Editar en tiempos azarosos es en sí mismo un azar. Pero también, y eso es lo más satisfactorio, es un doble reto: para el editor, que se propone, con todas las cautelas, ser un modesto Virgilio –uno más– de ese infierno en que ha devenido la modernidad, y para el lector, al que se invita a ejercer su derecho a construirse un juicio crítico de la realidad.

Ediciones del Subsuelo nace con vocación literaria en dos de sus vertientes, el ensayo y la narrativa; en ambos, la palabra –tan maltratada en los últimos tiempos– adquiere su máxima dimensión como definidora de contenidos y como portavoz de ese confuso, contradictorio trasfondo de la voluntad de ser por y para el mundo; uno y otra contarán con obras cuidadosamente seleccionadas entre aquellas cuya independencia de criterio, audacia creativa y conexión con la realidad mejor respondan a nuestro propósito.

Ediciones del Subsuelo comienza un viaje que esperamos sea largo y venturoso. A él invitamos a los lectores; juntos nos gustaría recorrer esos paisajes luminosos, amargos a veces, siempre admirables, de la capacidad humana para transfigurar lo que le rodea.

Autor de una literatura combativa, incansable cuando se trata de denunciar las injusticias y los males del totalitarismo que se vio obligado a sufrir durante los cuarenta años de dictadura de Enver Hoxha, Kadaré ha desarrollado con los años una particular estrategia para denunciar esa tiranía en la que el Estado pone en marcha una estratagema política y sanguinaria que arrastra y aplasta a sus súbditos sin que estos se den cuenta.
Las novelas de Ismaíl Kadaré, en las que confluyen la reescritura de los mitos de la tradición clásica, las leyendas populares, las historias fabulosas y los personajes sumidos en mundos complejos y originales en donde se puede rastrear a Dante, Kafka, Cervantes, Homero o Esquilo, convierten a este autor albanés en uno de los escritores más importantes del siglo XX y a su narrativa en una de las más determinantes de este primer tramo del siglo XXI.

Ismaíl Kadaré: la Gran Estratagema

José Carlos Rodrigo Breto

José Carlos Rodrigo Breto ha dedicado más de diez años al estudio e interpretación de la novelística del escritor albanés Ismaíl Kadaré. Fruto de su investigación y partiendo de su tesis doctoral, defendida con éxito en 2015, titulada Ismaíl Kadaré y la Gran Estratagema: Reflejos literarios del totalitarismo, Rodrigo Breto presenta este ensayo en el que profundiza en la extensa obra de Ismaíl Kadaré y desentraña algunos de los misterios que encierran sus obras.

 

En 1970, una novela de un escritor albanés desconocido tomó por asalto el París literario. El general del ejército muerto era la historia de un general italiano que regresa a Albania después de la Segunda Guerra Mundial para encontrar los cuerpos de los soldados italianos asesinados allí y llevarlos de vuelta a Italia para su entierro. Fue aclamado como una obra maestra y su autor fue invitado a Francia, donde fue recibido por intelectuales franceses como una voz original y poderosa desde detrás de la Cortina de Hierro. El General fue traducido a una docena de idiomas e inspiró dos películas: una bajo el mismo título protagonizada por Michel Piccoli, y la otra Vida y Nada másrelevante de Bernard Tavernier   ( La Vie et rien d'autre ).

 

Desde entonces, más de una docena de sus novelas y varias colecciones de su poesía y ensayos han sido traducidas al francés, inglés y otros idiomas. Es considerado uno de los escritores más importantes del mundo y ha sido propuesto varias veces para el Premio Nobel. Sus editores franceses publican actualmente sus obras completas en seis volúmenes, tanto en francés como en albanés original. Los primeros tres ya han aparecido.

 

Ismail Kadaré nació y creció en la ciudad de Gjinokastër en Albania. Leyó literatura en la Universidad de Tiranë y pasó tres años haciendo estudios de postgrado en el Instituto Gorky en Moscú. El general  fue su primera novela, publicada a su regreso a Albania en 1962, cuando tenía veintiséis años.

