El vuelo de los halcones en la noche es la historia de una mujer que ha menguado su nombre hasta reducirlo a una interjección: Jo. La historia de una mujer que, al filo de una madurez insatisfecha, quema sus naves y se arroja en bra¬zos de un amor extemporáneo. La historia de una mujer digna.
Inspirada libremente en cuadros del pintor Edward Hopper, esta novela rinde homenaje a su personal visión del ser humano y a una época que no regre¬sará.
Fernando García Calderón obtuvo con esta ópera prima el premio de novela corta Félix Urabayen en su edición vigésima tercera.
El vuelo de los halcones en la noche es la historia de una mujer que ha menguado su nombre hasta reducirlo a una interjección: Jo. La historia de una mujer que, al filo de una madurez insatisfecha, quema sus naves y se arroja en bra­zos de un amor extemporáneo. La historia de una mujer digna.
Inspirada libremente en cuadros del pintor Edward Hopper, esta novela rinde homenaje a su personal visión del ser humano y a una época que no regre­sará.
Fernando García Calderón obtuvo con esta ópera prima el premio de novela corta Félix Urabayen en su edición vigésima tercera.

El vuelo de los halcones en la noche

Los periodistas Facundo Laboa y Rui García de Andrade han consumido años en el vano intento de escribir la biografía no autorizada de Fernando García Calderón. Éste, mediante medias verdades, omisiones y corroboraciones gratuitas, no ha facilitado la tarea. Admite lo increíble y rechaza lo más obvio. Y, sistemáticamente, acaba autorizándolo todo, por escandaloso que resulte. Por si fuera poco, urde ausencias a lo Agatha Christie, jamás explicadas.
La conjura de ambos periodistas, pese a quien pese, ha perdurado. ¿Cómo logran tanta motivación?, les suelen preguntar. Su argumentación es simple. El día que García Calderón alcance la madurez literaria quieren estar ahí, dando testimonio de la proeza.Fernando García Calderón es natural de Sevilla. Ha publicado hasta la fecha tres libros de relatos, todos ellos en Ediciones Alfar, y nueve novelas.

A modo de preámbulo, comentar que El vuelo de los halcones en la noche que ahora se publica es la reedición de la novela que vio la luz hace veinte años, tras lograr el premio Félix Urabayen. Fue mi primer libro.

En la actualidad, cuento con nueve novelas y tres volúmenes de relatos publicados.

Soy un empleado modesto de una editorial. Mi nombre poco importa en esta historia. Hace ahora un año entré en un café de Nueva York, el Phillies, uno de cristalera imponente, y fui a sentarme junto a una carpeta negra, de cartón, de esas que tienen lazos para evitar que los papeles se salgan. Sobre una etiqueta mal pegada, con nerviosa letra de mujer, destacaba un título y una dedicatoria —así lo creí—: El vuelo de los halcones en la noche; a Jo.

 

La espera resultó infructuosa y, movido más por la búsqueda de unas señas que por la curiosidad, decidí abrir la carpeta. Dentro había una novela que aquella misma madrugada leí a trompicones, en la soledad de mi habitación de hotel. Nueva York es una ciudad excesiva que a mí me cansa enormemente. Dicen que nació para ser el ombligo del mundo, que el germen de la civilización moderna florece en sus avenidas. No deja por ello de parecerme la locura de unos arribistas a los que debieron picar los insectos del río Hudson. Mi estancia la originaban razones laborales, ingratas por demás.

 

Acabé enganchado, no sé si a la obra o a lo que detrás de sus páginas podía esconderse. Las preguntas silbaban a mi alrededor como balas de una guerra de la que me libré por corto de vista. Con actitud profesional, intenté identificar eso que llaman esencia de la novela y que mi jefe resume con los dedos de una mano: argumento, héroes, fondo, tono y lenguaje. El argumento huía de la sorpresa; era diáfano desde la cuartilla introductoria. Se palpaba que obedecía más a una necesidad que a la tarea disciplinada de un literato. Una mujer sobrevolaba su vida, contándola con más señales que pelos, para posarse en una relación que la marcó sin remedio. Los héroes eran arquetipos, hembra y varón, mitos pedestres con los que figurar y desfigurar humanidades. El fondo, que al principio se me ocultaba, lo descubrí semanas después en una de esas enciclopedias que han puesto de moda los vendedores a domicilio, indagando en las costumbres y usos de las aves rapaces. Luego me golpeé la frente al apreciar que bien claro lo apuntaba Jo, la protagonista. El tono lo fijaban las cabeceras de cada capítulo. Confieso que aquella primera noche me las salté casi todas. En mis pesquisas posteriores, aplicando el método que mi jefe practica a diario, me interesé por su sentido. ¿Eran únicamente bosquejos más o menos caprichosos? Pensé que esa idea no casaba con la pauta del argumento. Un estudio más riguroso me sugirió que constituían pausas premeditadas, rupturas que provocaban cierto distanciamiento, aportando un matiz de elaboración propio de algo que no se dice sino que se escribe. Y ahí la madeja se enredaba.

