En Ediciones Atlantis publicamos a escritores consagrados y a autores noveles con nuevas y originales ideas. A aquellos que seleccionamos (damos una respuesta en un plazo de 20 días), los editamos de forma gratuita, de modo que la editorial costea todos los gastos de promoción, distribución y envíos a medios de comunicación. De este modo, con el paso de los años, después de varias etapas, nos hemos transformado en una editorial convencional.

En el transcurso de los años, hemos ido contando con escritores consagrados que se han ido uniendo a nosotros con el fin de apoyar a las nuevas voces literarias. Entre ellos, hemos contado con Joaquín Sabina, Luis Eduardo Aute, Fernando Sánchez Dragó, Luis Antonio de Villena, Doctor José Cabrera, Vicente Molina Foix, Fernando Marías, el humorista Manolo Royo, Ramón Langa, César de la Lama, Ignacio Martín Sequeros, Ouka Leele, y Miriam Díaz Aroca entre otros. Además, hemos contado en las presentaciones de nuestras novedades con personalidades como Esperanza Aguirre, José Bono o Julio Llamazares.

A finales de los convulsos sesenta, en los últimos momentos del franquismo y en plena proscripción religiosa, la familia Mayo, Testigos de Jehová, se muda de Madrid a Barcelona, a un barrio obrero de Hospitalet, donde padre e hija trabajarán en una imprenta. Lea, hija única de los Mayo, alberga dudas sobre su fe, dudas que se acrecentarán cuando conozca a un estudiante de historia, Miguel, quien le hablará de libros y autores para ella desconocidos, lecturas que le darán una nueva visión del mundo y la conducirán a abandonar la congregación.

Una serie de sucesos, laborales y personales, pondrán a prueba la fe de Lea. Se enfrentará a los jerarcas y a su propia familia, pues sus padres viven angustiados por la resolución que tomará su hija y concentrarán sus esfuerzos para que ella no sea destruida en el Armagedón, pronosticado para el año 1975…

Montse González de Diego: "Una historia que principalmente habla sobre relaciones familiares, sobre el vínculo entre madre e hija, también habla sobre el amor, la amistad, la lealtad, a pesar de los fanatismos".

¿Desde cuándo escribes?

Desde muy pequeña. Mis primeros escritos consistían en lo que ahora llamo pseudopoesía y más tarde empecé con relatos cortos. Ya en la adolescencia escribí algún cuento, pero leía más de lo que escribía, aunque dejé bastante de lado las dos cosas. En mi temprana edad adulta tomé la costumbre, cada vez que salía de viaje, de llevar un cuaderno y anotar todo cuanto me sucedía obsesionada con la idea de recordar en el futuro todos los detalles, como el que lleva una cámara de fotos. También en aquella época volví a escribir algún relato. Recuerdo con especial cariño uno que hablaba sobre mi infancia y sobre una vecina que debía estar cansada de tanto niño jugando en la calle, bajo su ventana.

 

¿Qué va a encontrarse el lector en tu novela?

 

La novela transcurre en los últimos años del franquismo, en plena proscripción religiosa, de modo que la sensación de clandestinidad permanece latente en gran parte de la obra. También aborda el tema del poder, reflejado en las relaciones establecidas entre los integrantes de la congregación, Testigos de Jehová, y en la jerarquía de la organización; pero es una historia que principalmente habla sobre relaciones familiares, sobre el vínculo entre madre e hija, también habla sobre el amor, la amistad, la lealtad, a pesar de los fanatismos. De igual modo intento plasmar la situación de las mujeres dentro de una organización de este tipo y de lo que supone plantearse salir de un entorno opresivo.

 

¿Cuáles son o han sido tus principales influencias literarias?  

¡Fueron muchos los autores! Con Miguel Delibes y con García Márquez aprendí que la acción transcurre en un espacio concreto, por imaginario que pueda ser, lo que me sirvió de gran ayuda, dada mi tendencia a lo etéreo o indeterminado. Dostoyevski me sorprendió como ningún autor lo había hecho hasta entonces, por su capacidad de profundizar en la mente y por sus análisis minuciosos. Con Virginia Woolf descubrí una libertad que me resultó muy valiosa para expresarme, sobre todo en los momentos de bloqueo verbal, ya que aprendí a ubicarme en el pensamiento, aunque después tuviera que corregir lo escrito para mayor comprensión. Fue como si la autora hubiera estimulado algún recodo de mi mente. Con Kafka aprendí a fijarme en otras realidades. Con Mercè Rodoreda la importancia del detalle para dotar al texto de mayor verosimilitud. De Josep Pla me encantó su serenidad y elegancia, sobre todo la importancia de una adecuada adjetivación. Y finalmente, descubrí a Proust de quien no dejo de aprender. El consejo de mi padre, respecto a lo mucho que es necesario leer para escribir bien, fue uno de los mejores aprendizajes desde mi juventud.

 

El tema de las sectas es un tema apasionante. ¿Qué te ha llevado a hablar de ello? ¿Ha sido necesaria mucha investigación y documentación para abordar la obra?

Francamente, fueron otros quienes me dijeron que el tema les parecía muy interesante. No es una novela autobiográfica, pero fui Testigo de Jehová, y la necesidad de hablar sobre lo que implica pertenecer a una organización de este tipo, me impulsó a escribir esta novela. Dediqué muchas horas a documentarme porque, como ocurre en estos casos, saben más los de afuera que los de adentro, y más tratándose de que la acción arranca en una época en la que no había nacido aún. A lo largo de los años se han producido cambios en sus doctrinas, y tuve que documentarme sobre ello. También sobre la música, el cine, la objeción de conciencia, sobre las imprentas de la época, el barrio en el que me crié y donde se ubican la mayor parte de los hechos, etc.

 

¿Qué otros géneros te interesan?

Mi segunda novela está resultando realista como la primera, aunque tal vez haya algo de misterio, pero lo sabré si a medida que se desarrolla la narración veo que funciona. También estoy interesada en el diario personal, pero sólo estoy explorando mientras escribo y leo a otros autores.