 

Kadaré ha sido comparado con Kafka y Orwell, pero la suya es una voz original, a la vez universal y profundamente arraigada en su propio suelo. Durante más de cuarenta años, Albania vivió bajo la dictadura comunista de Enver Hoxha, cuya marca particularmente viciosa del estalinismo duró más que en cualquier otro país de Europa del Este. Kadaré usó una variedad de géneros literarios y dispositivos (alegoría, sátira, distanciamiento histórico, mitología) para escapar de la implacable censura de Hoxha y represalias letales contra cualquier forma de disidencia. Su obra es una crónica de esas terribles décadas, aunque las historias a menudo se sitúan en un pasado lejano y en diferentes países. Dos de sus novelas más famosas,  El palacio de los sueños  y  La pirámide , tienen lugar respectivamente durante el Imperio otomano y en el antiguo Egipto, mientras que El Gran Invierno  y  El Concierto  se refieren claramente a la ruptura de Hoxha con Rusia bajo Khrushchev y con China después de la muerte de Mao.

Ismail Kadaré dejó Albania en 1990 y se estableció en París. En 1996 fue elegido miembro asociado de la Academia Francesa de Ciencias Morales y Políticas (L'Académie

 

Ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2009 y del Man Booker International Prize en 2005, Ismaíl Kadaré es autor de una literatura combativa, incansable cuando se trata de denunciar las injusticias y los males del totalitarismo que sufrió durante los 40 años de dictadura de Enver Hoxha en su país, Albania.

 


Otros escritores merecerían una atención como esta tesis doctoral pero carecen de un experto dispuesto a profundizar y emplear tiempo y recursos hasta el nivel de José Carlos Rodrigo Breto: "puedo asegurar que intentar realizar una tesis doctoral sobre literatura albanesa en pleno Siglo XXI es abrazar, voluntariamente, la marginalidad cultural". Rodrigo Breto es también autor de cinco novelas:  Noche y niebla (2000, finalista del Premio Joven UCM), Los pequeños caballos azules (2003, dos ediciones), El vaso canope (2006), Kafkarama (2008) y Casillero del diablo (2013, también en e-book), además de la biografía de un músico de rock, Paul Weller: de la ciudad al bosque (1991) en la editorial Cátedra.   

Ismail Kadaré está publicado en español por
 Alianza Editorial. 

¿Cuánto tiempo le ha llevado su 
tesis sobre Ismaíl Kadaré?

José Carlos Rodrigo Breto, escritor. 
Una tesis no es algo que pueda llevarse a cabo con prisas. Sólo en redactarla —son casi mil páginas— invertí algo más de un año, pero estaba inmerso en el proceso de ponerla en pie desde varios años atrás. Podría decir que trabajando con la idea de realizar la tesis estuve unos cinco años en total. Pero vamos, tengo una novela, El vaso canope, que me llevó ocho años de trabajo. Así que estoy acostumbrado a encarar procesos creativos largos.

 


 Es un especialista además, en literatura checa y, en concreto, el círculo de Praga...

Soy especialista en literatura checa, pero también en la polaca, la húngara… Realmente, tengo una conexión muy cercana con los novelistas de la Europa Central de principios y mediados del siglo XX. Mi interés por todo ello surge, obviamente, por la figura de Franz Kafka, uno de los aglutinadores de ese Círculo de Praga. Creo que Kafka refleja y encarna gran parte de los miedos y de la naturaleza humana que hemos desarrollado en el siglo XX, y su literatura no es más que una emanación determinante de ello. De ahí su importancia. Él está escribiendo para todos nosotros desde la puerta de los siglos. Y encarna el prototipo de escritor zarandeado por la irrupción de la modernidad. Eso es extensible a los miembros de ese Círculo de Praga…, pero lo que de verdad los une, lo que de verdad se filtra en las obras de estos autores, es la monumental y asfixiante presencia de la ciudad de Praga. Ese es el caldo de cultivo singular que dota de personalidad a estos autores. Y a Kafka, por supuesto.

Después de leer su 
tesis se llega a la conclusión de que Kadaré es un milagro y una paradoja. ¿Sería posible construir esta obra si no es contra un enemigo de la talla de un Estado totalitario como la Albania comunista? 

