Ediciones Alfar fue fundada en 1982. La creación de la editorial fue producto de una cooperativa para fomentar proyectos culturales. Dicha cooperativa estaba formada por un grupo de personas relacionadas todas directamente con el mundo de la cultura, y sobre todo con el mundo universitario. Entre los fundadores de la editorial se encontraban Manuel Díaz Vargas (editor hasta 2008) y Manuel Ángel Vázquez Medel, catedrático de Literatura por la Universidad de Sevilla y expresidente del Consejo Audiovisual de Andalucía.

Desde el principio la apuesta fue por difundir la cultura, el mundo universitario, los nuevos autores, los clásicos… y, por ello, se crea el lema, Cultura con raíces. Cultura sin fronteras. El mismo año de su fundación, Ediciones Alfar creó, junto con otros editores andaluces, la Asociación de Editores de Andalucía, que aún hoy sigue vigente.

Se crearon colecciones como Alfar Universidad y Ciencias de la Educación. Gracias a esta labor, Ediciones Alfar mereció el reconocimiento del catedrático Fernando “benémerita editorial”.

Hasta hoy, 37 años después, Ediciones Alfar sigue potenciando los mismos valores que originaron su creación. Adaptándose a los nuevos medios y tecnologías, potenciando siempre la cultura, los proyectos universitarios y la investigación. Como muestra de todo esto ofrecemos al lector múltiples colecciones:

Alfar Universidad. Con más de 220 números ofrecemos estudios universitarios de ámbitos diversos como literatura, lingüística, historia, comunicación, música, filosofía… son estudios importantes en el mundo académico con autores de reconocido prestigio como Amelina Correa, Manuel Moreno Alonso, Manuel Ángel Vázquez Medel, Diego Martínez Torrón, José Ángel Valente…

Mapa y Calendario. Con más de 30 números, abarca estudios concretos sobre historia y filosofía, con obras de autores como Manuel Moreno Alonso, Ernesto Feria Jaldón…

Ciencias de la Educación. Con estudios relacionados con el mundo de la educación y la enseñanza de profesores como Pedro Carbonero, Leonor Buendía…

Extraordinario documento histórico. Un diario de viaje sobre la primera circunnavegación de la Tierra en 1522, realizada por Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano.

Adaptación realizada para lectores a partir de 13 años.

Esta adaptación sigue el texto original, pero no es un resumen ni una mera transcripción modernizada. Reduce pasajes o informaciones irrelevantes que harían premiosa la lectura. La mayor intervención afecta a la sintaxis. La hechura y la extensión de la frase original se aligeran para facilitar la lectura fluida. Los diálogos indirectos pasan a ser directos y se añaden otros para escenificar situaciones. No se elimina cierto retrogusto de la lengua del siglo XVI, porque se mantienen arcaísmos imprescindibles y en algunas palabras patrimoniales se mantiene su acepción antigua, hoy poco usada.

Muy ocasionalmente se aporta algún dato que no figura en el libro original. Pigafetta no nombra ni una sola vez a Juan Sebastián Elcano. En esta adaptación lo citamos cuatro veces porque capitaneó la nao Victoria desde las islas Molucas hasta rendir viaje el 8 de septiembre de 1522 en Sevilla, dos días después de entrar en la bahía de Sanlúcar. El propósito de esta adaptación es, pues, facilitar la lectura de un relato histórico para que entretenga y sea útil al cumplirse 500 años de aquella azarosa, larga y admirable aventura.

EL PRIMER VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO

Pigafetta pertanyia a una rica família de Vicenza; des de la seva joventut va estudiar astronomia, geografia i cartografia. Va prestar serveis a bord d'una galera de l'orde de Rodes al començament del segle XVI. Cap a 1519, va acompanyar el nunci papal, Chieregati, a Molins de Rei, on va ser presentat a l'emperador Carles I. Aquest I li va notificar el projecte de Magalhaes a Barcelona i va aconseguir ser admès a bord com a passatger de pagament, i s'embarcà fins a Màlaga i d'allà per terra fins a Sevilla. Tot i les dificultats inicials amb Magallanes, va aconseguir guanyar la seva confiança i li va servir com a traductor i cartògraf. Durant el viatge, Pigafetta va recopilar nombroses dades sobre la geografia, el clima, la flora, la fauna i els habitants dels llocs recorreguts; el seu minuciós relat va ser un document de gran valor, sobretot pels seus apunts de nàutica i lingüística.