 

La cuestión del lenguaje me tenía perplejo. Nunca fui proclive a la profusión de palabras ni a la retórica. Al pan, pan. Siempre atribuí al sexo femenino la poesía y dejé para los hombres los relatos policiacos. La lectura del manuscrito, en consecuencia, me instaba a jurar y perjurar que se trataba de una mujer ya madura, rememorando a su antojo. La caligrafía, de trazo delicado y gótico, también. Sin embargo, la carpeta abría no pocos interrogantes. ¿Era posible que Jo, la protagonista, fuese la autora y se dedicase el texto en un alarde de vanidad? ¿A quién se dirigía Jo realmente? ¿Hablaba con alguien, circunstancial o esperado, o aquello que ella revestía de conversación no era más que deseo? Terminé formando opinión: la imaginé sola, sentada en aquel café a horas intempestivas, con un pitillo entre los dedos, redactando su —lo subrayaría— novela terapéutica, la que en momentos críticos necesitamos, sea en papel o en simple humo, para limpiar la conciencia. Llevaría lustros rondando aquellas cuartillas, tejiendo y destejiendo como una Penélope de Nueva York, depurándolas tras cien mil garabatos en humo y otros tantos en papel, para arrancar de una pluma estilográfica el final que precisaba.  Y,  en tal caso,  ¿debía ser su lenguaje naturalista  o  fantástico, creíble  o  al límite,  como su vida,  del orgullo  —orgullo de celulosa— más pretencioso? Concluí mi reflexión con una sonrisa.

 

Volví al Phillies a la tarde siguiente, antes de coger el autobús. Luego, una vez por mes, mensajero de mi empresa a petición propia. He continuado aguardando a una mujer llamativa, muy pintada, con la recta intención de ocupar la silla contigua y rogarle que me cuente su historia, la de verdad, la que intuyo en esas páginas cuajadas de añoranzas, recriminaciones, propósitos de enmienda y vuelos rasantes. Hasta ayer, que regresé de vacío, ansioso por compartir mi secreto. Le entregué la carpeta a mi jefe y lo bombardeé con mis hipótesis. Fue un alivio. Escuchó pacientemente, hojeándola, para acabar entusiasmado con una de sus ocurrencias: editaremos el libro como anónimo y montaremos la mayor campaña publicitaria de la década. Prepararemos cuñas radiofónicas, hasta saldremos por la televisión, ahora que parece que cobra auge. Toda América buscará a la dama misteriosa que dejó su biografía sobre la mesa de un café.

 

La idea me atrajo, al principio. Las obsesiones son mala compañía. Después, con ese racionalismo aprendido de mi jefe, me percaté de que aquella carpeta no estaba allí por descuido. Algo que cuesta tanto no se olvida así como así. Su dueña la había abandonado. Pero ¿por qué? ¿Acaso un suceso feliz, coincidiendo con el final?, ¿el final en sí mismo?, ¿una recaída en la desesperación? Quiero pensar que renunció a ella en calma, cumplida tras haber satisfecho una deuda más importante que su difusión a los cuatro vientos. Ojalá alguno de ustedes halle en esas páginas la respuesta que a mí se me escapa desde entonces.

 

 

 

 

 

 

Qué buscaba usted con este libro. Dentro del libro hay una frase muy contundente pero curiosa: Dice que el amor es como un columpio: siempre empieza siendo diversión y casi siempre acaba dando náusea.

Buscaba relatar la historia de una mujer digna, capaz de entregarse al amor y capaz de salir del pozo del desengaño. La cita resume una experiencia vital, pero está incompleta. Ella, tras reflexionar sobre la diversión y la náusea, hace una pausa y remacha: "Casi siempre". En suma, no ha perdido ese estado de ánimo que llamamos esperanza.

 

Según usted el libro es también como no visión del ser humano y a una época que no regresará. Cuéntenos un poco, cara al lector, qué nos quiere comunicar.

El relato de Jo, la heroína de esta novela, nos traslada a una circunstancia concreta en un mundo cambiante. Su crisis personal coincide con una crisis de valores en una sociedad que le resulta incomprensible y hostil. Es consciente de que para girar en ese tiovivo ha de encontrar una amarra, pues de lo contrario saldrá despedida. No hay marcha atrás que le permita bajarse y salir indemne.

 

¿La protagonista cómo surge? ¿Ficción o realidad?

El vuelo de los halcones en la noche es un proyecto que aúna literatura y pintura. La novela se expresa a través de óleos, acuarelas y aguafuertes del norteamericano Edward Hopper. Jo es un personaje de ficción, inspirado en el trabajo y la biografía de este pintor.

 

Comenta que esta novela rinde homenaje al pintor Edward Hopper.

Sí, Hopper plasma en sus trabajos escenas que son pura literatura. Sabe mostrar como pocos la realidad del ser humano, en perpetua brega con lo que le rodea y consigo mismo.