Es tan grande la paradoja que lo único que conseguía que la realidad fuera soportable para Kadaré era la escritura, esa misma escritura que le daba la vida y que, si no tenía cuidado, podría acabar por matarlo. Su obra, que evidentemente utiliza para salvarse del Estado totalitario, es la misma que puede condenarlo en el Estado totalitario. En efecto, visto así, es un milagro. Como un milagro es que pudiera burlar a la censura, que encontrase resortes para seguir escribiendo pese a todo. Lo descomunal del enemigo obliga a poner en pie una obra a la altura del riesgo. Si Kadaré hubiera escrito inmerso en otro caldo de cultivo también habría sido un escritor extraordinario, porque la calidad y el talento no tienen que ver con la represión, pero, en efecto, su obra sería diferente.

 


Afirma que Ismaíl Kadaré "ha inventado Albania para el mundo”. Cómo es la Albania de Kadaré.

Ismaíl Kadaré idea una serie de resortes para burlar a la censura a la par que critica el Estado brutal del Enver Hoxha. Uno de esos engaños consiste en ubicar sus novelas en lo que he denominado como “la noche otomana”, es decir, en un oscuro Imperio Otomano que dominaba Albania (Shqipëri). Ese Imperio Otomano opresivo y criminal es el espejo del sistema estalinista.

De la misma manera, pone en marcha lo que he bautizado como “literatura antisolar”, es decir, que la presencia de Albania en sus obras está atravesada por nevadas, frío y lluvias. Y el clima en ese país es un clima mediterráneo muy parecido al nuestro, y doy fe, porque hace poco que estuve allí, de que se soporta un intenso calor en verano. De esa forma, la Albania (Shqipëri) de Kadaré es un país oscuro y frío, lluvioso y erizado de nieves, que realmente refleja el estado interior de los ciudadanos, y que por extensión, a los lectores, nos brinda la percepción de una Albania helada e inmisericorde. Esa es la Albania de los años de la dictadura que, como protesta, Kadaré construye para el mundo, aderezada con un profundo componente mítico y supersticioso. Y esa es la idea que cuaja en los lectores que contemplan ese país como algo lejano, exótico y plagado de misterios y heladas.


En 1990, Francia acude al rescate traduciendo al completo la obra de Kadaré; en 2009 España le otorga el premio Príncipe de Asturias. El milagro Kadaré, en realidad un autor minoritario, parece difícil de creer si no se le atribuye una calidad tan portentosa como para provocar estas circunstancias, ¿o hay también, buena suerte?

Todo alrededor de Kadaré adquiere tintes milagrosos. Sin duda, el éxito literario de un escritor va cargado de toneladas de trabajo, la necesidad de un talento descomunal, y una pizca de suerte. En ese sentido, Kadaré ha tenido más que una pizca.

Primero, para no ser devorado por el régimen de su propio país, ninguneado, censurado o borrado de la Historia.

En segundo lugar, y eso es gracias a su calidad, ha sido capaz de sobresalir de entre ese exquisito grupo de autores que pertenecen a países pequeños o aislados, que no escriben en los idiomas mayoritarios y que se mantienen al margen del maligno canon comercial. En su caso, las traducciones al francés colocaron a Kadaré en el mapa del primer mundo literario, por llamarlo de alguna manera.

Después, el premio Man Booker International le dio notoriedad en el mundo anglosajón, Y la tarea, excepcional, de su traductor español [Sánchez Lizarralde], hizo el resto, así como la apuesta de Alianza Editorial por publicar ampliamente su obra. Kadaré ha tenido suerte con sus traductores, desde luego, pero él también ha sabido moverse con prudencia y exactitud para descollar proviniendo desde donde proviene.

 


Su hasta ahora, traductor en español, Ramón Sánchez Lizarralde fue otro hecho sorprendente para la trayectoria de la obra de Kadaré en español, ¿quién se ocupa de traducirle ahora?

Sánchez Lizarralde ha sido una de las personas que, intelectualmente, más ha hecho por lanzar la figura literaria de Kadaré. Sus traducciones son magníficas y consigue una plena identificación con el autor. Los lectores en español debemos sentirnos afortunados por haber tenido la suerte de disfrutar de uno de los pocos traductores capaces de trabajar desde la obra original en albanés, mientras que otros países han trasladado las novelas desde el inglés o el francés, elaborando re-traducciones. Su pérdida ha sido un duro golpe para la literatura, pero, afortunadamente, la compañera sentimental de Lizarralde, María de Roces, que trabajó con él mano a mano, ha tomado el testigo de esas traducciones desde el albanés.