PREMIO NACIONAL A LA MEJOR LABOR EDITORIAL CULTURAL Quiénes somos
Kairós fue fundada en 1965 por Salvador Pániker, filósofo e ingeniero industrial, de origen indoespañol. Desde sus inicios, la idea central de la editorial consistió en crear un “foro” para el diálogo entre ciencia y espiritualidad, entre Oriente y Occidente, entre la razón y la intuición, un puente, en definitiva, entre distintas sensibilidades y formas de entender el mundo.

50 años después, seguimos fieles a estos principios, siempre buscando la seriedad y profundidad que los temas que abordamos se merecen y evitando en lo posible caer en los extremos del academicismo o del superficialismo. Ello es en parte posible porque hemos sabido mantener una independencia tanto de los grandes grupos editoriales como de las ideologías y modas dominantes. Con más de 800 títulos publicados, Kairós se ha convertido en una editorial de referencia para el público general interesado en las tradiciones de Oriente, en la psicología profunda, en el diálogo entre ciencia y mística o en el ensayo en general.

A la postre, los criterios de rigor y profundidad que hemos mantenido desde siempre nos han otorgado gran prestigio en estos campos. Buena parte de los lectores de Kairós ha evolucionado en paralelo a la trayectoria de la editorial con lo que la sintonía y complicidad entre el público y la editorial siempre ha sido muy acusada.

Aunque hoy en día ya suena extraño, todavía pertenecemos a aquella categoría de editores que publicamos lo que nos gusta y nos estimula. Y eso es un valor añadido incalculable que el público que nos lee sabe apreciar.

Los cuatro fundamentos del mindfulness,El cuerpo, las sensaciones, la mente y el Dhamma
Bhante Henepola Gunaratana

Los cuatro fundamentos del mindfulness

Una traducción comentada del Satipatthana Sutta

 

El presente libro se basa en uno de los discursos más famosos del Buda, el Satipatthana Sutta, que constituye la esencia de la meditación vipassana y se ha convertido en la base de la meditación mindfulness. La práctica de contemplar los «cuatro fundamentos del mindfulness» (el cuerpo, las sensaciones, la mente y los fenómenos), que el propio Buda calificó de «senda directa para la purificación y la liberación», se recomienda a todas las personas, con independencia de lo avanzadas que se hallen en el camino espiritual.

La versión y los comentarios del bhante Gunaratana resultan extremadamente claros y concisos, sin mermar un ápice la profundidad de las enseñanzas. Se trata, en suma, de una guía de ayuda inestimable para los practicantes de la meditación.

 

Para el Buda, encarnamos cuatro elementos del universo: tierra, fuego, agua y aire. Experimentamos la dureza terrenal de nuestra estructura huesuda, el fuego de la fiebre o el rubor, la fluidez de la sangre que corre por nuestras venas, y la calidad del aire del aliento o de gases intestinales. Con atención plena, somos conscientes de estos elementos a nuestro alrededor – cuando tocamos el suelo, prendemos una vela, tomamos una taza de té, o sentimos la brisa sobre la piel desnuda.

 

El Primer Fundamento nos ayuda a no perder estos momentos simples que mejoran nuestras vidas. Con la práctica, nos conectamos con las sensaciones físicas internas y externas que se presenten. El reto es no apegarse al cuerpo que está recibiendo estas sensaciones.

 

Para debilitar o minimizar la identificación con el cuerpo físico como “yo” o “mío”, el Buda enseñó las meditaciones de cementerio. Sus discípulos visualizaron su propio proceso de muerte, pasando por la enfermedad, la debilidad, la pérdida del conocimiento, la desintegración física, el entierro o la cremación, y finalmente la disolución en polvo o cenizas. Las meditaciones de cementerio todavía se practican en los monasterios budistas de todo el mundo.

 

Cada vez que suelto el apego a la idea de permanencia de ” mi ” cuerpo, me siento libre. Jack Kornfield cuenta la historia de un joven cuya pierna fue amputada desde la cadera para erradicar el cáncer de hueso. Rabioso después de la cirugía, el paciente dibujó un florero con una profunda grieta negro como símbolo de su cuerpo roto. Su médico guardó la imagen y, durante una visita de seguimiento tres años más tarde, le pidió que terminara el dibujo. Esta vez el artista utilizó un lápiz de color amarillo para indicar donde la luz entraba a raudales a través de la grieta en el florero. La luz de bienestar y conexión interna puede brillar cuando aceptamos el cuerpo sin los límites de la propiedad, libre de juicio y el condicionamiento social acerca de lo que se considera atractivo.

 

En nuestra cultura occidental, tendemos a ver el cuerpo como un objeto para ser manipulado. Gil menciona que consideramos la “conciencia del cuerpo” como la imagen externa que creamos con la ayuda de las rutinas de ejercicio, cosméticos, peinados y ropa de moda. No importa cuánto intentemos, nos quedamos cortos en comparación con las imágenes ideales de un físico hermoso y saludable promovida por los comerciales. Cuando volvemos objeto al cuerpo, nos sentimos desconectados de la vitalidad de nuestras sensaciones.

 

Moviéndonos en contra de la corriente de los valores colectivos, la práctica de la atención desarrolla una forma de conciencia corporal que implica una conciencia subjetiva del cuerpo de adentro hacia afuera. Este mundo subjetivo interior es la verdadera fuente de nuestra vitalidad. Cuando llegamos a ser conscientes de lo que realmente experimentamos en el cuerpo desde el interior, nos damos cuenta de que el cuerpo es la conciencia propia y un proceso más que una “cosa”.

 

Mientras estamos corriendo a través de un día lleno de actividades, rara vez estamos conscientes de la cantidad de estrés que nuestros cuerpos están acumulando. Pocos de nosotros tomamos el tiempo para hacer una pausa y reflexionar, meditar, tomar una taza de té, o un baño caliente para ayudar a restaurar la energía del cuerpo. Regularmente, visito a una terapeuta de masaje que trabaja en ambos planos de energía físicos y sutiles. En el ambiente tranquilo de su estudio, Elizabeth comienza el tratamiento tocando ligeramente ciertos puntos de acupresión, comunicándose directamente con el cuerpo, hasta que el cuerpo se sienta lo suficientemente seguro para que el sistema nervioso se relaje profundamente. Mi mente se rinde ante el proceso, y después de un tratamiento de una hora, mi cuerpo se siente profundamente descansado y revitalizado. Elizabeth provee al cuerpo con las condiciones adecuadas para que pueda reorganizarse, y cuando mi mente para de interferir, el cuerpo sigue su sabiduría innata para equilibrarse.