 

Un nuevo libro y saboreando premios en su trayectoria, ¿cómo engancha al lector?

Al lector se le engancha, suponiendo que yo lo consiga, siendo honesto con él. Una obra con vocación de trascender ha de combinar el entretenimiento, el sentimiento no fingido y un mensaje personal del autor, en forma de fondo y trasfondo.

 

¿En que basa su éxito?, ¿rebusca usted en los baúles del recuerdo?

Casi todas mis obras combinan la indagación con mi experiencia personal. En algunos casos, como en La noticia y Nadie muere en Zanzíbar, lo segundo acaba cobrando protagonismo. La documentación, mucha o poca, es esencial en un texto de cierta amplitud temática. Pero es verdad que todas mis creaciones tienen unas gotas de ese condimento que pretende ser uno mismo.

 

¿Qué suele leer o a quién suele leer?

No soy prejuicioso a la hora de leer y sólo rechazo, tras catarla, la que considero mala literatura. En los momentos de mucho sosiego o de destemplanza acudo a mis preferidos de siempre: Márquez, Böll, Duras, Pirandello, Conrad... Unos cuantos.

 

¿Qué le falta a los libros o novelas a día de hoy que cuesta tanto encontrar buena lectura?

Por desgracia, los libros no constituyen un negocio boyante. Las grandes editoriales piensan más en apostar sobre seguro, exprimiendo fórmulas que han tenido éxito, que en arriesgar con lo que algunos editores denominan "novela muy literaria". De esa forma empujan a los autores a escribir según modelos más o menos contrastados comercialmente y el producto final acaba sufriendo las consecuencias. Por eso antes hablaba de la honestidad hacia el lector, porque éste, que no es tonto, sabe distinguir el producto de consumo, entretenido y pasajero, de aquel que desea que figure en la librería de su casa. La realidad, la agitación diaria, nos arrolla y, en la mayor parte de las ocasiones, nos conduce hacia el libro más asequible, de usar y olvidar, fomentando el desequilibrio entre buena y mala lectura.

 

¿Por qué se repiten tantas novelas ya escritas? ¿Tan pocas cosas ocurren?

Creo que hay temas universales, que se visitan una y otra vez, pero entiendo que la pregunta no va por ahí. Si hay tantas novelas cortadas por el mismo patrón, es más culpa de los editores que de los autores. La inmensa mayoría de los escritores considera que tiene una obra maestra guardada en un cajón por haber sido rechazada por las editoriales más conocidas. Si se busca novedad y riesgo, es más fácil encontrarlos en los catálogos de las editoriales más modestas y, desde luego, más entusiastas.

 

Balance de cómo ve usted la novela de hoy en día

Incido en lo ya expresado, sin ánimo de repetirme. Desde el siglo XIX, en todos los periodos ha habido grandes novelistas. Hoy en día, también. El problema no es que no los haya, sino la dimensión que éstos alcanzan, arrastrados por la ola de lo trillado y más rentable económicamente.

 

 

 

Finalmente,¿ por qué deben compra su novela los buenos lectores?

No me atrevería yo a usar el verbo "deber". El vuelo de los halcones en la noche es una novela corta, cargada de sentimiento, que cuenta la aventura de una mujer digna de ser conocida. La recomendaría porque, a juicio de quienes la han leído, es amena, es emotiva y deja regusto en el paladar y en el corazón.

 

¿Cuénteles a sus próximos lectores algo que atraiga para seguirle de cerca?

Mi obra novelística se compone de nueve libros de muy diferente cuño. Hay novelas que se desarrollan en siglos pasados y las hay de nuestro tiempo, epopéyicas e intimistas, casi todas con ese punto de intriga que puede interesar al lector aficionado a resolver tramas por sí mismo. Sólo tienen dos aspectos en común: se reconoce al autor en cada lectura y han tenido buenas críticas. Para bien o, por qué no admitirlo, para mal.

 

Humilde opinion de valenti fainê

Después de que esta novela ya recibiera varios elogios, y el premio Félix Urabayen, 20 años después se reedita, obteniendo bajo mi punto de vista mejor critica que la que obtuvo en su primera aparición siendo el mismo autor: Fernando Garcia Calderón el que nos confiesa que fue su primer libro.

Felicitamos su forma de enfocar su escritura pues su novela debería de ser premiada de nuevo con mentes que escriben novelas, que te implican de manera extraordinaria, en seguir leyendo hasta terminar la trama.

La crisis personal de la protagonista    coincide con los valores de una sociedad que le resulta incomprensible y hostil, sentimiento, que a dia de hoy sigue en vigor la aventura de esta mujer es digna de ser conocida.

Recomendación personal no dejen de adquirirla y verán que a dia de hoy es una realidad lo que se escribió hace 20 años

Felicidades Fernando Garcia y gracias por tus facilidades, serás un triunfador nato y a partir de hoy tienes muchos más seguidores entre ellos jo.