de recreación histórica Voluntarios de Aragón, miembro del consejo editorial de Desperta Ferro Historia Moderna y asesor del pintor Augusto Ferrer-Dalmau.

También, ha escrito más de 150 artículos y trabajos sobre estas materias en diversas publicaciones tanto de nuestro país (Historia y Vida, Ejército, Banderas, Researching Dragona, Emblemata, Desperta Ferro Historia Moderna) como del extranjero (Soldats Napoléoniens). Entre sus obras, destacan Banderas, estandartes y trofeos del Museo del Ejército 1700-1843. Catálogo razonado, El Alto Aragón en la Guerra de la Independencia y El Ejército español de José Napoleón (1808-1813).

Es premio Los Sitios de Zaragoza (1986 y 1993), Dragón de Honor del Regimiento Numancia y tiene concedidas la cruz al Mérito Militar con distintivo blanco, la del Mérito de la Guardia Civil, así como las órdenes Pro Patria y Pro Memoria, del Gobierno polaco.

 

l Ejército español de José Napoleón es sin duda el más desconocido de todos los contingentes militares que participaron en el conjunto de las Guerras Napoleónicas, fruto de una suerte de damnatio memoriae que sufrieron aquéllos no pocos españoles para los que la Guerra de la Independencia fue una auténtica guerra civil. Víctimas por partida doble, hubieron de sufrir tanto la desconfianza de los franceses como el desprecio de sus compatriotas; no solo sus banderas fueron pisoteadas por las victoriosas tropas españolas que desfilaron en Cádiz en 1812 tras la victoria de Los Arapiles, sino que su existencia fue virtualmente borrada de los archivos españoles por las rencorosas Cortes y el no menos vengativo Fernando VII. De ahí lo ímprobo de la labor del autor de esta obra inédita publicada por Desperta Ferro Ediciones, Luis Sorando Muzás, fruto de más de 25 años de investigación en archivos, fondos y colecciones dentro y fuera de nuestro país en los que ha logrado reconstruir los historiales, uniformes, banderas y biografías de los españoles que perdieron la Guerra de la Independencia, y acompañarlos de ilustraciones de los más prominentes artistas históricos del momento, encabezados por Augusto Ferrer-Dalmau.

 

Al producirse el Levantamiento del 2 de mayo de 1808, los franceses controlaban tan solo una serie de plazas en la mitad norte de la Península y, cuando el 6 de junio, José Napoleón aceptó en Bayona la corona española, pensó que podría lograr al menos la fidelidad de aquellos regimientos del antiguo Ejército borbónico que se hallaban destinados en esas localidades. El 9 de julio entró por fin José I en España y esa noche escribía a su hermano: «Las tropas españolas se acogerán al que las pague [...] con dinero se podrán rehacer los regimientos que restan en Madrid». Durante su breve estancia en la capital, el 12 de julio aprobó el nuevo escudo real y habló en vano de la conveniencia de constituir la Gendarmería y las Guardias Cívicas, con el fin de guardar el orden y de responsabilizar a los alcaldes de su mantenimiento; pero la noticia de la gran derrota del general Pierre Dupont en Bailén, el 22 de julio, hizo desertar de las filas imperiales a los pocos militares españoles que habían apoyado al nuevo monarca desde el inicio. Este se vio, entonces, forzado a abandonar Madrid el 30 de ese mismo mes, por lo que en un tono muy distinto, escribió de nuevo a su hermano: «Todos mis oficiales españoles me han abandonado, menos cinco o seis personas».

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 (1808-1813)

 

Tras el desastre de Bailén, la pequeña Corte de José se instaló de manera provisional en Vitoria. Fue allí donde, en octubre, y siempre a instancias de su ministro de Defensa, Gonzalo O’Farrill, se empezarían a establecer las bases del que deseaba que fuese su nuevo y flamante ejército como rey de España. El 12 de ese mes aprobó su nuevo escudo de armas y el 20 creó una nueva orden militar que dejaría sin efecto a todas las que habían existido con anterioridad –excepto a la del Toisón– y cuyo nombre oficial sería Orden Real de España, si bien la gente la conocía como «la berenjena» debido al color rojo de su medalla. Pese a ello, sus primeras concesiones no tendrían lugar hasta el 20 de septiembre del año siguiente. También, en octubre de 1808, llegó desde Nápoles a Vitoria, una columna de la Guardia Real de ese Reino, del que José había sido monarca desde 1806 y hasta su llegada a España, que reorganizada y aumentada con reclutas franceses daría lugar a la nueva Guardia Real de José como rey de España. Esta Guardia, auténtica élite de su nuevo ejército, estaba compuesta en su totalidad por soldados franceses, excepto una pequeña compañía de vélites formada por nobles napolitanos, gracias a la cual sus aliados imperiales la consideraban digna de confianza.