Hasta qué punto una adivinación en un almanaque firmado por don Diego de Torres Villarroel, Gran Piscator de Salamanca, puede condicionar los últimos años de un modesto profesor de matemáticas que ha vivido el destierro en las Américas? Martín Tadeo de Salvatierra, descreído y acosado por los achaques, viaja a Salamanca en busca de la verdad que esconde la vida y milagros de quien fuera el escritor de mayor éxito de ventas de la literatura española, el mayor genio o el mayor embaucador. Una peripecia que lo llevará a observar las maquinaciones por el poder en el periodo más convulso de la España del Setecientos y que le abrirá los ojos a una espiritualidad cuya naturaleza y secuelas pretendió siempre apartar de su camino.Los primeros Borbones, la lucha soterrada entre políticos y nobles que se asoman al precipicio de la Revolución Francesa y el Madrid que florece como capital de un imperio en declive proporcionan el escenario para una trama que aviva, sin solución de continuidad, las grandezas y miserias del ser humano, sus aversiones y amores, su capacidad de redención. De lo visible y lo invisible atraviesa el siglo XVIII para descubrir los misterios de Torres Villarroel y la semilla de nuestra era, confrontando la luz del conocimiento con las sombras de la superstición, el apego a lo tangible con las sorpres

De lo VISIBLE y lo INVISIBLE del autor FERNADO GARCIA CALDERÔN

Hasta qué punto una adivinación en un almanaque firmado por don Diego de Torres Villarroel, Gran Piscator de Salamanca, ¿puede condicionar los últimos años de un modesto profesor de matemáticas que ha vivido el destierro en las Américas?

Martín Tadeo de Salvatierra, descreído y acosado por los achaques, viaja a Salamanca en busca de la verdad que esconde la vida y milagros de quien fuera el escritor de mayor éxito de ventas de la literatura española, el mayor genio o el mayor embaucador. Una peripecia que lo llevará a observar las maquinaciones por el poder en el periodo más convulso de la España del Setecientos y que le abrirá los ojos a una espiritualidad cuya naturaleza y secuelas pretendió siempre apartar de su camino.

Los primeros Borbones, la lucha soterrada entre políticos y nobles que se asoman al precipicio de la Revolución Francesa y el Madrid que florece como capital de un imperio en declive proporcionan el escenario para una trama que aviva, sin solución de continuidad, las grandezas y miserias del ser humano, sus aversiones y amores, su capacidad de redención.

De lo visible y lo invisible atraviesa el siglo XVIII para descubrir los misterios de Torres Villarroel y la semilla de nuestra era, confrontando la luz del conocimiento con las sombras de la superstición, el apego a lo tangible con las sorpresas de un mundo por desvela

 

Si la Providencia me obligara a referir uno solo de los atributos de tan ilustre personaje, no pondría el acento en sus dotes para el baile o el hurto, la sacristanía, la lidia, la medicina, la predicción de los astros, la matemática, la lengua y la deslengua. Ninguno de esos artificios pesaron más que otros en su larga vida y su breve muerte, por mucho que mentecatos y doctos se empeñen en recordar gestas dignas de romance y meteduras de pie forzado. Hablaría, vive Dios, de su fe en sí mismo… y en mí.

 

Tan honrado y denostado prohombre no era otro que don Diego de Torres Villarroel, y aquella rara laudatoria no había salido de mis labios, sino del corazón ancho y fiel de un recio italiano. Niccolò Furio Hermes d’Amodeo, dijo llamarse, y su parlamento venía a corroborar el acierto de dejar Sevilla y acudir al galope a la Salamanca de mis desengaños juveniles. Defensor de la razón como siempre he sido, aún me costaba sacudirme la perplejidad que me había causado su visita nocturna. De contener siquiera una pizca de verdad, estaría llamada a remover la esencia misma de mi credo. ¿Cómo eludir semejante desafío?

 

A mis años, unas cuantas jornadas y menos de un centenar de leguas bastaron para agitar mi mundo con las nuevas de una revolución en la vecina Francia y el hallazgo de lo invisible que el catedrático y astrólogo Torres había mantenido oculto hasta el instante de su muerte y, más allá, hasta mi indagación en el palacio de Monterrey, cuatro lustros más tarde. Un alzamiento popular en pos de la justicia y un oscuro enigma enlazados en mis entendederas desde el día que leí una décima del Gran Piscator de Salamanca, como mi mentor se hacía llamar cuando dejaba la toga de enseñante y tomaba la de mago, mudando en uno de los muchos mesías de un vulgo tan aficionado a los almanaques como lo fuera a los romances de ciego.

 

Fechado en Madrid, a 13 de noviembre de 1755, el «Pronóstico y diario de cuartos de luna, y juicio de los acontecimientos naturales y políticos de la Europa, para este año de 1756» incluía la más audaz de las predicciones. Aquellos versos no pasarán a la posteridad por su calidad literaria, sino por el prodigio que encierran.

