Dieciocho historias con las que, a través de las vivencias de diferentes personajes, podremos llegar a ser conscientes de lo que realmente les ocurre a nuestros hijos adolescentes y así poder encontrar el camino más llano para comunicarnos con ellos y seguir educándolos: sus cambios de humor, el papel de las familias como guías en su educación, sus primeras experiencias con el sexo, las drogas o el alcohol, su obsesión por las redes sociales, la necesidad de estar siempre conectados, el acoso escolar, el “todo vale” por pertenecer a un grupo, y todo lo que podemos aprender de ellos si nos paramos a observar y escuchar. Cada cuento finaliza con preguntas que nos llevarán a la reflexión, la visualización y el pensamiento crítico para acercarnos a ellos lo suficiente y poder ayudarles a sentir esta etapa como lo que es, de transición a la edad adulta.

EDUCAR CONTANDO DIECIOCHO HISTORIAS PARA COMPRENDER LA

Laura Borao Moreno
Laura trabaja desde hace 12 años en educación, es profesora de Secundaria. Un máster en habilidades directivas canalizó sus capacidades y la impulsó a dirigir su equipo de trabajo y a canalizar sus aptitudes hasta conseguir una simbiosis perfecta del trabajo en equipo y la docencia.

Autora del libro Educar contando

“Dieciocho historias para comprender la adolescencia”

Laura es una profesional conocedora de las causas y efectos de esta época tan especial de la vida de las personas

 

 

Dieciocho historias con las que, a través de las vivencias de diferentes personajes, podremos llegar a ser conscientes de lo que realmente les ocurre a nuestros hijos adolescentes y así poder encontrar el camino más llano para comunicarnos con ellos y seguir educándolos: sus cambios de humor, el papel de las familias como guías en su educación, sus primeras experiencias con el sexo, las drogas o el alcohol, su obsesión por las redes sociales, la necesidad de estar siempre conectados, el acoso escolar, el “todo vale” por pertenecer a un grupo, y todo lo que podemos aprender de ellos si nos paramos a observar y escuchar. Cada cuento finaliza con preguntas que nos llevarán a la reflexión, la visualización y el pensamiento crítico para acercarnos a ellos lo suficiente y poder ayudarles a sentir esta etapa como lo que es, de transición a la edad adulta.

 

Cuando te conviertes en «papi» o «mami», tus hijos se convierten en lo más importante para ti. Son tu responsabilidad. Tu perspectiva del mundo cambia y todo se centra en ellos. Cada etapa conlleva sus particularidades y preocupaciones. Cuando son bebés, son las horas sin dormir porque ellos no tienen otra manera de comunicarse más que a través del llanto; cuando empiezan a hablar, te hartan sus «porqués» acerca de todo lo que les rodea; luego vienen los primeros estudios, los deportes y las amistades… Y, cuando crees que ya puedes acomodarte, llega el maravilloso mundo de la adolescencia. ¿Estamos preparados para su llegada? Hemos oído hablar de ella (y mucho), pero en la mayoría de ocasiones «hace ¡chas! y aparece a tu lado», como decía la canción. De repente, aquel bebé quiere ser adulto siendo aún un niño. Te reta, te desafía y también te enseña, por ejemplo, a ser más paciente. En esa etapa de transición nuestros hijos son capaces de convertirse en los peores monstruos, y tú que pasas de ser su héroe (o heroína) a ser la peor persona del mundo porque no les concedes cualquiera de los cientos de caprichos que se les ocurren. Pero luego se dan cuenta de que aún te necesitan y no son ni tan mayores ni tan rebeldes como pretendían. Seguimos siendo su modelo a seguir. Y si la adolescencia ya de por sí es complicada para ambas partes, ¿qué ocurre cuando además tu hijo tiene una «adolescencia precoz»? Seguramente te preguntarás si es por tu culpa, porque tú hayas hecho algo que ha provocado que eso haya ocurrido antes de hora. Según la revista médica laura borao moreno 12 The Lancet, «la adolescencia se extiende desde los 10 a los 24 años». Puede que se alargue por el retraso de responsabilidades asociadas a la edad adulta como el matrimonio, la estabilidad económica o la tardanza en tener descendencia. Por otro lado, la pubertad se adelanta como consecuencia del desarrollo industrial, debido a la mejora de la nutrición y la salud. Por tanto, no es culpa tuya. Ahora más que nunca es la hora de confiar en tu labor como padre, no rendirte, actuar, no perderlos de vista y, sobre todo, no culpabilizarte. La adolescencia, temprana o tardía, es la etapa de querer romper normas, probarlo todo y desafiar (los adolescentes se comunican a través de las redes sociales más que cara a cara buscando la aprobación con la obtención de miles de «Me gusta», y eso nos obliga a los adultos a ponernos al día en nuevas tecnologías y a confeccionar nuevas normas); un tiempo en el que les preocupa ser aceptados por los demás, permanecer a un grupo para no ser apartados, marginados o destruidos. ¿Y si es tu hijo el que aparta, margina o destruye? ¿Cuántas noches te has quedado despierto pensando que, aún siguiendo todos los métodos que se han publicado sobre la educación de tus hijos, la llegada de la adolescencia te ha pillado desprevenido, no la has visto venir o la estabas esperando con la armadura puesta y pulimentada y aún así no es lo que esperabas? O que lo que te han contado o lo que tú mismo recuerdas de tu época adolescente no es ni por asomo lo que estás viviendo en primera persona ahora como padre. Pero, un día cualquiera, cansados todos de discusiones, arrebatos y portazos, tu hijo te sorprende con un abrazo, con una frase o con un acto que te hace pensar que hay esperanza y que todo lo que has hecho por él desde que lo tuviste entre tus brazos por primera vez cuenta.