Ediciones Alfar fue fundada en 1982. La creación de la editorial fue producto de una cooperativa para fomentar proyectos culturales. Dicha cooperativa estaba formada por un grupo de personas relacionadas todas directamente con el mundo de la cultura, y sobre todo con el mundo universitario. Entre los fundadores de la editorial se encontraban Manuel Díaz Vargas (editor hasta 2008) y Manuel Ángel Vázquez Medel, catedrático de Literatura por la Universidad de Sevilla y expresidente del Consejo Audiovisual de Andalucía.

- Desde el principio la apuesta fue por difundir la cultura, el mundo universitario, los nuevos autores, los clásicos... y, por ello, se crea el lema, Cultura con raíces. Cultura sin fronteras. El mismo año de su fundación, Ediciones Alfar creó, junto con otros editores andaluces, la Asociación de Editores de Andalucía, que aún hoy sigue vigente.

- Se crearon colecciones como Alfar Universidad y Ciencias de la Educación. Gracias a esta labor, Ediciones Alfar mereció el reconocimiento del catedrático Fernando “benémerita editorial”.

- Hasta hoy, 36 años después, Ediciones Alfar sigue potenciando los mismos valores que originaron su creación. Adaptándose a los nuevos medios y tecnologías, potenciando siempre la cultura, los proyectos universitarios y la investigación. Como muestra de todo esto ofrecemos al lector múltiples colecciones:

ÁNGEL DE SAAVEDRA, DUQUE DE RIVAS. Su vida, su obra literaria

Gabriel Boussagol. Edición, traducción, introducción y notas de Antonio Arroyo Almaraz

Rescatamos uno de los mejores estudios sobre la obra y la vida de Ángel de Saavedra, duque de Rivas, realizado por el hispanista francés Gabriel Boussagol (1926). Magnífico trabajo de edición y traducción del profesor Antonio Arroyo Almaraz.

ÁNGEL DE SAAVEDRA, DUQUE DE RIVAS

Ángel de Saavedra, duque de Rivas

Vivió en Francia de 1830 a 1834, año en que pudo regresar a España y heredar el título nobiliario y una gran fortuna. Inició entonces su evolución hacia el ideario conservador. Tras los sucesos de La Granja, renunció a su cartera de Gobernación y se exilió en Lisboa. De esta época son sus obras más representativas: El moro expósito o Córdoba y Burgos en el siglo XI (1834), «leyenda en doce romances» sobre el tema de los infantes de Lara y el bastardo Mudarra que es considerada pieza fundacional del romanticismo en España, y el drama en prosa y verso Don Álvaro o la fuerza del sino (1835), cuyo estreno conoció un estruendoso éxito que recuerda el que en Francia había obtenido Victor Hugo con su Hernani.

Este libro constituye uno de los estudios globales más amplio e imprescindible sobre la obra de Ángel Saavedra, duque de Rivas; por este motivo merecía la pena enfrentarse al esfuerzo de traducir y editar el trabajo del hispanista francés Gabriel Boussagol. Rivas fue militar, político, embajador, miembro y director de academias como la RAE, Bellas Artes de San Fernando; miembro de la Real Academia de la Historia; historiador, pintor, pero fue ante todo poeta; así lo destacó Bécquer en su necrológi­ca. Boussagol nos presenta una biografía muy completa del escritor cordobés, ampliando desde el rigor las ya existentes —Nicomedes Pastor Díaz, Eugenio Ochoa...—. Y completa el libro un estudio minucioso del escritor que, en buena media, comenzó a desmantelar el mito de la razón y las luces; quimeras heredadas de los años más plenos de la Ilustración en las que se educó y volcó su primera obra literaria. Calderón de la Barca, idolatrado por muchos escritores y pensadores alemanes, entre ellos Schopenhauer, representó un emblema para el teatro de Rivas del que prácticamente nunca se separó, pese a pasar por otras influencias como el romanticismo inglés (Walter Scott) o el francés (Víctor Hugo), por ejemplo. En la actualidad, la crítica literaria viene aportando numerosos estudios que dan mayor vigencia y proyección a una obra que nos permite salir del tiempo histórico para en­trar en el tiempo de la ficción histórica nacional a través de Don Álvaro o la fuerza del sino, El Moro Expósito y los Romances Históricos, principalmente. La fama la tiene en la pluma, pero también dejó su memoria en el pincel.