En la batalla en la qual Magallanes va perdre la vida, Pigafetta va ser ferit. No obstant això, va aconseguir refer-se i va formar part dels 17 que van acompanyar Juan Sebastián Elcano a bord de la nau Victòria en el retorn a Espanya. Després de tocar terra a Sanlúcar de Barrameda (Cadis) el setembre de 1522, tres anys després de la seva partida, va recollir les seves experiències en la Relazione del cosí viaggio intorno al mondo, composta en italià, que va ser publicada a Venècia el 1536. L'original no es conserva. D'aquesta obra, s'edità a París un resum en francès, sense data, encarregat per Mª Lluïsa de Saboya i, posteriorment, es publicarà a Venècia el 1536 sota el títol Il viaggio fatto dagli Spagnoli atorno al mondo, afegint-hi més textos del viatge. La narració de Pigafetta també està copiada en francès en tres manuscrits, dos d'aquests a la Biblioteca Nacional de París i un tercer a la Universitat Yale, que es considera el més complet d'aquests tres. Al Museu Marítim de Barcelona, s'exposa un facsímil d'aquest últim editat el 1969.

Pigafetta va tornar a Itàlia després del viatge i no va tornar a embarcar. Es va morir al seu país natal el 1531

Año del Señor 1519. A diez días del mes de octubre, una flotilla de cinco navíos zarpa de Sanlúcar de Barrameda. A bordo, tantas rencillas como marineros: más de doscientos. Entre ellos, un caballero natural de Vicenza que nació hacia 1480. Poco se sabe de Antonio Pigafetta con certeza, allende de su participación en la expedición que Fernando de Magallanes capitanea. “Supe de las grandes y extraordinarias cosas que había en el mar Océano y determiné asegurarme por mis propios ojos de la verdad de todo lo que se contaba”.

La misión está patrocinada por Carlos I de España, que pretende llegar a las Indias por una ruta alternativa. Con la proa hacia poniente, cortando aguas castellanas siempre, descubren un paso marítimo entre el Atlántico y el Pacífico. Tierras nuevas a babor; seres inimaginables a estribor. “Tienen cerdos con la particularidad del ombligo en la espalda...” y pigmeos “con orejas más largas que todo el cuerpo, de tal que cuando se acuestan una les sirve de colchón y la otra de manta”.

El cronista italiano compila un diccionario básico para entenderse en los Mares del Sur, pero con los nativos de Mactán las palabras no sirven de nada: Magallanes muere en una batalla; Pigafetta sobrevive a una flecha envenenada. Es uno de los 18 tripulantes que consigue volver a casa, en una nao cargada de conocimientos más valiosos que el clavo y la nuez moscada: “Gracias a la Providencia, el sábado 6 de septiembre de 1522 entramos en la bahía de Sanlúcar... Desde que habíamos partido hasta que regresamos a ella recorrimos, según nuestra cuenta, más de 14.460 leguas, y dimos la vuelta al mundo entero”.

Viajar

“Presenté a la Sacra Majestad de Don Carlos V, no oro ni plata, sino algo más grato a sus ojos. Le ofrecía, entre otras cosas, un libro, escrito de mi mano, en el que día por día señalé todo lo que nos sucedió durante el viaje”. El diario original de Pigafetta se perdió, pero se conservan cuatro versiones de la narración que el explorador escribió de forma posterior. Otros navegantes describieron la singladura, pero ningún relato es tan minucioso como el del gentilhombre italiano. El texto a continuación corresponde a un fragmento de este documento, publicado en La primera vuelta al mundo por la editorial Miraguano.

“Pienso que nadie en el porvenir se aventurará a emprender un viaje parecido”

 

El miércoles 28 de noviembre desembocamos del estrecho para entrar en el gran mar, al que enseguida llamamos mar Pacífico, en el cual navegamos durante tres meses y veinte días sin probar ningún alimento fresco. El bizcocho que comíamos no era ya pan, sino un polvo mezclado con gusanos, que habían devorado toda la sustancia y que tenía un hedor insoportable por estar empapado en orines de rata. El agua que nos veíamos obligados a beber era igualmente pútrida y hedionda. Para no morir de hambre llegamos al terrible trance de comer pedazos del cuero con que se había recubierto el palo mayor para impedir que la madera rozase las cuerdas. Este cuero, siempre expuesto al agua, al sol y a los vientos, estaba tan duro que había que remojarlo en el mar durante cuatro o cinco días para ablandarlo un poco, y enseguida lo cocíamos y lo comíamos. Frecuentemente quedó reducida nuestra alimentación a serrín de madera como única comida, pues hasta las ratas, tan repugnantes al hombre, llegaron a ser un manjar tan caro, que se pagaba cada una a medio ducado.