 

Cuando los mil contarás
con los trescientos doblados
y cincuenta duplicados
con los nueve dieces más,
entonces, tú lo verás,
mísera Francia, te espera
tu calamidad postrera
con tu Rey y tu Delfín
y tendrá entonces su fin
tu mayor gloria primera.

 

Mil. Trescientos doblados que hacen seiscientos. Cincuenta duplicados que llevan a cien. Y nueve dieces más, noventa.

 

1000 + 600 + 100 + 90: 1790.

 

La calamidad habría de cernirse sobre el monarca y su heredero, poniendo término a la gloria del país de los eminentes impulsores del conocimiento y los deplorables gabachos. Torres había adivinado, con tres décadas de antelación, lo que pudo leerse en el Mercurio de España que abría la última de nuestro sacrosanto siglo. Luis José Javier Francisco, segundo hijo y primer varón de Luis XVI, falleció a la edad de siete años, sumiendo a su padre en un dolor al que seguirían, sin tregua, los levantamientos de julio. Había afinado tanto en su buena data que lo acontecido en la primavera y verano de 1789 se extendió como una bendita peste por toda Europa apenas unos meses después, coincidiendo con la cifra resultante de la aritmética misteriosa del Piscator.

 

Don Diego de Torres Villarroel, tanto tiempo después de recibir cristiana losa en el convento de los Capuchinos, insufló en mí el diabólico trastorno de la duda, peor si cabe que el mal fantasma que vino a ocupar mi cuerpo en tierras del virreinato del Perú. Sin él, nada de lo mucho cierto que aquí se ha de contar habría llegado hasta mis sentidos y mi pluma.

 

 

 

PREGUNTAS: SOBRE:DE LO VISIBLE Y LO INVISIBLE

 

Los primeros Borbones, la lucha soterrada entre políticos y nobles que se asoman al precipicio de la Revolución Francesa y el Madrid que florece, ¿que buscas con este libro?

 

En lo que al marco histórico se refiere, el siglo XVIII, y el año 1790 en particular, merece ser visitado. Hablamos de un periodo en que Madrid y la corte evolucionan, superando el provincianismo para adquirir tintes de una modernidad que, indirectamente, la Revolución Francesa interrumpe. El conde de Floridablanca, máximo mandatario al servicio del rey Carlos IV, cierra la frontera por temor a las ideas que vienen del país vecino y las intrigas internas se suceden.

 

Todo ello en una época en la que la luz del conocimiento se abre camino entre las sombras de la superstición, generando situaciones en las que coexisten la medicina y la alquimia, la astronomía y la astrología adivinatoria, las expediciones científicas y el consumo desaforado de almanaques.

 

Uniendo todo eso, mi propósito al abordar esta novela fue dar cuerpo y alma a unos personajes que se rebelan contra su aparente destino, que asumen que la razón y el sentimiento han de abrazarse para lograr las metas inmateriales que una vez creyeron inalcanzables.

 

 

 

Hablas en el libro de varios personajes, unos de la historia y otros ficcionarios, pero ¿por qué es tan importante para tu libro Don Diego de Torres Villarroel (1694-1770), uno de los personajes más fascinantes del siglo XVIII español?

 

Torres Villarroel es un verdadero exponente de ese siglo. En él se resumen los valores y débitos de la España de entonces, exacerbados por su condición de hombre cargado de iniciativa e inteligencia. Torres sabe de todo y opina de todo. Es, a la vez, cátedro y populachero, religioso y pícaro. Y, como colofón, el gran escritor que emplea su propia biografía para convertirla en éxito de ventas. Es un auténtico creador de best sellers. Odiado y adorado a partes iguales.

 

 

 

Doctor Don Diego de Torres Villarroel, catedrático de prima. ¿Sobresalen entre sus escritos unos polémicos Almanaques en los que pronosticaba hechos futuros?

 

Sí, los almanaques de Torres eran muy solicitados. Por su tono, asequible a lectores de toda condición, por sus contenidos astronómicos y por sus predicciones. A él se atribuyen vaticinios tan relevantes como la muerte del rey Luis I, el motín de Esquilache o la misma Revolución Francesa. Como cabe imaginar, todas esas circunstancias lo convirtieron en un personaje de enorme fama en España y Portugal.

 

 

 

Del que salió la muerte del joven rey Luis I y, supuestamente, la Revolución Francesa de 1789, ¿se le consideraba como una especie de brujo o profeta?

 

No lo creo. El contexto en que se desarrollan los almanaques lo sitúa como un hombre de ciencia. Un astrólogo de entonces, que sabe leer en las estrellas las condiciones que afectarán a la meteorología, las cosechas y la vida de las personas. Como comentaba antes, en el siglo XVIII conviven la ciencia y la superstición de forma natural.

 

 

 

Tu narración tiene, como papeles principales, a Villarroel y Martín Tadeo, cuyo nexo de unión es el personaje de Amodeo, ¿una especie de ser fantástico? ¿En él reside la ficción?

 

Niccolò Furio Hermes d’Amodeo representa la espiritualidad construida a partir de la razón. Es un personaje paradójico, imprescindible en la novela porque actúa de catalizador con Torres, con Martín y doña Soledad, la protagonista final de esta historia.

 

Toda novela se construye en un entorno determinado, con mayor o menor concreción. En mis obras procuro ser respetuoso con lo que conocemos de los personajes reales que aparecen. De ahí que puedan percibirse como lo que verdaderamente fueron. Pero eso no impide que estemos hablando de una obra de ficción. De modo que, a efectos prácticos, he de conceder el mismo tratamiento a los personajes reales y a los ideados por mí. Amodeo, sin duda, es el que genera los acontecimientos más llamativos de la novela. En su caso, el mérito estaría no tanto en utilizar un protagonista real o de ficción como en hacerlo creíble para los lectores. Pero, si se analiza con detenimiento, algo parecido ocurre con Torres Villarroel, tan exagerado per se que obliga al autor a ponerle freno para no dañar la credibilidad del relato.

 

 

 

El libro contiene diferentes aventuras y, quizá, elementos de novela negra

 

Este libro nace como una novela de aventuras con dos intrigas definidas: la búsqueda del desconocido vástago de Martín y la materialización de la máquina de transmutación de almas. Ambos objetivos desencadenan la trama y crean el ritmo que caracteriza a las historias de indagación. Algo que deja el regusto de la llamada novela negra.

 

 

 

¿Personajes reales coetáneos (Floridablanca, el Conde de Aranda) e históricos (Quevedo, Newton, Leibniz, Maupertuis) con elementos mágicos y mitológicos?

 

La mezcla no es fantasiosa. Trataré de explicarlo sin extenderme en demasía. Floridablanca y Aranda son las dos caras de la moneda que es aquella España de 1790. Posibilitan el contexto en que se desenvuelve buena parte de la novela. Quevedo era una figura admirada por Torres Villarroel. Newton y Leibniz simbolizan el encuentro entre ciencia y alquimia, estudiosos como fueron del más amplio espectro de conocimientos. Ambos coinciden y divergen, rivalizando con encono, y ambos beben, de distinta forma, de nuestro Raimundo Lulio. Maupertuis marca el encuentro en Rocamador, punto donde confluyen, con cinco siglos de por medio, Lulio y Torres. El monasterio francés de Rocamador constituye una inflexión en la vida de Lulio, creador del Ars Magna y origen de la máquina de las almas, y tendrá un efecto similar en Torres.

 

 

 

Finalmente, siempre sorprendes. Espero que tus libros sigan deleitando nuestro interés en seguir conociéndote como escritor.

 

Bueno, una cosa es segura: no me repito. Para mí, cada libro es un reto. Un reto nuevo y diferente. He llevado a los lectores desde la España de los Reyes Católicos y la Roma de los Borgia hasta la independencia de la costa swahili, desde este siglo XVIII que ahora nos ocupa hasta el Londres de Jack el Destripador. Desde el Madrid de los años 70 del siglo pasado al Nueva York de principios de esa centuria. La próxima novela, ya entregada, se centra en la caza de nazis, recorriendo Europa para terminar en la Patagonia argentina.

 

 

 

Como se supone que también lees mucho, ¿cuáles son tus escritores preferidos?

 

La verdad es que leo mucho para documentar mis obras, pero me quedo corto en lo que al verdadero disfrute de la literatura se refiere. No me ciño a escuelas o periodos a la hora de elegir lo que leo. Si tuviera que darte unos cuantos nombres, los que me vienen ahora a la mente son Pirandello, Marguerite Duras, Heinrich Böll, García Márquez, nuestro añorado Raúl Ruiz... Y Quevedo y Torres, por supuesto. Pero no garantizo que me salga la misma lista en otro momento.

 

 

 

 

 

 

 

Opinion de valenti fainê

Menudo escritor esta hecho el Sevillano de nacimiento FERNANDO GARCIA CALDERÔN, todo un maestro.

Si no cuento mal nueve novelas ya en su camino hacia los mejores relatadores de la historia y escritor de primera línea, de cualquiera de los estilos que muchas veces entremezcla en sus libros, pero lo más importante es que tiene un privilegio que no todo escritor puede tener, es esta visión de lo que le puede interesar al lector.

Entre otras cosas el libro entra en la dinámica histórica que pocos profundizaron como lo hace FERNANDO GARCIA, los lectores conocerán por su contenido, las predicciones de Don Diego de Torres Villarroel, la Alquimia la Astrología, los vaticinios. Predicciones.

En el libro se mezclan episodios y personajes reales coetáneos (Floridablanca, el Conde de Aranda, Quevedo) e históricos (Newton, Leibniz, Maupertuis) con elementos mágicos y mitológicos sobre los que se desarrolla una trama que atrapa la atención del lector hasta su final”. Un mejor libro, difícil de clonar.